Éramos (y II)


No menos interesante es pasar por el via crucis administrativo. Las colas de la prestación por desempleo, los cursos de formación (que con suerte te forman (¿?), pero no te sirven para encontrar empleo porque ya tienes una edad)… El punto surrealista lo pone el hecho de que una soleada mañana, tras cuatro años de desempleo, recibes una llamada del Ayuntamiento.

–Buenos días, le llamamos del Servicio Ocupacional del Ayuntamiento. Hemos estado revisando nuestras bases de datos acerca de nuestros parados de larga duración y nos hemos decidido a convocarlos a todos.

–Ah, muy bien. ¿Y eso para qué es? ¿Es para un trabajo?

–No, no, señor/a. Es para un cursillo.

–Ah… ¿De ofimática?

–Pues… no. Se trata de un cursillo sobre cómo buscar trabajo.

Si es la primera vez que te ocurre, te quedas como si te hubieran propinado un gancho de izquierda en pleno mentón.

–¿Oiga? –dice la señorita–.

–Eeeeeeh… sí, sigo al aparato –logras articular cuando ya te has recuperado de la impresión–.

–Bueno, pues queda usted citado/a a las 12 de la mañana aquí mismo, en el Servicio Ocupacional del Ayuntamiento.

–Pero oiga, ¿en qué va a consistir ese cursillo?

–No se preocupe, el día de inicio del cursillo ya le informarán. Ah, y no se olvide de traer un currículum.

–Oiga, que ustedes ya lo tienen. Lo presenté hace…

–Es lo mismo. Vuelva a traerlo y así le servirá de práctica.

–Vale, muchas gracias.

–Buenos días.

Clic. Y tú te quedas pensando: «Seguro que esa tipa hizo el dichoso cursillo en el despacho de su jefe actual y de rodillas».

El día señalado te presentas allí, con tus mejores trapos o pinturas de guerra si eres señora. Saludas, te sientas y empiezas a oír un repertorio de perogrulladas, en las que de cuando en cuando se intercala alguna sandez para no dormir al personal. Pero eres educado y no protestas porque te hayan hecho perder dos horas para nada práctico. Piensas: «Sigo siendo invisible». Invisible-invisible-invisible. Como si hubieras caído en una cárcel de una república bananera.

La segunda vez que te llaman, si es que hay una segunda vez, ya vas con la escopeta cargada. «Oye, ¿qué sindicato te paga para que nos des la charlita?» (a la conferenciante). «Oye, ¿qué relación tienes con el Alcalde?» (a la secretaria que te llamó para invitarte a la charlita). En este último caso es probable que la respuesta sea:

  1. “No te importa” (tiene una relación con el Alcalde que la mujer de éste no conoce).
  2. “Es mi tío” (o mi padre, o un amigo de él; todo queda en familia).

Y es que asistir a ese tipo de cosas no asegura que te llamen para un cursillo, de la misma forma que hacer un cursillo no te asegura que te llamen del INEM para un trabajo. Sabes que un montón de extranjeros, por pertenecer a colectivos desfavorecidos, te pasará delante. Y piensas: «¡Pero coño! ¡Si al final el “colectivo desfavorecido” somos los españoles!». Y empiezas a decir: «¡Los españoles primero!». Es políticamente incorrecto; pero tú no eres racista y además, tienes tanto derecho a trabajar como cualquier hijo de vecino. Y te da igual que te llamen «facha» o «nazi». Los españoles primero. Y luego ya veremos si hay sitio para más.

Esto antes no pasaba. Pero también es políticamente incorrecto decirlo. Y en una fecha como hoy, aún más.

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