Todo mentira(s)


Hace apenas tres meses que perdieron las elecciones –pues no las ganó Rajoy, sino que las perdió Rubalcaba– y tras decidirse en una larga noche de los cuchillos largos quién sería el jefe del cotarro socialista, en la que triunfó la experiencia de RbCb frente a la bisoñez de Carmen de España, la pesoe vuelve a estar en pie de guerra. Sin embargo, la pesoe no tiene prácticamente ningún campo donde guerrear con cierta elegancia. Toda España, desde el 22 de mayo, se ha vuelto de color azul a la espera de lo que ocurra en Andalucía, donde también hay altas probabilidades de que el granero socialista de toa la vía cambie igualmente de color. Además, los hechos persiguen a la actual directiva socialista como las Furias perseguían a Orestes tras matar éste a su madre, Clitemnestra: en las Cortes y en los Parlamentos autonómicos les cierran la boca una y otra vez, a pesar de que ellos intentan colar su demagogia.

El único sitio donde no les cierran la boca es… en la calle. En la puta calle, siguiendo los modos y maneras del sindicalista «golden» José Ricardo Martínez, la suciedad de cuyo lenguaje es directamente proporcional a su cinismo («a mí la declaración de la renta me la hacen los técnicos del Sindicato»). Ahora, a los dirigentes socialistas (y a sus palmeros) se les llena la boca con el derecho de manifestación y reunión, del art. 21 de la Constitución. Oyéndoles hablar, no parece sino que ese derecho lo inventaron ellos. Sin embargo, parece que pasan por alto el hecho de que las reuniones y manifestaciones han de ser pacíficas. ¿Qué culpa tiene el mobiliario urbano de que «los socialistas» decidan manifestarse? ¿O los comercios por donde pasa esa manifestación? Pero nanay. Semos socialistas y las leyes que tratan de impedirnos hacer lo que nos dé la gana nos las pasamos por el forro.

Pero hay un detalle inquietante más. En un país más o menos decente (me da que al 100% no hay ninguno), se permite el derecho de manifestación y reunión, con el límite del mantenimiento del orden público y el respeto a la propiedad privada. Y en el caso de que se intenten traspasar esos límites, las fuerzas y cuerpos de seguridad actúan para restablecerlo. Lo hacen porque están legalmente habilitados para ello (en España, por el art. 104 de la Constitución y la Ley Orgánica que lo desarrolla). Y lo hacen con contundencia si el restablecimiento de la seguridad y el orden público así lo demandan.

Sin embargo, España, mi país, debe de ser el único en que el restablecimiento de la seguridad y el orden en los espacios públicos, función normal de las fuerzas del orden, es considerado por parte significativa de la prensa como brutalidad policial. España, mi país, debe de ser el único en que una parte significativa de la prensa se dedica a jalear a los gamberros (pues no tienen otro nombre) simplemente porque le hacen la puñeta al Gobierno con unas reivindicaciones de mentirijillas.

España, mi país, debe de ser el único en que al cabecilla de la asonada (porque ni «manifestación», ni leches en vinagre) le invitan a visitar la Asamblea Legislativa de la Comunidad, cuando lo que se merece es dos sopapos bien dados por gamberro. Bien es verdad que a veces las Asambleas Legislativas parecen cervecerías llenas de marineros borrachos y con ganas de juerga; pero no creo que haya descendido tanto el nivel como para poner alfombra roja al proyecto de señorito rojo. demostrando el PSPV exceso de alarde y defecto absoluto de arte.

España, mi país, en fin, debe de ser el único en que las fuerzas del orden deben soportar toda clase de insultos y vejaciones por parte de unos niñatos descerebrados a los que sus irresponsables profesores han dado fiesta para que se «manifiesten contra la derecha». Desde este mi pequeño rincón, mi solidaridad con ellos y en especial con el policía al que un «manifestante» (que por no hacer no hacía ya ni la mili) mordió en un muslo. A los políticos de todos los colores, en estos casos, no les importa más que una cosa: «que no haya incidentes graves». Quiere decirse que no haya bajas entre los manifestantes; los policías heridos no importan, pues están para eso. Creerán los políticos que un policía (o miembro de las FCSE) es una farola en la que un perro (antisistema) puede levantar la pata y mearse impunemente. Pero es lógico: ellos no se ponen nunca en el lugar del policía que está intentando contener la jauría y que tiene que soportar toda clase de expresiones soeces y agresiones.

¿El resumen? Tanto en Valencia como en Barcelona, unas asonadas que ante todo han servido para dar visibilidad a la extrema izquierda. Porque a determinada altura de la película ya no importaba que se hubiera descubierto el engaño, a saber, que en el IES Lluís Vives no faltaba la calefacción. Los grupos antisistema se habían posesionado de la (falsa) reivindicación y ya no hacía falta ninguna otra excusa para crear follón.

Por otra parte, el éxito de la acción está asegurado si se tiene un altavoz y se utiliza bien. Internet jugó un papel fundamental en la difusión de fotografías trucadas en las que, como en el famoso chiste de la vaca «nada es lo que parece». Seguro que más allá de las Batuecas, quienes vieran esas fotos (periodistas incluso, avezados ya en el tratamiento de la información). Como decíamos antes, bien jaleadas las fotos de los radicales antisistema de (no lo olvidemos) la extrema izquierda por cierta prensa con presencia internacional, ayudan a dar la imagen de un país revuelto, sacudido por la inestabilidad social. Como todos sabemos de qué prensa se trata, haremos memoria: ¿con qué cara (de cemento armado) se atrevían, hace algo más de un año, a señalar a Aznar y venir a decir que «por patriotismo debía callarse, para no perjudicar la imagen del país»?

Ya lo dijo Carlos Semprún: «Si la izquierda dijera la verdad, dejaría de existir». Y Rubalcaba debería mirar con qué rebaño se mezcla. Puede salir corneado, como le acaba de ocurrir en Madrid: Invictus es perfectamente inofensivo contra Esperanza Aguirre… pero al nuevo secretario general de la pesoe le ha dado un buen repaso. Eso sí: miente, que algo queda. En eso la pesoe nunca ha defraudado.

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