Ministerio de la Verdad (Miniver)


Después de unas semanas de respiro al partido que ha ganado las elecciones, y que se ha nombrado a los ministros y menestras de cada ramo, la palestra mediática ha sido inmediatamente ocupada por el PP y sus desventuras y meteduras de pata. Llevamos una buena porción de días con el tema, que a muchos sorprendió primero, enfadó después y a estas alturas comienza a haber una sensación muy definida de hartazgo.

A estas alturas de la película nos hemos dado cuenta de una cosa: que aunque ZP no tenga ni la más remota idea de qué cosa sea gobernar, es un ser malvado. Sabe deshacerse de sus enemigos, virtud nada desdeñable en política, pero insuficiente como único capital cuando se lleva la nave del Estado.

También hasta ahora creíamos que su especialidad era el ridículo (al menos en escenarios internacionales), pero qué va. Su especialidad es el embuste y la semántica (por más que a Toño, su amigo del alma, no le guste). Por eso, en vez de «sumisión a ETA» hemos oído proceso de paz; en vez de «atentado» hemos oído accidente; en vez de «trasvase» hemos oído conducción temporal de agua. Y por eso también sus colegas de nuestra área cultural le han dado de lado, por considerarle un aliado poco de fiar.

Ésa es la ventaja de conocer la semántica. Ha ocurrido en todas las dictaduras (especialmente en las del siglo pasado). A partir de aquí, hay que ver si realmente nos estamos deslizando hacia un régimen dictatorial. Claro: no una dictadura al uso, sino una especie de democracia orgánica, con una diversidad de instituciones (legislativas, ejecutivas y judiciales) que dan la impresión de ser independientes pero que en realidad funcionan al dictado del jefe.

Para ello, el primer paso importante es neutralizar a la oposición. Y es lo que está consiguiendo ZP, contra todo pronóstico. Ha conseguido que los capitostes del PP estén entretenidos acuchillándose unos a otros y discutiendo sobre las esencias de su partido. Lo que significa que sus votantes se sorprendan, se cabreen y, sobre todo, estén inermes y faltos de representación ante el programa político de ZP (que lo tiene y no es el que está publicado en su página web, precisamente).

La hegemonía cultural de la que hablaba Gramsci hace tiempo que está conseguida. No importa quién esté en el gobierno: la televisión (la que se ve sin pagar, por lo menos), buena parte de los diarios y de las emisoras de radio son zetaperas (me resisto a llamarlas «socialistas» porque a fin de cuentas, Rosa Díez y Gotzone Mora son socialistas también y están fuera del partido zetapero; por otro lado, la expresión «rojos», aunque ZP se ha definido a sí mismo como tal, es un tanto guerracivilista) y el mensaje que se enviará a millones de personas será zetapero también. La Universidad pública está prácticamente colonizada por los zetaperos (y en las comunidades correspondientes, por el nacionalismo cavernícola). El mundo de los espectáculos, con toda su caterva de titiriteros, es zetapero. Puede que existan actores o productores de derechas; pero les es negado sistemáticamente el acceso al gran público.

Finalmente, para comprobar que estamos en una democracia de muy baja intensidad (o una dictablanda), tomemos los famosos 11 principios de Goebbels y veamos cómo se han aplicado a rajatabla para desactivar al PP (que es el único partido de la oposición con posibilidades de gobernar; los demás son acreedores de ZP por un motivo u otro y Rosa Díez todavía no tiene entidad suficiente como para ser una molestia para ZP):

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.

  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.

  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. «Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan».

  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.

  5. Principio de la vulgarización. Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar.

  6. Principio de orquestación. La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene también la famosa frase: «Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad».

  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.

  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.

  9. Principio de la silenciación. Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.

  10. Principio de la transfusión. Por regla general, la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales. Se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.

  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente de que piensa «como todo el mundo», creando una falsa impresión de unanimidad.

Quien diga que esto no lo ha hecho el partido zetapero (y/o el nacionalismo en su radio de acción, pero que ayuda a ZP por sus propios motivos y para la consecución de sus fines) o miente, o no se entera. ¡Larga vida al Miniver! (San George Orwell, ten piedad de nosotros). A este paso, pronto llegaremos a ver el Ministerio del Amor

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Autor: Aguador

Mi vida personal no tiene gran cosa de interesante...

3 opiniones en “Ministerio de la Verdad (Miniver)”

  1. El lenguaje y la propaganda son la base de este gobierno de ineptos… el Ministerio del Amor te digo que colaría, la gente quiere leer cosas de amor en mi blog, he alucinado con lo que dice la encuesta, es una broma, pero en fin, te digo que así nos va.Orwell sabía mucho, conocía bien a los políticos y al parecer no sólo no han cambiado, sino que han empeorado, y Zeta es el ejemplar orwelliano perfeccionado…

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  2. Sí, sí. yo estoy de acuerdo. Pero hay 11 millones de personas que votaron a La Ceja. Así que hay, como mínimo, 11 millones a los que les parece muy bien lo que está pasandoPara mí esto es tan preocupante como pensar en quienes gobiernan.11 millones. con todo lo que eso implica…Y para colmo, el código de verificación de mi comentario termina en «zp». Hay que j….

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