Madrid Arena


Descansen en paz

Disculpen ustedes el tiempo transcurrido entre la última entrada de producción propia y ésta que hoy someto a su consideración. Han sido unos días importantes y llenos de asuntos significativos, que comentaremos en las próximas entradas.

Sobre el asunto que encabeza hoy la entrada, antes de nada, vaya mi más sentido pésame a las familias de las jóvenes fallecidas. Katia, Rocío, Belén y Cristina ya son pérdidas irreparables para sus familias. Como católico, sólo puedo desear que Dios haya acogido en su seno a estas muchachas con toda la vida por delante, aceptando la injusticia que ello supone y también el hecho de que Dios sabe por qué hace las cosas.

Para los que nos quedamos de tejas abajo existe un deber inexcusable: conocer con toda la extensión y detalle posibles el conjunto de hechos que llevaron a la tragedia, así como exigir –y que se cumpla– las correspondientes responsabilidades civiles, penales y políticas a todas las personas que intervinieron de algún modo en los acontecimientos.

De todo lo que se ha dicho en estos días, hay un hecho que a mí me llama poderosamente la atención. ¿Cómo es posible que un señor que tiene 236 expedientes de impago con Hacienda pueda obtener una licencia para organizar un evento de dimensiones grandes? La explicación: ese señor no es un mindundi. Así como a ustedes y a mí nos hubieran comprobado que hasta los pelos de nuestras posaderas tuvieran la longitud adecuada, a este señor no le hubieran hecho tal examen. Al parecer está (o estaba: ahora supongo que declararán que «no le conocían» o que «nunca tuvieron gran trato con él») en buenas relaciones con los concejales intervinientes en la autorización y, según parece, también fue padrino de boda del anterior alcalde Gallardón. Esa tarjeta de presentación fue suficiente para obviar la molesta circunstancia de los expedientes tributarios.

A mayor abundamiento en lo anterior, y sólo a los efectos de exigir la correspondiente responsabilidad, ¿se podría aplicar analógicamente el artículo 60.1.d de la Ley de Contratos del Sector Público, que establece la prohibición de contratar con aquellos que no estén al corriente de sus obligaciones con la Hacienda Pública y la Seguridad Social? Sugerimos este detalle porque en la legislación madrileña sobre espectáculos públicos no se establece ninguna prohibición expresa de autorizar en estos casos. En este tramo también es interesante el hecho de que el Ayuntamiento ha intentado borrar toda prueba de que promocionó el evento. ¿Por qué?

«Las pruebas hablan» (y en este caso también deberían hacerlo)

Otra cuestión candente es el tema del aforo. Según esta información, el empresario organizador no comunicó a la SGAE la celebración del evento, por lo cual no se puede auditar la taquilla del mismo. Por tanto, el empresario sabía muy bien que el aforo se iba a superar con creces y actuó en consecuencia. Así pues, el recinto, con capacidad para 10.000 personas cómodamente instaladas, se vio invadido por una marabunta 2 veces mayor (el estado actual de las investigaciones policiales apunta a 23.000 personas) entre «legales», «dejados pasar» y «colados». El personal de vigilancia y seguridad resultó claramente insuficiente, e incluso hay quien afirma que en un momento determinado se dejó de controlar quién entraba. He aquí uno de los ingredientes de la tragedia.

Otro de los ingredientes de la tragedia: la bengala. Uno se pregunta a qué clase de descerebrado se le ocurre traer una bengala a un recinto cerrado y atestado de gente… y encenderla. Obviamente los restos de la bengala no han quedado muy bien, pero los investigadores creen posible la obtención de huellas dactilares a pesar de lo deteriorado del material. Esto ya es entrar en terreno CSI y casi rezar para que en el equipo investigador aparezcan un Gil Grissom o una Catherine Willows que sepa y pueda encontrar esas huellas.

Pero no se acaba aquí la cosa. Según parece, tras la catástrofe la alcaldesa Botella se marchó a reposar a un hotel de lujo. Lo de menos, naturalmente, es que el hotel fuera «de lujo» o una choza en medio del desierto. Lo que importa, en todo caso, es que decidió la muerte de tres muchachas no le haría interrumpir por completo su puente en los Portugales. Tal vez le parecería que «estando alguien a cargo» (¿?) ella no tenía por qué quedarse en Madrid. Imaginen ustedes…

Ring, ring…

–Alcaldesa Botella al habla, dígame.

–Hola, Ana. Soy Miguel Ángel y tengo que decirte que lo del Madrid Arena es serio. Piden mi cabeza.

–¿Quién pide tu cabeza?

–Los de IU.

–¿Cómo es posible que pidan tu cabeza si ya les concedimos una calle para Carrillo? Desagradecidos…

–Como te lo cuento. Y además ha fallecido una cuarta joven.

–La verdad es que pinta mal, sí…

–Bueno, ¿vas a volver a Madrid o no?

–Claro que no, Miguel Ángel. Tengo hora para el spa y no me da tiempo a coger ningún avión de vuelta, o sea. Ah, y a los de la prensa les dices que próximamente el Ayuntamiento va a prohibir la cesión de espacios públicos para macroconciertos… o que quitamos la fiesta de Halloween… No sé, cualquier cosa que se te ocurra… Huy, qué tarde se me está haciendo. Tengo que colgar.

–De acuerdo, Ana. Disfruta de tu spa.

(clic)

O también…

Ring, ring…

–Hola Pedro, soy Miguel Ángel.

–Hola, Miguel Ángel. Por cierto, te aviso desde ya que tengas cuidado con lo que vas a decir. Uno de los dos móviles o los dos pueden estar intervenidos.

–Me da igual. La alcaldesa me acaba de dar puerta y estoy muy cabreado.

–Tranquilo, hombre, ya verás cómo…

–¡Nada de tranquilo, hombre! La alcaldesa está en Portugal y no va a volver, los rojos se frotan las manos y piden mi cabeza… ¿Cómo quieres que esté tranquilo?

–Ya, bueno… El lío que se ha montado es monumental…

–¡Valiente cabronazo el tal Flores! ¡Nos ha vendido el tío éste! Pero vamos a ver, ¿tú de qué le conocías?

–Yo fui invitado a la boda de Gallardón en la que él ofició de padrino, pero desde entonces he tenido poco o ningún trato con él.

–¿Seguro? Mira que por ahí nos van a machacar…

–¿Nos? Es tu cabeza la que está en juego, no la mía.

–¡Vaya, tú también te lavas las manos!

–Claro, Miguel Ángel. El que dio la autorización final fuiste . Por eso piden tu cabeza. No la mía.

–No te creas que la tuya va a estar muy segura cuando sepan de las deficiencias técnicas del recinto, que no controlaste en absoluto.

–¡No te atreverás!

–Tú déjame de lado, como la alcaldesa, y verás. Y como dice Mas, «atente a las consecuencias».

–¡Eres un cabrón! ¡No voy a parar hasta joderte! ¿Cómo te atreves a amena….?

–Yo también te quiero, Pedro. Adiós.

(clic).

Sigan atentos a las noticias. El culebrón no ha terminado aún.

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4 comentarios en “Madrid Arena

  1. Hace mucho, que no coemntaba por aqui,. Pero el Tema lo Requiere,. ¡No entiendo lo que paso!. ¿Como se dejo entrar más gente que el Aforo que tenia la Sala?.- ¿Como dejaron entrar a Menores de edad?.- ¿ Como taparon dos puertas, y dejaron solo una?,. ¿Como de tres pisos, solo habia gente en dos y el tercero estaba Vacio?,- ¿Donde estaban los de Seguridad?.- ¿Porque no se Actuo inmediatamente?.- ¿Como elde la Bengala, la tiro en medi de tanta gente’.-Y asi sin verle el fin a las mil preguntas,.¡Que las que han muerto ya por esta causa,D.E.P- Y deseo que no sufrieran y las familias,lo superen lo mejor posible.- Ahhhhhhhhhh, ¡Y que esto no quede sin Castigo!.-

Gotas que me vais dejando...

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