Alsasua y la doble vara de medir (II)


Siguiendo la relación anterior, podríamos enlazarla con esta entrada mediante una paráfrasis de la célebre frase de Herr Doktor Stammler: «Tres palabras de rectificación de unos agitadores de cuarta y trescientas setenta páginas de una sentencia se convierten en basura» (Drei berichtigende Worte des Gesetzgebers und ganze Bibliotheken werden zu Makulatur). Como apuntábamos en la entrada anterior, una sentencia que a lo mejor alguien se ha leído a estas alturas, pero no desde luego quienes berrean en la calle.

Todo esto, sin duda, despide el tufo contaminante de las manipulaciones comunistas de manual, cuyo primer y exitoso ejemplo fue el caso de Sacco y Vanzetti. Pero empecemos por el principio. A quienes han promovido las asonadas y berreos callejeros varios no les importa en absoluto lo que la ley, de consuno con el buen sentido, tiene que decir acerca de los hechos. Parece ser que los hechos se contienen en un vídeo que esos pitecántropos grabaron para pavonearse de su hazaña. Vídeo que sólo han visionado sus señorías por tratarse de una prueba en sede judicial. Pero eso, a los promotores, les da igual. Sin tener en cuenta ese vídeo, han decidido que es violación. Habló la Blasa (en este caso la Cheka): tós pa casa.

Los hechos, en sí mismos, sólo importan en la medida en que sustentan la campaña. Es decir: llega un momento en que da igual si fue o no fue violación. El griterío es tan ensordecedor que, si un juez no es lo suficientemente firme en sus principios o no se siente apoyado suficientemente por sus compañeros de profesión y sus superiores, puede dejarse llevar y dictar, cual Calígula redivivo, en el sentido en que la chusma (bien teledirigida) quiere. En esta sentencia ha habido una de cal y otra de arena. Es decir: un ceder, pero poquito. Se califican los hechos como «abusos sexuales»… pero, para contentar al populacho teledirigido (los inocentes, que diría Münzenberg), se impone una pena a todas luces desproporcionada a tenor de los hechos probados. Eso sí, dentro de los límites del Código Penal.

Un servidor de ustedes empieza a tener la firme convicción de que, tratándose de una manipulación comunista (el feminismo hoy no es más que uno de los disfraces del comunismo de toda la vida, como antes lo fueron el «pacifismo» o la «defensa de los derechos de los gays»), la mentira tiene que estar en alguna parte. Y es lamentable que haya de ser en sede del Tribunal Supremo donde tenga que salir a flote la verdad. Pues, analizados cuidadosamente los hechos, se suscitan dudas razonables acerca de la efectiva producción de algunos de ellos; sobre todo, teniendo en cuenta el comportamiento más o menos «estándar» de una persona que ha sido violada y que cualquier psicólogo les puede relatar.

Y es así como prende una manifestación de histeria colectiva: dar una pequeña porción de verdad de un hecho escandaloso para que el respetable trague un montón de mierda mentiras creyendo que también forman parte de la verdad. Pero, como veremos en la siguiente entrada, mirado más de cerca, este montaje no resiste mucho.

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