La célula más peligrosa

Ayer nos tuvimos que meter entre pecho y espalda el asesinato del Brigada D. Luis Conde de la Cruz. Vaya por delante nuestro más sentido pésame a la familia de la víctima y permítasenos, de paso, unas consideraciones.

Está muy bien que persigan a esas alimañas, las juzguen y las encarcelen conforme a Derecho. Es algo que el P(SOE) hace ahora, después de 5 años de llamar a los etarras «hombres de paz» y de propiciar rocambolescos episodios judiciales. Todo ello, eso sí, pasado antes por el tamiz del criterio electoral (al P(SOE) no le interesa otra política que la que da votos, aunque el país se vaya a la eme, que diría mi amigo Daniel). Debe ser que como están jugando con las cosas del comer, han hecho sus encuestas y ven que perderían votos. De ahí la mayor presión sobre ETA, para distraer la atención.

Ahora bien. Yo me pregunto por qué no incluyen en ese grupo a personas como el señor Azcárraga, Joseba, infumable Consejero de Injusticia de Euskadi. Con sus declaraciones ha dado siempre oxígeno a los etarras, mientras su partido juega a eso del «nacionalismo democrático». No parece sino que Azcárraga ha tomado el relevo a otro Joseba (Eguíbar, por más señas). Sí, ése que cada vez que la Guardia Civil hacía su trabajo y detenía a una alimaña etarra, salía «dudando» del trato que los miembros de la Benemérita habían dispensado al etarra detenido. Y no pocas veces, sugiriendo directamente «torturas».

Sobre este tema, como siempre, dos puntos: primero, los etarras tienen la «obligación» de denunciar al «Estado español opresor y torturador», siempre y en todo caso. Con lo cual es su palabra contra la de la Benemérita. Segundo, en particular, soy persona que opina que el trato a los etarras debe ajustarse a la ley y que no caben, por tanto, «idas de mano». Pero no es menos cierto, que somos humanos y que a no pocos miembros de la Benemérita les costaría contenerse a la vista de quien ha podido ser el asesino de un padre, de un hermano, de un compañero. Hay que castigar esas «idas de mano”, por supuesto; pero también hay que comprender las emociones que se remueven en el momento concreto.

Por todo ello son especialmente indignas las declaraciones del señor Azcárraga y de otros como él. Ponen cara de bacalao hervido en los entierros y comparecencias públicas, «condenando» a ETA, al mismo tiempo que dudan de la profesionalidad de la Guardia Civil. No hemos olvidado a Arzallus cuando hablaba, en tono entre quejicoso y condescendiente, de los «chicos de la gasolina», pobrecillos ellos, ovejas descarriadas del redil aranista. Nadie echará el guante a Azcárraga por sus declaraciones (lo mismo que estoy seguro de que Arzallus se morirá de viejo y en la cama, como Franco). Y la Guardia Civil seguirá haciendo su estupendo trabajo, con su entrega total y sacrificio habituales, para escarnio y despecho de quienes se dicen «demócratas» y dan la mano a ETA por debajo de la mesa.