Españoles, Fidel ha muerto (II)


De cómo ha quedado Cuba después del reinado del compañero Fidel da idea esta esperpéntica imagen. Un vehículo militar —probablemente, los únicos que tengan una apariencia moderna en Cuba sin pertenecer a los miembros de la nomenklatura dirigente— transporta presuntamente las cenizas del dictador (ni siquiera hay certeza de eso). Pero sobre todo, un vehículo que o bien se ha estropeado o bien se ha quedado sin gasolina, imagen también del progreso comunista. Éste consiste que los vehículos no te llevan, sino que tú vas llevando a empujones los vehículos a través de una carretera sin arreglar desde hace años (¿para qué arreglarlas si el pueblo carece de vehículos con los que transitar por ellas?).

Lo importante de la muerte de Fidel no es tanto lo que deja atrás (hambre, corrupción y exilio), sino lo que ha de venir. Las opciones son variadas:

  1. Apertura democrática. Es lo que esperan los cubanos de fuera de la isla y no pocos de los de dentro. Sin embargo y en mi modesta opinión, la oportunidad para una verdadera apertura se producirá con la muerte de Raúl.
  2. Continuidad del régimen. Ése parece ser el propósito desde el momento en que Raúl ha dicho que dejaba el poder en 2018… tiempo suficiente para preparar a un sucesor y entregarle todos los resortes. Con lo que la dictadura se prolongará horizontalmente unos cuantos años más.
  3. Guerra civil. No sólo entre los primos (los hijos de Fidel y los de Raúl) sino entre partidarios del régimen (que tienen la sartén por el mango) y sus detractores. Para evitar eso debería existir, como en España en 1975, una masa crítica de población suficiente convencida de la necesidad de un cambio sin derramamiento de sangre.

La primera de las tres sería, naturalmente, la más deseable. Un tránsito sin violencia hacia un régimen de libertades y derechos humanos sería lo mejor sin duda para la mayoría de los cubanos. Pero tiene, a mi entender, dos problemas propios de las dictaduras moribundas. El primero, que los gerifaltes están dispuestos a resistir el vendaval democrático contra viento y marea. Y el segundo, la depuración de responsabilidades de los antiguos dirigentes.

Éste es el más importante de los dos. Dudo mucho que, en caso de producirse ese tránsito, los gerifaltes se dejaran juzgar por un tribunal guiado por principios democráticos. La solución fácil sería una de esas “leyes de punto final”, ya que nadie espera tampoco que Cuba «se haga un Ceausescu». Lo triste, como siempre, va a ser que los emboscados, los que ahora tienen una parcela pequeña de poder y que han abusado de ella como carceleros, denunciantes profesionales y otra gente «afecta» que no sale en los papeles, se irán de rositas. Se convertirán en «probos funcionarios al servicio de la democracia», con derecho a que nadie, ni sus víctimas, les recuerde el pasado. Pasó con los nazis, ha pasado con los comunistas europeos y probablemente, en Cuba también si se abre el proceso democrático.

Me queda por decir algo en cuanto a reacciones. No es cierto que los gobiernos europeos hayan abandonado la posición común frente a Cuba; sólo que ya no es la posición que Aznar les obligó a consensuar. La pregunta que se hacen en muchos Ministerios de Exteriores es: «¿Con qué personaje del régimen cubano hemos de hacer negocios ahora?». Incluso, mucho me temo que algunos siguieron haciendo negocios a pesar de haber firmado esa famosa posición común. Ésa es la lamentable constatación para nuestro «civilizado» primer mundo: los «derechos humanos» ceden ante los negocios.

También es posible que la democracia sea una mala noticia para los que suelen ir a Cuba de turismo sexual. Quizá la democracia haga desaparecer las gineteras y arregle las carreteras. Quizá por primera vez los cubanos tengan trabajos decentes pagados con sueldos decentes y no tengan que prostituirse simplemente para comer. Quizá los cerdos que van a La Habana a buscar carne fresca deban pensar en rascarse el bolsillo algo más y llegar hasta otros países donde el turismo sexual esté «tolerado» (y sólo por los beneficios), porque en Cuba ya no. Supongo que ésos también se han unido al coro de plañideras por la muerte de Fidel.

Se abre un tiempo de esperanza para Cuba, si bien hay que recordar que no será para mañana mismo. Ojalá el bello país caribeño deje de ser una cárcel y sus habitantes puedan, por fin, respirar en libertad.

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