Concatenación (IV)

Mingorrubio, ese lugar

Y llegamos a uno de los puntos fundamentales del plan de Sánchezstein. Antes de que a él se le ocurriera la genial idea, gentuza como el Tardà o el Rufián –dejo a ustedes los correspondientes chistes fáciles– ya habían propuesto algo en ese sentido. Pero ahí quedó la cosa, estado de la cuestión reflejado por esta entrada. El hecho es que da igual lo que quieran proponer: sabemos ya que lo que quieren es dinamitar el Valle, de forma figurada o literal (a los socialistas, más comedidos, les basta con lo figurado; al resto, más salvaje, les va lo literal).

Por de pronto –y es algo que anunciamos–, el primer paso era sacar a Franco del Valle. Tuvo que ser la Sala III de lo Tendencioso-Administrativo del Tribunal Supremo (que dice algún radiofonista y esta vez con razón), sólo porque un simple Juzgado se oponía a ello. Había que sacar la artillería; ¿y para qué están los jueces? Para servir al Gobierno en las cuestiones importantes, faltaría más, pues de él depende que los jueces, a través del hipercontrolado CGPJ, asciendan de categoría o se queden donde están. Lo hemos visto con la sentencia del procés, que es una sentencia «en falso» y, tal vez, si alguien puede y quiere denunciarlo, una prevaricación («chorizada», en castizo). Como la resolución de esa Sala Tercera del Alto Tribunal, otra «chorizada» para agradar al Gobierno. Lo cual nos obliga a distinguir entre verdaderos jueces y «lacayos con puñetas».

Tenemos una segunda «prevaricación», no sé si de relevancia penal, pero sí política. Muy bien, se saca a Franco del Valle. ¿La familia puede decir algo? No. Parece ser que la familia Franco posee una cripta en la Catedral de la Almudena… pero el Gobierno les negó ese derecho, a través de la correspondiente indicación al Alto Tribunal. ¿Esto ocurre en China, en Corea del Norte, en la URSS o en la DDR? No; ocurre en España. Usted, señor, no puede enterrar a su difunto donde usted quiera con independencia de la relevancia histórica de su difunto. Se debe un respeto a los muertos y es mejor que descansen en paz. Principio básico que Sánchezstein se ha pasado por el forro de su enorme entrepierna y tarde o temprano le va a costar caro.

Uno tiene ese dejà vu y piensa en el gilipollas malvado de Largo Caballero, el Lenin español (por cierto: ¿dónde está esa tan cacareada «extrema derecha» que ni derriba ni pintarrajea siquiera la estatua en Nuevos Ministerios de ese personaje siniestro?) cuando dijo aquello de “Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos” (El Liberal, de Bilbao, 20 de enero de 1936). Y ahí tienes a Sánchezstein diciendo: «Dije que lo sacaría del Valle y, ¡hala!, lo he sacao».

De aquí surgen dos cuestiones. La primera: ¿para quién se montó ese espectáculo de luz y sonido? No para los familiares, a los que hasta requisaron los móviles. No para los «nostálgicos», que son cuatro, están mayores y apenas hacen ruido; y que, por si fuera poco, se montó un cordón policial para que no pudieran estorbar el espectáculo. De aquí sacamos una segunda mentira, la de Carmen la de Cabra: que «no habría publicidad» (se acreditaron unos quinientos medios, entre nacionales e internacionales») y que incluso «el Parlamento europeo se había pronunciado sobre un mausoleo público» (nunca jamás dijo eso el Parlamento europeo). Es mi modesta opinión que ese espectáculo de luz y sonido se montó para que Heinrich Kissinger (no me bese, por favor, que tiene halitosis) y sus adláteres vieran que el Gobierno español (que no el pueblo español) marcha francamente por la senda del NOM. Ese espectáculo sólo podría agradar a alguien que dijo: «España, cuando es importante, es peligrosa». Como ese sujeto ya tiene 91 años, hay que suponer que agradará a la delegación regional española del mismo. Hay que destrozar España; y para ello, nada mejor que empezar por sus mitos.

Y la segunda cuestión era la siguiente: ¿hubo un ritual masónico en el re-sepelio de Franco? Voces autorizadas parecen indicar que sí lo hubo. Por eso no se quisieron cámaras ni móviles ni aparato alguno con el que se pudiera dejar constancia gráfica o auditiva de la profanación. Además, cabría suponer la finalidad de ese ritual sería algo así como la de «encadenar al monstruo», para sortear lo que algunos medios han llamado la maldición de Tut-Frankh-Amón, para que no moleste en los planes que ya llevamos un rato describiendo.

Por último, la elección del lugar de la re-inhumación. Sacado Franco del Valle, ¿a dónde lo llevamos? Hay que alejarlo de cualquier lugar católico. Lejos, por tanto de esa cruz de 120 metros que tanto ofende a los rojelios y masones patrios como a los extranjeros del Bilderberg (denominación genérica para ese grupo de personas que trata de imponer un gobierno mundial, conocido popularmente como NOM y que son de todo menos buenos). Lejos también de la cripta de la Almudena, que además de ser un «lugar católico» está en pleno centro de Madrid: arreciarían las «peregrinaciones» cada 20-N y eso no se puede permitir. Escogieron un lugar llamado Mingorrubio, del que no conocíamos su existencia hasta que el Gobierno decidió que allí se volvería a inhumar a Franco.

Ahora ya han dicho que quieren sacar también a José Antonio. Falta que salga algún descerebrado y diga que lo que hay que hacer con los restos mortales de ese hombre es tirarlos a una cuneta… que en realidad es lo que hacían los rojos con los que no eran afines suyos: pegarles un tiro y enterrarlos en una cuneta. Supongo que los abuelos de estos rojelios, que mayoritariamente pertenecieron al bando nacional, se revolverán en sus tumbas que nunca nadie va a profanar.

De las consecuencias –terribles– de todo eso hablaremos en una próxima entrada. Lo que esperamos es que, como ni este Gobierno ni el Bilderberg van a durar para siempre, venga alguien que en España vuelva a poner las cosas en su sitio. Y bueno, lo que van a conseguir es que tarde o temprano se vuelva a poner esto de moda:

Concatenación (I)

Como hace muchos días que no damos señales de vida, creo que es llegado el momento de decir alguna cosa personal sobre los acontecimientos de las últimas semanas. Al tomar una cierta distancia, es posible ver una concatenación de hechos. O por lo menos, yo la veo así. Concatenación de hechos cuyo hilo conductor son las famosas encuestas, ya sean las publicadas o esos «trackings internos» de los que los comunicadores hablan como si fueran poco menos que secretos de Estado. Vamos a verlo como lo que realmente ha sido: una gran obra de teatro…

Prólogo: los trackings

Es una pena que la RAE no tenga capacidad de poner multas lingüísticas, como la Generalitat de Cataluña. Y también una suerte: si la RAE pudiera imponer multas a los periodistas y los políticos cada vez que usan una palabra extranjera que tiene correlato español, se pondrían las botas. En una próxima entrada hablaremos de diversas gilipolleces lingüísticas que la RAE se ha comido sin pestañear relativas al «español urgente». Por el momento, detengámonos en la palabra tracking. Lógicamente, en el mundo anglosajón «el conceto es el conceto» y a la lengua inglesa no le viene mal el uso de esa palabra. En las Batuecas, sin embargo, tenemos la palabra sondeo y no necesitamos préstamos de lenguas extranjeras, gracias. Parece ser que el uso de una palabra extranjera convierte a quien lo hace en alguien «menos pueblerino» (los complejos de siempre) y más… ¿inteligente? Hemos de precisar, no obstante, que llamar «sondeo» a lo que hace el Señor Tenazas es una broma de mal gusto, siquiera sea porque a los españolitos nos cuesta un pastón.

Dicho esto, vamos al lío. En Moncloa los sondeos internos son menos favorables que las encuestas publicadas en agosto y septiembre. «¡Hay que hacer algo!», truenan todos. No es que estén preocupados por la situación del país, ni mucho menos: les preocupa que, si las malas perspectivas se cumplen, los «puestos de salir» se reducen y, claro, ellos podrían quedarse fuera. Entonces Sánchezstein, que se cree una especie de «Vickie el vikingo» de dos metros de altura, piensa un momento. Se masca la tensión en el ambiente. De pronto, recibe una revelación, hace chasquear los dedos y dice: «¡Tengo un plan!». Más o menos así:

Los otros no saben si respirar aliviados o echarse a temblar. Al final uno de ellos, como en La muerte de Stalin, se atreve a preguntar, con voz temblorosa: «¿Y… y qué plan es ése?». «Bueno», contesta el interpelado. «Es un plan en varias fases, que considero que activará el voto desengañado de la izquierda y…». Los demás empiezan a pensar: «Ya se pone ampuloso…». «Es bueno, ya lo veréis», les asegura. Ábalos, que ya conoce las genialidades de su jefe, le mira de través como diciendo: «Ya veremos…». Isabel Celaá, la portavoza, suelta a media voz: «Con tal que no salga alguien del ABC, de El Mundo o de Libertad Digital denunciándote por plagio…». «Nah, eso no va a ocurrir. Es totalmente mío», dice el presidente, envalentonado y mirando directamente a Iván Redondo. «Veréis…»

Gilipollas (IV)

Pero donde últimamente resplandece la gilipollez es en situaciones de amplio espectro: es decir, allí donde más de mil personas a la vez pueden llegar a la conclusión que el individuo o individua es un o una gilipollas. A esta categoría yo los llamaría gilipollas egregios porque, además, se les puede citar con nombre y apellidos y todo lo que sale de su boca tiene una repercusión inmediata.

Quería mencionar a dos de ellos porque, aunque quizá haya pasado algún tiempo (por lo visto, hoy en día «un mes» ya es mucho tiempo en redes sociales), las suyas son gilipolleces dignas de mención. El primero es éste:

Por si alguien no se acuerda, este señor es Alberto Garzón, el apparatchik (por lo visto más chik que apparat) de Izquierda Hundida, a la que el todavía partido Pudimos-y-la-jodimos pagó las deudas y absorbió. Y le nombramos gilipollas egregio porque, con toda la información que corre sobre la verdad del sistema comunista (fijo que no se ha leído las setecientas y pico páginas de Federico, que había sido comunista y que, al conocerlos bien, cuenta con pelos y señales esas verdades comunistas), el tío sigue defendiendo.

Claro. A este gilipollas le hablas del disparador automático inventado por Egon Krenz y te dirá que no sabe de qué le hablas. Le hablas de las cartillas de racionamiento de la DDR o de los quince años que le costaba a un proletario hacerse con un Trabant, el orgullo de la automoción comunista, y te dirá que no sabe de qué le hablas. Le hablas de las juergas que se corría el hoy zar de todas las Rusias, el ínclito Vladímir Vladimírovich, con los jóvenes Vopos y te dirá que no sabe de qué le hablas. Le hablas de la ingeniería social y de la represión política en la DDR y te dirá que no sabe de qué le hablas. Y bueno, es un gilipollas que además pretende tomarnos por gilipollas a los demás: para ser un comunista en un país «democrático» como el nuestro, no le importa ser millonario, como toda la caterva de la Sexta. Entre la Thermomix de 1.000 euros (de la RFA, supongo) y el bodorrio riojano y el viaje de novios neozelandés, como cualquier proletario, la propaganda ¿comunista? te la haces tú solo, majo. Y es que un servidor no soporta a los ricachos que quieren venderte la moto de la sencillez.

Otra cacicada más

La otra pifia de la que les quería hablar y que los plumillas y loros radiofónicos parecen ignorar (en esto, extrañamente, algunos se han vuelto radio-afónicos) es la que se ha plasmado en el Real Decreto Ley 9/2018, de «medidas urgentes» contra la violencia de género. Dejando aparte la quincalla ideológica feminazi que luce esplendorosa en su Exposición de Motivos, ¿subyace una «extraordinaria y urgente necesidad», como exige el art. 86 CE? Desde luego. Pero no para el pueblo, precisamente. La prisa, en realidad, es la de los ingenieros sociales, que quieren cabrear aún más el ambiente. Todo ayuda a aumentar la presión en la olla y a disminuir lo que Pío Moa denomina en alguno de sus libros «índice de salud social», o quizá menos formalmente, diríamos «paz social», que es lo suyo en el comunismo. En el comunismo todo el mundo está en guerra con todo el mundo; y es a eso a lo que se quiere llegar para evitar que el pueblo, hoy degradado a «la gente», se una contra los que manejan el cotarro y cortan el bacalao.

Pero «vamos al dato» interesante. De la lectura del Art. Único 2.2 de esa norma se desprende que, a partir de ahora, la acreditación de situaciones de violencia de género no lo será únicamente por sentencia judicial y, excepcionalmente, por informe del Ministerio Fiscal, como rezaba antes el art. 25 LIVG. Hoy tenemos lo siguiente:

una sentencia condenatoria por un delito de violencia de género, una orden de protección o cualquier otra resolución judicial que acuerde una medida cautelar a favor de la víctima,

o bien por el informe del Ministerio Fiscal que indique la existencia de indicios de que la demandante es víctima de violencia de género.

Primer problema: ¿cualquier resolución judicial? ¿Un Juez puede, por providencia o auto, determinar que existe situación de violencia de género y retirar la patria potestad, con las consecuencias que ello acarrea en materia de relaciones paterno-filiales? Pero sigamos, que la cacicada es mayor aún:

También podrán acreditarse las situaciones de violencia de género:

mediante informe de los servicios sociales, de los servicios especializados, o de los servicios de acogida destinados a víctimas de violencia de género de la Administración Pública competente;

o por cualquier otro título, siempre que ello esté previsto en las disposiciones normativas de carácter sectorial que regulen el acceso a cada uno de los derechos y recursos.

Dicho de otro modo: bajo el paraguas de esta norma, ahora hasta un funcionario (o funcionaria, no vayan a cabrearse las feminazis) del Ministerio de Agricultura –supongo que acogiéndose al axioma general de «todos los hombres son unos cerdos machistas»– podría acreditar una situación de «violencia de género». El segundo inciso aleja dicha decisión por completo del control judicial, que no es menos grave en tanto que significa que a un hombre –nunca a una mujer: detalle– se le puede privar de patria potestad sin el más mínimo control judicial de forma inmediata, con independencia de que de esa situación acreditada se derive un proceso judicial posterior o no.

Añadamos a esto dos detalles más. El primero, la fecha del RDL: 9 de agosto, que es el mes en que los malos gobiernos aprovechan para cometer sus fechorías legislativas. Tradición canalla iniciada en nuestra democracia –o lo que sea– por Felipe González y sus Gobiernos. Y luego, la convalidación del RDL prácticamente sin oposición política –¿dónde estaban Casado y Rivera? ¿En Valencia y Tossa de Mar, respectivamente, tostándose al sol?– y poco o casi nada de ruido en los medios. Quizá es que aquellos que podrían haber dicho algo han creído que «a ellos no les iba a afectar», ya se trate de políticos o de plumillas.

Y para que tengan ustedes el cuadro completo, añadamos la peripecia de una mujer en lucha contra los servicios «asociales», concretamente los de Protecció de Menors de la Generalitat catalana. Imagínense lo que puede resultar de la coyunda inmunda entre el incremento de atribuciones a los servicios «asociales» y el caos reinante en éstos: es decir, imposible poner orden e imposible evitar que actúen. Algo así como un cáncer en plena metástasis. Allende nuestras fronteras la cosa no está mejor: una de las palabras que a los padres y madres alemanas normales (sí, aún quedan) pone los pelos de punta es Jugendamt, organismo todopoderoso y cuasicomunista. Basta una mera denuncia para que se metan en la vida de los otros y en sus cuentas –a cuál peor de las dos cosas–. Ni siquiera hace falta que pongan micros en las casas, como hacía la vieja Stasi bajo el mando de Erich Mielke. Los propios alemanes se denuncian entre ellos. Pregunten y verán.

Lo que a algunos se les olvida decir es que con esta cacicada –y van…– los hombres quedamos un poco más desprotegidos. Algún día se escribirá la historia de cómo se pretendió acabar con el hombre como enemigo de la humanidad, como lo fueron los nazis para los judíos y los burgueses para los comunistas.

8-Milongas (y II)

La manifestación del pasado jueves, en vez de ser una huelga política (prohibida por la Ley) debió acordarse, entre otras, de las mujeres del campo, cuyo trabajo es duro y mal pagado. Otro tanto se diga de las empleadas de hogar: trabajo duro y mal pagado. Ninguna de las manifestontas se prestaría a fregar lavabos por 6 euros la hora; para algo tienen conciencia de clase… alta. Niñatas mimadas y bienpagás, que para esa tarea suelen disponer de esas empleadas de hogar, faltaría más. Hay que evitar a toda costa que se manche el traje de Versace o el bolso de Loewe. Pero parece ser que la explotación de la mujer por la mujer «no es verdadera explotación».

También hubieran debido acordarse, porque para algo ése es un Día Internacional, de las mujeres que en los países islámicos están obligadas a llevar velo bajo pena de cárcel o castigo físico. Pero a estas señoritingas de pan pringao, a estas privilegiadas, se les entiende todo. Sabemos quién está detrás de ese artilugio manifestativo. Sin los billetes del petróleo iraní y venezolano, el comunismo en su versión violácea no se hubiera comido un colín. Y da la risa, por no decir rabia, ver como esas pedorras comunistas, cuando son pilladas en un renuncio, defienden ardorosamente el hiyab, cuando no el niqab o directamente el burka.

Hubieran debido acordarse de las madres de familia numerosa: trabajo duro, sin sueldo y rara vez reconocido, ni siquiera por la propia familia. Para estas pedorras comunistas la mujer que elige tener muchos hijos, cuidarlos y educarlos no sólo no es una «verdadera mujer», sino que es poco menos que una «retrasada mental» y una «esclava del heteropatriarcado machirulo». Me ahorraré los chistes zafios porque ésa es la especialidad de otros («chúpame-la-minga-Dominga»).

De Osoro y sus lamentables declaraciones pro-huelga nos ocuparemos en otra entrada. Aquí baste terminar con el hecho de que la famosa «tolerancia comunista» se acaba a las puertas de la Iglesia. Confesiones registradas en el Ministerio de Justicia hay unas cuantas: pero pintadas sólo recibieron las católicas. Las pedorras comunistas no se atrevieron a ir a las mezquitas a dar la brasa con su manifiesto. Y tuvieron suerte de que el 8-M ha caído en jueves: si hubiera caído en viernes un servidor las hubiera invitado a pintarrajear una de las varias mezquitas que se reparten por toda la geografía española. Y sé lo que me hubieran contestado: que no, que ellas con los moros no se metían.

Habría valido más usar la efeméride para recordar que se promulgó el Estatuto de los Trabajadores (1980) y que ésa es la ley que, en democracia, rige las relaciones laborales contractuales, como antes lo fuera el Fuero del Trabajo (1938), dictado en unas circunstancias muy distintas. Pero quiá: nos quieren robar la memoria histórica de la fetén a punta de pistola y multa.

Si hubiera vivido ahora Marie Curie, les hubiera dicho algo parecido a esto: «Las únicas que berrean “cuota, cuota” son las que no valen para otra cosa». Por supuesto, la hubieran tratado de «perra fascista» y de «esclava del heteropatriarcado». Sic transit.

8-Milongas (I)

El jueves 8 de marzo se celebraba el Día de la Mujer Trabajadora. Como hombre yo no tengo nada que objetar. Acepto que las mujeres se manifiesten en defensa de una mayor igualdad allí donde sea necesario. Pero en España, donde de acuerdo con organismos oficiales ocupamos el quinto lugar del mundo en la cosa igualitaria, manifestarse por eso suena a chirigota. Por ello, quienes ese día salieron a la calle lo hicieron por motivaciones muy distintas. En el manifiesto oficial de la huelga están expuestas bien a las claras esas motivaciones, que se resumen en dos: el «capitalismo» y el «heteropatriarcado de los machirulos». Excuso comentar la indigencia intelectual de dicho manifestó, contra el que poco ha servido que otras mujeres publicaran un contra-manifiesto porque el que ha tenido prácticamente toda la atención mediática ha sido el primero.

Para desmantelar ese artilugio manifestativo, hay que empezar por decir que la historia de la defensa de los derechos de nadie por el comunismo allí donde ha mandado es cortita:

  • Si hablamos de ecología, efectivamente: muchos son sandías (verdes por fuera, rojos por dentro). Pero basta que uno les mencione el «accidente» de Chernobyl, cuyas consecuencias aún se dejan sentir, para que esos sandías se vuelvan del revés y se pongan rojos de ira.
  • Pasemos a los derechos de los homosexuales.

    • En la «culta» Europa occidental reciben todos los parabienes y los Estados suelen subvencionarlos con bonitas cantidades. Razón por la cual a los comunistas les interesa —por ahora— que empuñen la bandera de la hoz y el martillo y que, bajo su influjo, se promulguen leyes que vayan recortando el discurso público. Los consideran «avanzadilla del comunismo». Ello, no obstante, no impedirá que si algún día los comunistas llegan al poder se deshagan de ellos sin misericordia y los consideren unos degenerados burgueses o enfermos a los que naturalmente hay que encerrar.
    • Eso sin contar los campos de trabajo que construyó el hiper-venerado (y asesino comunista) Che en Cuba. En tales campos, al modo de Dachau, rezaba la inscripción «El trabajo os hará hombres». Y no sería extraño encontrar otros campos de reeducación en China o Corea del Norte.
    • Poco hay que decir de los derechos de los niños, cuando en la época de Stalin, el jefe de la NKVD, camarada Lavrenti Pávlovich Beria, era un pederasta reconocido… aunque, naturalmente, por ocupar el cargo que ocupaba, nadie podía decirlo en voz alta. Sin dejar de mencionar que, para la ortodoxia soviética, «homosexual» y «pederasta» eran lo mismo.
    • Finalmente, y en lo que importa ahora, la historia del comunismo como defensor de los derechos de la mujer es corta también. Recomiendo la lectura del libro El principio de Eva (Ediciones B), de periodista alemana Eva Herman, condenada al ostracismo por ventilar opiniones nada correctas políticamente para que ustedes se den cuenta de hasta qué punto el comunismo, sus teóricos y sus «idiotas compañeros de viaje» odian a la mujer como tal mujer (al comunismo siempre le ha encantado que le siga gente que, de tener dos dedos de frente, estaría en contra).
    • Estos son los disfraces actuales del comunismo. Habría que añadir el terrorista, pues el comunismo, cuando ha tomado el poder, ha sido por la fuerza: por las buenas jamás lo hubiera conseguido. Pero de la querencia entre el comunismo y el terrorismo, así como de la alianza entre comunismo e Islam hablaremos otro día.

Teniendo en cuenta esta exposición, ¿qué coño (nunca mejor dicho) hacían Begoña Villacís (Cs) y Andrea Mármol (PP) empotradas en ese artilugio manifestativo? Lo que les ocurrió es sencillamente lo normal: son mujeres… pero no «del Partido». Como Angela Merkel, que ahora nos hemos enterado que también fue una mujer «del Partido». Al igual que los homosexuales, que si no son «del Partido», poco menos que los del Partido les pueden ignorar, insultar y lapidar, si se tercia.

¿”Brigadas Internacionales” o la banda de Stalin?

Por su interés, reproducimos este artículo de Teresa Puerto. Original aquí.

Gracias a esa genética embustera, fabricante de MENTIRAS HISTÓRICAS, el socialismo made-in-Spain alcanza siempre el oro del medallero. Por enésima vez el odio guerracivilista de la derrotada izquierda estalinista resucita la milonga de la «rehabilitación de los derrotados de la Guerra inCivil del ´36» y el NADA DEMOCRÁTICO rector José Carrillo de la Universidad Complutense erige un monumento a los «peones estalinistas, malhechores y delincuentes» (brigadista George Orwell dixit) que:

“Ni sois la historia, ni sois la leyenda, ni sois el ejemplo histórico de la solidaridad y tampoco de la universidad de la democracia: sois el ejército de Stalin para imponer en España una DICTADURA COMUNISTA en la ÓRBITA SOVIÉTICA”.

La desclasificación de los Archivos (comunistas) de Moscú tras la perestroika, publicados por la Harvard University Press, son antídoto inagotable contra la mentira zapaterina, carrillista ¡y socialista!

Los Archivos de Moscú y los escritos del autor británico (socialista) George Orwell son dos de la mejores fuentes bibliográficas que hay sobre las BRIGADAS INTERNACIONALES porque Orwell vino engañado como BRIGADISTA a luchar en los frentes de Cataluña y Aragón. Su experiencia allí fue funesta y cuando huyó espantado de España, después de contemplar las masacres ordenadas por el genocida Stalin contra los trotskistas del POUM en Cataluña, escribió sus dos novelas corrosivas contra el Socialismo Real : Rebelión en la granja y 1984, advirtiendo a la sociedad británica de la antidemocrática dictadura socialista que amenazaba Europa.

George Orwell escribe su libro Homenaje a Cataluña para describir lo visto y define —literalmente— a estos los BRIGADISTAS como “peones del estalinismo y estalinistas disfrazados enviados desde Moscú para acabar con los trotskistas del POUM e implantar en España una dictadura marxista-estalinista”.

Los residuos comunistas que quedaron posteriormente desperdigados fueron controlados por el Partido Comunista Francés y por Stalin y se establecieron en el norte de España, al norte de Lérida y en los pasos de Huesca y Navarra: y pronto degeneraron en simples bandoleros en cuya desaparición colaboraron todos los aliados desde 1944; en particular el general De Gaulle, que cortó la agresión comunista contra España desde Francia. Y hasta el mismo Stalin en persona les canceló su apoyo desde Moscú al llamar a capitulo a los jerarcas comunistas españoles en 1948.

“Y hasta la misma policía francesa, tras la victoria de los aliados en octubre 1945, inició la busca y captura de los residuos maquis comunistas exiliados en su territorio francés (No nos robarán la historia, Ricardo de la Cierva, p. 160. Editorial Fénix).

Y todo esto coincide con la segunda fuente histórica que son los Archivos de Moscú, publicados tras la perestroika de Gorbachov por las Universidades de Harvard (USA) y la Sorbona (Francia) y recogidos en el famoso documento internacional El Libro Negro del Comunismo.

El capítulo 2 de dicho libro recoge los documento de la NKVD-KGB soviética sobre la Guerra inCivil española; y, al referirse a las Brigadas Internacionales y a estos residuos de maquis, el comunista alemán Alfred Adolph los define —literal— como «una lista de voluntarios indeseables de los que Stalin y sus servicios se aprovecharon cínicamente». Y en el capítulo desfilan toda la panoplia de comunistas (Líster, el Campesino, Marty, Regler, etc…).

El relato es impresionante y acaba diciendo que: «para Stalin el objetivo fundamental era conseguir el control de la II República española, y, para conseguirlo, tan necesaria era la eliminación de la oposición de izquierdas trotskista y socialista como la franquista». Estos documentos, repito, los ha publicado la prestigiosa Universidad de Harvard y de la Sorbona y coinciden con lo que escribió el socialista desencantado británico George Orwell: él nos contó in person lo que ahora Carrillo, Zapatero, y su Multinacional de la Mentira nos quieren cambiar.