«Escrache»


Sabido es que lo único que sabe hacer bien la izquierda es el agit-prop marxista. Las viejas tácticas, sucias pero efectivas, no han sido abandonadas por nuestra izquierda cateta y troglodita. Vean, si no, la última novedad: el famoso escrache, que todos los medios afines repiten como loros. «Hay que escrachar a Fulano de Tal». ¿Pero qué significa eso?

A mi modesto entender, todo resulta ser un juego de palabras de esa izquierda más falsa que un duro sevillano. Por ponerles un ejemplo: la izquierda y su potente altavoz mediático tildaron de genocidio la intervención española en Irak. Muy pocos, entre ellos los militares, fueron escuchados cuando dijeron que la intervención española en Irak se redujo a extremos humanitarios (reconstrucción del país) y en modo alguno bélicos. Para esa izquierda cateta y troglodita, «habíamos apoyado la guerra de Irak» (sin especificar, que es lo bueno de la manipulación, en qué consistió ese «apoyo»). El eslogan, sencillito y adaptado para produtos LOGSE fue el consabido «No a la guerra». Cuentan, además, con la ventaja de que para explicar que son mentira ese eslogan y su contexto hacen falta muchas más palabras y razonamientos. No es muy diferente a la ideología del INGSOC, que les recuerdo aquí por si no la conocen:

GUERRA ES PAZ

LIBERTAD ES ESCLAVITUD

IGNORANCIA ES FUERZA

Es muy difícil oponerse a estos eslóganes con la misma cantidad de palabras. Porque, como decíamos antes, todo es cuestión de palabras. Se usan del modo adecuado para que suenen «mejor» o «peor». Igual que el turnismo del último cuarto del siglo XIX nos condujo, andando andandito, a la guerra civil, tras la muerte del dictador había que rehacerlo; pero precisamente porque el turnismo estaba bien enterrado en el inconsciente colectivo nacional, había que llamarlo de otra manera para que fuese lo mismo pero no se percibiera igual. Por eso hoy se llama consenso. Y gracias a eso se ha rehecho también el podrido tejido caciquil que acabó con ese turnismo, al igual que el actual podría acabar con el consenso.

 ¿Y hoy en día? Bien, hoy en día lo que tenemos es un gobierno azul que sigue adelante con medidas rojas. Y el partido rojo, que perdió las elecciones intenta por encima de todo deslegitimar al gobierno azul, a través de dos vías: una, sus terminales mediáticas, que machacan las consignas directamente recibidas de Ferraz y dos, volviendo a las viejas tácticas mencionadas en el primer párrafo de esta entrada.

Estos días asistimos a otra vuelta de tuerca más. Aunque no es desconocida, ni mucho menos. La hemos visto en el artilugio del 15-M. Es tan simple como recoger un descontento ciudadano, para el cual hay muchos motivos, y utilizarlo en beneficio propio. Servidor de ustedes recuerda cómo un movimiento aparentemente «cívico» y «espontáneo» se veía infiltrado por elementos de extrema izquierda, nada cívicos ni mucho menos espontáneos, en cuya foto se acabó viendo a jóvenes portando banderas soviéticas (cosa aún más increíble en imberbes que ni siquiera conocieron la URSS).

Nena, que te has colau...

Nena, que te has colau…

Ahora, la alarma social creada por los desahucios exprés (¿cómo es que antes de 2011 no existía esa «alarma social» que ahora denuncian?) y los suicidios previos al desahucio (asunto más propio de El Caso), aparece rápidamente alguien que quiere sacar provecho. En este caso es una plataforma, aparentemente de interés cívico. Pues bien: apenas han tardado dos meses en ser infiltrados y en reconducir un descontento ciudadano legítimo a una acción política prácticamente delictiva. Y con el inri de que la portavoza ni siquiera ha sido víctima de desahucio alguno. Que ése por lo menos sería un requisito a exigir a alguien que se pide micro y cámara para ser «la voz de los oprimidos»… aunque más bien parece que se ha colau.

Vaya por delante que desapruebo cualquier forma de escrache. O, llamándolo por su verdadero nombre (delito de coacciones), estoy en contra de cualquier conducta subsumible en el tipo del art. 172.1 CP:

El que, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados.

Cuando la coacción ejercida tuviera como objeto impedir el ejercicio de un derecho fundamental se le impondrán las penas en su mitad superior, salvo que el hecho tuviera señalada mayor pena en otro precepto de este Código.

Pero puestos en esa tesitura, preguntémonos por qué el «escrache» es selectivo. ¿Por qué sólo contra diputados o cargos del PP y no, sin ir más lejos, contra Carme(n) Chacón, que introdujo esos desahucios exprés? Y no, no cuela el argumento de que «ahora está el PP y vamos contra él». Es la misma clase de argumento inconsistente que se usa contra Gallardón por el tema de las tasas judiciales: es verdad que el faraonazo nos ha dejado tiesos, ¿pero ya nadie recuerda que dichas tasas se introdujeron con la ley 13/2009 (gracias, Caamaño)? O el mismo por el cual se habla de «BankiaBankiaBankia» y nadie se acuerda de CCM ni de MAFO. Hipocresía de a dos céntimos el kilo, sin más.

En fin. Si los diputados y cargos presuntamente coaccionados presentan la correspondiente querella, la PAH puede ir atándose los machos. Por otro lado, si es verdad que simpatizan con el mundo proetarra, no tendrán que preocuparse del dinero para costas judiciales.

La conclusión: hay un efecto perverso en todo esto. Con estas contaminaciones e infiltraciones se acaba deslegitimando la protesta. Muchos que podrían sumarse a ese descontento legítimo dejan de hacerlo porque se niegan a ser utilizados como carnaza política de unos señores sin escrúpulos. Bien pueden decir: «Si no protesto, malo; y si protesto, mi voz puede ser manipulada por alguien a quien, además, podría llegar a odiar». Consecuencia: nadie se suma de forma multitudinaria a ninguna protesta, por legítima que sea. Con lo cual, el beneficiario es el Gobierno, sin lugar a dudas. Por eso a Rajoy no se le mueve un pelo de la barba cuando oye hablar de estos «movimientos espontáneos», tan faltos de oxígeno como de credibilidad.

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3 comentarios en “«Escrache»

  1. Reblogged this on amaneciendodespierta and commented:
    Es preciso desenmascarar a los que dicen defender al débil, puesto que muchas veces sólo buscan su propio beneficio, engordar su ego y manipular a las masas.
    Ahora pretenden poner de moda el “escrache”

    • Que lo llaman así porque suponen que no suena tan mal como «acoso» (para el progre, sólo las mujeres o los inmigrantes pueden usar esa palabra) o «coacción». Los medios tienen mucha culpa en eso también, en tanto en cuanto la repiten cono «muletilla para todo».

Gotas que me vais dejando...

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