Solidaridad

Me entero tarde, muy tarde del percance ocurrido en un acto de Ciutadans de Catalunya y sobre el que escribe Victoria Prego en su blog. Es lo que tiene estar fuera de casa: las noticias, buenas o malas, siempre llegan más tarde.

El hecho en sí llama la atención; pero no sólo por sí mismo, sino por su encaje en una estrategia de eliminación física de disidentes. Todo ello en la mejor tradición de la izquierda. Dejemos bien claro aquí que el hecho de que un partido concurra a unas elecciones no lo convierte automáticamente en “democrático”. Si fuera así, cabría considerar que el NSDAP alemán fue un partido “democrático” porque concurrió y “ganó” las elecciones de 1933 (después de una intensa campaña de amedrentamiento de los adversarios políticos, cuando no de su eliminación).

Si miramos del lado comunista, nos percataremos por fuerza que el PCUS no se presentó jamás a unas elecciones. De hecho, obtuvo el poder gracias a un golpe de Estado. Por lo demás, allí donde el Partido Comunista tuvo facultades de gobierno, la democracia brilló (y brilla: véase en Cuba) por su ausencia, aunque la parafernalia oficial usaba con profusión los tópicos habituales: “pueblo”, “patria”, “obrero”, “campesino” o “revolución”.

Establecido, pues, que la izquierda tampoco puede alegar una tradición democrática, vamos al meollo del asunto.

Vuelven los fantasmas de los años 30. Una parte de la juventud, inculta pero adoctrinada para reconocer al enemigo, la emprende a golpes, gritos e insultos contra personas que haciendo uso de la libertad de expresión y reunión, tratan de llevar a cabo un acto. Culpable es la juventud por lo que hace, de acuerdo; pero más culpable es aún una educación histórica insuficiente y falsa, que deja espacio al adoctrinamiento y a la incitación lisa y llana a la violencia. Más culpables son los ideólogos a quienes no les importa atizar el fuego con proclamas incendiarias. Más culpable es un gobierno que pretende “reescribir la historia”, aun a costa de la verdad (y ganar de paso guerras que se perdieron). Hitler reclutaba a sus seguidores entre las masas de parados y otras gentes de malvivir. Hoy parece que el fascismo de izquierdas hace lo mismo.

“Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave las fechorías de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas”.

Martín Luther King.

Eso es precisamente lo que debiéramos evitar. Solidaridad con Victoria Prego, Arcadi Espada, Ciutadans de Catalunya y que el peso de la ley caiga sobre los energúmenos que los agredieron (y sobre los energúmenos que adoctrinaron a los agresores, más energúmenos aún).