Histeriavirus (I)

Vaya por delante que, si algo bueno me ha traído a mí el COVID-19, es que he reducido mucho mi nivel de «drogonoticias». No sigo el consejo de algún tonto que, cuando estábamos en medio del confina/miento nos decía a unos cuantos y un servidor «¡Ved la tele e informaos!». Después de seis meses, a mí me queda claro que ver la tele es la forma de no informarse. Afortunadamente la sociedad no es todavía una sociedad comunista (o sea, apática, amorfa, alálica y agráfica) y la información y la verdad todavía disponen de canales por los cuales fluir, a pesar de que los oficiales estén cerrados. Y yo me atengo a aquella frase de Lord Northcliffe que decía que «información es todo aquello que alguien no quiere que se sepa en alguna parte. El resto es propaganda».

Hoy en día todavía es posible contrastar las noticias. Todavía Juan Español puede ir a un hospital y constatar que no hay actividad y que se han cerrado salas de UCI porque no hay ninguna emergencia COVID, a pesar de que los medios atruenan con que «se ha producido un repunte brutal de contagios… de ingresos… de muertes…». Bla-bla-bla. Los medios cargan contra los «irresponsables «que montan fiestas de 200 invitados» porque «yo conocí a aaaaaalguien que estuvo en una fiesta de ésas, se contagió del virus y le destrozó los pulmooooones¡Insensaaaaaatos!». Y bla-bla-bla.

Siguiendo la frase, esto es de lo que se habla. En cambio, se habla poco o nada de lo siguiente:

  1. Es un virus de baja letalidad. Es decir, que «mata, pero mata poco». Y antes de que alguien me salga con «¿Y los más de 50.000 muertos, ehhhhh?», insistiremos en algo que se dijo al principio y yo no he vuelto a oír: que ha afectado a personas que ya tenían o bien mucha edad (o muy poca) o bien una patología preexistente. Y no era difícil encontrarse con personas concretas que le explicaban a uno en plan «yo tenía un camarada y el muy p… se murió (de “covid”, claro, no de un ataque al corazón u otra patología preexistente)».
  2. La verdad de los rebrotes. Los medios afectos, que se dividen en totalmente leales y acojonados, no paran de dar la brasa con los rebrotes (verdes) o no. Pero ha salido a la luz que esos rebrotes son pagados. Es decir, que la UE paga por cada positivo que haya en su territorio; lo cual, cómo no, da lugar a la picaresca de los Gobiernos: todo va bien para allegar subvenciones y no tener que freír a los tuyos a impuestos, que es mala propaganda para el negocio. Aquí tienen ustedes algunas explicaciones y preguntas que hacen al caso. No dejo de recordar, también, que la UE pagaba por cada denuncia de violencia de género, para «dar visibilidad y margen de actuación» a las asociaciones del ramo. Misma estrategia, pues.
  3. Lo que ha venido ocurriendo en las residencias de ancianos. No en todas ellas, pero en aquellas donde ocurra. Nadie se atreve a decirlo, pero buena parte de los «fallecidos del coronavirus» lo han sido en residencias. A poco que reflexione uno, no tarda en tropezarse con una palabra, alemana para más señas: Endlösung. Parece ser que alguien recogió la queja de ese bestia de primer ministro japonés, un tal Taro Aso, que se merecería un «garrotaso», y que vino a decir a los ancianos de su país más o menos lo siguiente: «Muéranse deprisa, que son ustedes muchos y nos cuestan mucho dinero». En España sucede que, gracias a la inversión de la pirámide demográfica a partir de los años 80, tenemos hoy un cotizante por cada dos pensionistas. Pensionistas, además, a los que la legislación aplicable en cada momento permitió cotizar al nivel de derechos pasivos máximos. Llevan años diciendo que el sistema de previsión social español es «insostenible»… pero hasta ahora nadie ha propuesto una solución que funcione y que, además, sea respetuosa con los derechos de todos.
  4. Por último, queda mencionar las amenazas (sí, amenazas) a profesionales de la sanidad: como siempre, no en todos los casos, sino sólo allí donde ocurra. ¿Es posible que en algunas residencias se haya obligado a firmar a los profesionales defunciones como «causadas por el Covid» y no por su causa real? ¿Es posible que a algunos ancianos se les haya dejado morir porque «es un coñazo cuidarlos» y porque eso «no nos compensa haber metido mano a una pensión suculenta»? Sí y sí a ambas. De salas cerradas en UCI porque, en realidad, no hay pacientes de Covid (se miente en las cifras de ingresos hospitalarios), de ambulancias que circulan vacías sólo para dar la impresión de que sí es una «pandemia» y de que «hay asunto»… mejor ni hablamos.

Desastres (IV/1)

De dónde venimos

Llevamos oficialmente con la crisis «del coronavirus» casi un mes, que parece mentira. Entre los que no se acuerdan y los que no se quieren acordar, poca gente recordará esta fecha si no la mira por ahí: 14 de marzo de 2020. Pero ésa, a estas alturas, no es más que una fecha más, aunque los que tenemos un poco más de memoria recordamos todavía que ese mismo día, hace 16 años, hubo unas elecciones tras un atentado, el más luctuoso de nuestra historia reciente, que cambió el sentido de la marcha. Y desde entonces España funciona, por así decir, con un grupo electrógeno, no con la corriente continua o alterna normal. Lo que a su vez nos hace recordar las ominosas palabras de Heinrich Kissinger: «España, cuando es importante, es peligrosa».

Retrocedamos un poco en el tiempo, no obstante. Conviene hacerlo porque ello pone mucho más en perspectiva la incompetencia e incapacidad de este desgobierno. Para mí son particularmente interesantes los días 12-13 de enero: rebuscando un poco, resulta que fue en esos días en que se «constituyó», por decirlo de alguna manera, la banda de ignorantes y sectarios que hoy nos desgobierna. Y digo bien: ignorantes, porque desconocen la realidad que han de administrar; y sectarios, porque no van a dejar que esa realidad desconocida, por sí misma o a través de los «fachas del PP o de VOX», les estropee sus planes. Aunque a estas alturas yo me pregunto de quién son esos planes, porque sé seguro que de ellos no son. Que sea «casualidad» o no, dependerá de lo que opine cada cual. En lo que a mí se refiere, no lo creo en absoluto una «casualidad».

El hecho es que ya por entonces la OMS empezaba a lanzar sus advertencias sobre el coronavirus (el nombrecito se las trae, desde luego). La «gripilla», no obstante, ya había estado dando coletazos antes, en las vacaciones de Navidad. Familias hubo que lo pasaron sin enterarse —a Dios gracias—: en aquel momento nadie decía nada y todo quedó en un «catarro un poco fuerte», con vómitos, fiebre y poco más. Nada digno de reseñar. Pero a partir de la fecha citada, algunos países empezaron a tomar medidas muy duras y restrictivas: son los países que se han visto más o menos libres de la plaga: en Europa, Austria, Hungría, Polonia… y los escandinavos, que curiosamente salen poco o nada en las noticias. Del otro lado, los países latinos: Italia, Francia… y nosotros, claro. Aquí no se tomaron medidas cuando se debieron haber tomado. Lo que enlaza con el hecho de que hasta el 12-13 de enero no se formó el Gobierno (dos meses tardaron en repartirse el pastel). Y luego, lo que es la primera receta del desastre: no dejar que la realidad estropee tus planes, aunque sean ideas de bombero.

Volviendo al asunto, el COVID-19 ha arramblado con todo: con el procés (parece que han arriado las cubanas y están encerraditos y estelats), con las feminazis pijas y sus palmeros y mamporreros, que el 8 de marzo salieron a manifestarse al grito de «¡El machismo mata más que el coronavirus!» y con los derechos de reunión y manifestación del artículo 21 de nuestra Constitución. Ahora, claro, ya no dicen eso, pues se ha demostrado sobradamente que las entre 50 o 60 muertes promedio al año «provocadas por el machismo» no tienen punto de comparación con los entre 15.000 o 20.000 muertos reconocidos oficialmente que en un mes ha provocado el COVID-19, llevándose por delante a personas tan dispares (entre los de presencia pública) como Gabriel Moris o Luis Eduardo Aute (ayer mismo, Enrique Múgica, exministro con Felipe). ¿Dónde están ahora las pedorras y pedorros que berreaban esa consigna? ¿Dónde estás, Anabel Alonso? ¿Has conseguido más papeles y bolos por hacerle ese favor al Gobierno? Supongo que ahora estará tan encerradita en su casa como un servidor.

Carta de una farmacéutica

Esta es una carta que escribe una farmacéutica, sobre el chollo que tienen los inmigrantes con nuestra Sanidad Pública.

Estimados Compañeros:

Me dirijo a vosotros para explicar lo que está sucediendo en las farmacias españolas.

Creo que es necesario que esto se sepa porque, por lo que he podido comprobar hay una estela de secretismo en relación al tema de la Sanidad Pública y los inmigrantes.

Pasa lo siguiente: Yo soy farmacéutica y en mi oficina de farmacia detecto desde hace varios años ya muchísimas recetas que los inmigrantes ¡¡NO PAGAN!!

Sí, sí. Como lo estáis leyendo.

Lo explico: cuando uno de nosotros, español de toda la vida, va al médico, le extienden una receta con la modalidad de beneficiario normal o beneficiario titular o si está jubilado pensionista titular. Eso quiere decir que se ha cotizado a la Seguridad Social.

Pero los inmigrantes reciben recetas con las modalidades siguientes:

Extranjero titular sin recursos, solicitud de extranjero sin recursos, fármaco gratuito para extranjeros, menor extranjero con fármaco gratuito y lo peor de todo: pensionista extranjero fármaco gratuito mayor de 64 años. Esta última modalidad quiere decir que estos inmigrantes se traen a sus ancianos a recibir atención médica y recetas gratuitas pagadas por nosotros los españoles.

Por otra parte se llevan gran cantidad de medicamentos comprados en la farmacia o regalados a su país y además se jactan de ello.

Daré más datos: yo resido en Majadahonda, Madrid y de lo que estoy hablando lo veo cada día aquí.

Se supone que el Ayuntamiento de Majadahonda es de derechas y el mismo Ayuntamiento está repartiendo vales a moros y sudamericanos para recibir papillas y leches GRATIS y productos de higiene personal GRATIS.

Estos individuos, una vez que me dan el vale, se compran cremas de 50 euros con el dinero que no se han gastado porque según ellos y jactándose, los españoles somos todos tontos.

¡¡Estoy harta!!!

Además me han amenazado muchas veces en mi farmacia, pero muchas, y yo luego con el miedo de salir del trabajo a las 9h30 cuando esta gente sabe dónde trabajo y mi horario.

Es indignante y veo que no podemos hacer nada.

Bueno pues ya sabéis porque a los españoles nos va tan mal en la Sanidad, porque todo se lo dan a estos Untermenschen, ya lo veis. Y eso por no hablar de los pisos de protección oficial, los comedores escolares, las guarderías…

O sea: que yo si tengo un hijo, a mí que soy española de toda la vida, no me da nadie ni una ayuda y me puedo morir esperando. Para triunfar en España hay que ser moro o sudamericano, no saber hacer la O con un canuto y ser un desecho.

Un saludo, Ari.

________

Puedo confirmar que todo esto es cierto y que no se habla de ello porque no interesa; respondo a quien esté interesado:

farmaceuticos_adjuntos@yahoo.es

También están los emigrantes españoles, que viven en Sudamérica, vienen una vez al año, se hacen toda clase de chequeos, analíticas, pruebas, rehabilitación, cuando a nosotros nos toca esperar turno. Marchan cargados de medicamentos, los revenden y se pagan el viaje para el año siguiente…

¿Qué país aguanta tanto despilfarro? No quieren ahorrar, ahí lo tienen… revisen las pensiones no contributivas y el gasto sanitario.

Uno lee estas cosas y no entiende por qué algunos se escandalizan del «ascenso de la extrema derecha». Si es lo normal, hombre. Aunque sea mentira, uno vota a quien le promete que va a cuidar de él, tanto en su enfermedad como en su vejez, y que no va a tirar el dinero dándoselo a gente que ni siquiera es del país y que encima se burla en nuestra cara y nos llama tontos.

Tal vez esté llegando el momento de saber qué pactos hay entre los partidos y ante quién responden de esos pactos. Porque si fuera ante nosotros, es muy probable que estas cosas no sucedieran. Lo que hace el PSOE —siempre es el PSOE el que lo hace— es respetado por el PP.
Es decir, que no lo toca. Los unos por los otros y la casa sin barrer —llenándose de mierda cada día un poco más, diríamos—. Tampoco me fío que los partidos que están en la recámara vayan a modificar el panorama. Lo que pueda ocurrir en el futuro nadie lo sabe. Pero lo cierto es que ya hay una olla a presión que está empezando a hervir. Y nadie se ocupa de ello porque «no interesa».

Queridas señoras de la limpieza: gracias

(Visto aquí)

Addah Monoceros es Médico Interna Residente de Familia y resistente

Están en todas partes. En los pasillos del hospital, en los ambulatorios, en Urgencias. Se pueden hallar a cualquier hora, tanto a las cinco de la tarde como a las tres de la madrugada. Siempre con una sonrisa, siempre con un comentario bonito, siempre inculcándonos fuerza, como si a ellas les sobrase, como si ellas no pusieran toda su dedicación y todo su esfuerzo para mantener el sistema en pie. Y es que, ¡qué poco se valora a las señoras de la limpieza! Y digo “señoras” en femenino porque sigue imperando ese componente machista en el que son ellas mayoría. Una mayoría infravalorada, una mayoría despreciada, porque cuando se habla de la Sanidad sólo se mira a los médicos y, en última instancia, a enfermeros o auxiliares. Como si fuera una pirámide, como si unos fueran más que otros.

Ya hablé de Enfermería en su momento. Ya he recalcado incontables veces la importancia y el valor de todos y cada uno de los profesionales sanitarios, y de cuánto dependemos unos de otros para funcionar. Pero, ¿y las señoras de la limpieza? Poco se habla de ellas. Poco se alude a su incansable voluntad de ayudar. Poco se habla de cómo se apresuran a dejar un box limpio para que otro paciente pueda contar con un entorno aséptico en el que el sanitario ejerza cómodamente su labor. Poco se habla de cómo desinfectan los inodoros, de cómo hacen las camas, de cómo se sumergen en ambientes sucios, malolientes, incluso contaminados, de forma totalmente desinteresada, todo para que nosotros, los renombrados médicos, y ellos, los pacientes, protagonistas del sistema, cuenten con un entorno pulcro, agradable a la vista.

Los hay que ni las miran. Que pasan por el suelo húmedo sin ni siquiera pedirles permiso, sin emitir una disculpa. Los hay que no apartan la vista de la pantalla de su ordenador cuando ellas llaman tímidamente a la puerta de la consulta para vaciar esa basura colmada de gasas ensangrentadas y jeringas. Los hay quienes se impacientan porque “aún no han pasado a limpiar el box”, sin detenerse a pensar que, tal vez, se demoran porque cuentan con varios boxes más que higienizar. Raras veces se las nombra cuando hablamos de sanidad, y me preocupa. Me preocupa inmensamente. Me preocupa este escalafón, esta injusta jerarquía. Parece que, para ser respetable como persona, alguien con estudios universitarios merece más admiración que quien arrastra un carrito y una fregona por salas y pasillos. ¿Acaso ellas no contribuyen a la sociedad? ¿Cómo podríamos trabajar en un estado sucio, hediondo, con un riesgo mayor de contagio de enfermedades? ¿Acaso sería seguro para nosotros? ¿Lo sería para los pacientes?

Queridas señoras de la limpieza: gracias. Gracias por sostener el sistema en silencio, con esa modesta reserva que os caracteriza, con vuestro sacrificio incansable. Gracias por esas palabras de ánimo, por esas muecas de apoyo, por esos ojos brillantes que se maravillan por nuestro trabajo tanto como nosotros deberíamos admirarnos por el vuestro. Gracias por todo, gracias por tanto. Y ojalá algún día el mundo sepa estimar vuestros méritos y la relevancia que tenéis en sociedad. Yo lo hago más y más con cada día que pasa.

Origen: Queridas señoras de la limpieza: gracias | Redacción Médica

Maremoto (y III)

El resto

Y aquí es donde entran ya los políticos y con la incompetencia habitual a ambos lados de la barrera. Como hemos dicho antes, la mejor forma de que cualquiera, informado o no, pueda opinar, es convertirlo en carne de arena política. Y «pedir dimisiones»: desde el motín de Esquilache, a los batuecos nos encanta ver cómo rueda la cabeza de los poderosos, literal o figuradamente: «¡Que le corten la cabeza!», diría la Reina Roja. La caída en desgracia de algún valido o ministro del Rey siempre fue en las Batuecas motivo de espectáculo, burla, befa y mofa. Siguiendo esa malsana costumbre, hoy el político batueco de raza no se corta en pedir la dimisión del Ministro del ramo (cuanto más alto el cargo en el tótem, mejor), si es que no puede pedir la del Presidente del Gobierno. Ya hemos hablado de Llamazares, así que no le vamos a mencionar más. Sólo decir que el matasanos habanero pide la «dimisión de quien sea» porque no tiene mejor argumento.
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Maremoto (II)

Secundarios de lujo

Como primer secundario de lujo, el perro. Excalibur, que así se llamaba la criatura. A medida que avanzaba la desinformación, de la que luego hablaremos, es el personaje que ha suscitado las reacciones más histéricas y violentas. Violentas a favor, claro. Si uno observa con cierta distancia las reacciones, se habrá dado cuenta de que el animal ya es un mártir de la secta causa animalista. Bien es verdad que había que desinfectar la casa y que para ello había que quitar al perro de en medio; ¿pero tan literalmente? No estamos seguros, pero al parecer había un dictamen veterinario que afirmaba no ser necesaria la inyección letal.
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Maremoto

Menudo maremoto que ha asolado las Batuecas en estos últimos cuatro días. Sepan ustedes que España está sumida en una crisis del ébola de mil pares de narices y que lo peor es que estamos envueltos en una luz de gas de la que todavía parece que no hay forma de salir. Ni siquiera sé si yendo por partes podríamos aclararnos algo. Pero lo vamos a intentar.
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Estación Aborto: final de trayecto

Sepan ustedes que en las Batuecas disponemos de una red ferroviaria que, salvo imponderables (más o menos evitables), funciona correctamente. Los trenes llegan y salen a su hora y, salvo huelgas en que el ciudadano es tomado de rehén, no hay incidencias remarcables de servicio. Además, resulta que ahora te avisan de las estaciones, ya sea por megafonía o por letreros deslizantes, lo cual ayuda mucho a un servidor de ustedes, que en materia de viajes tiene la suerte del pupas.

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Sobramos

Tras un descanso por motivos familiares que ustedes ya conocen perfectamente, volvemos a la carga. Y volvemos con algo que se está convirtiendo en un secreto a voces. Resulta que sobra gente. Y sobra en todas partes, al parecer. Particularmente en Europa, donde una especie de cultura de la muerte se va imponiendo lentamente en los Gobiernos, a juzgar por los hechos.

Supongo que habrá quien opine que esta directriz proviene de los «amos del Nuevo Orden Mundial», unos señores que no se sabe muy bien quiénes son, pero que –según parece– cortan el bacalao y mandan por encima de Gobiernos grandes y pequeños, con independencia de su color. No sabría decirles; probablemente sea así. Lo que sí sé seguro es que ya en los años 70 apareció un informe de la ONU en el cual se venía a decir que al ritmo de crecimiento actual (de entonces) de la población terrestre en 20 años la Tierra sería insostenible de mantener: por un lado, el bienestar generalizado de la posguerra había tenido como consecuencia un gran incremento de la natalidad; y por otro, los avances médicos habían aumentado la esperanza de vida más allá de los 80 años. Los medios tradicionales de control de población (hambre, guerra y peste) o no funcionaban o no era posible ponerlos en funcionamiento sin atraer el reproche internacional (particularmente la guerra a gran escala: el recuerdo de Hiroshima estaba muy presente).

Hoy, sin embargo, 40 años después, alguien ha decidido que el hongo atómico y todas las atrocidades que le precedieron quedan ya muy lejos. Ha decidido que era demasiado pedir el mantenimiento del bienestar de que disfrutábamos hace tantos años. Y ya desde los años 70 se observa un movimiento destinado a desmantelar ese Estado de Bienestar que hacía que una mayoría de personas tuviera casa, comida y trabajo en cantidad suficiente para atender con dignidad las necesidades de su vida. En mi modesta opinión, el primer toque de atención fue el SIDA, la llamada «peste del siglo XX». Al margen de otras consideraciones farmacéuticas, como las de intentar ralentizar el estudio de su vacuna para conseguir que la que salga al mercado sea rentable, el SIDA marcó a muchas personas, ya fuera por la verdad o por la sospecha. Sin embargo, si en Europa fue terrible, en África causó verdaderos estragos poblacionales, por los demás problemas endémicos que padece el continente (algunos médicos, otros simplemente humanos).

¿Qué decir del mundo civilizado? Bien, desde hace unos cuantos años (tal vez desde esa misma década de los 70) se está instalando lentamente (bien dirigida, eso sí) una cultura de la muerte, que va tanto hacia atrás (aborto) como hacia adelante (eutanasia). Sólo que en Europa había que ir con mucho más cuidado: la influencia cristiana (especialmente católica) en la sociedad es una barrera importante frente a la decisión del Estado acerca de quién debe o no debe vivir y cuánto tiempo. Por eso quienes trabajan por esa cultura de la muerte se han dedicado a atacar sin cesar la religión, de forma directa o a través de la lluvia fina (series de televisión y similares). En España no hay que fijarse en que los/las/les mismos/as/es que berrean que «el aborto es un derecho de la mujer» son los que al mismo tiempo «exigen a los obispos que saquen las Biblias de su coño» (literal, de una indocumentada ex concejala del PSPV). Todo va en el mismo pack.

Destruida así la resistencia moral, queda libre y expedito el camino para que se imponga esa cultura y uno viva sólo con autorización del Estado. Extra Status salus non est. No obstante, la implantación del aborto como «solución» avanza a buen ritmo, siendo además un buen negocio que el proabortista PPSOE no va a tocar. Respecto de la eutanasia, están en ello porque todavía a mucha gente le repugnan casos como el de las sedaciones irregulares del «doctor» Montes (parece mentira que habiendo sido juzgado y condenado, a ese señor no se le retirara la licencia). Y ni siquiera películas (lluvia fina) como Mar adentro han conseguido el efecto deseado, porque se ha recordado oportunamente que el nacional-socialismo operó de la misma forma en 1938 cuando quiso que la población aceptara sin chistar que a los locos, a los inválidos y a los ancianos se les pudiera administrar la inyección letal. Pero ya en Andalucía se ha aprobado una Ley de bien morir, y en Cataluña andamos con lo del testamento vital.

¿Y ahora? Hay más toques de atención, y los responsables se cortan menos a la hora de hablar. Desde Christine Lagarde, la directora del FMI tras la vergonzosa salida de Paul Wolfowitz… pasando ya por un mandatario de Gobierno nacional. Concretamente, un bestia de primer ministro japonés, que se ha dirigido a los ancianos de su país para decirles (non sic):«Dense prisa en morir, que son muchos y nos cuestan muy caro». Cuesta creer que esto se haya podido decir en un país cuyo modelo de crecimiento económico descansó tantos años en la consideración de la empresa como una familia. Cuesta más creer que a ese señor nadie le haya montado una moción de censura y le hayan descabalgado sin más. O que, siguiendo su tradición secular, no le hayan mandado una katana a su casa por conducto oficial y el correspondiente encargo.

La cascada, nuevamente, llega a España. Ya tenían a los ancianos agarrados por donde no suena con una pensión de mierda (a sus viudas con el 55% de esa pensión: poco más de media mierda) y había que dar una vuelta de tuerca. Dicen que hay que recaudar. Por eso ahora se van dejando de ofrecer servicios médicos (o se prestan, pero con el correspondiente facturón) y se van retirando medicamentos (de 400 en 400) de la Seguridad Social. Es una solución perfecta: con esas pensiones, el pensionista ha de elegir entre poder medicarse o poder comer (ya se ha dado algún caso). Elija lo que elija, el anciano muere y el Estado ya no tiene que cubrirle. Por si faltara algo, resulta que ahora las compañías de seguros médicos ya le dicen confianzudamente a uno: «¡Qué caro nos está costando!, ¿eh?» (si los peces gordos ya no se cortan en decirlo, ¿por qué iban a hacerlo las compañías de seguros médicos?), como sé que le ocurrió a una amiga de la familia respecto de su padre, enfermo terminal de cáncer. Y conste que estoy de acuerdo con ella: al delegado o representante que le soltó esa barbaridad había para arrancarle los ojos.

Ante todo este panorama, que tiene algunas derivadas muy negativas (objeto de un próximo post), se preguntarán ustedes «qué podemos hacer» (no se pregunten «qué nos va a ocurrir»: eso sería señal de que se han rendido). Tengo una respuesta:

Primero fueron a por los no nacidos,
Pero yo no protesté porque no era mujer ni iba a ser padre.

Luego fueron a por los ancianos,
Pero yo no protesté porque no era anciano ni tenía uno a cargo.

Luego fueron a por los locos y los inválidos,
Pero yo no protesté porque no era ninguna de las dos cosas ni tenía uno a cargo.

Luego fueron a por los cristianos, porque defendían la vida y la dignidad del ser humano,
Pero yo no protesté porque no era cristiano.

Luego fueron a por los demás disidentes,
Pero yo no protesté porque nunca me pareció mal lo que se hacía.

Cuando vinieron a por mí
Ya no quedaba nadie que protestara por mí.

(adaptado de Martin Niemöller).

Muerte indigna (I)

La noticia a la que se refiere el post es un poco «antigua», pero pueden ustedes rastrearla aquí. Viene muy a cuento, dados los medicamentazos que el Ministerio de Sanidad ha propinado a nuestros mayores. Parece que de forma indirecta, la menestra Ana Jaguaryou Mato quiere aplicar una especie de variante de la eutanasia…

Sí, muerte indigna. La de doña Ramona Estévez, fallecida tras una agonía de 14 días provocada por la retirada de la sonda naso-gástrica que la alimentaba por hallarse en estado de coma. ¿Quién es el asesino, se preguntarán ustedes? No, no es el mayordomo. Ni es un Doctor Muerte, como en el caso de cierto hospital de Leganés. Ha sido nada menos que la Junta de Andalucía, que ha decidido que Dª Ramona no tenía derecho a seguir ocupando una cama en el SAS (Servicio Andaluz de Salud) ni a usar de una sonda que la mantuviese en vida. Dicho muy pronto y muy mal, pareciera que la han dejado morir como una perra. ¿Y por qué? Como se trata de la Administración, resulta que faltaba un papel: el llamado «testamento vital», en el cual Dª Ramona hubiera podido solicitar lo que mejor conviniese y en el que seguro que no hubiese solicitado el trato final que le han propinado.

Más allá de la noticia (horrenda por sí sola), las causas de que la izquierda y cierta derecha se muestren «encantados» con el tema de la eutanasia hay que buscarlas más atrás. Un usuario del blog Contando Estrelas comenta lo siguiente, que puede estar en la pista de la verdad del tema de esta entrada:

Hay pocos embarazos porque está de moda tener uno y solo uno. Muchos de esos que habrían podido nacer, no nacen porque se les asesina en aplicación del “derecho a decidir”, en esos campos de exterminio legalizados y subvencionados por las autoridades. Consecuencia: hay pocos niños, insuficientes para el reemplazo generacional. Los del “baby boom” de los años 60 (entre los cuales me cuento, porque nací en 1966) vamos ya por la cuarentena y aproximándonos a la cincuentena. Somos legión, somos muchísimos. Mis padres tuvieron 4 hijos, mis suegros 4 hijos también, tengo más de 35 primos porque las hermanas de mi madre (que son 4) tuvieron todas entre 4 y 5 hijos.

Teniendo en cuenta lo que he dicho en el párrafo primero (poca natalidad, y mucho aborto), y teniendo en cuenta que dentro de 15 ó 20 años habrá que empezar a pagar las pensiones de los para entonces viejos del “baby boom” de los años 60 los canallas que nos gobiernan y los lacayos que hacen como que se oponen y aspiran a gobernar, han hecho sus números. Y se han dado cuenta de que tienen que empezar ya a meter la eutanasia para eliminarnos a los del “baby boom”, porque nuestras pensiones no podrán sostenerse, por la sencilla razón de que no habrá cotizantes: a los que hubieran podido ser cotizantes los fueron exterminando en las trituradoras del aborto.

La táctica con la eutanasia será la misma que usaron con el aborto: casos aislados extremísimos, lacrimógenos, tipo película “Mar adentro”, propaganda arrasadora, especialmente virulenta contra la Iglesia y presentando la eutanasia como un “derecho a la muerte digna”. Dentro de 20 años, cuando los para entonces viejos del “baby boom” seamos una carga insoportable porque no hay reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, que lo busquen en los contenedores de basura de los abortorios), la eutanasia será no sólo un derecho, incluso una “obligación”.

Aviso para navegantes, para aquellos que lean esto y tengan más de 40 años: vienen a por nosotros, y detrás de nosotros, irán a por los que ahora tienen 35 ó 30 años, porque seguirá faltando reemplazo generacional (el que pudiera haberlo habido, sigan buscándolo en los contenedores de basura de los abortorios).

El PP también está entre los que apoyaron en Andalucía la ley de “muerte digna”. Ya no sólo por convicciones, sino también por instinto de autoconservación, votaré a AES. Los que lean esto y no sigan mi consejo, y tengan ahora 40, 45 ó 50 años, dentro de 20 años no se quejen si sus familiares, y el doctor y la enfermera se ponen muy pelmas insistiendo en que decida “morir dignamente”. A lo mejor ni le preguntan, como han hecho con Dª Ramona Estévez: su tratamiento médico y su pensión son demasiado caros y hay que seguir sosteniendo políticos, sindicatos, autonomías y fruslerías varias.

Los tres primeros párrafos son, a mi entender, la clave del problema. Sólo corregiré un punto: no es que “no esté de moda” tener hijos, sino que todo se inscribe en una estrategia integral de ataque a la institución familiar tradicional. Hay que remontarse a bastante atrás (años 70) para rastrear algunas decisiones de la ONU que calculaban que por estas fechas la Tierra iba a tener, al ritmo de crecimiento actual, como 20.000 millones de habitantes. Las apocalípticas predicciones malthusianas han sido rebatidas por las simple práctica.

A partir de ahí se creó un mantra: “sobra gente” (“gente” igual a “pobres”). ¿Recuerdan ustedes cómo a la izquierda patria le entraba –le sigue entrando– la “risa floja” con los premios de natalidad franquistas? El Régimen podía ser todo lo “totalitario” (en comparación con sus coetáneos comunistas, era “casi” una democracia); pero sabía la importancia de que existiera un recambio generacional, al par que como “nacionalcatólico”, protegía a la familia, pues éste es también un principio cristiano.

Sin embargo, esta directriz cambió con la llegada al poder de la izquierda (o por mejor decir, “franquistas remozados de rojo”). El enemigo a batir (o por lo menos a erosionar en forma suficiente) fue el trinomio familia-escuela-Ejército, que en el régimen anterior se consideraba que era lo que te convertía en un “hombre de provecho”. ¿Qué tenemos hoy? Una familia de autoridad erosionada, una escuela donde el profesor no puede ejercer debidamente su magisterio y autoridad… y bueno, del Ejército, después de cómo lo han dejado la Chaconeta Metálica y sus antecesores, mejor ni hablamos.