Beatriz Talegón y la fábrica de impostores


Original aquí.

Hace unos días, una desconocida joven, Beatriz Talegón, saltaba a la fama por un discurso pronunciado ante la Internacional Socialista, que estaba celebrando una reunión en un lujoso hotel de Portugal, con representantes de un centenar de partidos socialistas de todo el mundo.

En ese discurso, la joven militante preguntaba a sus mayores: “¿Cómo pretendemos hacer una revolución desde un hotel de cinco estrellas?”. El vídeo con sus palabras causó furor en las redes sociales, donde lleva ya más de dos millones de descargas. El hecho fue también comentado en medios de comunicación de todo el mundo, especialmente en nuestro país y en otros de habla hispana.

En realidad, todo el discurso supuestamente rupturista de esa muchacha supuestamente rupturista no pasa de ser una escenificación bien planteada. Como luego hemos sabido, la supuesta revolucionaria es, en realidad, una funcionaria del partido que lleva toda su vida activa medrando en la política y viviendo del dinero público. Con 22 añitos, y recién titulada en Derecho, se marchó a Bruselas, a trabajar en la oficina de Castilla-La Mancha en el Parlamento Europeo.

Después pasó a ser asesora de la delegación socialista en el Parlamento Europeo, cargo que simultaneaba con el de adjunta a la secretaría general del PSOE en Castilla-La Mancha. Por sus desvelos en favor de los oprimidos cobraba más de 3.000 euros netos mensuales, la muy proletaria.

En abril del año pasado, la joven estrella daba el gran salto adelante, cuando era elegida Secretaria General de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas.

Desde entonces, sus principales hazañas revolucionarias han consistido en viajar a diversas convenciones por todo el mundo: Paraguay, Pekín, Egipto, Uganda, Sudáfrica, Suecia, Estados Unidos, México, Portugal… Una vida de intenso sacrificio. Su dedicación a los problemas de la clase trabajadora quedaba de manifiesto en uno de los mensajes que la joven escribió en una de sus páginas de las redes sociales: “Voy a proceder”, decía Talegón, “a sacarme todas las tarjetas posibles con las compañías aéreas para acumular puntos y que alguna vez, puedan tener un detalle conmigo y con las Juventudes Socialistas. Que para eso les sufro tanto”. Como ven ustedes, anticapitalismo en estado puro.

Por tanto, el discurso de la joven en Portugal, en el que se preguntaba qué cómo pretendían hacer una revolución desde un hotel de cinco estrellas, no era más que puro teatro. Muy bien escenificado, pero simple teatro. En primer lugar, porque esta dicharachera joven tiene que estar acostumbrada, tras pasar varios años en Bruselas, a ver a sus compañeros socialistas vivir a cuerpo de rey. Y en segundo lugar porque, a menos que sea tonta del bote, cosa que no parece, es imposible que no se haya dado cuenta, después de siete años, de que sus compañeros socialistas no pretenden hacer ninguna revolución. Ni ella tampoco.

Fueron precisamente algunos cargos de su propio partido los primeros en reaccionar con indignación a su discurso portugués. Dirigentes del PSOE de Castilla La Mancha y de Baleares le pidieron que se dejara de hipocresías y renunciara a sus cargos, si tan revolucionaria se sentía. Pero la joven ya había saltado a la fama y anduvo de plató en plató, supongo que como parte de la misma campaña de marketing en que se encuadra su discurso.

Pero ayer, ese estudiado marketing revolucionario se vino abajo, cuando ella y el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar pretendieron asistir a la manifestación contra los desahucios y a favor de la dación en pago, convocada por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y otras organizaciones sociales. En un determinado momento de la manifestación, las cámaras se acercaron a la joven y a su acompañante, para grabarles las consabidas declaraciones. Pero en ese instante la gente prorrumpió en gritos – “Fuera, fuera”, “Oportunista”, “Culpables” – y comenzó a insultar a los dos representantes políticos, que tuvieron que ser protegidos por la Policía ante el cariz que estaban tomando los acontecimientos. Tras unos largos minutos de tensión, y en vista de que la crispación iba en aumento, la Policía tuvo finalmente que escoltarlos fuera de la marcha.

Y allá que salieron de la marcha, con más pena que gloria, una llorosa Beatriz Talegón y un impávido López Aguilar, mientras la gente acompañaba su retirada con consignas y gritos sobre el papel que el PSOE ha jugado en la crisis hipotecaria.

Beatriz Talegón no es otra cosa que un producto de la propaganda. Una revolucionaria de guardarropía que pretende, como muchos de sus compañeros, compatibilizar la vida de señorito con los discursos pretendidamente obreristas. Pero no se puede tomar el nombre de la Revolución en vano. Quizá en otra época las poses ensayadas, las provocaciones estudiadas y los discursos calculados le hubieran servido para algo, pero a estas alturas de la película la gente está ya harta de hipocresías. De modo que ayer, toda la campaña de imagen montada en torno a esta funcionaria del partido se derrumbó como un castillo de naipes, entre los insultos de esos mismos en cuyo nombre anunciaba Talegón su revolución de polichinela.

El PSOE intenta, con sus talegones y sus lópezaguilares, subirse al caballo de las protestas ciudadanas, pero ese caballo es demasiado temperamental y no está dispuesto a dejarse domar por quienes solo saben montar el jamelgo de los boletines oficiales. Que los mismos que han provocado esta crisis quieran ahora ponerse al frente de la manifestación contra los desahucios es lo único que le faltaba al caballo del descontento para ponerse a dar coces.

Así que, doña Beatriz, le sugiero que, si quiere usted liderar revoluciones, estudie alguna carrera técnica. Quizá entonces pueda participar en la revolución de las Comunicaciones, en la revolución de la Genética o en la revolución de la Nanotecnología.

Porque en lo que respecta a la Revolución Social, tiene usted las mismas posibilidades de abanderarla que yo de ganarme la vida bailando la danza del vientre.

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Un comentario en “Beatriz Talegón y la fábrica de impostores

  1. Pingback: Cuentos (socialistas) chinos | El cántaro del Aguador

Gotas que me vais dejando...

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