Vacas flacas


Parece un axioma aceptado nemine discrepante en España: la izquierda dilapida las vacas gordas y la derecha gestiona las vacas flacas. Claro que aquí esas categorías han sido sumamente presuntas: pregunten ustedes a Botín y a sus amigotes si la legislatura de ZP ha sido «de izquierdas» para ellos. Y lo mismo se diga de los hotros: Rajoy y su troupe, temerosos de que la (presunta) izquierda mediática les tache automáticamente de «derechistas fascistas» (lo hacen de todos modos) y de asimilarlos mediante sus terminales mediáticas a la «extrema derecha», se autocalifican como «de centro reformishta» y han intentado «hacerse los simpáticos» con cierta izquierda que, según calcularon ellos, podía estar hasta las narices de ZP y de su ingeniería social (sin) gaseosa.

Pasados más o menos los vapores tóxicos del zetaperismo, es llegado un tiempo de «llanto y de rechinar de dientes». Los días de vino y rosas han terminado y, como dijo alguien una vez, «con la escasez vuelve el seso». Los economistas, que hoy en día han usurpado el oficio a los adivinos («la economía no es una ciencia exacta»), no están de acuerdo en el fin de la crisis española; pero en que será larga sí coinciden todos. Y lloraremos todos: más alto y fuerte probablemente los que dejen de ordeñar la vaca pública (por poner un ejemplo: toda esa galaxia de ONGs de dudosa utilidad real, pero generosamente regadas por la ministrilla de turno). Llorarán las autonomías, que a la fuerza tendrán que rebajar sus exigencias económicas a cuenta del fet diferencial unas y otras porque sencillamente el dinero que se han encontrado en la caja (poquito) ha de garantizar lo esencial y luego ya veremos. Y los 5 millones de parados tendrán ya los ojos secos de verter lágrimas que nadie escucha.

En todo esto, es importante recordar una cosa. Oiremos al PSOE (socialdemócrata de izquierdas) repetir machaconamente que el PP (socialdemócrata de derechas) «hará recortes sociales» y que «vamos a ser más pobres». El «que viene la derecha» de toda la vida de los (presuntos) socialistas. Una pequeña querelle familiale, en realidad. Pero antes de que se dejen llevar ustedes por este acto de cinismo socialista, deberán recordar que ha sido ZP quien ha estado en el Gobierno de la Nación durante 7 años y medio (día arriba, día abajo), período de tiempo que algún día les explicaré la gracia astrológica que tiene). Fue ZP (no Rajoy) quien, al poco de llegar a Moncloa, eliminó todos los límites al gasto de las Administraciones, y señaladamente, la Ley de Estabilidad Presupuestaria de 2001. Había que contentar a todos los caciques de todos los partidos y a todos los niveles, quienes, aun cambiando el Gobierno no quisieron cambiar de tren de vida. Y por supuesto, no hay que olvidarse de todo el dineral destinado a la ingeniería social, la cual, aun sin conseguir plenamente sus objetivos, ha dejado a la Nación hecha unos zorros desde el punto de vista conce(p)tual y espiritual o filosófico.

Queremos decir, en suma, que durante la etapa de ZP se dilapidó a toda velocidad el superávit generado durante la segunda legislatura de Aznar, bien o mal ganado pero existente. Cómo serán de flacas las vacas que nos esperan que hasta señor Rubalcaba, si no le importa ha reconocido que dejaron hinchar la burbuja inmobiliaria más de lo debido. Y que, además, en junio de 2010, el Gobierno socialista realizó los recortes sociales más duros de toda la democracia (después de haber prometido que «no los haría»). Por tanto, el recorte presupuestario es necesario. Pero no porque, como remachacan los tamagotchis de la izquierda, «al PP no le interesen las políticas sociales», sino porque no hay dinero y hay que recortar todos esos gastos superfluos. Y no sólo el recorte, sino el control de cada céntimo que sale del presupuesto público. De momento, tiene que llegar para lo esencial. Y luego ya veremos.

Tampoco hay que olvidar (no deberían hacerlo nuestros políticos) que para salir de la crisis, o por lo menos, para empezar a ver la luz al final del túnel, será necesario cambiar la filosofía. No solamente «es la economía, estúpidos», sino también «son los principios, estúpidos». Principios que han sido arrumbados tanto por los hunos como por los hotros. Se dice que el equipo de Rajoy está sobradamente preparado: abogados del Estado, economistas, etc. ¿Habrá que recordarles lo poco que eso sirve si no hay detrás una filosofía de servicio a la Nación y no de «servirse de la Nación»? No es de extrañar que en Génova, 13, se hayan quitado de encima a personas como José Antonio Ortega Lara, María San Gil, Regina Otaola y Nerea Alzola, moralmente demasiado escrupulosas para «los nuevos tiempos». Veremos en qué para. Si el PP (y lo menciono porque va a formar próximamente Gobierno) se limita a rellenar la despensa, volveremos a encontrarnos tarde o temprano en esta situación que pasamos ahora.

Permítanme, en este momento, desviarme un poco del camino y hablarles en el último párrafo de Cataluña. El agujero presupuestario dejado por el Tripartit ha sido también de los que hacen historia. Las recolocaciones de amigotes, amiguetes y amiguitos en la Administración catalana desde antes del verano de 2010, también (ya sabían que se iban a fer punyetes y obraron en consecuencia). Sin embargo, no hemos oído ni una palabra de reproche del Govern Mas hacia su antecesor, como tampoco éste salió a explicar inmediatamente el tema. Por no decir, ni siquiera dijeron en campaña (la de los jadeos jacarandosos de jáis y y julais) que fueran a recortar nada. Curiosamente también, la exconsellera de Sanitat Geli está missing. Nadie la ha requerido para que explique què cony ha hecho con nuestro dinero de forma que el actual conseller Ruiz haya tenido que aplicar los brutales e inhumanos recortes que padecemos los catalanes. Mejor no les hablo de lo que aquí no se recorta, porque entonces sí que verán ustedes un català emprenyat de veras. Y los de-Más, los que votaron a Mas, que disfruten lo que votaron, aunque nos hayan jodido a todos.

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