Profecía autocumplida


Créame ustedes que asombrado me he quedado del impacto que ha tenido la Carta de un policía a determinados medios de comunicación. Tuve que cerrar comentarios porque más de uno empezaba a desbarrar y a irse por los cerros de Úbeda (por el mal camino, dicho sea para entendernos). Pero la entrada sigue viva en Twitter, lo que significa que al recoger esas palabras toqué un punto importante (o un callo) en muchas personas. De hecho, algunos intentan seguir desbarrando… pero eso ya es otra historia.

Hoy, más de una semana después de los hechos del sábado 22 de marzo, hay la suficiente calma como para tener un poco de perspectiva sobre lo que ocurrió. Así que vamos al tajo… o a la chapa, que ha dicho algún «ilustre comentarista» aparecido últimamente por este blog mío y de ustedes.

El comienzo

No ha muchos días me quedé con un dato que dieron en la radio: los ciudadanos madrileños han tenido que soportar la friolera de 8.000 manifestaciones en los dos años que llevamos de gobierno del PP. Madrid entero se ha convertido en el manifiestódromo batueco por excelencia. La razón es, según entiendo, bastante simple: si ustedes montan una manifestación en contra del Gobierno en, pongamos, la noble ciudad de Teruel, lo más probable es que quienes se enteren sean los turolenses en particular y los maños en general, por aquello de que en Aragón hay televisión autonómica… y nadie más. En cambio, si ustedes pretenden que esa manifestación sea, como mínimo, conocida, ustedes la organizarán en la Villa y Corte, sin más fundamento que el art. 21 de la Constitución: «Nosotros nos manifestamos en donde nos sale de…» bueno, de ahí.

Los convocantes

Solamente leer la lista de convocantes ponía los pelos de punta. Aparte de los sindicatos-correa (UGT y CC.OO.) formaban la lista «organizaciones» que probablemente las conocían en su casa a la hora de comer. Y algunas otras (CNT o FAI), que sólo por la historia conocemos y eran minoritarias, aprovecharon la oportunidad de apuntarse al bombardeo. En fin, todo un totum revolutum conectado directa o indirectamente a la izquierda radical. Nada de socialismo «moderado» o «socialdemocracia sueca». Personas y «colectivos» dispuestos a la «lucha anticapitalista» y otras zarandajas, desmontadas en la entrada que compartimos con ustedes de «Venezuela en Europa». Pobre andamiaje ideológico para una protesta de tales dimensiones como se pretendió.

El desarrollo

Tiene un aire conocido. La manifestación se desarrolló sin incidentes en principio y por el cauce democrático establecido por la ley. Analizado su «manifiesto» queda claro que no tenían razón; pero el art. 21 de la Constitución les permite salir a la calle a «protestar». Hasta aquí nada anormal. El problema es que esta clase de manifestaciones están, como la Galia, omnia divissae in partes tres:

a) El grueso de la manifestación, formado –éste sí– por personas pacíficas que creían en la proclamación pacífica de sus protestas. A la postre, el grupo de tontos útiles del leninismo de toda la vida. El detalle: banderas de la II República y soviéticas (pásmense ustedes), enarboladas por imberbes que poco o nada saben de la dictadura establecida en el «Imperio soviético».

b) Los llamados violentos. Por lo visto, en los medios «oficiales» se resisten a llamarlos «radicales de extrema izquierda», como si ésta no existiera. Aunque también corre por ahí la especie de que son salvajes de importación, concretamente de la mara Salvatrucha 13. Aceptando esa tesis, habría que aceptar que alguien les contrató (¿quién?), por un precio que podría llegar hasta los 500 euros por barba más el paso por aduanas sin problemas. Con una particularidad: quienes agredieron a la Policía no eran unos novatos, sino personas expertas en lucha callejera y que hubieran debido ser recibidos como merecían por aquélla.

c) Finalmente, la retaguardia de apoyo, formada por esa superestructura irresponsable y codiciosa, que calla (PSOE), que matiza (Jueces por la ¿Democracia?, correa judicial del PSOE) o que se lanza a la piscina del apoyo incondicional (IU), comprensible dada la filiación de la mayoría de los convocantes. Estomagantes han sido las declaraciones de Lara y Llamazares, pretendiendo convertir el vandalismo del sábado 22 de marzo en un nuevo «Año 1905».

El balance

Pasados bastantes días desde esos hechos, ¿qué es lo que queda? Nacht und Nebel. Ahora nadie se acuerda muy bien de lo que ha pasado, porque todos los días hay que responder a miles de estímulos provenientes de la caja tonta, de la radio… Estamos rodeados y preservar la memoria es hoy un ejercicio heroico entre tantas toneladas de información inútil y por lo tanto prescindible.

Por mi parte, les diré algo que sí queda:

a) Los 67 policías heridos. Ahora parece que nadie quiere saber nada de ellos, pero existe la sospecha de que la consigna entre los radicales de extrema izquierda, los que lanzaron adoquines, era la de «caza al policía». Buscaban un muerto de uniforme y, al decir de las noticias, casi lo consiguen. No menos terrible es ese «¡Dejadlos morir!» que algunos indignados profirieron contra el SAMUR para que éste no atendiera a los policías heridos.

No menos importante por lamentable fue la falta de coordinación entre los mandos policiales. Parece ser que alguien (todavía no se sabe «quién») dio la orden de «máxima contención», de forma que los policías se enfrentaron a unos salvajes, importados o indígenas, con poco más armamento que su honor y su dignidad profesional, con el consiguiente peligro para su integridad física. Por el momento, parece que al menos un mando de la UIP tiene que enfrentar una querella por obedecer esa orden, que, como decimos, dejó indefensa a la Policía. Policía cuya misión, no lo olvidemos, es el mantenimiento de la seguridad ciudadana.

B) Los destrozos, que se han calculado por valor de más de 600.000 euros. Como dirían los relamidos, de más de 100 millones de las antiguas pesetas. La culpa sigue siendo muy negra y nadie la quiere; pero alguien tendrá que hacer frente a esos gastos. ¿Acaso eran las sillas del Café Gijón y de otros establecimientos afectados unos elementos antirrevolucionarios que había que combatir? Permítanme sugerir que el montante de esos destrozos se cargue a los organizadores de la manifestación, pues debían ser ellos los responsables de todo lo que ocurra en su manifestación. De otro modo ya sabemos lo que ocurrirá: como nadie va a hacerse responsable de los destrozos, el Estado en la persona jurídica del Ayuntamiento de Madrid será responsable subsidiario. Pagará las correspondientes indemnizaciones… y recuperará el importe vía impuestos. Pero claro: a muchos participantes eso no les importa porque «no son de Madrid» y, por tanto no es a ellos a quienes les van a aumentar los impuestos.

El pronóstico

Visto el éxito del modelo de «manifestación-que-al-final-se-tuerce», ensayado con éxito en algunas «huelgas cabo», el 15-M y Gamonal, es fácil pronosticar que dicho modelo se repetirá, ya sea en Madrid o en otras ciudades donde interese. Esperamos que, si así ocurre, la Policía reciba las órdenes y el material adecuados, así como que se disponga de los medios personales para proteger el derecho de las personas que no participan en esas manifestaciones. Nuestro apoyo, por tanto, a la labor de las FCSE frente a aquellos que quieren subvertir el orden público, tanto desde dentro como desde fuera. Y sobre todo, frente a aquellos a quienes no se les cae de la boca el «estallido social» mientras hacen todo lo posible por que éste se produzca. Que no es otra cosa que la profecía autocumplida de la que les hablaba en el título de esta entrada.

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