Rojooscurocasibermejo


Decíamos en el anterior post que «se nos fue el canario» y que, a cambio, nos han metido a Silvestre (que no es un lindo gatito, por cierto). Lo que sí parece es «silvestre» en la peor acepción de la palabra. Parece que el mayor mérito del susodicho es su acendrada fe socialista (él mismo lo ha dicho: que es de izquierdas y como tal actuará).

No es para nada buen augurio que un Ministro de Justicia, que procede además de la carrera judicial proclame con tantas campanillas su adhesión inquebrantable al régimen zapateril. Son palabras que dejan entrever bien a las claras el rencor (el mismo que debió sentir cuando quiso empapelar a José María Michavila y no pudo), en vez de la ecuanimidad que se supone norma de la casa.

Digo bien: se supone. Porque el nombramiento de Bermejo como Ministro de Justicia no refleja sino un doble fenómeno que venimos constatando desde hace tiempo: la judicialización de la política y la politización de la justicia. Vemos con demasiada frecuencia a jueces de Altos Tribunales pronunciarse ideológicamente a través de su pertenencia a asociaciones «progresistas» o «conservadoras», cuando por simple preservación de la independencia judicial no deberían formar en ninguna. Y asistimos casi con igual frecuencia a la presentación de querellas entre políticos por cuestiones que nunca debieran llegar a los Tribunales.

El siguiente párrafo se dedica al que podríamos llamar «gran ausente»: Baltasar Garzón Real. Don Baltasar se ha quedado fuera por segunda vez fuera del baile…

… como aquel ladrón
que busca su fortuna
por un callejón
por donde nunca pasa nadie…

Probablemente, en el PSOE tienen memoria histórica (para lo que les conviene). Y se acuerdan muy bien de la primera vez, en que Garzón se dejó querer por Felipe pensando que éste le iba a dar el Ministerio de Justicia por su cara bonita. El Ministerio se fue para otro juez (Belloch) y Garzón no se conformó con la consolación del Plan Nacional de Drogas. Recuerdan también el tiempo que le faltó para salir a escape de la política y volver a ponerse la toga para hacerles la vida a cuadritos con lo del GAL y algunos asuntillos que todavía colean (aprendieron la lección: legislaron después que tendrían que pasar dos años para poder retomar la magistratura).

Dicen que a cualquier gobernante hay que darle cien días. Pero si Bermejo es tan radical como dicen sus antecedentes, no tardará ni un mes en demostrarlo.

2 comentarios en “Rojooscurocasibermejo

Gotas que me vais dejando...

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