Goodbye, Mrs. Bottle


Bueno, pues ya está. Se terminó la fiesta olímpica y por todos lados se oye el lamento y el crujir de dientes. Parece una especie de tragedia nacional y sólo falta que Mariano declare tres días de luto, secundada por la todavía alcaldesa de Madrid. Ni qué decir tiene que para un servidor de ustedes es una decepción… mas no una desgracia, como lo es para algunos de los rostros que han salido en la televisión. Debo confesarles que a lo primero me fastidió enormemente que se los dieran a Tokio; pero en un momento posterior, más en frío, veo que el portazo que nos han pegado ha servido para poner a la vista nuestras deficiencias.

A mí me queda claro que han confluido una serie de factores externos e internos en el portazo que nos han dado. Desde el punto de vista económico, la pregunta clave es si podíamos permitirnos unos Juegos Olímpicos, dada nuestra situación. Y la respuesta, por más que se empeñaran unos cuantos a los que más abajo pasaremos revista, es no. En primer y principal lugar, porque unos JJOO suponen una inversión que casi nunca ha tenido el carácter de permanente. Como señala Manuel Llamas, los únicos JJOO que resultaron rentables fueron los de Los Ángeles ’84 y ello debido a que la inversión más importante fue de carácter privado. Ni siquiera las alabadas Olimpíadas del 92 dejaron a Barcelona algo verdaderamente aprovechable. Es decir: no podemos gastarnos un dinero que no tenemos en unas estructuras que tras ese mes (o tres meses, si contamos los Juegos Paralímpicos) van a quedar en nada.

En segundo lugar, somos un país con más de 6 millones de parados reconocidos oficialmente (el paro real puede llegar tranquilamente hasta los 7 millones o incluso sobrepasar esa cifra). Es una muestra de irresponsabilidad por parte de nuestros gobernantes decidir que en esta situación lo que el respetable necesita es un panem et circenses de lujo. Como si no tuviéramos bastante con el fúrbo, que nos lo meten hasta en la sopa. Y cuando no hay fúrbo, siempre se puede rellenar con el baloncesto, Rafa Nadal o Fernando Alonso. Todo un conjunto muy adecuado para levantar el patriotismo deportivo, que por lo visto es el único que se nos permite tener a los españolitos de a pie.

Por otro lado, y por si faltara algo, el coñazo separatista (ya no cabe llamarlos «nacionalistas», sino por su nombre), ha influido negativamente en la imagen de España. La permanente reclamación llorica de los nacionalismos, en especial del catalán y ahora en segundo término del vasco, ha perjudicado la imagen que se quería dar de que “todos apoyan en España los JJ.OO”, cuando verdaderamente no es así. Reclamación llorica que Mariano hace tiempo debió haber cortado en seco; pero que, quién sabe por qué arcanas razones, la ha dejado continuar. Supongo que seguirá su estrategia de caracol y esperará que «se cuezan en su propia salsa». En cualquier caso, nada hay de la imagen de un país cohesionado y unido, ambas palabras tabú. Razón por la cual se explota y es “necesario” el patriotismo deportivo anteriormente citado. Por cierto, que ahora los que se ciscaban en la candidatura madrileña “estarán de enhorabuena”. Esto son las Batuecas, señores: cainismo a toneladas.

En cuanto a los factores externos, hay varios, que todos juntos (por separado ninguno tenía suficiente entidad) han contribuido al portazo. En primer lugar, el COI no es precisamente un modelo de honestidad. Se permite el unfair play a unos niveles inconcebibles para un organismo internacional. Por eso suena extraño que desde el COI se nos acuse poco menos que de «fomentar el dopaje», amplificando lo que ha sido la famosa operación Puerto, extrañamente desaparecida de la actualidad informativa (suponemos que para no dañar la imagen de limpieza que se quería dar), para que jugara en nuestra contra.

No menos importante ha sido la actividad lobbysta, que ha podido ayudar a distorsionar las votaciones y las voluntades. No estamos hablando sólo de Alberto de Mónaco, que no nos puede ver ni en pintura (el sentimiento es mutuo, Sire), o de la princesa Ana de Inglaterra, que tiene sobrados motivos para j… digo, fastidiarnos, con lo que está ocurriendo en Gibraltar. Hablamos de cierto jeque árabe con mucho poder en el COI, que al concluir un pacto de inversiones con el ministro japonés le interesaba que la elección se inclinara hacia Tokio. Hablamos de la frenética actividad de los franceses, a quienes perjudicaba nuestra victoria por el criterio de rotación continental: si Madrid se llevaba los JJOO en 2020, ¿cuándo le volvería a tocar a Europa? ¿En 2028? Era algo que algunos no podían permitir. En este sentido, la puntilla nos la dio la representante marroquí del COI, viniendo a decir que «teníamos cosas más importantes de qué preocuparnos que de montar unas Olimpíadas». Mejor me callo y no le recuerdo a esa señora la situación de su propio país, digna de estudio…

Finalmente, en el plano mediático ha habido fallos también. El primero de todos, una propaganda excesivamente optimista, que había vendido la piel del oso antes de cazarlo. La bola de ilusión creció, creció y creció… hasta explotar. Por eso el disgusto es mayúsculo y la gente se resiste a creer «que esto nos haya pasado a nosotros». Es más fácil echarle la culpa al «contubernio judeo-masónico» (o parecido) y acusar de antiespañolismo a quien no está de acuerdo con el dispendio que reconocer la cruda verdad.

En segundo lugar, deficiencias de conocimiento de idiomas. Particularmente, del inglés. En España todavía no hemos aprendido que el lenguaje del poder hoy por hoy es la lengua de los hijos de la Gran… Bretaña y tenemos el ramalazo chauvinista de la tercera lengua más hablada del mundo. Pues no, señores: en España falta un Presidente que domine el inglés, sea grande o pequeñito, se deje o no. Las pichorradicas de Mrs. Bottle demuestran que no ha estado a la altura. Hasta el famoso relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor nos ha pasado factura. Uno se la imagina llegando a Buenos Aires vestida de chulapa –el clavel en medio de la cresta–, Alejandro Blanco de chulapo –gorra de plato calada hasta las cejas– y resto de comparsa a juego. Imagínenselos en la aduana…

–Che, ¿de dónde vienen ustedes?

–No-so-tros ve-ni-mos de Ma-drí –contesta la alcaldesa, exhibiendo en todo su esplendor el deje de Cibeles–. ¿Es que us-ted no sa-be dón-de cae Ma-drí?

–Esperen un momento, que hablaré con el jefe.

Mientras, en un aparte, le dice Blanco a Mrs. Bottle:

–Anita, me parece que te has pasao… Que no hacía falta que nos vistiéramos de chulapos para la Verbena de la Paloma.

–Tú tranquilo, salao. Que a éstos me los camelo yo en un pispás.

En el despacho del jefe…

–Oiga, jefe, que tengo en la puerta a unos gayegos pelotudos que hablan raro.

El jefe se queda pensativo y contesta:

–Ya sabés lo que tenés que hacer, Pérez. Dejalos pasar nomás. Avisaron de la Embajada.

Vuelve el funcionario de la Aduana, resignado pero muy correcto:

–Pueden pasar. Que tengan buena estancia en la ciudad.

La alcaldesa, toda ufana:

–¿Lo ves, A-le-jan-dro? Si es que no hay co-mo ser de Ma-drí pa que te pon-gan l’al-fom-bra ro-ja…

Y así todo. Para no hacer más mala sangre y recordar que Mariano se fue a Argentina con un discurso en español y que no tuvo empacho ninguno en leer (se creería en una rutinaria sesión de control frente a RbCb), dejémoslo en que la delegación española quedó como un soufflé aplastado. Con las notables y elevadas excepciones del príncipe Felipe y Pau Gasol, que hablaron mucho, muy bien y en inglés, los demás parecían sacados de la película El olimpismo es un gran invento, con el aspecto de haberse metido por las buenas en la timba organizada por el COI y haber salido desplumados.

–O-ye, A-le-jan-dro… que e-sos ga-chós nos han a-mo-lao de la fe-tén, ¿ver-dá?

–Pues sí, Anita. Mira que yo creía que en casa teníamos sinvergüenzas; pero éstos les dan ciento y raya…

La gran pregunta, para el final. Entonces, si todo ha sido como se ha contado, ¿quién necesitaba los JJOO? Contestaré a esa pregunta con las palabras de Manuel Llamas, del artículo ya citado:

En realidad, la celebración de los Juegos tan sólo beneficia a los políticos, ya que supone una gran campaña de imagen para las autoridades públicas a nivel local, regional e incluso nacional de cara a su reelección electoral. Y ello, a costa de un enorme despilfarro público sufragado con el dinero de los demás (empresas y familias). Así, no sería de extrañar que Ana Botella se vuelva a presentar a la Alcaldía en caso de que Madrid tenga la gran desgracia de ser escogida como sede olímpica en 2020.

Así es, en nuestra modesta opinión. La cabezonada del Faraón le ha costado a Madrid muchos millones de euros. Aquí se frotaban las manos no solamente la alcaldesa y demás cargos implicados, sino toda una pléyade de constructores que presuntamente iba a hacer su agosto. Beneficiaba también al pequeño comercio, pero sólo por la vía del turismo. No es fácil ver en qué beneficia a los madrileños de a pie.

Es muy dudoso que Annie Bottle se presente a la elección (no reelección, porque técnicamente ocupó el puesto del Faraón sin una elección por medio que la legitimara). La cabezonada del Faraón va a ser su tumba política. Y, como dijo Pazos, «que tenga cuidao, que igual le viene la C». La C sería el Caso Madrid Arena, que según tenemos entendido, ni está terminada la instrucción ni mucho menos juzgado. Podría ser que los focos de la actualidad volviesen a enfocar a la alcaldesa por ese asunto tan feo. Es de suponer que el tovarishch politkom Lissavetzky esperará sentado para ver pasar en breve el cadáver (político) de su rival.

Eso no quita, por supuesto, otra reflexión: que a quienes buscaban una vía de escape para diferir su responsabilidad diaria en sacarnos de la crisis se les han acabado las excusas. No podemos confiar en nadie. Debemos salir de la crisis por nuestros propios medios. Y alguien, ya se trate de Mariano u otro, debería pensar en recortar todo aquello que hace ineficiente a la Administración (particularmente, su elefantiasis y la muy deficiente distribución de recursos, así como los enchufes, tanto a corriente continua como alterna). No le queda más remedio a Mariano que recortar más… pero donde debe.

Fin de la cita.

Actualización

Algunas personas se han quejado de que otros se metan con el acento de Annie Bottle. Es, según dicen, una campaña orquestada por la izquierda. No obstante, en este pequeño rincón ofrecemos la prueba de lo que decimos y dejamos que ustedes juzguen por sí mismos…

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4 comentarios en “Goodbye, Mrs. Bottle

  1. Luis, estupenda reflexión. Vaya por delante que yo no quería los JJ.OO. para Madrid. España no está para esos dispendios. Y no sólo nos vendieron la piel del oso antes de cazarlo en el sentido de que estos juegos poco menos que nos iban a sacar de la crisis, sino que nos hicieron creer que saldrían gratis.
    Nunca creí que fuera a ganar Madrid por una sencilla razón: un pariente pobre siempre resulta incómodo, y nosotros, nos guste o no, llevamos tiempo siendo ese pariente pobre al que todo el mundo rehúye. Aquí, lo que ha sucedido, y me refiero a nuestro país y a unos cuantos irresponsables de diversos estamentos, es que con estos juegos ya se veían con los bolsillos llenos, los de siempre, claro está, pues esto viene de lejos. Y la decepción para ese grupo de mandamases, tanto políticos como empresarios de renombre, ha sido mayúscula.
    Los ciudadanos, sinceramente, debiéramos estar felices y tranquilos al haber esquivado un agujero más a la ya maltrecha economía, pero imagino que esto solo es posible verlo con perspectiva, y me refiero a aquéllos que pensaban que ya todo estaba hecho y para bien.
    Por otro lado resulta curioso que una vez que el COI ha eliminado a la ciudad de Madrid, todos esos mandamases, algunos medios de comunicación y muchos ciudadanos, piensen que es porque el COI es un nido de víboras mafiosas donde lo que prima son la política y los negocios.
    ¡Pues claro! ¿Cómo cree nadie que se mueve el mundo? Por política y negocios. Mi crítica es que se diga esto “a toro pasao”, porque seguro que de haber salido vencedora Madrid, el COI habría sido poco menos que una sucursal de la Madre Teresa de Calcuta.
    En fin, que hipócritas somos un rato largo. Y aunque me podría extender más, casi que lo dejo aquí, pero antes me hago una pequeña reflexión: ¡Lástima de tantos cientos de millones de pesetas desperdiciados solo para lo de siempre, esto es, para satisfacer el ego de unos cuantos personajes con ínfulas de nuevo rico. Y lástima también de los miles de millones invertidos en unas infraestructuras que maldita la falta que hacían, y que algunas de ellas están a medio hacer, y casi todas a falta de liquidar (cash). Algo más que pagaremos entre todos los españolitos de a pie.
    En fin, que una vez más hemos demostrado lo que somos: un país de pandereta, unos nuevos ricos insufribles y unos despilfarradores incorregibles. ¡Spain is different!

    • Bien reflexionado, As.

      Ten en cuenta que cuando se empezó con la “cosa olímpica” aquí todavía vivíamos época de vacas gordas. Con el paso de los años, en cambio, nos hemos ido convirtiendo en parientes pobres y la llegada a Bs. As. de la delegación española me pareció exactamente lo que describo: como la llegada de Paco Martínez Soria a Benidorm desde su pueblo del Alto Aragón, pero en castizo.

      La cantidad de propaganda que han soportado los madrileños ha sido monumental. Por eso ahora cuesta tantísimo aceptar la cruda realidad. Es tan fácil acusar al COI de “corrupto” y de “antipatriota” a quien no quería los JJOO en Madrid en vez de aceptar que no nos los podíamos permitir… Y como digo, a aquellos que buscaban “soluciones milagrosas” para arreglar la economía se les acaban las excusas…

      • Luis, miedo me da ese empecinamiento que escucho y leo a nuestros “vendedores de pieles de oso” en cuanto a volver a intentarlo una cuarta vez. Debería de haberles quedado claro dos cosas: una, que no es cierto eso de que a la tercera va la vencida (a las pruebas nos podemos remitir), mucho menos a la cuarta…; y dos, que tampoco es cierto aquello de que quien la sigue, la consigue (mejor que no intenten probar algo tan certero como esto).
        Pero claro, con dinero público, que es lo mismo que ajeno, intentarlo les sale gratis. ¡Y lo bien que lo pasan, mientras tanto, en el país de turno, en hoteles de 5 estrellas, en aviones privados (los más privilegiados), etcétera, etcétera? Somos fanfarrones hasta para ser la delegación más grande en número de todas.
        Por cierto, Luis, le he puesto imágenes a la descripción hecha por ti en cuanto a la llegada a BA de la delegación española y… ¡te lo juro!, es para meterse debajo de la mesa… (ataque extremo de vergüenza ajena). ¿Imaginas la imagen que hemos dado como país y como españoles ante el mundo? Un país que poco menos y de cara al exterior, sus ciudadanos están rebuscando en los contenedores de basura algo para echarse a la boca… Un país lleno de corrupción política… Una Casa Real señalada… Un país resquebrajado… Unos ciudadanos divididos… Y que todo ello se ajuste más o menos a la realidad es lo de menos porque esa imagen, y no otra, es la que se tiene de nosotros en el exterior.
        Y encima llegamos allí con el traje de los domingos y con sonrisas de oreja a oreja…
        Está claro que algo no funciona… Mientras nuestros dirigentes continúen con esas ínfulas de nuevo rico y esa patología despilfarradora que padecen, ni España ni los españoles de bien tenemos nada que hacer. ¡Es lo que hay! 😦

  2. ¡Ay, ay, ay, Luis! El Cue original de Ana Botella no tiene desperdicio. Como te he dico antes, me ha hecho reír, llorar, esconderme debajo de la mesa, sentir muchísima vergüenza… Por las cara que ponía y por sus gestos en general, parecía que estaba declamando ante un público idiota o falto de entendederas… ¿Ha sido así o sólo me lo ha parecido a mí? No me meto con su inglés, ¡faltaba más!, pero sí con su ineptitud. Esta señora no está capacitada para desempeñar cargo público alguno. La coloco a la altura de una tal Ana Mato, (no sé qué narices hacen desempeñando ambas cargos tan importantes cuando está ‘requetedemostrado’ que son unas incapaces). Entiendo ahora que de “señora de” diera el pego. Ya se sabe que cuando una persona es manifiestamente tonta, imbécil o idiota o incapaz, lo mejor es actuar de forma discreta, prudente, hablar poco, vamos, pasar lo más desapercibida posible, ya que de esa manera nunca se podría afirmar ni a favor ni en contra, que equis persona es tonta o es un lince. Pero bueno, Ana Botella ya ha dejado claro lo que es y hasta dónde puede llegar, y no creo que haya mucha discusión posible para ello. ¡Ah!, y decir que es tonta e inepta, por ejemplo, no conlleva el pensar que sea una mala persona. ¡Dios me libre! Yo en esos berenjenales no me meto. Hablo de la persona pública, no de la ciudadana privada. Que quede claro.

Gotas que me vais dejando...

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