El memo del PP

La amiga Eureka me pasa esta vez un meme sencillo. Tan sencillo como declarar a cierta persona como memo oficial del PP. Pero finalmente se ha revelado una tarea más difícil de lo que parece. Ella ha votado por Francesc Vendrell. Yo, quizá mirando en clave más nacional, tengo tres candidatos:

  • Celia Villalobos, rampante esposa de Pedro Arriola (¡hostiaspedrín!), la cual, no contenta con haber ganado un escaño, se queja de «lo pequeño que es su despacho» en el Congreso. No hemos olvidado su gestión al frente del Ministerio de Sanidad. Ya que al marido no lo podemos citar porque no es cargo del PP ni, al parecer, tiene carnet de militante, la citamos a ella, que solita se basta.
  • Alberto Ruiz-Gallardón. Seguramente gana muchas municipales en Madrid y hace muchas obras públicas. Pero ideológicamente es un memo: quiere parecerse a ZP, mal aconsejado por Cebrián, y todos los días da la matraca con lo del viaje al centro, que al PP nunca le ha conducido a ninguna parte.

  • Ángel Acebes. Desde que vi su “impagable actuación” del 11-M, supe que, de ser yo presidente, no le daría ni la escoba para barrer el portal de Génova, 13.

Le paso el meme a Patri Lorente y a Y si no es oro todo lo que reluce, a ver qué es lo que opinan.

La banca gana

Está visto que hoy en día el único modo de adquirir una vivienda es colgándose al cuello durante treinta años una piedra llamada hipoteca. Eso ha sido uno de los grandes triunfos de la banca española. La hipoteca, técnicamente considerada, no es más que un préstamo con garantía inmobiliaria, que en este caso sería la propia finca urbana o vivienda que se pretende adquirir. Esto, en sí mismo, no tiene ningún problema. Es una forma legítima de hacer negocios. Usted, Juan Español, se sacrifica por sus hijos o sus nietos para que éstos puedan tener una vivienda libre de polvo y paja, en la que puedan vivir sin más apreturas que los gastos de comunidad, el IBI, la tasa de recogida de basuras, el alumbrado y otras gavelas que el Ayuntamiento de su ciudad, siempre falto de recursos, se pueda sacar de la manga.

Sin embargo, considerado más de cerca, tiene toda la pinta de ser un atraco legal. Teniendo en cuenta la normalidad del empleo precario, que hace veinte años no existía, ¿quién se atreve a hacer frente a una obligación de tan larga duración? Que para comprar un piso en estas condiciones han de ser dos, se cae por su propio peso, puesto que uno de los sueldos va a pagar la parte correspondiente de intereses o del principal.

Así es como la hipoteca se interpone entre las parejas y su felicidad. Recuerdo una publicidad de hace años de una entidad bancaria. Se ve a la pareja en la cama. Están abrazaditos como dos tórtolos. En un momento determinado él, todo meloso, le dice a ella: «¿Vamos a por el segundo, churri?». De golpe y porrazo, la «churri» se convierte en un amenazador empleado de banca que, burlón, dice algo así como: «¿Recuerdas cuánto dinero te falta por pagar… churri?». Y Juan Español tiene que envainársela —literalmente— y quedarse sin fiesta por lo menos para un mes.

Ayer, no obstante, nos enteramos de otra vuelta de tuerca. Después de entrar no solamente en Europa, sino en el mundo del euro, más o menos alegremente, hay una palabra o expresión que hace temblar a toda familia hipotecada que se respete: «variación del Euribor». La variación del Euribor es la que hace que suba el tipo de interés hipotecario y que, por tanto, la cuota mensual con que los bancos castigan al hipotecado suba o suba de acuerdo con unos inextricables y arcanos movimientos que sólo pueden predecir los muy entendidos.

Pero lo que ha ocurrido, al parecer, no lo habían previsto los bancos. Estamos en plena crisis inmobiliaria y, como consecuencia de ello, además de cerrar las agencias inmobiliarias como si de un dominó se tratase (que parece que se atropellan unas a otras cerrando), los pisos han bajado de valor. Lo que significa, también, que el valor de la hipoteca sobre el piso se reduce. Así, pues, Juan Español ya no deberá pagar los intereses de 40 millones, que es en lo que se valoró su vivienda, sino de 25 millones, que es su precio de mercado actual.

Pero Juan Español se llevará las manos a la cabeza cuando se entere de que nuestro Gobierno ha autorizado a los bancos a embargar a Juan Español otras posesiones en valor suficiente hasta completar los 40 millones que valía la hipoteca cuando se firmó. Así, si Juan Español tiene un coche, el banco se lo embargará, por mucho que lo use como herramienta de trabajo. Y pueden añadir ustedes todos los bienes que quieran… hasta completar el precio de la hipoteca.

Que el Gobierno (cualquiera que sea su color) está en manos de la banca, es afirmación que no necesita mayor encarecimiento. Lo llamativo es que sea un gobierno del P(SOE), presuntamente de izquierdas, el que esté siendo agarrado de las pelotas por el gran capital. La medida en cuestión, por otra parte, implica que los bancos no se van a apretar el cinturón. Quien lo va a tener que hacer es el usuario final, Juan Español. Otros se van a joder; la banca, jamás. Y si hay que conseguir que otro se coma el marrón que también debiera comerse la banca, se consigue.

No menos llamativo es que el decreto que desarrolla la Ley Hipotecaria en este punto haya salido el día 11 de marzo, dos días después de las elecciones. Como tantas informaciones, noticias y datos que se dejaron para el día después. O sea, con la seguridad de que ZP continuaba en Moncloa. Pero no nos debemos engañar: si salió el 11 de marzo, es que ya estaba preparado desde antes. No lo hicieron en dos días. Y mientras, ZP prometiendo lo de los 400 euros… los cheques-bebé… En fin. Riámonos, para no llorar. Y recordemos esto: la banca nunca pierde.