Luis María está gagá


Decididamente, Luis María Ansón está gagá. O eso, o es que se ha dado un golpe en la cabeza. Difícilmente se puede llegar a otra conclusión tras leer la «Canela fina» que ha perpetrado hoy en El Mundo, cantando las alabanzas de Jordi Pujol.

Empecemos por el principio, Luis María:

Desde que el dictador Franco le encarceló, he seguido a Jordi Pujol con admiración por su seriedad personal, con reconocimiento a su sólida formación intelectual, con asombro ante su pasmosa habilidad política.

Pero vamos a ver, hombre de Dios. Primero, llamas «dictador» a Franco porque una vez te secuestró una edición del ABC verdadero, como tú le llamas. Caben muchas luces y sombras en 39 años, pero tú, naturalmente, sólo te acuerdas del palo que a ti te pegaron. No acaba ahí la cosa: no contento con ello, abundas más en la idea: ¿«Seriedad personal»? ¿«Sólida formación intelectual?» ¿«Pasmosa habilidad política»?

Ahórrate los calificativos, Luis María. Perdió la «seriedad personal» cuando echó a patadas y de malos modos a Josep Tarradellas, presidente del ente preautonómico catalán en 1980, ganadas las primeras elecciones libres en Cataluña. Que Tarradellas sería todo lo que quieras de ERC, pero sobre todo y en aquellos años, mostró la mesura y la ponderación que siempre se han alabado de los catalanes. Fue, en todos los sentidos, un señor. Probablemente si viera en qué han convertido ERC sus sucesores, le entrarían unas irreprimibles ganas de vomitar.

¿«Sólida formación intelectual»? No, Luis María. Pujol, como todo niño bien de su época, asistió al Colegio Alemán de Barcelona, donde no le enseñaron solamente catalán, como se hace ahora en Cataluña gracias a él, sino español y alemán, natürlich. ¿Pudo ser allí donde se contagió del racismo que bastantes años después mostraría en algunos escritos, hoy difícilmente encontrables y censurados cuando se encuentran? Añadamos su carrera de médico, que por lo menos le otorgó el sentido común de nombrar siempre a un médico como conseller de Sanitat.

Y en cuanto a «pasmosa habilidad política», más bien habrá que referirse a varias cosas. Cuando él llegó a la Generalitat, Cataluña estaba «por hacer». Fue él quien construyó una Generalitat a su imagen y semejanza, rompiendo posteriormente el molde y provocando que quienes le siguieran no pudieran hacer otra cosa que mantener el statu quo. De hecho, el «3 per cent» ha sido un vicio relativamente pequeño, comparado con otros que le inoculó, y que han llevado a Cataluña a formar en el furgón de cola de las regiones españolas, comparada su situación con la de 1978.

En última instancia, su «pasmosa habilidad política» se reduce a haber sido capaz de chantajear a todos los gobiernos que en Madrit han sido —lo cual da idea no sólo de la inanidad sino de la enanidad de éstos—, pasando factura cuando éstos aceptaban el chantaje o creando un enemic exterior cuando no se accedía a pagar esa factura. ¿Y en qué consistió la factura? Muy simple: en permitir a Pujol y su banda convertir Cataluña en la corralina que es, lanzándola cuesta abajo desde la efervescencia cultural de los años 70 al triste y gris panorama del procés actual y a la Cataluña del editorial únic.

Tiene gracia, Luis María, que digas esto:

Otra gallina cacarearía en el corral de la política catalana si tuviéramos al frente de aquella Comunidad Autónoma al Pujol de los años 80.

Si hubieras vivido en aquellos años en Cataluña, Luis María, sabrías de sobra que en el «corral de la política catalana» de entonces no cacareaba otro gallo más que él. Las gallinas que cloqueaban lo hacían con su estricto permiso. Y la gallina que no pedía permiso para abrir el pico era expulsada sin contemplaciones de la corralina. Puedes preguntar en Madrit a muchos escritores y artistas catalanes que tuvieron que emigrar para poder sobrevivir lejos del manto pestilente del nacionalismo.

Naturalmente que Pujol contribuyó a la gobernabilidad del Estado. Por citarte dos ejemplos: fue él quien en 1993 introdujo, vía Felipe González, los contratos basura para jóvenes, esos contratos que en Francia hubo que retirar porque todo el mundo salió a la calle para protestar contra ellos —y aquí nadie dijo ni mú; ni siquiera los sindicatos, que ya es decir—. Y en segundo lugar, fue él quien en 1998 exigió a Aznar que eliminara el servicio militar (ya que no pudo eliminar la AGBS porque todos los comerciantes de Tremp se le echaron encima y le dijeron que si se quitaba la AGBS nunca más le iban a votar), algo que ha hecho muchísimo daño a la defensa nacional. Y Aznar, que en ese momento no se podía permitir una moción de censura, cedió.

Hablas de «servicios a España», Luis María. No te estarás refiriendo a que impidió que en Cataluña echara raíces una banda terrorista como la ETA en Vascongadas, ¿verdad? Porque si te refieres a Terra Lliure, es verdad que lo cortó de raíz. Pero no tanto por el interés general de España y los españoles, sino por dos motivos menos nobles: primero, porque alentar una banda terrorista en tu propio territorio sale carísimo (es decir, el primer no interesado era él); y segundo, porque eso hubiera ahuyentado sin dudarlo la porrada de millones que caía en Barcelona a cuenta de la próxima celebración de los JJ.OO de 1992. I la pela és la pela i el negoci és el negoci.

¿Y qué es «lo que aconseja la objetividad», Luis María? Aconseja observar que durante 23 años él fue el cacique absoluto de Cataluña, mientras en Madrit le reíais las gracias y le nombrabais cofrade de esto y de lo otro. Y él sonreía encantado de que os dejarais engañar tan bien. Y que si no vamos a hablar de la mama —más peligrosa que él, por cierto— y de los hereus, ni del padre, Don Florenci, de herencia desconocida pero sí conocido —y de antiguo— de la policía franquista por evasor de divisas, al menos no digas que aconseja «tratarle con el respeto que su nivel político y sus servicios a España exigen».

Yo no sé por qué has escrito estas barbaridades, Luis María. ¿Pretendes acaso que olvidemos que en 1984, el año orwelliano por excelencia, concediste a este espécimen el premio ABC al Español del Año, nada menos? ¿Crees que nos chupamos el dedo, Luis María, y que no sabemos que este espécimen, al igual que Ana Sagasti y otros especímenes que sería ocioso mencionar aquí, son españoles previo pago? ¿Y que, siéndolo previo pago, podrían ser igualmente nacionales españoles que de la Mongolia interior?

Lo que no es un «ejercicio intelectual serio», Luis María, es dejar de decir lo que uno conoce bien y dejar de usar el cerebro. No nos tomes por tontos, por favor. Ya lo hacen bastante los políticos. Y no vamos a dejar de decir que el Rey está desnudo cuando efectivamente es así, en vez de humillarnos y lanzar el botafumeiro. Claro que cuando en el camino al sillón «de la Real Academia Española» uno tiene de cortejo a Janli Cebrián, director que fue de los Servicios Informativos de la TVE del «odiado dictador», cualquier cosa es posible. Si hubiera sido mi caso, hubiera preferido de cortejo a A Santa Compaña. Hubiera sido menos horripilante.

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