«Libertad Digital», ¿para qué? (II)


Vamos por el segundo tramo de esta larga diatriba, como un día calificó mis entradas (de manera no muy misericorde, por cierto), Hermann Tertsch. A lo mejor después de una estancia en Bruselas se le bajan un poco los humos. En esta entrada vamos a por la parte sanitario-circense de Der Fall Korona.

Y digo «sanitario-circense» porque, en la distancia eso es lo que parece ahora el lío que se formó, «eso sí fue puro cuento», que dirían Los Manolos (y antes que ellos, Peret). No vamos a realizar la cronología, porque ésa ya hay otros que la han realizado con mucho más mérito que yo.

Empecemos por lo obvio: ¿para qué se ha creado todo este escenario? Es, como diría Frank Herbert, «complots dentro de complots dentro de complots». Como si fuera un pastel de hojaldre de mil hojas. Ya hemos tratado de la vertiente estrictamente médica, que demuestra que no había ningún porqué médico. Desarrollar esta segunda capa implica identificar quién y cómo. Hay varias capas:

  1. Supranacionales: Aquí hemos de incluir a los verdaderos responsables de todo el circo. Citaremos los siguientes: uno oficial (la OMS) y otros no oficiales, públicos (China) y privados (farmacéuticas y fundaciones colgantes de Gates, Soros, Kissinger, Rockefeller et al.).
  2. Nacionales, que aquí ofician como colaboradores necesarios: Gobiernos (nacional y regionales), centros sanitarios y medios de comunicación.

Desde el punto de vista internacional, yo creía que la OMS servía para algo. No es exactamente un Ministerio de Sanidad de un presunto Gobierno mundial; pero digamos que cuando todavía tenía algún prestigio, no estaba mal seguir sus recomendaciones. Hoy en día, sin embargo, la OMS da la imagen de una viejecita temblorosa que vive de declarar pandemias: el sida, las vacas locas, el SARS, el MERS, la gripe aviar, el zika, el ebola, la E.colli… y ahora, el korona. Para los «avisados», 2008 es un año importante: antes de ese año hubo alguna que otra pandemia, pero a partir de ese año las alarmas fueron continuas. Eso no tiene nada de extraño cuando uno sabe que en ese organismo internacional todas las farmacéuticas (o por lo menos las importantes) tienen silla, voz y voto.

Así que resulta que no. Que la OMS no sirve para algo: sirve a algo. Resulta que la OMS es ahora la criada siempre dispuesta de China (toda vez que Trump le retiró la financiación) y de las farmacéuticas. Digámoslo de una vez: otra de las bases del problema era que la tasa de vacunación por gripe había descendido de una forma alarmante, por lo que las farmacéuticas fabricaban un producto que no se usaba en absoluto. ¿Por qué? Según tengo entendido, las vacunas de la gripe y del catarro se fabrican con restos del año anterior. Así que ahora entiendo por qué, cada vez que me vacunaba contra la gripe y el catarro, pillaba cuando menos el catarro religiosamente. Había que recuperar beneficios. Las farmacéuticas no son Hermanitas de la Caridad: existen para hacer dinero. Que lo hagan a costa de nuestra salud es indiferente. Y ése, como veremos más adelante, es uno de los quids de la cuestión.

En cuanto a la posición de China, es un poco más compleja de explicar. Ha comprado a la OMS (y a buena parte del África subsahariana: algún día alguien hablará de esto), pero sigue siendo una asquerosa dictadura comunista. Con el agravante de que ha aprendido tanto las lecciones derivadas de la caída de la URSS como del manejo capitalista, por lo que ahora son una dictadura comunista con dinero. ¿Cómo es eso posible? Mi explicación es la siguiente: oficialmente, China es una dictadura comunista, con un aparato represor perfectamente engrasado y modernizado (es decir, que incluye las nuevas tecnologías de la información y comunicación), aplicado a más de mil millones de personas. Sin embargo, a los capitostes de las grandes empresas de telecomunicación como Huawei o Xiaomi, que también son gerifaltes del PCCh, se les permite comportarse como magnates capitalistas… o mandarines. Dicho de otro modo, comunismo capitalista: comunismo (e ignorancia y pobreza) para los de abajo, capitalismo para los de arriba. Que eso se parezca, además, al Ancien Régime o que podamos decir, de algún modo, que en lo que será el futuro Imperio Celeste reina la dinastía Mao… bueno, es pura coincidencia. O no.

China, además, ha extendido sus tentáculos por todo el mundo en los últimos tiempos. Su modelo depredador de todo a cien está acabando con el pequeño comercio occidental (mayormente europeo): lo de ahora de obligar prácticamente a comprar online (que en Occidente es básicamente comprar en Amazon) con base en la falsche pandemie es el golpe de gracia a una estructura que esos comercios de todo a cien llevan años royendo sin que nadie haga nada por proteger a los comerciantes autóctonos (ya se sabe que a los chinos, como a los moros, más vale no cabrearlos). Además, ahora que parece estar demostrado que estuvieron tras los disturbios post-Trump, también parece claro que China se prepara para reclamar el trono mundial.

Me reservo para la siguiente entrada la referencia a los personajes supranacionales privados, porque su peso y relevancia serán mayores más adelante.

Gotas que me vais dejando...

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