Garzón garzonado


Tras la expectación producida por el procesamiento y posterior primera condena de Baltasar Garzón, sólo nos queda decir que «ha funcionado el Estado de Derecho». Y por una vez, además, correctamente. De ello da fe el que en el grupo de los siete jueces que examinaron el caso de las escuchas del Gürtel no hubiese una sola fisura. Por unanimidad (que no «una nimiedad», como hizo notar el gran Javier Quero), Garzón fue condenado por prevaricar («dictar una resolución injusta a sabiendas»). Los 11 años de inhabilitación especial que le han caído suponen la práctica expulsión de la carrera judicial, que al parecer se hará efectiva en una fecha tan emblemática como el 23-F.

Hemos oído el griterío mediático político de algunos que han llegado hasta a insultar al Alto Tribunal llamándolo «fascista» y otras lindezas impensables en gente formada y civilizada. También hemos oído argumentos del tipo: «¿Cómo se atreven a condenarle después de todo lo que ha hecho en materia antiterrorista?». De los primeros no diremos nada porque no merecen comentario alguno en sí mismos.

De los segundos, creo que cabe entenderlo de la siguiente manera: ¿verdad que un conductor no se libraría de la correspondiente multa por infracción alegando que anteriormente «siempre había conducido muy bien y que nunca había cometido una infracción? Pues aquí es exactamente lo mismo. Que por otra parte, tampoco eso sería del todo cierto. De las instrucciones garzonitas no se han oído comentarios muy piadosos: parece ser que no era muy cuidadoso y que sus actuaciones bordeaban, sin traspasarla, la línea de la ilegalidad. Y que en no pocos casos y debido a esas instrucciones defectuosas algunos criminales pudieron salir libres.

La ley no se aplica según de quién se trate o cuando la jugada lo aconseje, que decía el ínclito kamarada Bermejinski. Se aplica cuando se produce un hecho relevante para ésta. Garzón incurrió en el tipo penal del 446 CP por haberse saltado a la torera el art. 51.2 de la Ley Orgánica Penitenciaria, que dice así:

Las comunicaciones de los internos con el abogado defensor o con el abogado expresamente llamado en relación con asuntos penales y con los procuradores que lo representen, se celebrarán en departamentos apropiados y no podrán ser suspendidas o intervenidas salvo por orden de la autoridad judicial y en los supuestos de terrorismo.

La sentencia es impecable desde el punto de vista jurídico. Estamos acostumbrados a que determinados personajes, por mor de su consideración, poder o dinero, o los tres, se vayan de rositas ante los Tribunales; así que sorprende agradablemente que por una vez los magistrados del Alto Tribunal se hayan dejado de puñetas y hayan aplicado la Ley sin más.

Otra cosa distinta es ver cómo ha salido la izquierda como un solo hombre (en realidad, como varios cientos de hombres) a defender al ya ex-juez. Uno se pregunta, como Mou, «¿por qué? ¿Por qué?». En mi modesta opinión, que Llamazares, que tiene su porvenir resuelto, o Cayo Lara, que probablemente también, saliesen a defender a Garzón, puede obedecer a lo siguiente:

  1. han hecho el trabajo sucio del PSOE, que enfangado como estaba con su congreso sevillano apenas se ha manchado las manos. Las palabras de Carmen de España (creo que ahora volverá a ser Carmeta de Catalunya) o las de Freddy Rubalkrueger han sido tibias en comparación con los improperios del rojerío auténtico.

     

  2. defienden a Garzón no tanto por el caso de las escuchas o el caso Queridoemilio, que a ellos de hecho ni les va ni les viene, sino por el caso de las fosas del franquismo, que ése sí les toca de cerca y no precisamente los muertos. Desautorizar a Garzón en este caso supondría, ante la opinión pública, deslegitimar de facto la Ley de Memoria Histórica, de la cual derivan apetitosas subvenciones para determinados oenejetas, colocados siempre a la izquierda del espectro. Y por supuesto, pondría en evidencia el propósito ideológico de la infame Ley, a saber, la eliminación (a Dios gracias, no física todavía, sino sólo civil) de los discrepantes contra la interpretación progre de la historia española de los últimos 75 años.

     

Habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos, pues la conjunción planetaria de causas penales contra Garzón está a punto de estallarle en la cara (que hubiera dicho la Pajina)…

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