Leçon de français


Veamos aquí a nuestro inefable Zapo perorando en francés. O un intento (fallido) de francés. Hay que reconocerle a le petit Nicolas grandes facultades como monsieur le Président: la primera y principal, la de dominar su primer impulso de arrojarse al suelo y retorcerse de risa ante la exhibición idiomática de su homónimo español. En fin, pasen, vean y disfruten, que sólo podremos tener espectáculos así hasta marzo…

Vaffanculo!

O dicho en castellano rotundo: «¡A tomar por (el) culo!». Ya se sabe que el italiano es un idioma más meloso y parece que estén cantando un aria de Puccini en vez de insultarte. Al castellano le ocurre al revés: aunque te estén diciendo «hola», parece que te estén increpando (y a mucha honra, oiga. Que los españoles somos la re… pera).

El caso es que allí ha surgido un movimiento ciudadano-popular que trae causa del hartazgo generalizado del sistema italiano de partidos. En la bella Italia están hasta las narices de que el político de turno aparezca también como consigliere de quién sabe qué agrupaciones. Están hartos de que haya políticos sentenciados por la Justicia que se sienten todavía en sus escaños sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. Hartos de que en determinadas regiones, gobierne el partido que gobierne, sea la mafia local (calabreses, corleoneses, sicilianos, etc.) la que imponga su ley. Hartos del sistema con todas sus letras.

En fin, que un cómico italiano llamado Beppe Grillo (Pepito Grillo sería, para nosotros) está haciéndole cosquillas a los políticos a través de su movimiento, estructurado a través de un blog (www.beppegrillo.it). No sabemos en qué terminará la cosa, pero il signor Grillo ya ha bendecido a quien se presente como partido político con su ideario y sin conexión alguna con los partidos «oficiales». Naturalmente, il signor Grillo es un intruso. Y por eso todos los partidos sin excepción se han lanzado a criticarlo duramente. Grillo es un pezzonovante de la política, es esto, lo otro y lo de más allá. Lo curioso es que donde il movimento V hace estragos es en el centro-izquierda (hasta un 17% de italianos que se declaran de centro-izquierda le votarían si se presentara a elecciones y un 33% simpatizan con el movimiento).

¿Y qué decir de España? El hartazgo de los ciudadanos respecto del «sistema» es considerable, en diversos grados según la región de la que estemos hablando. Un sistema abocado a ser bipartidista (PP y PSOE son los dos grandes partidos en la cumbre) y una serie de partidos pequeños que, cuando la «voluntad del pueblo» y el sistema d’Hont así lo deciden, pueden estar gobernando la nación por partido interpuesto. Recordemos las dos últimas legislaturas de Felipe González: gano él, pero como necesitó el apoyo de CiU, en algunos puntos muy básicos la política que se llevó a cabo fue la impuesta por Pujol (gracias, Jordi, por implantar las ETT, que se llevan un buen cacho de un sueldo di merda de tantos jóvenes).

Claro que aquí somos especiales. Nos impresionamos en seguida y nuestra supuesta furia dura un segundo. Los gobernantes que han durado, para bien o para mal, saben esto muy bien: que a los españoles hay que «dejar que se desahoguen, que ya se les pasará». Por eso, incluso en los períodos más negros de la dictadura franquista, La Codorniz podía volar más o menos libremente, haciendo gala de un humor fino, que para sí quisieran algunos grajos cuyos graznidos han dado últimamente la vuelta al mundo.

Ha habido iniciativas ciudadanas (o no ciudadanas, pero no vinculadas a partido alguno), claro que sí. Sin ir más lejos, el Foro Ermua, Basta Ya o Los Peones Negros. En cuanto a lo de Ciutadans… yo lo saludé con esperanza, porque parecía algo diferente. No obstante, la realidad y las rencillas entre unos y otros han ido desinflando el proyecto. Porque para formar un partido no basta sólo con cabrearse: tiene que haber algo más que cohesione ese mismo partido y, por encima de todo, que ayude a colocar el ego de cada uno al servicio de un proyecto común, que es el del partido. Y el fin del partido no es otro que servir a la sociedad, sin esperar mayor recompensa que una sociedad mejor que antes de la existencia de ese partido (mentira: el fin de un partido es servirse a sí mismo y a quienes lo manejan). Lástima que esto sí sea pedir demasiado, tal como están las cosas.

De todas formas, mientras dure el cabreo, griten todos conmigo: Vaffanculo! ¡A tomar por culo! Seguramente, la próxima vez que a los españoles la impresión nos dure más de un segundo volveremos a la trinchera. Y lo peor será que ni Zapo ni nadie de los capitostes de su partido estará para verlo. Ni les va a importar.

Estos americanos están locos (o no)

A qué punto hemos llegado, madre de Dios. Acabo de enterarme que un juez estadounidense prohíbe a un jurado visionar series «judiciales» (tipo CSI, Ley y Orden, El Abogado, etc.) y un canal —Court TV— de 24 horas de contenidos legales para que no se deje llevar por la mezcla de realidad y ficción a la hora de juzgar un caso. El asunto ha llegado a tener tal envergadura que en todo el país se dan seminarios a los abogados para enfrentarse «al efecto CSI».

Hoy nadie medianamente informado discute que los inventores modernos de la corrección política son los estadounidenses. No sé si será la herencia cuáquera o de otro tipo; pero en aquellas tierras la moral pública es rígida y la privada todo lo amplia que permite la ley (en algunos casos muy permisiva). Recordemos el «caso Clinton»: el entonces presidente no sufrió un proceso de impeachment por «dejarse tocar la flauta», sino por mentir acerca de ello. No sabemos si ese proceso se hubiera iniciado de haber admitido Clinton desde un principio la verdad. Claro que eso le podría haber costado el matrimonio de entrada, y Hillary Rodham Clinton no es precisamente una «tímida florecita»: más bien al contrario, responde al perfil de mujer de armas tomar.

Pero volviendo a lo que nos ocupa, parece ser que en Estados Unidos es posible asistir vía televisión a juicios determinados, algo que en España está vedado por regla general y reservado a ocasiones como la del 11-M, en la que medianejamente se ha cumplido lo de «queremos saber la verdad» (parece ser que ni son todos los que están, ni están todos los que son… y tal vez tengamos que esperar a marzo, como poco, para empezar a entender este lío).

No me imagino yo que en España pudiera darse un caso así, de prohibición de visionado de series y de juicios en directo. Distinto es el caso de que, al estilo Court TV, se filmaran los juicios para ser vistos después por miles o millones de personas. Seguramente, el secreto del sumario sería una excusa convincente en muchos casos; pero quizá habría juicios que no hubieran terminado con una sentencia denigrante, como la de un caso atroz: la víctima de malos tratos que acudió con la cara hecha un cromo por su pareja o marido (no recuerdo bien el caso), vio cómo era éste absuelto de los dichos cargos, con toda la tranquilidad. O algunas otras sentencias, que nos hacen suspirar resignadamente y decir: «Esto sólo puede pasar en España».

Qué duda cabe que la cultura norteamericana es más televisiva que la nuestra. Que para ellos, lo que no está en la tele no existe (tal vez le den una oportunidad a Internet). Y que en la tele se puede enseñar casi todo lo que forme parte de la realidad, como es el caso de los juicios. Así es como entienden ellos la libertad y la democracia. A nosotros, que somos más carpetovetónicos, el poder (del color que sea) nos da por un lado fútbol o toros y por el otro programas del corazón. No es conveniente que el español, de tradicional genio vivo, aprenda por televisión a defenderse y atacar en los juzgados (en puridad, no es conveniente que el español aprenda nada en la televisión; pero de eso hablaremos en otro artículo).

Abajo el telón

Finalmente, terminaron la obra y la incertidumbre, la zozobra y el escándalo. Por fin México tiene un presidente electo (que no proclamado) en la persona de Felipe Calderón Hinojosa. Viéndolo con cierta distancia, lo que a mí me resulta claro es que Calderón ganó muchos puntos presentándose como un hombre de orden, el mismo que apenas ayer hablaba de «concordia», «pacto» y «acuerdo».

Por el contrario, Andrés Manuel López Obrador jugó la carta populista y perdíó. Sobre todo para los vecinos y comerciantes del Paseo de la Reforma, AMLO no es ahora sino un chiquillo caprichoso que no se salió con la suya. Quedan ahora muy lejos las irregularidades del proceso electoral. Irregularidades que, por lo demás, parece ahora que no fueron suficientemente relevantes o manifiestas como para anular el proceso electoral.

Así las cosas, Felipe Calderón Hinojosa avanza pasito a pasito, esperando que «las instituciones» (permeadas todas ellas por el PAN, desde luego), den un veredicto favorable a sus intereses. En cambio AMLO, como todo izquierdista que se respete, sale a la conquista de la calle, creyendo que el poder de la calle puede inclinar la balanza en su favor. Y AMLO, por desgracia para él, se equivoca. No sólo no consigue lo que pretende, sino que además, a los ojos de la República entera, pierde «talla» como estadista y político, degradándose al nivel de un vulgar agitador de masas. Y lo peor de todo es que parece que pudo haber tenido razón en denunciar las irregularidades del proceso.

No hace mucho pasé por delante del changarro del PRD en la Plaza de la Catedral aquí en Morelia. Se me pusieron los pelos de punta al leer una «resolución» de AMLO en la cual prácticamente se «invitaba» a la secesión, a la división del país, por no aceptarse el resultado electoral ni la designación de Felipe Calderón como presidente. Para mí eso es señal de una persona que, aun pudiendo habido tener razón, en el momento presente ha perdido el norte. Y las personas comunes, los mexicanos de la calle, si es cierto que no quieren más pobreza, menos aún quieren soflamas acerca de la revolución mexicana (qué cerca suena eso de la «revolución bolivariana»).

Los mexicanos corrientes quieren, a mi entender, lo siguiente: unas condiciones laborales decentes y estables, una buena educación para sus hijos, una vivienda digna de tal nombre, un sistema de salud que no los deje tirados en la calle cuando están enfermos porque no pueden pagar y que a cualquier hora del día o de la noche que transiten no corran el riesgo de ser atracados, apuñalados o secuestrados. Cualquier Gobierno que cumpla esas condiciones, en México o fuera de México, está destinado a durar muchos años, no importa si es democrático o no.

Debo reconocer que cuando oía hablar a Calderón ayer en una entrevista de un medio de comunicación, torcí el gesto. Bonitas palabras ésas de «pacto», «conciliación», «acuerdo». Pero Calderón, quien todavía no ha respondido por su mala gestión en asuntos turbios de su pasado, no debería olvidar que el «pacto», la «conciliación» y el «acuerdo» son con el pueblo, no con las grandes empresas que han apoyado y pagado su campaña. Parafraseando al gran Antonio Machado…

Mexicanito que vienes al mundo,
te guarde Dios;
uno de los dos candidatos
ha de helarte el corazón.

Los otros niños cantores de Morelia

Estos niños no cantan en ningún auditorio. No van bien vestiditos, bien peinaditos. Ni siquiera son güeritos y de ojos azules. Tampoco tienen acompañamiento orquestal, puesto que su único instrumento es una botella estriada, que van raspando para darse ritmo. Sus voces, aunque desafinadas, suenan potentes para su corta edad. Y bueno, no son una bola de veinte niños, sino que más bien son dos: uno que lleva la «voz desafinada número 1» y el más pequeño, que lleva los «coros desafinados», que para qué contar. «Si gusta cooperar…». Pues claro. Uno hace lo que puede como Dios le da a entender para ganarse el pan de cada día.

Ahora bien, voy a plantear una pregunta aquí en mala onda: el que estos chamacos estén en la calle cuando por edad deberían estar en la escuela, ¿no es acaso un fracaso de la política social del estado de Michoacán? ¿Dónde están los programas sociales de AMLO aplicados en el estado de Michoacán? Recordemos que aquí gobierna el PRD, «supuestamente de izquierdas» y su eslógan en campaña: «primero, los más pobres». Que la derecha panista decepcione a los más pobres es normal, habitual y casi que ni siquiera es noticia. Pero sí es muy significativo que sea el PRD quien les dé la espalda. Decididamente, el gobierno del Estado de Michoacán es un gobierno indiferente.

Plutón, "planeta enano"

Vaya cosa han dicho los astrónomos: que Plutón no es un planeta atendiendo a su tamaño y a una órbita completamente excéntrica. Desde luego, ellos tendrán su criterio y sus razones, muy atinadas desde el punto de vista astronómico. Quizá tienen miedo de que aceptando a Plutón como planeta, ahora que saben que su tamaño es además seis veces más pequeño que la Tierra, tengan que aceptar a cuanto otro «objeto» acierte a cruzar las órbitas de nuestro sistema solar. De hecho, eso ya ocurre con otro «planetoide», que ha recibido el nombre más o menos aceptado de Quirón y que se descubrió allá por 1977.
Desde el punto de vista astrológico, no obstante, el hecho de que Plutón haya sido «degradado» no influye para nada en la veracidad de su influencia sobre las personas y las cosas. Plutón tiene una relación astrológica y mitológica con el infierno. Es el Señor del Gran Lugar de Abajo; y allá donde está él, nos enfrentamos solos a nuestros peores demonios. También, como en el caso de Urano o Neptuno, presenta sincronicidades históricas. Recordemos brevemente: en el momento de descubrirse Urano (1781), comienza en Europa un proceso revolucionario (palabra clave para Urano), en el cual se iguala en derechos a todos los ciudadanos, así como se descubre el funcionamiento de la electricidad. En el momento de descubrirse Neptuno (1846), se descubre la iluminación por gas y faltan sólo dos años para la primera gran revolución socialista.
Pues bien, cuando se descubre Plutón (1930), existe una conexión muy grande con lo que podemos llamar «instintos básicos» en la sociedad: la aparición del nazismo en su aspecto más amenazador, la guerra que estaba por llegar y que sobre todo transformó para siempre las estructuras y relaciones familiares, el concepto de patria y el sentimiento de pertenencia a un determinado grupo, ya sea nacional, racial, espiritual o de otro tipo (en ese momento estaba en Cáncer y justo cuando empieza la guerra entra en Leo).
Y así podríamos seguir, desde las grandes comprobaciones de la historia a las pequeñas comprobaciones en cada uno de nosotros y en nuestra vida. Plutón nos arrebata mucho, pero nos da muchísimo más si cooperamos con su energía. Allá los astrónomos con su limitado criterio…

"Predator"

Parece el título de una película de terror, ¿verdad? Al oír o leer ese título, uno se imaginaría una fiera corrupia, babeante y deseosa de sangre. Uno se imagina a la aterrorizada población tratando de ponerse fuera del alcance de sus grandes fauces. El predador domina a sus víctimas por el miedo, qué duda cabe. Así nos lo han pintado en el cine: el último fue Steven Spielberg, con resultados nefastos para los tiburones de verdad, por cierto.

La «depredación» de la que hoy me apetece hablar es de otro tipo. Su víctima es la población, desde luego, aunque no directamente. La víctima directa es el erario público. De otros Estados no puedo hablar; pero hace un tiempo La Voz de Michoacán, que es el diario que leo habitualmente en Morelia, saltaba con la noticia: el conjunto de los cargos públicos del Estado se lleva el 65% del presupuesto, mientras que para obras públicas y demás menesteres del Estado del Bienestar queda apenas un 35%. Ahí está el presidente municipal de Pátzcuaro, con sus 90,000 pesos mensuales.

Pero como dice el poeta, no termina ahí la cabronada: no sólo se llevan ese 65% del presupuesto estatal. Además, los ciudadanos tenemos que enterarnos del dato por la investigación de un diario, que naturalmente tiene «sus fuentes cualificadas» y puede acceder con mayor facilidad a esa información. Claro que esto no sería así si las autoridades cumpliesen la Ley. Una ley que obliga a todos los organismos públicos a publicar (valga la redundancia) los sueldos de los señorías que ocupan cargos públicos. Claro está que no lo hacen. No hemos avanzado mucho desde la conquista: todo eso suena mucho al se acata, pero no se cumple.

Y aún hay más: nosotros, ciudadanos, no tenemos acceso a esa información precisamente por una corruptela de la democracia. Igual que a un cristiano, en tiempos pasados se le identificaba «por ir a misa», parece que a una democracia se la identifica hoy en día «porque hay elecciones», porque los ciudadanos tenemos el derecho de ir a votar con una determinada periodicidad. Entre votación y votación, a los cargos electos se les entrega literalmente un cheque en blanco. Y ahí se acabó la «democracia».

Y así usted, ciudadano Juan Lanas, no tiene derecho a pedir cuentas de lo que se hace con ese cheque en blanco. No tiene usted derecho a pedir cuentas de lo que se hace con el dinero de usted, como usted lo haría con cualquier otro particular al cual entregara una suma de dinero. Eso es lo que se supone que debería ocurrir en una democracia bien fundamentada. Pero no sólo eso: si a usted, ciudadano Juan Lanas, se le ocurriera pedir cuentas y encontrara culpables entre sus supuestos representantes, no habría una sola autoridad judicial que respaldara su proceso ante los Tribunales.

Cada vez más, la política se va pareciendo al saqueo despiadado, ordenado y metódico de las arcas públicas. Nos representan unas personas cuyo único interés es salir de la política más ricos de lo que entraron. Y como dijo Quevedo, Príncipe de los Ingenios, «ésta es la justicia que mandan hacer». Otro día, si nos dejan, hablaremos del Gobierno.

"Defender la democracia"

Con estas palabras se descuelga el ya casi emérito presidente Fox protestando por las movilizaciones de AMLO. Ni qué decir tiene que las palabras de Fox suenan a queja de vejete cascarrabias; algo así como: «Deja de hacer ruido de una vez, que me van a cambiar de asilo y estás amargando el último chocolate».
Pero, como siempre, vamos por partes, que diría Jack el Destripador. ¿Qué es eso de «defender la democracia»? Con independencia de que el mal gobernante siempre se escuda en las grandes palabras para tratar de ocultar su mala gestión, la democracia no se defiende desde arriba. Se defiende en los pequeños y grandes hechos de cada día. Se defiende con el buen funcionamiento de las instituciones democráticas, en las que los representantes son verdaderamente representantes del pueblo y no de los intereses de ciertas y determinadas grandes empresas. No se defiende cuando se es complaciente con la corrupción porque favorece los intereses partidistas de una u otra facción política, en cualquier territorio de la República.
Cuando las premisas fallan y a pesar de vivir en una democracia, ésta crea mayores desigualdades sociales, se está sembrando para que andando el tiempo, el pueblo prefiera vivir bajo una dictadura que les dé de comer y les permita «vivir», aunque sea con limitaciones. Sólo los irresponsables no se dan cuenta de ello. Y sólo los sinvergüenzas creen que podrán sobrevivir en cualquier momento.

A las barricadas

Hace tiempo que no escribía sobre «asuntos mexicanos» y creo que ya toca. El título es lo bastante expresivo de la situación que se vive especialmente en el D.F. López Obrador, convencido de que la razón suprema no está en los tribunales ni en las instituciones, todas ellas vendidas al PAN, por supuesto), se lía la manta a la cabeza y corta nada menos que el Paseo de la Reforma, una de las arterias principales de la ciudad. Como si en Madrid levantara su campamento en medio de La Castellana.

La verdad que los propios del lugar están hasta las narices de tanto manifestante. Tengan o no razón los manifestantes, lo que no les parece justo es que tengan que cerrar porque unos zarrapastrosos se han plantificado delante de sus comercios en apoyo de AMLO para pedir justicia. Que no. Que están teniendo muchas pérdidas, oiga. Y que como esto siga así se acabaron las vacaciones en Acapulco. Y ellos, que tan religiosamente votaron a Felipe Calderón y-no-joda, pues que les están jodiendo a base de bien.

Los medios de comunicación están bombardeando a la población con la idea de que «ya está bien». Sin embargo, parece que efectivamente hubo juego sucio por parte del PAN. En otras latitudes eso hubiera significado la anulación y consiguiente repetición de las elecciones. Aquí, de momento, «no pasa nada». Apenas nada, porque el ruido se siente en la calle. Pero la otra pregunta que uno, como extranjero, puede hacerse, es la siguiente: ¿qué presidente es preferible? ¿Aquel cuyo partido lo escoge como candidato porque es el menos pringao de todos?¿O aquél que aparece más limpio, pero que se ha peleado con todas las instituciones y de haber habido más burocracia se hubiera peleado igualmente con toda esa burocracia extra?

Sabremos la respuesta en unas semanas. Mientras tanto, AMLO sigue vociferando que tiene razón (pero en la calle). Que Dios guarde al mexicanito de a pie, porque Fox ya tiene pie y medio fuera del Gobierno. Y de los que vienen, al menos uno ya sabe los intereses a los que se debe. Y no son precisamente los del pueblo.

¡¡Que viene AMLO!!

Ya he especificado muchas veces que al ser español no tengo mucha idea de lo que se cuece en la política española, aunque ésta conserve algunos rasgos comunes con aquélla (entre otros, el divorcio entre la clase política y el pueblo llano). No obstante ello, me atreveré a terciar en la cuestión política que en estos días se debate en toda la República: ¿QUIÉN ES EL GANADOR?

Por lo poco que yo entiendo, aquí no hay una distinción tan clara entre «izquierdas» y «derechas» como en España. Es verdad, como hemos denunciado en este blog alguna vez, que el PSOE hace mucho que ha dejado de ser de izquierdas. Que a estas alturas es un partido socialdemócrata, sí, pero de derechas (ni socialista, ni mucho menos obrero). Y, al menos en España, soy capaz de situarme y decidir que si bien Aznar y sus aspavientos no me acaban de convencer, menos me gustan ZP y sus «niños bien» disfrazados de izquierdistas de chaqueta de pana (que además y con el objetivo de mantenerse en la poltrona, pactan con terroristas y otros que «no quieren saber nada de España», pero que le exigen que siga pagando sus aventuras independentistas).

Pero bueno, volviendo al tema que tratamos en este chorro, el caso es que aquí la cosa está que arde. De los tres partidos que aspiraban a la presidencia de la República, uno ha sido literalmente borrado del mapa, que bien podría decirse “menudo madrazo le han dado al PRI”. Quedando la contienda polarizada entre dos partidos, el grito unánime del los panistas y simpatizantes de Felipe Calderón y su partido es: ¡QUE VIENE AMLO! Y eso ya ha tenido consecuencias: el peso se ha apreciado frente al dólar y, según parece, el dinero está haciendo las maletas hacia destinos más «tranquilos».

No deja de recordarme la situación española 1982-83, cuando al ganar el PSOE sus primeros comicios, muchos millonarios empezaron a mandar frenéticamente dinero a Suiza y a otros paraísos fiscales. Incluso se dio el caso de que la policía desarticuló una cierta «red de evasión de capitales», en la que se vio implicado hasta todo un jurista de reconocido prestigio en el campo administrativo. No obstante, el PSOE no tardó mucho tiempo en convencer y en ser convencido de que no tenía que haber peligro para los grandes capitales. Y así fue como la Banca obtuvo los mayores beneficios de su historia hasta ese momento, gobernando un partido supuestamente de izquierdas.

En cuanto a lo que los candidatos traen en su pasivo, veamos despacio. Sobre Felipe Calderón pesa mucho el escándalo del FOBAPROA, del que al parecer jamás dio explicación razonable y eludió otras preguntas «comprometidas» sobre su relación con el matrimonio Fox. Sobre López Obrador, de momento, no hay más que el ruido mediático que el PAN ha generado a su alrededor con el objeto de desacreditarlo; y a pesar de eso, la acusación más grave que pueden formular contra él es la de «populismo». Tratan obviamente de acercarlo a personajes como el «bolivariano» (léase «iluminado») Hugo Chávez y alinearlo así con Fidel Castro, usando el argumentario tradicional de la extrema derecha que identifica «izquierda» con «desorden».

Por eso mantengo una cierta desconfianza hacia AMLO, a pesar de que buena parte de la intelectualidad bebe los vientos por él. Que una cosa es lo que se dice y promete en campaña, al calor del aplauso y el ánimo de los militantes y otra muy diferente lo que se hace una vez se toman las riendas del poder. Si se confirma el triunfo de AMLO, éste deberá ir con sumo cuidado porque lo que haga en estos seis años, bueno o malo, se lo van a recordar siempre. Habrá que esperar los cien días de rigor para comprobar a quién se debe López Obrador.

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