Esto va en sirio


Y tan en sirio, oigan. Oriente Medio ha demostrado ser un polvorín desde que se activó eso que los medios han dado en llamar primavera árabe: esos vientos uranianos que barren el Magreb de parte a parte y que ahora han fijado su mirada en Oriente Medio. No dudamos de que Yasser Arafat reventaría de contento: por fin él y sus hermanos «tendrán la posibilidad de echar a los israelíes al mar», apoyados por Irán.

Pero lo difícil, como sabrán ustedes después de intentarlo, es seguir el rastro de las alianzas. Les pondré un ejemplo. Durante la I Guerra Mundial se formaron dos bloques en guerra: la Triple Alianza, formada en 1882 por los imperios alemán, el austrohúngaro e Italia… aunque ésta cambió de bando en 1915. Enfrente suyo, la Triple Entente, sostenida por Inglaterra y Francia, con los correspondientes sub-apoyos, que explotaron en la que probablemente fue la última guerra colonial europea. Durante la Segunda Guerra Mundial, el mismo panorama: Aliados frente al Eje (también esta vez Italia cambió de bando y en el mismo sentido). Todos sabíamos quiénes eran los buenos y los malos.

En el asunto sirio, en cambio, la cosa está muy embarullada. No se sabe quién apoya a quién, quién hace como que apoya al uno cuando en realidad al otro, quién apoya a los dos cuando en realidad no apoya a ninguno, quién parece no apoyar a ninguno cuando en realidad avitualla a los dos… En fin, todo un galimatías muy sirio. Quizá la historia ayude un poco. Siria, en principio, había sido colonia inglesa, si bien por el acuerdo anglo-francés de 1916 pasó a manos francesas. En 1946, tras varias vicisitudes, podemos señalar el comienzo de la verdadera independencia siria y a partir de ahí la historia de la nueva nación ha sido turbulenta, no sólo en el interior, sino también en sus relaciones exteriores: por un lado, los continuos golpes de Estado hasta la llegada de Hafez el Assad y su partido Baaz (el mismo que fue desalojado de Bagdad a cañonazos). Ahora gobierna el hijo, Bashir, pero en unos tiempos bastante más turbulentos que los de su padre.

Sin ser especialista en cuestiones islámicas, a un servidor de ustedes le parece que este asunto se ha conducido con la habitual miopía provocada por los intereses geoestratégicos de los intervinientes, habida cuenta de que Siria no es gran productora de petróleo (de hecho, hoy en día importa más de lo que produce, lo cual hace decaer las razones económicas para una intervención). Aparte del interés económico en provocar una guerra para dar gusto a los fabricantes de armas, ¿qué otro interés puede haber?

En primer lugar, hay una razón de peso y es que la teoría del hijo de puta hace aguas por todas partes. Esa teoría («es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta»), que tan bien le funcionó a los USA en Centro y Sudamérica, así como a otros en el África subsahariana, se ha revelado inoperante en el mundo islámico. Occidente creyó que bastaba poner un presidente y un gobierno títere para tener la fiesta en paz. Ha resultado que allí donde han ensayado este método el títere se les ha convertido en una especie de Bestia Rabban, en la medida en que «puede exprimir a los súbditos siempre que mantenga la cuota de especia». Luego, claro: se extrañan de que el odio de las víctimas de la bestia no se detenga en esta, sino que se extienda al país (a veces ni eso: una gran empresa basta) que les infligió semejante castigo. Y agitadores profesionales consiguen que ese odio llegue aún más lejos: no se odia solamente a la empresa o país, sino ya a la cultura que trajo a esas «Bestias», de forma que nadie es inocente, además de ser «infiel». Urge, en ese sentido, arreglar el entuerto.

Sin embargo y en segundo lugar, ¿cómo arreglar el entuerto? Pues, de acuerdo con la tradición, de la peor de las formas posibles: a cañonazos. Hay alguien, en alguna parte, que corta el bacalao, que cree que la democracia se puede instalar de golpe. Basta un golpe de Estado, una invasión en plan blitzkrieg… ¡y hala, todos libres y demócratas en un santiamén! Es lo que les pasa, como digo, a ciertas personas que creen que los países se diferencian exclusivamente por su extensión territorial. Craso error. Mayúsculo, en el caso islámico: para empezar, porque para ellos la identidad no deriva de un territorio, sino de una religión, como en el caso judío. Lo que les hace sentirse en su casa no es, como en el caso occidental, un trozo de terreno, sino la comunión de los creyentes. Las fronteras dentro de la zona islámica fueron trazadas por los europeos y a efectos de su (de los ingleses y los franceses) mejor administración; pero para ellos esas fronteras tienen poco o ningún sentido.

Al cóctel anterior hay que añadir un elemento no menos importante: el Islam –en especial las distintas variantes radicales– no es solamente una religión, sino que trae aparejada una concepción filosófica y una organización determinadas. De ahí que instaurado el Islam en un territorio, se hace borrón y cuenta nueva: nada existe (nada debe existir) antes de Alá, sobre todo si puede desviar a los creyentes. Es un sistema total y su cláusula de cierre es la condena a muerte por apostasía (el miedo guarda la viña). Eso explica la dinamita en los Budas de Bamiyán o los incendios en la Biblioteca de Alejandría. Y en aquella zona, que bien puede denominarse cuna del Islam, no han conocido otra cosa después de eso. Se aceptan la ignorancia en la mayoría de la población y el hecho de que buena parte de ella (las mujeres) tengan prohibido ir a la escuela. El acceso generalizado e indiscriminado a la educación y la cultura podría alterar el orden natural (islámico) de las cosas y eso es lo que los clérigos y los jeques no pueden permitir (¿dónde están los que berrean sobre la «separación de la Iglesia y el Estado» y etc., etc.?).

En otro sentido, en los países árabes no musulmanes no se plantea la democracia como opción, debido a todo lo anterior. Lo que significa que si en éstos se produce un vacío de poder, la opción siempre es el islamismo radical, no la democracia, como ha quedado demostrado allí donde ese vacío se ha producido: Irán, Irak, Egipto, Túnez… y ahora Siria: si finalmente largan a El Assad, el vacío tenderá a ser ocupado por una opción islamista radical. Lo cual seguramente preocupará a Israel, que sabe que detrás de sus problemas en los Altos del Golán estuvo siempre la mano siria. El remedio, en fin, sería infinitamente peor que la enfermedad.

Uno se huele que el verdadero interés está en Irán, que pasito a pasito pero sin retroceder ni un milímetro está completando un programa nuclear. Siria, en todo caso, no sería más que un paso estratégico antes de la meta final, que llegaría a Teherán.

Por lo tanto, es una solemne estupidez creer que un Ejército cambiará unas costumbres más que centenarias, por muy modernas que sean. No hay solución rápida. Mutatis mutandis, ocurre algo parecido en la antigua RDA. Tras la unificación pacífica (y ya hace 23 años de la unificación), todavía los ossis sienten por un lado resentimiento respecto de sus hermanos occidentales y por otro desamparo respecto del sistema comunista anterior, en el que a cambio de no usar la cabeza tenían la vida arreglada. Imagínense ustedes el cataclismo que sobrevendría en el mundo musulmán.

En cuanto a las potencias occidentales, componen un espectáculo más o menos lamentable, aparte de lo mencionado en el tercer párrafo. La UE se llena la boca de declaraciones solemnes del tipo «la comunidad internacional debe hacer algo». Pero no dicen qué hay que hacer; y cuando se les pregunta quién… miran de reojo al Tío Sam. Éste, que lleva sobre sus lomos a la réplica en negro de ZP, no se está preocupando de hacer amigos, como hizo para su periplo iraquí. Duda, vacila… y tal vez para pasado mañana haya tomado una decisión. Por de pronto, se queda sin Inglaterra, aliada natural: los Commons han dicho a Cameron que no está el horno para el bollo de enviar más soldados. Rusia y China ya han dicho a Obama que no están de acuerdo con la invasión-intervención.

Esto va en sirio, les decía yo. No me gustaría estar en el pellejo de nadie que tuviera que tomar una decisión al respecto. Y sin embargo, la crisis humanitaria ya está aporreando las puertas, dado el atentado con armas químicas que ha producido tantas muertes y heridos. Estaremos atentos a los acontecimientos de los próximos días.

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