Maremoto (II)


Secundarios de lujo

Como primer secundario de lujo, el perro. Excalibur, que así se llamaba la criatura. A medida que avanzaba la desinformación, de la que luego hablaremos, es el personaje que ha suscitado las reacciones más histéricas y violentas. Violentas a favor, claro. Si uno observa con cierta distancia las reacciones, se habrá dado cuenta de que el animal ya es un mártir de la secta causa animalista. Bien es verdad que había que desinfectar la casa y que para ello había que quitar al perro de en medio; ¿pero tan literalmente? No estamos seguros, pero al parecer había un dictamen veterinario que afirmaba no ser necesaria la inyección letal.

En mi personal opinión, hubiera sido mejor aislar al animal y hacerle las pruebas correspondientes antes de decidir qué se hacía con él, tras determinar si estaba contagiado y, en caso de estarlo, el peligro que supondría. Pero los operarios de la CAM, legitimados por una orden judicial, entraron en el domicilio como el Equipo A, desinfectaron la vivienda y eliminaron al perro. A fin de cuentas, «sólo es un perro». Craso error. Ahora lo único que falta es que la secta la causa animalista declare el domicilio como santuario y lugar de peregrinación. En fin, todo un circo y una obra maestra de manipulación de masas. Suena a conocido: Prestige, 11-M… Ya saben ustedes.

Dejemos constancia aquí de que el SATSE es otro grupo de secundarios de lujo. Dado que están en guerra con la Consejería de Sanidad de la CAM, cualquier escándalo les viene bien para fastidiar a unos políticos que, simplemente, no les gustan. Están «enfadadísimos» porque se ha «criminalizado a la auxiliar», habiendo incumplido ésta las más elementales normas de protocolo sanitario y cadena de aislamiento. Lo inaudito, vamos: que te acusen de hacer algo que efectivamente has hecho.

Los medios de comunicación son otros secundarios de lujo en este maremoto, sin cuya inestimable colaboración nada de esto hubiera ocurrido. La primera cuestión surge del tratamiento de la información. «Información es inmediatez», se dice. Y eso puede ser verdad en cuestiones más ligeras, tales como quién sale o entra en la cama de quién, un suponer; pero en cuestiones científicas o técnicas no es así. Surge nadie sabe cómo un tema de actualidad y los medios ya están obligados a «ser los primeros en dar la noticia». Ni códigos deontológicos, ni leches en vinagre; ni mucho menos respeto a la verdad. Si el científico o médico se niega a hablar cuando le apremian o (lo más corriente), no gusta la opinión que formula porque el que pregunta ya sabe lo que quiere oír, ya no se le deja hablar. Aquí lo importante era extender la «preocupación»; y la tendencia batueca a la exageración ha hecho el resto.

Otra más sobre los medios de desinformación: resulta que si esta cuestión se mantiene dentro de sus límites médicos como se hubiera debido hacer resulta que fuera de los médicos nadie más hubiera podido hablar. ¿Y qué se ha hecho? Para que «todo el mundo» pudiera dar su opinión inexperta (en esto consiste la «democracia» para algunos: opinar aunque no se tenga pajolera idea del tema que se opina y aunque ello contribuya a aumentar el enorme caos que ya existe), se convierte esta cuestión en casus belli de la arena política. Todo vale para desgastar al Gobierno, con razón o sin ella. Volvemos al cuanto peor, mejor leninista.

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Gotas que me vais dejando...

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