¿Qué habéis hecho con nuestros hijos?


Dado que los peperos y sus palmeros no debaten más que de «economía», hoy quiero traer a su consideración un tema que normalmente no aparece en los debates, ni del estado de la canción ni, por desgracia, de otro tipo. Es un tema fundamental y quizá por eso no se presta al pim-pam-pum de hunos y hotros.

Así que ahí va la pregunta que reza en el titular, O más exactamente: ¿qué os hemos permitido hacer con nuestros hijos? Porque sin duda, la primera responsabilidad en la educación de los hijos es de los padres. ¿Y dónde han estado los padres? Ausentes totalmente. Unos porque la rutina diaria (utilizada contra la institución familiar) no les ha permitido ocuparse de ellos y otros porque han sido apartados brutalmente por las instituciones.

¿Cuál ha sido y es la misión de la educación en España? Segregar a la futura población en dos clases: la élite y el rebaño. Desde que en 1983 José María Maravall pronunciara aquella terrible frase de «Hay que secuestrar el alma de los niños», el proceso que se ha seguido ha perseguido única y exclusivamente esa finalidad. El Estado socialdemócrata del Bienestar ha orillado a los padres una y otra vez, al efecto de que no supusieran una interferencia en dicho proceso. El resultado, por ahora, es que en España ya hay dos generaciones de idiotas funcionales, que no conocen la lista de los reyes godos (por franquistas) o los afluentes del río Segura por la derecha (eso es geografía española fascista), pero que sí son muy concienciados (o concernidos, como dice algún tertuliano idiota y pedante por ahí) con el medio ambiente o la igualdad.

Centrándonos en el rebaño, les recomiendo muy encarecidamente el libro de Mercedes Ruiz Paz (apenas 150 páginas) titulado La secta pedagógica, en el que explica con detalle varios temas: la usurpación de las funciones del profesor por el psicopedagogo, trasunto de comisario político, la letal educación que se proporciona a los jóvenes en las CC.AA. nacionalistas desde que se les transfirió (gracias, Aznar) la competencia sobre educación, que hubiera debido quedar como exclusiva del Estado y ser absolutamente intocable; y en tercer lugar, el fracaso absoluto de la comprehensive school importada de Inglaterra, en la que todos los alumnos son igualados desde abajo y el que quiere destacar es un fascista, un elitista y un antidemócrata. Porque sepan ustedes que no hay que destacar «para no ofender a los compañeros (y compañeras) menos dotados». Ni mucho menos estimular el esfuerzo y premiar el sacrificio. No es de extrañar que se manifiesten con tanta saña contra el homeschooling: nadie debe escapar de la centrifugadora socialdemócrata.

Y sepan ustedes que es lamentable. Es lamentable que diez años después de su edición debamos citar el libro de Mercedes Ruiz Paz para decir que el estado de la cuestión sigue sustancialmente igual. Sigue importando más que el chaval «progrese adecuadamente» en vez de que aprenda algo verdaderamente útil. Sigue importando más, en suma, lo que Larra denunciaba hace ya doscientos años con su gracejo habitual: esa ignorancia atrevida y chulesca de la que hacemos gala los batuecos cuando nos ponen el espejo y vemos nuestra imagen.

Hoy las cosas no han mejorado mucho. Tenemos un ministro miedoso, que gracias a los traspasos educativos, no puede dar un paso sin consultar a las CC.AA., que encima son las que le dicen cómo tiene que llevar el ministerio. Dejemos aparte el hecho de que a la consellera Rigau debían haberla crujido y juzgado por delito de desobediencia a los Tribunales. Prácticamente en todas las CC.AA. bilingües se padece la imposición totalitaria de la segunda lengua en detrimento de la primera, que es el español. Pero eso no le importa al ministro. Lo que le importa es, según la venerable consigna mariana, tener la fiesta en paz.

Volviendo al rebaño, gracias a esas dos generaciones LOGSE tenemos hijos LOGSE, nada interesados en aprender y rápidos en señalarte con el dedo si no te has enterado de la última gilipollez que ha dicho Belén Esteban. Sí, esa señora que se levanta entre 50.000 y 60.000 euros al mes por poner cara de asco y ser observada durante veinticuatro horas en una casa llena de cámaras.

«Nadie» es culpable de eso. La tipa, porque se lo pasa pipa. La cadena de televisión porque, ¿quiénes son ellos para discutir el buen o mal gusto de la gente? Ellos «dan al pueblo lo que éste pide». Y «el pueblo» (masa borrega), porque quiere entretenimiento completo. Nada que cueste esfuerzo, ¡que ya se esfuerza uno por mantenerse en un trabajo de mierda por un sueldo de mierda a las órdenes de un jefe de mierda y rodeado de compañeros de mierda, oiga! No me den la brasa y no me hagan pensar: sólo quiero divertirme.

¿Dirían que muchas personas que pensaran así forman parte de una nación enferma? Si su respuesta es afirmativa, les lanzo otra pregunta: ¿a quién creen ustedes que beneficia que tengamos esta ciudadanía estabulada y alienada?

La educación es el futuro. Un país que no cuida su educación (y no digamos su demografía) está abocado a la desaparición. Gracias a Mariano y a su cuadrilla por continuar la obra destructora de ZP. Y gracias también por no mencionarlo como uno de los problemas más importantes de la Nación en el debate que supuestamente iba a tratar de eso, del Estado de la Nación.

Y ahora, los peperos y sus palmeros pueden seguir hablando de economía

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