Apestada

Sí, para los propios de su ex-partido. Al PSOE todo le va bien siempre que sea en beneficio de su estrategia política y no le importa mentir. Ahí está, sin más comentarios.

¡Olé tu pare!

Vaya con la menestra Narbona. Que sale con que quiere «prohibir la suerte final del toro». Para una menestra socialista, ecologista y doctora en Ciencias Económicas, eso es bastante lógico: cree que la realidad ha de ajustarse a lo que ella cree que es. No es tan lógico cuando uno sabe que el padre de la interfecta fue un excelente comentarista de la fiesta nacional. Pero, como siempre, analicemos un poco más.

¿Qué es lo que se podría prohibir de la fiesta? Porque hay que pensar que a estos hijos del «prohibido prohibir» les encanta prohibírnoslo todo. Veamos. Para empezar, se podría prohibir que al morlaco se le afeitaran los cuernos, para que el torero no contara con una ventaja a todas luces injusta y que convierte el festejo en algo innecesariamente cruel. No es malo para la fiesta que el torero sienta el miedo frente a un animal de media tonelada. Así, sólo los que tuvieran vocación se plantarían frente al toro.

Es un poco más difícil decir qué se podría prohibir del festejo propiamente dicho. El público entiende cuándo a un toro se le castiga más de la cuenta. El picador es el que recibe mayores pitos; la suerte de banderillas tiene que ser también limpia, porque de otra forma, el banderillero se lleva también una buena ración de pitos.

Y llegamos así a la suerte final, la estocada. El acto final en el que el torero se pone frente al toro. Momento temido probablemente por muchos diestros. Ahí es donde el torero se agranda o empequeñece para siempre. Lo de «para siempre» es a veces literal: ahí tenemos a Manolete o a Paquirri. También aquí, si la estocada no es limpia y hay que ir al descabello, el diestro pierde la oportunidad de cortar rabo u orejas, con la consiguiente ración de pitos y silbidos.

A lo que voy es que «la fiesta», o se prohibe entera o no se prohibe en absoluto. No se puede eliminar la suerte del estoque sin que la corrida se quede en espectáculo para turistas hipócritamente sensibilizados en contra de lo que ven.

¿Cuáles puedan ser otras motivaciones para «prohibir la suerte suprema»? No la brutalidad o la crueldad, desde luego. Pongamos un ejemplo. No hace tantos años, en un lugar de cuyo nombre no puedo acordarme, ahorcaban un burro y luego lo lanzaban al suelo desde lo alto del campanario de la iglesia. Eso es brutalidad, claro, pero menos: no se ve, no sale en la televisión. Es recomendable que la señora menestra salga de su despacho y recorra España en toda su extensión. Volverá a su despacho con un nutrido catálogo de «costumbres bárbaras» que en sus lugares son tradiciones que nadie ha pensado ni por un momento en eliminar.

Por otro lado, si de «brutalidad» o «crueldad» se trata, ¿por qué no prohibe la progresía desgobernante la de los videojuegos bélicos? Que uno ve los trailers de esos juegos y aparte de la chorrada esa de que «mejoran la coordinación entre el ojo y la mano» (manera fina de decir «donde pongo el ojo, pongo la bala»), asesinar es tan sencillo, tan fácil… El dinero que ganan esas multinacionales de los videojuegos es el que habrá de emplearse después para los hospitales, cuando alguien quiera traspasar la frontera de lo virtual a lo real. De hecho, hay quien ya la ha traspasado: ¿recuerdan al asesino de la katana?

Tal vez otra motivación, menos noble e igualmente socioprogre, es ir eliminando lentamente los signos de la identidad nacional española. O no tan lentamente. Ya quitaron el toro de Osborne. La religión católica, que formó en mucho parte de la identidad del español de a pie (con o sin nacionalcatolicismo) es otro objetivo a batir. Ahora se quieren cargar a los toros de carne y hueso.

Los antitaurinos, analizando una vez más, resulta que no es que estén en contra de la fiesta, sino de un metasignificado que no se entiende fuera de nuestras fronteras. Están en contra de la España tradicional en blanco y negro que nos legó el franquismo. O están en contra, simplemente, de la idea de España, como les ocurre a bastantes antitaurinos en tierras catalanas. Y como el toro pertenece a la esencia profunda de lo español (más allá de la propaganda turística de toda la vida) hay que borrarlo, sencillamente. Ahora resulta que ser pro-taurino significa o se identifica para algunos con «ser español y de derechas». Hay que ver a qué extremos lleva la dialéctica socioprogre

A la menestra Narbona, no obstante, le han salido respondones desde sus propias filas. En Andalucía le han venido a decir que ni se le ocurra quitar la fiesta, ni a plazos ni en pago único. En Andalucía, los socialistas conocen bien el impacto que causaría una tal medida. Veremos quién podrá más.

La ofensa y el insulto

Ni cinco días han tardado Pepiño Blanco y sus secuaces en insultar nuevamente al PP. Todavía calientes el cadáver de Loyola de Palacio y la agresión audiovisual contra la AVT, el sindicalista agrario y sus secuaces regalan a los periodistas que asisten a su «copa de Navidad» un vídeo de la «tregua» del 98 en el que aparecen, además de Álvarez Cascos, Rato y Aznar, la foto de la ministra de Agricultura más competente que hemos tenido en los últimos veinte años.

No es para nada sorprendente cuando el PSOE olvida a sus propios muertos y margina a quienes quieren devolver a éstos un poco de dignidad. Si no respetan a sus propios muertos, menos aún a los de los demás.

¿Se acuerda alguien de Luis Atienza y la famosa «guerra del fletán negro»? Aquella «guerra» que además perdimos porque los canadienses no se dejaron enrollar y porque la UE, como siempre, nos dejó con el culo al aire y haciendo un ridículo espantoso.

Con las pifias del PSOE, puestos a «remover el pasado», habría no para un vídeo, sino para una serie entera. Por lo menos, contando la verdad. Si se usara la técnica socialista de agrandar la ficción, sería una serie de varias temporadas de duración (no en vano estuvieron 13 años). Yo mismo me pronuncié en contra de esa «guerra de los vídeos»; pero vista la reincidencia de Pepiño, tal vez hubiera que responderle con otro «vídeo», refrescando así la memoria de los españoles.

No creo que el PP lo haga. Hasta ahora me están demostrando que tienen arriolina en vez de adrenalina: a Pepiño no hay que cabrearlo, ¡faltaría más! A Puigcercós no hay que cabrearlo, ¡faltaría más! No hay que decir nada que pueda cabrear a nadie, ¡faltaría más! Tal vez haya que recordar en el PP aquellas palabras del Apocalipsis 3,15-16…

Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente.
¡Ojalá fueras frío o caliente!
Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente,
voy a vomitarte de mi boca.

El que tenga oídos, que oiga.

"Luchadores de la libertad" (II)

Seguimos con esa pamema de los «luchadores de la libertad». Prende la llama de la guerra civil, tras las múltiples provocaciones de los partidos de izquierda (parece que en 70 años no han aprendido) y España se divide en dos zonas. En la zona «nacional» ya sabemos que estaba llena de «fascistas malos» y por lo tanto, no había «luchadores de la libertad». En la zona «republicana», al parecer… tampoco.

Los comunistas, que tomaron el mando en 1937, fueron de todo menos «luchadores por la libertad». Mucho menos entonces, controlados como estaban por Stalin a través del Komintern. Que se lo pregunten a Andreu Nin y otros militantes del POUM, asesinados por ser trotskistas (es decir, contrarios a la línea estalinista oficial en el Partido Comunista). Por lo que hace a los anarquistas y libertarios… vinieron a cumplir el sueño de todo español, en en fondo: «hacer lo que me dé la gana, cuando me dé la gana, donde me dé la gana y con quien me dé la gana». Razón por la cual tomaron los comunistas el mando de la República: si los anarquistas hubieran seguido, la guerra hubiera durado bastante menos.

¿Los brigadistas internacionales? Jóvenes, sin duda. Con gusto por la aventura, también. Prestos a jugarse la vida por una «causa noble», claro que sí. Pero, desde luego, sin saber en qué ni con quién se estaban jugando los cuartos. Ahora ya sabemos por qué clase «libertad» lucharon. Eso lo comprendió a la perfección George Orwell. Por eso fue condenado al ostracismo por la intelectualidad inglesa de los 50, próxima a las tesis marxistas. A mí no me da frío ni calor que los homenajeen. Lo respeto, pero no lo comparto.

En la guerra lucharon dos ideologías. Y una de ellas perdió. Y murieron muchos españoles. Tal vez eso sea lo único cierto de esa «lucha por la libertad».

"Luchadores de la libertad" (I)

Éste es un término bastante en boga en la izquierda desgobernante, teniendo en cuenta el uso tan asquerosamente patrimonial que hace esa izquierda de la «libertad». Término, pues, susceptible de ser desmenuzado para observar su composición. Veamos.

Habrá que distinguir claramente dos categorías: por un lado, qué se entiende por «libertad»; por otro, veamos quiénes fueron los presuntos «luchadores». Hablamos en estos tiempos de la presunta «libertad» que existía durante la II República. Pero, como los informados ya saben, el período republicano no es un período que pueda tratarse «en bloque», sino que hubo tres períodos bien diferenciados: la República «de los intelectuales» (1931-33), el «bienio negro» (1933-febrero 1936) y la «República libertaria» (febrero 1936-julio 1936). Habría que saber a qué período nos referimos cuando hablamos de «libertad».

Si algo tienen en común los tres períodos es la persecución religiosa. En mayor o menor grado, durante los tres períodos (probablemente menos en el segundo de ellos) se quemaron conventos y se asesinaron religiosos. Con lo cual, es obvio que no hablamos ya de efectiva «libertad de cultos», consagrada en los artículos 26 y 27 de la Constitución de 1931, con una mención especial aunque no explícita a los jesuitas y unas limitaciones tremebundas en cuanto a lo demás.

Pero si en el año 1931 había que llevar sotana o hábito para ser víctima, en 1936 ese requisito ya no era necesario: bastaba que alguien «te viera salir de misa» para ser acreedor a un tiro en la nuca (eso si no pasabas antes por la checa). En el más benévolo de los casos, el poder público, o quien entonces mandara, permitió que ocurrieran esos hechos, al margen de que existieran «exaltados» o «incontrolados». Ese «actuar por omisión» y no otra cosa fue lo que llevó al paredón a personas como Companys (sólo faltaba que además él hubiese matado a alguien) y no el hecho de ser «separatista», como sin duda fue.

Entonces, concluimos que durante la vigencia de la legalidad republicana los «luchadores de la libertad» no estaban decididamente del lado de la izquierda, sino más bien del otro lado.

La guerra de los vídeos

Ya hablábamos en otro post de la bloguitis que parecen padecer algunos jerarcas socialistas. Saben que la televisión, como reza la actual campaña de la cervecera Foster’s, es «infecta» y que por eso muchas personas la rechazan y han ido emigrando paulatinamente a la Red. Así que, ni cortos ni perezosos, los jerarcas socialistas se han puesto las pilas y ahora también nos dan la brasa desde la Web. Con la ventaja inimaginable antes de que cuando alguno de ellos diga alguna chorrada ésta quedará registrada en alguna parte.

La tecnología y, sobre todo, el conocimiento de lo que se puede hacer con ella, han avanzado muchísimo. Y los socialistas, de una imaginación siempre fértil (lástima que le suela faltar conexión con la realidad), han decidido abrir el frente multimedia. Ya en las elecciones generales de 1996 dieron muestras de estar en la vanguardia de la propaganda política (no de la verdad, como siempre): el «vídeo del doberman» era de Juzgado de Guardia (nada menos que presentar a la oposición aspirante con posibilidades reales de ganar como una jauría de perros rabiosos), pero no fue denunciado por Aznar, más preocupado por «pasar página».

Así las cosas, diez años más tarde estamos enzarzados en la guerra de los vídeos. El PP sacó hace ya un tiempo un vídeo sobre el 11-M, lo que hizo que Pepiño Blanco lo «criticara ásperamente». Claro que sólo vino a decir que «no era verdad» lo que se decía, sin aportar algún dato concreto que se pudiera considerar una réplica. La dialéctica marxista es así y comienza por despreciar sin más los argumentos del contrario, sin aportar nada que se pueda considerar verdaderamente argumento.

Y ahora el PSOE saca otro vídeo sobre lo que supuestamente hizo el Gobierno del PP durante la tregua-trampa de 1998. Al parecer, es un vídeo con las inexactitudes justas para que nos creamos que el Gobierno del PP hizo lo que dice el PSOE que hizo. Es decir, un vídeo manipulado. Y Miguel Ángel Rodríguez, aludido personalmente en ese vídeo, responde por el mismo medio. Y está bien así. Al PSOE nunca le han gustado los contraopinantes, ni siquiera en sus propias filas (tan demócratas, ellos: que se lo pregunten a Rosa Díez o a los dos Redondos, padre e hijo) y prefieren a la oposición calladita y de rodillas a ser posible. Por eso me parece correcto que quien se vea aludido y tenga algo que decir no se calle si tiene oportunidad de defenderse.

A mí lo que me preocupa es que, descubierto este filón, vamos a tener brasa para mucho tiempo. Bastaría con ajustarse a la verdad en vez de tratar de arrimar el ascua a la propia sardina. La verdad simple. Sin aditivos, ni colorantes, ni conservantes. Pero me temo que, parafraseando a El Último de la Fila, «cuando la propaganda entre por la puerta, la verdad salte por la ventana».

"¿Cómo estaba la plaza?"

¿Cuánta gente había en la «plaza» el sábado, en la manifestación de la AVT? Oyendo al Gobierno, uno se acuerda del Dúo Sacapuntas, pero al revés. No hay más que analizar someramente sus cálculos estratosféricos (y sospechar que les suspendieron en Matemáticas en su juventud, desde luego) y sus disquisiciones sobre «cuántas personas caben en un metro cuadrado». Así, pues, uno se imagina al Gobierno en este diálogo…

– ¿Cuánta perzona había en la plaza?
– ¡Docienta mil perzona!
– ¡Meno, meno!
– ¡Cien mil perzona!
– ¡Meno, meno!
– ¡Die mil perzona!
– ¡Qué va a habé die mil perzona ni die mil perzona! ¡Había do mil perzona y ni una má!
Conviene recordar que fue una manifestación convocada por la AVT, no «manipulada» por el PP. Conviene recordar también que Aznar, la bête noire de la izquierda, también fue objeto de un atentado terrorista en 1995 y, por lo tanto, tenía tanto derecho a estar en la manifestación tanto como las demás víctimas. Entre las ausencias, aparte de la obvia ausencia del Gobierno, se echó en falta a Pilar Manjón: me imagino que no fue porque «las víctimas de la AVT son de derechas» y ella, claro, no lo es. Como si a los asesinos les importara la filiación política de sus víctimas, ya fueran del 11-M o de cualquier otro hecho.

En fin. Mal que le pese al Gobierno y a los progres de turno, la plaza estaba… a-ba-rro-tá.

Bloguitis

Parece que a los socialistas se les ha despertado la vena tecnológica. Hasta tienen televisión propia, donde además de cantarse a sí mismos y a sus fieles las bondades, loas y alabanzas del «socialismo bien entendido» y se dedican, cómo no, a atacar al PP. Pero le dernier cri (que diría Segolène Royal) entre los socialistas de postín es «retratarse» en un blog. Particularmente, Pepiño Blanco; y hoy me entero de que Jordi Sevilla estrena blog también, aunque en el caso del señor Sevilla llama más la atención por su condición de ministro, es decir, de administrador de poder (que ya sabemos que está en manos de Polanco: ¿para qué nos vamos a engañar?).

¿A qué obedece esta repentina bloguitis que ha atacado a los jerarcas socialistas? Se me ocurren dos razones muy poderosas y relacionadas entre sí: visibilidad y cercanía (virtuales, por supuesto). Está comprobado que la televisión sufre un rechazo cada vez mayor entre la población. No sólo porque se convierte en caja de resonancia del consumismo reinante (los cortes publicitarios impiden a estas alturas seguir con atención una película), sino también porque la televisión permite un control y una manipulación mayúsculos.

Así que poco a poco se ha ido produciendo una especie de fenómeno migratorio hacia la Red. La Red es hoy una gran plaza pública donde cualquiera, siguiendo unas mínimas normas de respeto, puede verter las opiniones que mejor le parezcan sobre los asuntos que mejor considere, igual que un servidor hace escribiendo estas líneas.

Ahora bien: el aspecto que interesa destacar aquí es que a través de la blogosfera el pensamiento más o menos conservador que fue barrido de la televisión y casi de la radio y de los periódicos ha cobrado nueva fuerza. En la blogosfera se debaten los temas, pueden circular libremente la información y la verdad; lo que sirve para fortalecer a los participantes. La blogosfera, en fin, permite que cada uno pueda pensar por uno mismo, algo que desde luego impide la televisión.

Ello redunda en que quienes no comulgamos con la ortodoxia izquierdista oficial no nos doblegamos ni nos convencemos ante las ruedas de molino con que el poder nos trata de hacer comulgar y seguimos manteniendo una postura bien crítica en vez de convertirnos en fieles borregos. Y la coherencia, finalmente, crea y fomenta el seguimiento. Y también la capacidad de hacer recapacitar a otras personas. Quizá sienten que están perdiendo cuota de control, incluso entre sus propios. Entre paréntesis: resulta curioso que los socialistas, tan aficionados a criticar y burlarse cuando están en la oposición, no toleren las críticas y las burlas cuando están mandando.

Pero a lo que vamos, que no nos vamos a desviar. Esta ofensiva bloguera se parece bastante a lo del desembarco de Normandía. Hay que romper la resistencia ideológica de la derecha. Hay que intoxicar la blogosfera para que ni en ella tenga la derecha paz, tranquilidad y descanso. No importa que lo que se diga pueda ofender e insultar a la derecha (hay «libertad», ¿no?). La derecha es el enemigo a batir y todo vale con tal de batirlo, al igual que ocurre en prensa, radio y televisión. Hay que ahogar el discurso de la derecha, no tanto porque sea la derecha, sino porque los contraopinantes, por su sola condición de contraopinantes, ofenden y hay que eliminarlos también, aunque sea sólo virtualmente. El único punto bueno de esa cercanía y esa visibilidad es que al menos, uno puede dirigirse a ellos y preguntarles directamente. Aunque no tenga la esperanza de que le contesten.

A estas alturas, supongo que Carmen Rigalt no se atreverá a criticarlos como hizo en su infame artículo aparecido en El Mundo del día 1 de febrero de 2005. Vivir para ver…

Furioso

A pesar de la distancia que me separa de la madre patria, desde aquí puedo oír la «virtuosa indignación» del inefable secretario de Desorganización del PSOE, Pepiño Blanco, por el famoso video del PP vasco, en el cual se funden la serpiente de ETA y la rosa socialista. ¿Pero por qué se enfada, hombre? Se conoce que el señor Blanco tiene memoria selectiva. Se le olvida el famoso «video del doberman» de la campaña de 1996, en la cual y de hecho se comparaba al PP con una jauría de perros rabiosos. El PP soportó estoicamente ésa y otras humillaciones, haciendo de tripas corazón y con la mente puesta en el «pasar página», mientras el PSOE se deshacía en luchas internas por los pedazos que quedaron después de la «dulce derrota».

También se le olvida al señor Blanco la pantomima del comando Dixan, en que un sonriente Jesús Caldera prácticamente comparaba en una rueda de prensa a los supuestos elementos terroristas con niños haciendo experimentos con un juego de química y dando a entender que «en realidad, no representaban ningún peligro». Ya sabemos a qué jugaban esas personas: lo comprobamos de sobra el 11 de marzo de 2004.

Dejando aparte el hecho de que nuestro glorioso «presidente por accidente» ZP se empeña en ganar la guerra que perdió su abuelo rojo, a estas alturas de la legislatura queda claro que a ZP no le importa lo que tenga que hacer para mantenerse en el poder. Lo que aparece en el video del PP, probablemente amplificado por la fuerza de las imágenes, es el hecho de que el PSOE pacta con ETA desde una posición claudicante, mientras quiere hacernos creer al resto de los españoles que es el Gobierno quien domina la situación. Aunque sea muy dramático dicho así, a ZP no le importa «romper España» con tal de mantenerse en la poltrona.

Pues eso es lo que le enferma al señor Blanco. Que «el enemigo» utilice las mismas armas para poner de manifiesto una verdad objetiva que se pretende sustraer al conocimiento de los ciudadanos. Es como si el señor Blanco estuviera diciendo: «Nosotros podemos usar un bazooka si nos apetece, pero ustedes sólo pueden ir armados con un tirachinas. Y si no, no jugamos». Y hasta ahora, el PP había respetado esa infame regla; mucho más al gobernar, puesto que se encontró prácticamente «tierra quemada» en 1996. Pero finalmente y como se dice en «El amor brujo», se puede ser más tiempo martillo que yunque. Y el PP se cansó de ser yunque y empezó a responder. Eso es lo que le causa «rabia» e «indignación» al señor Blanco: que estos «fascistas» no agachen la cabeza y empiecen a responder a la provocación permanente por parte de las fuerzas de la izquierda. Que los esfuerzos por expulsar al PP de la vida pública no den el resultado apetecido.

Comprendemos su «furia», señor Blanco. Pero le recomendamos seriamente que se lo tome con calma. Podría ser recomendable incluso que antes de cada rueda de prensa se tomase un chupito de oruxo as herbas, a ver si así desciende la cantidad de tonterías que dice por minuto. Y que mire de su lado antes de «atacar» con esa indignación virtuosa, que además no acabará en los tribunales, que sería lo más atinado. Si realmente cree que se trata de «difamación», puede denunciarlo ante la justicia, que para eso está. Pero es obvio que no llegará la sangre al río. También nos dirigimos a la atenta dirección del PSOE para que consideren una sustancial reducción del sueldo del señor Blanco: cada vez que abre la boca, la c… Otro motivo por el cual el señor Blanco se pondría rojo de furia, suponemos…
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