Tragacionistas

Original aquí.

Hace apenas unas semanas, unas declaraciones de la actriz Victoria Abril sobre la plaga coronavírica y los remedios que se han arbitrado para contenerla provocaban gran escándalo entre los bienpensantes que babean de fascinación idolátrica cuando cualquier actor famoso pontifica sobre el cambio climático, o sobre el fascismo, o sobre cualquier otro asunto del que no tiene ni puñetera idea, ensartando topicazos sistémicos. Que es, por cierto, lo que hacen casi siempre los actores famosos: vomitar como loritos las paparruchas y lugares comunes que interesan a los que mandan, para obtener a cambio mejores contratos y el aplauso gregario de las masas cretinizadas.

Habría que empezar diciendo que la opinión de la actriz Victoria Abril sobre la plaga coronavírica tiene el mismo valor que –pongamos por caso– la opinión del actor Javier Bardem sobre el cambio climático. Sin embargo, las paridas y lugares comunes sobre el cambio climático que el actor Javier Bardem repite como un lorito desde las tribunas más encumbradas son consideradas dogma de fe por los bienpensantes. Puede que la actriz Victoria Abril soltase también algunas paridas sobre la plaga coronavírica; pero, al menos, no prodigó los lugares comunes pestíferos que suelen soltar sus compañeros de profesión (más pestíferos cuanto más famosos son). Y, junto con algunas paridas y observaciones dudosas, Victoria Abril soltó también algunas verdades como templos que merecen nuestra consideración; y, en algunos casos, nuestro aplauso ante su valentía, pues por atreverse a pronunciarlas firmará en los próximos años menos contratos (que se repartirán las actrices que ensarten con mayor entusiasmo las paparruchas sistémicas que interesan a los que mandan). Por lo demás, las paridas y observaciones dudosas que Victoria Abril deslizó en sus declaraciones se pueden refutar tranquilamente, sin necesidad de desprestigiarla, como hacen los jenízaros del discurso oficial que pretenden convertirnos en ‘tragacionistas’; o sea, en botarates que se tragan las versiones oficiales y las repiten como loritos o actores comprometidos (con su bolsillo y con la bazofia sistémica circulante).

  • Sólo los tragacionistas se niegan a aceptar, por ejemplo, que China ha ocultado deliberadamente (con la ayuda impagable de los mamporreros de la OMS) los orígenes del virus.
  • Sólo los tragacionistas se niegan a reconocer que la plaga coronavírica ha propiciado los más variopintos experimentos de biopolítica e introducido prácticas de disciplina social completamente arbitrarias e irracionales (empezando, por cierto, por el uso de mascarillas en espacios abiertos) que se ciscan en los tan cacareados ‘derechos’ y ‘libertades’ de las antaño opíparas y hogaño escuálidas democracias.
  • Sólo los tragacionistas se niegan a asumir que la plaga ha sido utilizada como excusa por gobernantes psicopáticos para devastar las economías locales, provocando la ruina de infinidad de pequeños negocios, condenando al paro a millones de personas y favoreciendo la hegemonía de las grandes corporaciones transnacionales.
  • Sólo los tragacionistas se niegan a discernir las burdas manipulaciones, medias verdades y orgullosas mentiras que han propagado nuestros gobernantes y sus voceros mediáticos durante el último año.
  • Sólo los tragacionistas se niegan a discutir la eficacia de medidas restrictivas caprichosas y confinamientos desproporcionados que, además, han tenido altísimos costes sociales y económicos.
  • Sólo los tragacionistas se niegan a admitir que las vacunas son una terapia experimental que se está administrando sin cumplir los plazos y los protocolos de seguridad establecidos y cuyos efectos secundarios no se han explorado suficientemente (aunque, desde luego, sus efectos bursátiles sean de sobra conocidos).
  • Sólo los tragacionistas, en fin, se niegan a examinar todas estas evidencias. Tal vez porque si lo hicieran tendrían que confrontarse con su estupidez gregaria y su sometimiento lacayuno a las consignas sistémicas.

Son estos tragacionistas, pues, los auténticos negacionistas, que con tal de sentirse abrigaditos en el rebaño renuncian a la ‘funesta manía de pensar’. Pues el ‘negacionismo’, aparte de un empeño desquiciado en prescindir de la realidad, es también un anhelo gregario, una penosa necesidad de buscar protección y falsa seguridad en conductas tribales. Y no hay conducta más tribal que tragarse las versiones oficiales sin someterlas a juicio crítico, señalando además como réprobos a quienes osan ponerlas en entredicho. Tal vez esos réprobos suelten de vez en cuando alguna parida; pero al menos no regurgitan el pienso que se reparte a los borregos.

Comentario nuestro. Alguna vez hemos criticado al señor De Prada por alguna opinión que ha manifestado. Pero esta vez no podemos estar más de acuerdo con su opinión, toda vez que el korona se ha convertido en el traje nuevo del emperador y no hay muchos (en proporción inversa cuanto más subimos de nivel) que se hayan atrevido a decir, como el niño del cuento, que «el rey va en pelota picada». Bien está que entre la famosa intelligentsia, formada a partes iguales por pagados y acollonados, haya alguien que de vez en cuando se salga de la fila de la obediencia ovina.

Recomendamos encarecidamente la lectura de la página a alguno que no ha mucho no se le caía de la boca la palabra «insensaaaaaatos», que ponía a Alemania como «ejemplo de gestión» a partir de informaciones recibidas de… Leipzig. Como si lo de Sachsen se pudiera extrapolar a toda Alemania e ignorando que en Berlín la «gestión» ha sido distinta (pero de efectos igualmente nocivos). Y que, cuando ya a muchos se les ha caído la venda de los ojos (un servidor nunca se la puso) y tras los escándalos primero de las mascarillas y luego de las vacunas (en Alemania, por cierto), sigue dando cifras de «contaaaaagios» las mañanas de fin de semana como si fueran la exclusiva del mes…

Seré breve (o no)

Este es un tiempo en que la ciudadanía comienza a ser acosada por todas partes y se están creando los brotes que germinarán en una guerra social total (ya saben: «A río revuelto…»). Ya no sólo es acoso por internet, en redes sociales, en blogs (hasta para este humilde blog, mío y de ustedes hay asignado un troll, de partido o de gobierno, me da igual, que cada vez que escribo algo que a sus jefes no les gusta, hace acto de presencia). Hemos llegado al acoso presencial en supermercados, que ya es lo último. Los gilipollas tamaño SLM («Súbase La Mascarilla… o tendré que pedirle que abandone el local») se reproducen como setas, ya sea por efecto de Filomena o por otro motivo cualquiera. Que, además, ésta haya sido la oportunidad que han aprovechado los resentidos, los frustrados y los que nunca han sido nada en la vida para hincharse como bueyes y creerse con derecho a tocar las narices (u otra cosa) al respetable no es una desgracia menor.

Por ello ─y por si queda alguien que use más de una neurona respecto de este tema de la coronafarsa: hay muchos, muchas y muches que funcionan con esto como ovejas zombies─, se me ha ocurrido rescatar un dicho de cierto inglés al que yo, antes de leer esa frase, desconocía, pero cuya frase va muy adecuada para estos tiempos que corren:

El que no quiere razonar es un fanático.

El que no puede razonar es un tonto.

El que no se atreve a razonar es un esclavo.

(Sir William Drummond)

Se sorprendería mucho Sir William de ver que, tras cuarenta años de socialdemocracia en España, en la que hunos y hotros han colaborado con mayor o menor entusiasmo, la coronafarsa ha demostrado que se puede (sí, se puede) convertir a muchos españolitos de a pie en las tres cosas a la vez. Y tengo noticias de que en Alemania (y no precisamente de Leipzig, que es de donde alguno las recibía), están igual, si no peor: allí ahora algunos les pueden acosar por no llevar la mascarilla correcta. Va a ser que en ciertas partes de Alemania ya no se aceptan las mascarillas de tela. Ahora hay que llevar la KN-95 o la FPP2 o 3. Made in China, naturalmente.

Van a conseguir vaciar los supermercados y que todo el mundo haga la lista de la compra por internet. Lo cual, a su vez, provocará olas de despidos en el sector, a no ser que una cajera se pueda reconvertir en moza de almacén (el negocio del futuro es la distribución, al parecer). Y puede que a esa cajera o responsable que les echó del «local» con cajas destempladas se la acaben ustedes encontrando en la cola del paro o la beneficencia, que es a donde nos quieren llevar a los ex-clase media los que cortan el bacalao en Europa. Sí, ésos mismos (nuestro presi enmig de tots) que tanto se afanan en besar el reluciente (o peludo, vayan ustedes a saber) trasero de Xi Jingping (él encantado, por supuesto, de que las débiles democracias le hagan el rendez-vous). Y pensarán ustedes, como pensaría yo: «Mira pa lo que hemos quedao. Tanto correr para acabar en el mismo sitio…».

Como prometí que iba a ser breve, lo dejo aquí. El próximo día, más preguntas.

Histeriavirus (I)

Vaya por delante que, si algo bueno me ha traído a mí el COVID-19, es que he reducido mucho mi nivel de «drogonoticias». No sigo el consejo de algún tonto que, cuando estábamos en medio del confina/miento nos decía a unos cuantos y un servidor «¡Ved la tele e informaos!». Después de seis meses, a mí me queda claro que ver la tele es la forma de no informarse. Afortunadamente la sociedad no es todavía una sociedad comunista (o sea, apática, amorfa, alálica y agráfica) y la información y la verdad todavía disponen de canales por los cuales fluir, a pesar de que los oficiales estén cerrados. Y yo me atengo a aquella frase de Lord Northcliffe que decía que «información es todo aquello que alguien no quiere que se sepa en alguna parte. El resto es propaganda».

Hoy en día todavía es posible contrastar las noticias. Todavía Juan Español puede ir a un hospital y constatar que no hay actividad y que se han cerrado salas de UCI porque no hay ninguna emergencia COVID, a pesar de que los medios atruenan con que «se ha producido un repunte brutal de contagios… de ingresos… de muertes…». Bla-bla-bla. Los medios cargan contra los «irresponsables «que montan fiestas de 200 invitados» porque «yo conocí a aaaaaalguien que estuvo en una fiesta de ésas, se contagió del virus y le destrozó los pulmooooones¡Insensaaaaaatos!». Y bla-bla-bla.

Siguiendo la frase, esto es de lo que se habla. En cambio, se habla poco o nada de lo siguiente:

  1. Es un virus de baja letalidad. Es decir, que «mata, pero mata poco». Y antes de que alguien me salga con «¿Y los más de 50.000 muertos, ehhhhh?», insistiremos en algo que se dijo al principio y yo no he vuelto a oír: que ha afectado a personas que ya tenían o bien mucha edad (o muy poca) o bien una patología preexistente. Y no era difícil encontrarse con personas concretas que le explicaban a uno en plan «yo tenía un camarada y el muy p… se murió (de “covid”, claro, no de un ataque al corazón u otra patología preexistente)».
  2. La verdad de los rebrotes. Los medios afectos, que se dividen en totalmente leales y acojonados, no paran de dar la brasa con los rebrotes (verdes) o no. Pero ha salido a la luz que esos rebrotes son pagados. Es decir, que la UE paga por cada positivo que haya en su territorio; lo cual, cómo no, da lugar a la picaresca de los Gobiernos: todo va bien para allegar subvenciones y no tener que freír a los tuyos a impuestos, que es mala propaganda para el negocio. Aquí tienen ustedes algunas explicaciones y preguntas que hacen al caso. No dejo de recordar, también, que la UE pagaba por cada denuncia de violencia de género, para «dar visibilidad y margen de actuación» a las asociaciones del ramo. Misma estrategia, pues.
  3. Lo que ha venido ocurriendo en las residencias de ancianos. No en todas ellas, pero en aquellas donde ocurra. Nadie se atreve a decirlo, pero buena parte de los «fallecidos del coronavirus» lo han sido en residencias. A poco que reflexione uno, no tarda en tropezarse con una palabra, alemana para más señas: Endlösung. Parece ser que alguien recogió la queja de ese bestia de primer ministro japonés, un tal Taro Aso, que se merecería un «garrotaso», y que vino a decir a los ancianos de su país más o menos lo siguiente: «Muéranse deprisa, que son ustedes muchos y nos cuestan mucho dinero». En España sucede que, gracias a la inversión de la pirámide demográfica a partir de los años 80, tenemos hoy un cotizante por cada dos pensionistas. Pensionistas, además, a los que la legislación aplicable en cada momento permitió cotizar al nivel de derechos pasivos máximos. Llevan años diciendo que el sistema de previsión social español es «insostenible»… pero hasta ahora nadie ha propuesto una solución que funcione y que, además, sea respetuosa con los derechos de todos.
  4. Por último, queda mencionar las amenazas (sí, amenazas) a profesionales de la sanidad: como siempre, no en todos los casos, sino sólo allí donde ocurra. ¿Es posible que en algunas residencias se haya obligado a firmar a los profesionales defunciones como «causadas por el Covid» y no por su causa real? ¿Es posible que a algunos ancianos se les haya dejado morir porque «es un coñazo cuidarlos» y porque eso «no nos compensa haber metido mano a una pensión suculenta»? Sí y sí a ambas. De salas cerradas en UCI porque, en realidad, no hay pacientes de Covid (se miente en las cifras de ingresos hospitalarios), de ambulancias que circulan vacías sólo para dar la impresión de que sí es una «pandemia» y de que «hay asunto»… mejor ni hablamos.

Desastres (IV/1)

De dónde venimos

Llevamos oficialmente con la crisis «del coronavirus» casi un mes, que parece mentira. Entre los que no se acuerdan y los que no se quieren acordar, poca gente recordará esta fecha si no la mira por ahí: 14 de marzo de 2020. Pero ésa, a estas alturas, no es más que una fecha más, aunque los que tenemos un poco más de memoria recordamos todavía que ese mismo día, hace 16 años, hubo unas elecciones tras un atentado, el más luctuoso de nuestra historia reciente, que cambió el sentido de la marcha. Y desde entonces España funciona, por así decir, con un grupo electrógeno, no con la corriente continua o alterna normal. Lo que a su vez nos hace recordar las ominosas palabras de Heinrich Kissinger: «España, cuando es importante, es peligrosa».

Retrocedamos un poco en el tiempo, no obstante. Conviene hacerlo porque ello pone mucho más en perspectiva la incompetencia e incapacidad de este desgobierno. Para mí son particularmente interesantes los días 12-13 de enero: rebuscando un poco, resulta que fue en esos días en que se «constituyó», por decirlo de alguna manera, la banda de ignorantes y sectarios que hoy nos desgobierna. Y digo bien: ignorantes, porque desconocen la realidad que han de administrar; y sectarios, porque no van a dejar que esa realidad desconocida, por sí misma o a través de los «fachas del PP o de VOX», les estropee sus planes. Aunque a estas alturas yo me pregunto de quién son esos planes, porque sé seguro que de ellos no son. Que sea «casualidad» o no, dependerá de lo que opine cada cual. En lo que a mí se refiere, no lo creo en absoluto una «casualidad».

El hecho es que ya por entonces la OMS empezaba a lanzar sus advertencias sobre el coronavirus (el nombrecito se las trae, desde luego). La «gripilla», no obstante, ya había estado dando coletazos antes, en las vacaciones de Navidad. Familias hubo que lo pasaron sin enterarse —a Dios gracias—: en aquel momento nadie decía nada y todo quedó en un «catarro un poco fuerte», con vómitos, fiebre y poco más. Nada digno de reseñar. Pero a partir de la fecha citada, algunos países empezaron a tomar medidas muy duras y restrictivas: son los países que se han visto más o menos libres de la plaga: en Europa, Austria, Hungría, Polonia… y los escandinavos, que curiosamente salen poco o nada en las noticias. Del otro lado, los países latinos: Italia, Francia… y nosotros, claro. Aquí no se tomaron medidas cuando se debieron haber tomado. Lo que enlaza con el hecho de que hasta el 12-13 de enero no se formó el Gobierno (dos meses tardaron en repartirse el pastel). Y luego, lo que es la primera receta del desastre: no dejar que la realidad estropee tus planes, aunque sean ideas de bombero.

Volviendo al asunto, el COVID-19 ha arramblado con todo: con el procés (parece que han arriado las cubanas y están encerraditos y estelats), con las feminazis pijas y sus palmeros y mamporreros, que el 8 de marzo salieron a manifestarse al grito de «¡El machismo mata más que el coronavirus!» y con los derechos de reunión y manifestación del artículo 21 de nuestra Constitución. Ahora, claro, ya no dicen eso, pues se ha demostrado sobradamente que las entre 50 o 60 muertes promedio al año «provocadas por el machismo» no tienen punto de comparación con los entre 15.000 o 20.000 muertos reconocidos oficialmente que en un mes ha provocado el COVID-19, llevándose por delante a personas tan dispares (entre los de presencia pública) como Gabriel Moris o Luis Eduardo Aute (ayer mismo, Enrique Múgica, exministro con Felipe). ¿Dónde están ahora las pedorras y pedorros que berreaban esa consigna? ¿Dónde estás, Anabel Alonso? ¿Has conseguido más papeles y bolos por hacerle ese favor al Gobierno? Supongo que ahora estará tan encerradita en su casa como un servidor.

Carta de una farmacéutica

Esta es una carta que escribe una farmacéutica, sobre el chollo que tienen los inmigrantes con nuestra Sanidad Pública.

Estimados Compañeros:

Me dirijo a vosotros para explicar lo que está sucediendo en las farmacias españolas.

Creo que es necesario que esto se sepa porque, por lo que he podido comprobar hay una estela de secretismo en relación al tema de la Sanidad Pública y los inmigrantes.

Pasa lo siguiente: Yo soy farmacéutica y en mi oficina de farmacia detecto desde hace varios años ya muchísimas recetas que los inmigrantes ¡¡NO PAGAN!!

Sí, sí. Como lo estáis leyendo.

Lo explico: cuando uno de nosotros, español de toda la vida, va al médico, le extienden una receta con la modalidad de beneficiario normal o beneficiario titular o si está jubilado pensionista titular. Eso quiere decir que se ha cotizado a la Seguridad Social.

Pero los inmigrantes reciben recetas con las modalidades siguientes:

Extranjero titular sin recursos, solicitud de extranjero sin recursos, fármaco gratuito para extranjeros, menor extranjero con fármaco gratuito y lo peor de todo: pensionista extranjero fármaco gratuito mayor de 64 años. Esta última modalidad quiere decir que estos inmigrantes se traen a sus ancianos a recibir atención médica y recetas gratuitas pagadas por nosotros los españoles.

Por otra parte se llevan gran cantidad de medicamentos comprados en la farmacia o regalados a su país y además se jactan de ello.

Daré más datos: yo resido en Majadahonda, Madrid y de lo que estoy hablando lo veo cada día aquí.

Se supone que el Ayuntamiento de Majadahonda es de derechas y el mismo Ayuntamiento está repartiendo vales a moros y sudamericanos para recibir papillas y leches GRATIS y productos de higiene personal GRATIS.

Estos individuos, una vez que me dan el vale, se compran cremas de 50 euros con el dinero que no se han gastado porque según ellos y jactándose, los españoles somos todos tontos.

¡¡Estoy harta!!!

Además me han amenazado muchas veces en mi farmacia, pero muchas, y yo luego con el miedo de salir del trabajo a las 9h30 cuando esta gente sabe dónde trabajo y mi horario.

Es indignante y veo que no podemos hacer nada.

Bueno pues ya sabéis porque a los españoles nos va tan mal en la Sanidad, porque todo se lo dan a estos Untermenschen, ya lo veis. Y eso por no hablar de los pisos de protección oficial, los comedores escolares, las guarderías…

O sea: que yo si tengo un hijo, a mí que soy española de toda la vida, no me da nadie ni una ayuda y me puedo morir esperando. Para triunfar en España hay que ser moro o sudamericano, no saber hacer la O con un canuto y ser un desecho.

Un saludo, Ari.

________

Puedo confirmar que todo esto es cierto y que no se habla de ello porque no interesa; respondo a quien esté interesado:

farmaceuticos_adjuntos@yahoo.es

También están los emigrantes españoles, que viven en Sudamérica, vienen una vez al año, se hacen toda clase de chequeos, analíticas, pruebas, rehabilitación, cuando a nosotros nos toca esperar turno. Marchan cargados de medicamentos, los revenden y se pagan el viaje para el año siguiente…

¿Qué país aguanta tanto despilfarro? No quieren ahorrar, ahí lo tienen… revisen las pensiones no contributivas y el gasto sanitario.

Uno lee estas cosas y no entiende por qué algunos se escandalizan del «ascenso de la extrema derecha». Si es lo normal, hombre. Aunque sea mentira, uno vota a quien le promete que va a cuidar de él, tanto en su enfermedad como en su vejez, y que no va a tirar el dinero dándoselo a gente que ni siquiera es del país y que encima se burla en nuestra cara y nos llama tontos.

Tal vez esté llegando el momento de saber qué pactos hay entre los partidos y ante quién responden de esos pactos. Porque si fuera ante nosotros, es muy probable que estas cosas no sucedieran. Lo que hace el PSOE —siempre es el PSOE el que lo hace— es respetado por el PP.
Es decir, que no lo toca. Los unos por los otros y la casa sin barrer —llenándose de mierda cada día un poco más, diríamos—. Tampoco me fío que los partidos que están en la recámara vayan a modificar el panorama. Lo que pueda ocurrir en el futuro nadie lo sabe. Pero lo cierto es que ya hay una olla a presión que está empezando a hervir. Y nadie se ocupa de ello porque «no interesa».

Queridas señoras de la limpieza: gracias

(Visto aquí)

Addah Monoceros es Médico Interna Residente de Familia y resistente

Están en todas partes. En los pasillos del hospital, en los ambulatorios, en Urgencias. Se pueden hallar a cualquier hora, tanto a las cinco de la tarde como a las tres de la madrugada. Siempre con una sonrisa, siempre con un comentario bonito, siempre inculcándonos fuerza, como si a ellas les sobrase, como si ellas no pusieran toda su dedicación y todo su esfuerzo para mantener el sistema en pie. Y es que, ¡qué poco se valora a las señoras de la limpieza! Y digo “señoras” en femenino porque sigue imperando ese componente machista en el que son ellas mayoría. Una mayoría infravalorada, una mayoría despreciada, porque cuando se habla de la Sanidad sólo se mira a los médicos y, en última instancia, a enfermeros o auxiliares. Como si fuera una pirámide, como si unos fueran más que otros.

Ya hablé de Enfermería en su momento. Ya he recalcado incontables veces la importancia y el valor de todos y cada uno de los profesionales sanitarios, y de cuánto dependemos unos de otros para funcionar. Pero, ¿y las señoras de la limpieza? Poco se habla de ellas. Poco se alude a su incansable voluntad de ayudar. Poco se habla de cómo se apresuran a dejar un box limpio para que otro paciente pueda contar con un entorno aséptico en el que el sanitario ejerza cómodamente su labor. Poco se habla de cómo desinfectan los inodoros, de cómo hacen las camas, de cómo se sumergen en ambientes sucios, malolientes, incluso contaminados, de forma totalmente desinteresada, todo para que nosotros, los renombrados médicos, y ellos, los pacientes, protagonistas del sistema, cuenten con un entorno pulcro, agradable a la vista.

Los hay que ni las miran. Que pasan por el suelo húmedo sin ni siquiera pedirles permiso, sin emitir una disculpa. Los hay que no apartan la vista de la pantalla de su ordenador cuando ellas llaman tímidamente a la puerta de la consulta para vaciar esa basura colmada de gasas ensangrentadas y jeringas. Los hay quienes se impacientan porque “aún no han pasado a limpiar el box”, sin detenerse a pensar que, tal vez, se demoran porque cuentan con varios boxes más que higienizar. Raras veces se las nombra cuando hablamos de sanidad, y me preocupa. Me preocupa inmensamente. Me preocupa este escalafón, esta injusta jerarquía. Parece que, para ser respetable como persona, alguien con estudios universitarios merece más admiración que quien arrastra un carrito y una fregona por salas y pasillos. ¿Acaso ellas no contribuyen a la sociedad? ¿Cómo podríamos trabajar en un estado sucio, hediondo, con un riesgo mayor de contagio de enfermedades? ¿Acaso sería seguro para nosotros? ¿Lo sería para los pacientes?

Queridas señoras de la limpieza: gracias. Gracias por sostener el sistema en silencio, con esa modesta reserva que os caracteriza, con vuestro sacrificio incansable. Gracias por esas palabras de ánimo, por esas muecas de apoyo, por esos ojos brillantes que se maravillan por nuestro trabajo tanto como nosotros deberíamos admirarnos por el vuestro. Gracias por todo, gracias por tanto. Y ojalá algún día el mundo sepa estimar vuestros méritos y la relevancia que tenéis en sociedad. Yo lo hago más y más con cada día que pasa.

Origen: Queridas señoras de la limpieza: gracias | Redacción Médica

Maremoto (y III)

El resto

Y aquí es donde entran ya los políticos y con la incompetencia habitual a ambos lados de la barrera. Como hemos dicho antes, la mejor forma de que cualquiera, informado o no, pueda opinar, es convertirlo en carne de arena política. Y «pedir dimisiones»: desde el motín de Esquilache, a los batuecos nos encanta ver cómo rueda la cabeza de los poderosos, literal o figuradamente: «¡Que le corten la cabeza!», diría la Reina Roja. La caída en desgracia de algún valido o ministro del Rey siempre fue en las Batuecas motivo de espectáculo, burla, befa y mofa. Siguiendo esa malsana costumbre, hoy el político batueco de raza no se corta en pedir la dimisión del Ministro del ramo (cuanto más alto el cargo en el tótem, mejor), si es que no puede pedir la del Presidente del Gobierno. Ya hemos hablado de Llamazares, así que no le vamos a mencionar más. Sólo decir que el matasanos habanero pide la «dimisión de quien sea» porque no tiene mejor argumento.
Sigue leyendo

Maremoto (II)

Secundarios de lujo

Como primer secundario de lujo, el perro. Excalibur, que así se llamaba la criatura. A medida que avanzaba la desinformación, de la que luego hablaremos, es el personaje que ha suscitado las reacciones más histéricas y violentas. Violentas a favor, claro. Si uno observa con cierta distancia las reacciones, se habrá dado cuenta de que el animal ya es un mártir de la secta causa animalista. Bien es verdad que había que desinfectar la casa y que para ello había que quitar al perro de en medio; ¿pero tan literalmente? No estamos seguros, pero al parecer había un dictamen veterinario que afirmaba no ser necesaria la inyección letal.
Sigue leyendo

Maremoto

Menudo maremoto que ha asolado las Batuecas en estos últimos cuatro días. Sepan ustedes que España está sumida en una crisis del ébola de mil pares de narices y que lo peor es que estamos envueltos en una luz de gas de la que todavía parece que no hay forma de salir. Ni siquiera sé si yendo por partes podríamos aclararnos algo. Pero lo vamos a intentar.
Sigue leyendo

Estación Aborto: final de trayecto

Sepan ustedes que en las Batuecas disponemos de una red ferroviaria que, salvo imponderables (más o menos evitables), funciona correctamente. Los trenes llegan y salen a su hora y, salvo huelgas en que el ciudadano es tomado de rehén, no hay incidencias remarcables de servicio. Además, resulta que ahora te avisan de las estaciones, ya sea por megafonía o por letreros deslizantes, lo cual ayuda mucho a un servidor de ustedes, que en materia de viajes tiene la suerte del pupas.

Sigue leyendo