Salvar al soldado Mas


Dicen que el tiempo es un maestro sabio y que acaba aportando respuestas, si no todas, sí muchas e interesantes. Tal es lo que ha ocurrido en esta semana: tras el refotèndum, se ha empezado a aclarar un poco el horizonte para quienes no veíamos claro por qué ocurrían determinados hechos o se realizaban determinadas afirmaciones.

Las mentiras

Lo primero de todo es que el refotèndum se ha producido de todos modos. Bajo el ropaje de una farsa, si ustedes quieren; pero se ha producido: una especie de «consulta», con doble pregunta y tal. Lo más curioso es que Mariano juró y rejuró que bajo ningún concepto ni forma se iba a celebrar. Los palmeros peperos insisten en que «no tiene consecuencias jurídicas», en que «cómo se va a tener en cuenta una “consulta” en la que se pudo votar tres veces el mismo día”»… Y no, no me vale el ejemplo escocés porque Mas y sus mas-riachis ya tenían prevista ese refotèndum desde mucho antes que Cameron autorizara el suyo. También es falso afirmar que «es una farsa sin consecuencias», porque sienta un peligroso precedente:

  1. Desde el punto de vista jurídico, sería una demostración de que una región puede chulear al resto del Estado sin que ocurra nada especial. Claro que después de 30 años de incomparecencia del Estado para hacer cumplir sus propias leyes esto no tiene nada de especial.
  2. A nivel europeo, en aquellos Estados donde existen regiones con «fuerte personalidad propia» es fácil que echen a andar dinámicas centrífugas. Sería el caso de la citada Inglaterra: a los galeses les podría picar también el bicho independentista. O de Francia: legitimaría a los bretones y a los corsos frente al centralista París. Incluso en la pacífica Alemania, hasta los bávaros podrían sentir el gusanillo. Visto lo que ha ocurrido en Bélgica, Bruselas ha expresado «preocupación» por el asunto (lógico: les cae tan cerca…).

Se nota que es una argumentación diseñada por abogados y destinada a rebajar el impacto de la consulta o refotèndum. Por tanto, la primera mentira.

La segunda mentira es la del diálogo. Y del talante, podríamos decir. A saber: que según Mariano decía en estos meses pasados, «no había reuniones secretas con Artur Mas». Ajá. No se sabe, entonces, a qué fueron Arriola y José Enrique Serrano a Barcelona durante los últimos nueve meses. ¿Pretenderían que Mas les enseñara la tumba del Molt Venerable Rafael (de) Casanova? Claro que no. Fueron a negociar hablar del futuro inmediato. Ha resultado enternecedor ver en TeleGénova (aka 13TV) a un diputado mintiendo como un bellaco acerca del particular en una tertulia que es, en nuestra opinión, menos genovesa que el resto. Ha quedado en ridículo a posteriori, además, porque primero Serrano y después el propio Mariano han confirmado que sí, que hubo conversaciones.

La tercera mentira es la de la actuación de la justicia. La portada del lunes de ABC era suficientemente expresiva: «La Fiscalía ve delito en la organización del 9-N». Vaya: ya era hora de que viera algo. Porque sepan ustedes que la venda con que se suele representar a la chavala de la balanza y la espada sirve para el momento de juzgar: la justicia no debe mirar (aunque en España sí lo haga) si el justiciable es villano o noble, rico o pobre. Ahora bien: la justicia que, en el momento de averiguar el delito y sus circunstancias, está vendada, va vendida simplemente. Por esa misma razón nos extraña que la Fiscalía «vea algo» ahora cuando en 30 años ha parecido ciega o, cuando menos, tuerta.

Vamos a ver cuántas acciones de la justicia terminan en una condena. Yo apuesto a ustedes que si hay una condena será para alguna cabeza de turco o para un mindundi. Ningún pez gordo será condenado. Entre otras razones, porque no se reintrodujo el delito de convocatoria ilegal de referéndum: eliminado por ZP del Código Penal (de quien era esperable tal cosa), no lo reintrodujo Rajoy (de quien no era esperable tal cosa). Y en segundo lugar, porque aunque los supuestos de hecho están de sobra cubiertos por el art. 155 CE, Rajoy ha renunciado sencillamente a su aplicación. El argumento de los palmeros peperos no puede ser más pueril: «como no se ha hecho antes, no se puede hacer; y no se puede hacer porque no se ha hecho antes».

Una explicación plausible

Y bien, ¿para qué todo este circo? De entre todas las razones posibles emerge una como bastante probable. Verán. Rajoy, de la misma manera que Hitler se rodeó de ocultistas, astrólogos y de otras hierbas raras, se ha rodeado de magos de la demoscopia (parece increíble lo de Arriola, más parecido a Alger Hiss que otra cosa). Así que sabe, aunque sea de conjuntos de mil en mil, lo que pensamos los españoles como colectivo. Y se huele que no va a repetir ni de broma la mayoría absoluta de 2011. Más aún: el avance de Pablemos, ese comunista de estricta obediencia moscovita, en esas mismas encuestas ha puesto nerviosos a muchos barones, tanto peperos como socialistas. El consenso socialdemócrata se mueve, sí… pero para no ser devorado por esa nueva fuerza que viene, bien alimentada desde Venezuela. Fuerza cuyo aliento ya sienten Sánchezstein y su patrona en el cogote.

El planteamiento, pues, sería el siguiente: ante las voces que claman por su retirada, Mariano estaría intentando despejar el terreno para un sucesor. Estaría «creando un escenario» (dicho en tertulianés) de un Gobierno de concentración nacional en el que hasta los independentistas de CiU podrían tener cabida. Mariano mata así dos pájaros de un tiro: esa größe Koalition serviría a tres finalidades: frenar a Pablemos en el ámbito nacional, frenar a Junqueras en el ámbito catalán y, sobre todo, mantener el statu quo de siempre. El planteamiento serviría igualmente si Mariano se presentara, aunque podría ocurrirle lo que a Francisco Alegre:

En los carteles
Te han puesto un nombre
Que yo no quiero mirar…

La tercera pata de este banco es Mas: a éste le interesaba demostrar que «era hombre de palabra» ante su club de fans. Poco importan las cifras reales, ni la falta de garantías, ni nada de nada. Para Mas lo importante era la foto: la de esas colas yendo a votar en los institutos. A cambio de eso, suponemos, Mas prometería apoyo a Mariano ante un panorama electoral bastante negro para su partido, en comparación con el que se presentaba en 2011.

¿Y los intereses generales de España, ésos que menciona el art. 155 CE? Ni están, ni se les espera. Poco importa que el soldado Mas ya sea un cadáver político. En la guerra los soldados usan los cadáveres —aun de sus propios camaradas— para cubrirse de los disparos del enemigo. Y Mas apenas sirve ya para otra cosa.

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2 comentarios en “Salvar al soldado Mas

  1. Lo borda Sr. Aguador. Su texto es REAL, es decir, se ajusta a lo ocurrido, y lo expreso sin ánimo de parecer estar abducido por nada ni nadie.

    El pasado día 9 los españoles asistimos a un espectáculo donde unos pocos (españoles también, mal que les pese), fueron protagonistas y actores en un cuento donde los guionistas escribieron una historia que para unos ha sido de terror, para otros de júbilo y para la mayoría de indignación.

    Buenas noches.

Gotas que me vais dejando...

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