Desastres (III)


Coronavirus: el origen

Y llegamos al momento estrella de este Gobierno, en el que la mentira y la fatuidad han rayado a gran altura a partes iguales: la gestión (¿eeeeeeeeeeh?) de la «pandemia» del coronavirus. Empecemos por decir que, a pesar de haberse localizado —más o menos— el punto inicial en la localidad china de Wuhan, la propagación del virus ha adquirido proporciones alarmantes. ¿Problema? China, desgraciadamente, no es una democracia, sino una dictadura comunista. Por lo tanto, la transparencia no es una de sus cualidades más conspicuas. Tanto es así que a los primeros que avisaron del desastre se los cargaron y nunca más se ha vuelto a saber de ellos.

Sin embargo, a estas alturas hay datos que plantean preguntas inquietantes. El coronavirus o COVID-19 no es un virus que se encuentre en la naturaleza, sino que es de diseño. Lo cual nos lleva de vuelta a Wuhan y, concretamente, al laboratorio en que se crea. Corre por ahí el rumor-información de que ese laboratorio es propiedad de —o al menos, tiene intereses en él, pues en China, oficialmente, no existe la propiedad privada—… George Soros (György Schwartz para los amigos). Naturalmente, existe ahora una segunda corriente informativa de igual fuerza y en sentido contrario que afirma que «eso es un bulo». Veremos. Como suele decirse, la primera víctima en toda «guerra» es la verdad… aunque cabe la posibilidad de que resucite al cabo de algún tiempo, nunca corto.

Tenemos un segundo dato inquietante: cuando «estalla» desde el punto de vista informativo (es decir, tiempo después de que haya estallado en la realidad y en un momento convieniente… o simplemente cuando ya no se podía ocultar que estaba pasando algo gordo), resulta que un señor como Bill Gates dimite como presidente de Mocosoft. ¿Por qué es interesante a la luz de los hechos actuales su dimisión? Porque este «señor» y su «señora» se distinguieron hace algún tiempo por sus «campañas de vacunación esterilización» en África. Parece ser que los negros folla(ba)n mucho y había que «cortar ese rollo» al modo comunista. ¿Cómo se termina con esos terribles anuncios de niños moribundos, escuálidos por la falta de alimentación y comidos por los mosquitos en el África subsahariana? Impidiendo que nazcan más. Solución: distribuimos esterilizantes vendiéndolos como vacunas y asunto resuelto. Esto, al parecer, lo descubrió un voluntario de la «campaña»; y cuando empezó a hacer preguntas molestas, se lo quitaron de en medio y nunca más se supo.

Seguramente se pueden citar más datos curiosos. Pero para lo que importa ahora, tenemos lo siguiente: un virus de diseño, unos científicos eliminados por saber demasiado y cierta clase de personas que se aprestan a sacar pingües beneficios de la situación, amén de otras diversas clases de víctimas, de lo que hablaremos en una próxima entrada.

Otra de las preguntas inquietantes que cabe hacerse es: ¿por qué esta crisis del coronavirus, Covid-19 o como se quiera llamar es tan terrible? Ha habido otras crisis a nivel mundial marcadas por diversas epidemias: la de la gripe aviar, la de las vacas locas (de infausta memoria para Celia Villalobos, hoy jubilata forrá, como corresponde a cualquier excomunista repescada de Aznar), ¡la del ébola, que en las Batuecas creó un revuelo considerable al repatriar a dos misioneros enfermos desde África!, la del SARS original… y podríamos remontarnos hasta la del SIDA, en los años 80. ¿Por qué en ninguno de esos casos se echó el cerrojo al mundo como ahora?

Bueno, aunque suene duro, es mi opinión que esta epidemia desatada a nivel mundial es una tapadera. Es decir: los muertos y los contagiados (diagnosticados o no), son una realidad y muy dolorosa a nivel de calle, al de ustedes y mío. Pero a otros niveles no son más que daños colaterales. Aunque suene a conspiranoia, intentemos un ejercicio de política ficción. Imaginemos que el Ejército chino está experimentando con armas biológicas (diabólico: ¿qué mejor manera de ganar una guerra inutilizando a países enteros haciéndolos enfermar?) y que, como China es una dictadura comunista sobre mil quinientos millones de chinos, no importa tomar unos cuantos cientos de miles como cobayas. Si los chinos —y especialmente la población infectada— hubieran sido controlados y tal, quizá la cosa se hubiera quedado en China. Pero a los chinos no se les dijo que no pudieran salir del país. Se mueven y claro: allá donde van exportan el virus. Eso, suponiendo que China sea el único foco de origen de la infección.

Y ya les sigo contando.

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Autor: Aguador

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