Libertad


Cada vez estoy más convencido de algo. Cuanto más «vieja» se hace la democracia española, menos se parece a una democracia. Mucho menos ahora, que el inquilino de la Moncloa es un radical (tanto, que ni siquiera a sus propios les gusta mencionarlo). En este sistema político o coyuntura política en la que vivimos, en la que priman los intereses privados (legítimos o bastardos, pero intereses) y el «qué hay de lo mío» en vez del interés general, hemos perdido la inocencia. La política ya no es el arte de regir los destinos de una nación (o de una «nación de naciones»), sino el de enriquecerse con cargo a los bolsillos del sufrido compatriota.

Yo estoy en que el período de libertad mayor que vivió España fueron los cuatro años que gobernó UCD el país (1977-1981). Quizá porque «todo era nuevo» para una generación relativamente joven, que no había vivido realmente la posguerra y sí había crecido con la opulencia del desarrollismo y los Polos de Desarrollo franquista (todo eso de lo que los progres se ríen para quitar méritos al dictador). Muerto y enterrado Franco, España dejaba el blanco y negro y se vestía de color con Alfredo Amestoy y su Canto de un duro, para afrontar las restricciones energéticas derivadas de la segunda guerra árabe-israelí (1973).

En aquella España muchos hombres levantaron un altar a Pío Cabanillas, Sr., por legalizar el destape «por exigencias del guión». Los guionistas, que antes se las ingeniaban para pasar la férrea censura franquista, se las ingeniaban poco después para crear situaciones en que la actriz o vedette de turno (señaladamente Nadiuska, Susana Estrada o Victoria Vera; pero muchas otras más también) enseñase algo más que las pantorrillas.

Eran los tiempos de Marisol (ahora Pepa Flores) y su posado en traje de Adán en Interviú, de toda la vida más conocida por sus desplegables centrales que por sus páginas de crítica política. Eran los tiempos del Lib y del profesor Cojonciano. Eran los tiempos de Pepi, Luci, Bom… de Almodóvar. Sólo en aquel «desfile de los monstruos» que era la movida madrileña por las noches pudo nacer esa película. Eran los tiempos de…

Tiempos que el tejerazo borró de un plumazo. Ya nada volvería a ser como antes. Después llegó Felipe y poco a poco nos fuimos alejando, alejando… sobre todo de la libertad.

Gotas que me vais dejando...

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