Balada del teléfono de Reding


Pasen, señoras y señores, pasen y vean la nueva atracción del circo ¿europeo? Se llama Viviane Reding y es flamante comisaria de Sociedad de la Información. Vamos, que en Europa eso de las nuevas tecnologías lo tienen muy a gala. Hay que progresar y han empezado a decir que eso de que sólo se pague por las llamadas que uno hace es «anticuado» y «antieconómico». Así que doña Bibiana ha propuesto, nada más y menos, que los ciudadanos europeos paguemos no sólo por las llamadas que hacemos, sino también por las que recibimos. Eso es modernidad y progreso y lo demás son cuentos.

Al parecer en Luxemburgo (país de origen de la comisaria) no tienen problema ninguno en pagar por las llamadas que reciban (es un paraíso fiscal donde algunos industriales van a esconder sus vergüenzas, como todo paraíso fiscal que se respete): no en vano es el país con el mayor nivel de renta per cápita de la UE (según mis noticias, 89.618 dólares por año). Pero los españolitos, que ya estamos oficialmente en crisis, no disponemos de tanto dinero, doña Bibiana. Y tal como vemos el mundo, eso que usted ha propuesto es un atraso. Que sí, que probablemente las timofónicas se verán beneficiadas (y usted venga a insistir en que también lo seremos nosotros). Ahora, perdóneme si parezco un poco cazurro y no veo beneficio en eso de pagar cada vez que me llamen cuando antes no pagaba.

Y uno, que no es muy viajado pero sí ha visto un poquito de mundo, recuerda perfectamente que en México ése es precisamente el sistema que se sigue, unido a otro criterio que a mí, desde mi óptica española —y ya veo que anticuada—, me pareció siempre un abuso: lo de la larga distancia. O sea, que si yo, estando allá en México, D.F., llamaba a alguien que estaba en el mismo D.F. no pasaba nada; pero si estando en Guanajuato, Gto., se me ocurría llamar a alguien que estuviese en León, Gto., que escasamente distan 50 kms. una de otra, Telmex me atizaba un sablazo de no te menees. Y no digamos en llamadas internacionales. Temblaba yo cada vez que me llamaban desde España; porque claro, ésas eran llamadas «Premium» y el premio consistía en pagarlas a 15 pesos por minuto (si no recuerdo mal).

O sea, dona Bibiana: que eso de que Europa «se preocupa de los ciudadanos», va a ser que no. Se preocupa, como mucho, de los mercachifles (patrios y foráneos) que hacen sus buenos negocios en Bruselas, mientras los Comisarios del ramo correspondiente miran sonrientes y apacibles hacia otro lado y los Gobiernos sacan sus buenas tajadas. ¿Y el ciudadano europeo? Es barato de contentar. Se le regala una banderita con las doce estrellas para que la cuelgue en el balcón cada 9 de mayo y cante con extática y tonante voz el Himno de Europa (que visto lo visto, es más bien el Himno de la Alergia, más que de «la Alegría»).

Lo que yo propongo es que U.E. signifique «unión económica» (y nada más), porque hay que respetar a las minorías. Y que signifique también «Unión de Empalados» para la inmensa mayoría que sufrimos el déficit democrático de la institución y de la correlativa codicia de los eurócratas. No es de extrañar que los Irishmen y las Women of Ireland no hayan querido seguir esa deriva.

(Menudo fistro que nos ha querido colar la Bibiana europea. Anda que como la nuestra tome nota, ya nos podemos echar a temblar…)

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2 comentarios en “Balada del teléfono de Reding

  1. Luego los que están en sus millonarias poltronas se echan las manos a la cabeza cuando el pueblo llano tiene la oportunidad de votar –como en Irlanda– y les tiran un ¡NO! a la cara.

Gotas que me vais dejando...

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