«Respaldo responsable»


Por fin se ha terminado el Congreso. Ese Congreso que casi consigue distraernos de las pifias del Gobierno porque informativamente no parecía haber otra cosa (ahora sí: queda el fútbol). Ese Congreso al que todas las ambiciones, todos los deseos (probablemente todos los odios también) se posponían. «Eso se verá en el Congreso» oíamos incontables veces, en vez de oír que Fulano o Fulana le saltaba a la yugular del «querido compañero o compañera de partido». Pero tenían razón: los trapos sucios, de haberlos, se lavan en casa y no ante una alcachofa que algunos profesionales casi te obligan a comer.

Después de tanta expectación que ha levantado el famoso Congreso, casi parece obligado hacer un balance del mismo. Obviamente, mi «balance» no será el mismo que el de un compromisario o militante del PP («siemprre positifo, nunca negatifo»). Veo ese tipo de acontecimientos desde fuera y me guío posiblemente más por mis impresiones que por certezas contrastadas, por ejemplo, con el haber estado ahí, en el lugar de un compromisario. No obstante y como poseer un blog me da la oportunidad allá vamos, asumiendo que nuestra valoración pueda estar equivocada.

Lo primero de todo es, probablemente, rectificar un poco a mi admirado Federico. que ha alcanzado ese grado de popularidad sin apellidos que es garantía de pasar a la posteridad. Al igual que cuando en España hablamos de «Felipe»: todo el mundo sabe que no nos estamos refiriendo al hijo del Rey, sino al ex-presidente Felipe González. Pues eso: comentarle que a nuestro humilde entender Valencia no fue exactamente Sofía, capital de Bulgaria, aunque se acercó bastante. Desgranemos algunas impresiones a este respecto.

La primera de todas está en el propio Rajoy. El candidato buscaba esa legitimidad popular que no le dio el dedazo de Aznar. Después de dos derrotas consecutivas en las urnas era obligado hacer un Congreso extraordinario para ver si se continuaba en las mismas o había cambios. Pues bien: si Valencia hubiese sido la capital de Bulgaria, Rajoy hubiese obtenido el 100% de los votos. Sin embargo, hubo una horquilla de votos entre el 16% y el 25% (dependiendo del número de compromisarios que se tome como referencia, como comentaba ayer Ignacio Villa en LDTV) que se atrevió (¡pecado y condenación!) a votar en sentido distinto al de los demás.

Por lo tanto, aun dando por bueno el resultado más favorable (84% de los votos), estaremos de acuerdo en que Valencia no fue del todo capital de Bulgaria. Y en que una legitimación del 84% no es una legitimidad total, que es la que hubiera debido obtener Rajoy libremente. También significativos en el pre-congreso son los portazos de María San Gil (¿por qué José Manuel Soria le hizo la gracia de enviarle un SMS con el texto «Arriba España» después de conocer la ponencia política? ¿Qué clase de broma de mal gusto es ésa?) y de José Antonio Ortega Lara. Ambos entendieron que los valores morales que ellos representan ya no tienen cabida en el nuevo PP.

No menos significativo es el hecho de que en el pre-congreso (y por la razón apuntada anteriormente), Rajoy y «su equipo» se dedicaron a laminar cualquier candidatura alternativa. No cuajó la de Esperanza Aguirre, que tal vez hubiese sido una alternativa sólida de haberse planteado de otra manera, ni tampoco la extemporánea («¿te presentas de una puta vez o qué?») y casi testimonial de Juan Costa. Nadie se atrevió a plantar cara al jefe, de manera que el Congreso se convirtió en una suerte de referéndum de ratificación con la siguiente pregunta: «¿Aprobamos o no aprobamos al jefe?».

Y la otra impresión con la que me quedo son las relaciones entre Aznar y Rajoy. Dejando aparte el supuesto —o no— enfado de Aznar por haber sido postergado al sábado, hay dos momentos fundamentales: el primer saludo entre ambos, que fue más frío que correcto, y el discurso de Aznar, recordando cómo y por qué se llegó al Gobierno, lo que en sí es un reproche apenas velado al candidato fallido. Algo así como «Fallaste porque olvidaste lo fundamental». Y en política lo fundamental, aunque no lo parezca, son los principios y valores que uno, en tanto que candidato, trata de transmitir a su partido primero y a la nación después. No lo es tanto «ganar las elecciones», porque éstas no se ganan si no hay un proyecto sólido detrás, amén de capacidad de ilusionar y galvanizar energías en torno a ese proyecto. Y en cuanto a «ejercer el poder», que es lo que parece preocupar a algunos dentro de ese partido, pues… de eso sólo hablan los totalitarios.

El discurso de Aznar me ha parecido muy bueno. Y no me resisto a copiar unas líneas del mismo.

[…] Un partido que cree y que defiende la libertad y la responsabilidad. Que cree y que defiende la convivencia basada en el respeto a la ley. Que cree y que defiende la política como expresión de ideas, y no como un ejercicio cotidiano de oportunismo y ocultación. Que cree y que defiende la democracia como garantía de los derechos y libertades individuales. Que trabaja para fortalecer las instituciones democráticas, frente al abuso, la arbitrariedad y la corrupción. Un partido comprometido con el gran legado histórico que fue la Transición, y que defiende lealmente cada día la Constitución de todos. Un partido, en suma, que levanta muy alta la bandera de la libertad y la bandera de España, nuestra Nación.

Creo que esto lo firmaría cualquier demócrata. Y no menos esto otro:

[…] mi compromiso inequívoco con un proyecto político con objetivos comunes y ambición nacional. Un proyecto comprometido con la unidad de la Nación española y con la igualdad de derechos de los ciudadanos. Un proyecto cohesionado de Nación que tiene como motores de progreso la libertad amparada por la ley y la solidaridad entre los españoles. Un proyecto que cree en la responsabilidad y en la ampliación de las oportunidades para que todos puedan desarrollar sus capacidades.

Me gustaría saber si Rajoy firma esas ideas también. Por de pronto, se ha apresurado a decir que «Aznar es el pasado y yo soy el presente», como queriendo enterrarlo o encerrarlo en una vitrina para sacarle brillo de vez en cuando. Ya hoy Esteban González Pons ha coreado hoy al jefe diciendo que Aznar «no está actualizado en cuanto a las formas de un discurso político». Comparado con Fraga, puede que sí. Pero a Estebanillo González se le olvida que los principios y los valores no pasan de moda y que, justamente porque muy pocos políticos parecen creer en ellos, están de rabiosa actualidad.

A los demás, a los que votamos el 9-M por el PP (no precisamente por Rajoy) y hoy nos sentimos un tanto estafados por el giro al centro rajoyesco nos queda la alternativa del respaldo responsable (voto útil, pero desganado y/o con la nariz tapada). O tal vez cambiar el voto y votar por Rosa Díez, que aunque repugna en algunas cosas (apoyo a la EpC, laicismo militante o defensa del aborto), tiene menos complejos a la hora de defender las bases que fundamentan nuestro régimen político.

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Autor: Aguador

Mi vida personal no tiene gran cosa de interesante...

6 opiniones en “«Respaldo responsable»”

  1. Estoy de acuerdo con lo que dices, no olvidemos que gran parte del porcentaje contrario a Rajoy o de abstenciones viene de Madrid cuya presidenta dio libertad de voto.Saludos

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  2. Amigos Caballero ZP y Daniel:Si lo que dijo Aznar en su discurso está «pasado de moda», es normal que María San Gil y Ortega Lara dieran el portazo. A Rajoy, al parecer, sólo le interesa «ganar las elecciones». Dado que muchos consideramos que la política no se acaba en «ganar las elecciones», ni antes de éstas, ni después… recomendamos a Rajoy una visita al oculista, ya que «no quiere irse».Muy lamentable su captación por y para el sector prisaico.Saludos,Aguador

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  3. Otro partido que parece interesante es Alternativa Española.El PP se ha convertido en una auténtica decepción, conmigo que no cuenten.

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  4. Amigo Braincrapped:Habrá que estar atentos a AES. Veré su ideario y me decidiré por él o por Rosa Díez, que todavía me sigue tentando. Eso sí: a Rajoy, adiós…Saludos,Aguador

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