Infumable


Soy lector de la Gaceta y por lo general tengo poco que objetar a los contenidos de ese diario. Algunas veces determinadas opiniones me rechinan; pero en fin, digamos que dado que se expresan con respeto, entran dentro del ejercicio de la libertad de expresión, tal vez limitado únicamente por el respeto a la verdad de las cosas.

Sin embargo, hoy me he topado con una pieza de D. Antonio San José, periodista del Régimen a quien la Gaceta, haciendo gala de liberalismo (nada cavernario, les guste o no a los ferraztrolls), le ha cedido un espacio para que exprese sus opiniones respecto de los asuntos que él tenga a bien comentar. Y la pieza con la que hoy me topo es, como poco, indignante. Lean ustedes (se lo transcribo porque la edición online de la Gaceta debería traerlo y no lo trae) y entenderán por qué me indigno:

«En su concepción de buen ex presidente está la posibilidad de aportar su experiencia de estos años y sus contactos internacionales en la resolución de problemas que pueden afectar a España en un futuro. Se trata de una causa noble, en línea con lo que se hace en otros países, donde acuden antiguos mandatarios demócratas o republicanos a la llamada del presidente cuando se trata de defender los supremos intereses de la nación.

»Es una lástima que la política cainita que se practica por estos lares no permita que ocurra algo similar. En un ambiente de odios africanos y descalificaciones urbi et orbi del contrario, resulta imposible algo que resulta deseable y que debería ser obligatorio. No es de recibo que José María Aznar aproveche cualquier tribuna que se le ponga por delante para criticar sin tasa al Gobierno de su país y a su presidente.«

»La falta de lealtad y de patriotismo que ello comporta llega incluso hasta a poner en duda la solvencia económica de España sin reparar en el grave daño que ello puede originar. No sabemos qué papel jugará Zapatero en su vida después de La Moncloa, pero lo que resulta evidente es que Aznar no puede ser calificado como un buen ex presidente Un poco de patriotismo positivo sí le haría falta, sin duda».

En estos tres párrafos el señor San José destila el veneno habitual marca Ferraz. Destila veneno contra Aznar, que pese a no ser gran cosa en la política española del momento, sigue ocupando un lugar de honor entre las bêtes noires de la izquierda. Puesto ocupado no tanto por méritos objetivos cuanto por las convicciones ideológicas subjetivas de quienes le colocan en ese lugar de honor.

El segundo párrafo tampoco tiene desperdicio. Habla de «política cainita» y de «odios africanos». Al señor San José se le olvida que ha sido la izquierda la que mayormente ha destapado la caja de los truenos (con la pasividad y acollonamiento cómplices de alguna derecha). Primero, arrogándose una hiperlegitimidad cuyo fundamento es desconocido, aparte, naturalmente, de su propio engolamiento y autoconfianza. Algo al estilo de «Soy más legítimo que tú porque lo digo yo». Y apuntalando dicha afirmación con leyes nefastas como la de Desmemoria Histórica, que para lo único que ha servido es para acollonar a los discrepantes con la doctrina zapatera, para dar dinero a quienes de otra manera (más honrada) no lo podrían conseguir y para despertar otra vez el fantasma de las «dos Españas». Y segundo, aplicando al toro español series continuas de banderillas, sin descanso, para someterlo.

Y finalmente, el primer párrafo movería a la risa si no fuera porque nos afecta a todos y de forma grave. ¿Me quiere usted decir, D. Antonio, a qué «contactos internacionales» y «experiencia» se refiere usted? Porque me imagino que no se referirá a los contactos europeos, los mismos que toleran (en realidad, piensan que es un patán necesario) que salga en la foto y que le muestran su desprecio dejándolo solo a la primera ocasión (como en la cumbre húngara de 2008). En cuanto a las «experiencias» tampoco creo que se refiera usted a la Alianza de So-Mamones, un engendro carísimo y cuyo mayor logro es que tanto quienes se sientan a nuestra mesa como los que no nos tomen por el pito del sereno. Sin olvidar que nuestro inefable no ha tenido empacho en sentarse en la misma mesa (o en aplaudirles con las orejas) con los peores dictadores vivos de nuestro entorno: desde los Castro, pasando por Chávez, Evo Morales, Rafael Correa, Ahmadineyad… y sí, también Gaddafi.

En suma: para D. Antonio lo «patriótico» es callarse ante un presidente del que no se sabe todavía cómo llegó a la Moncloa, que «nos ha devuelto al corazón de Europa» por vía rectal, que está dejando nuestra economía a niveles peores que los de 1996 y que ha tensado la cuerda de la cohesión nacional hasta límites inconcebibles hace apenas 10 años. Pues mire, D. Antonio: por más que yo tenga algunas cosas en contra de José María Aznar, ante un panorama semejante creo que está en su derecho de criticar a ZP lo mismo dentro que fuera de su país. Y que lo patriótico es elevar la voz.

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