Huelga cabo


Da vergüenza ajena tener que hablar de lo que ocurrió ayer. Los sindicatos de clase alta se pusieron estupendos y se fueron a la huelga. O huelguita cabo (ni general, ni coronel, ni teniente siquiera), más bien. Decretaron ellos, sin más, que todo el país debía pararse. El motivo «oficial» fue la reforma laboral del PP, aunque ya hace muchos días que sabemos que eso es una burda mentira. El verdadero motivo, como todo el mundo sabe a estas alturas, es el recorte de recursos públicos a los sindicatos: entre ellos, la pérdida del monopolio de los cursos de formación, suculenta bicoca que a los parados, que se sepa, nunca les ha servido para encontrar empleo, pero que ha llenado generosamente los bolsillos de los sindicatos. O la primacía de los convenios de empresa sobre los sectoriales.

De ahí que ayer la jornada fuera prácticamente normal. Quiere decirse que muy pocas personas, aparte de los liberados, que sólo trabajan cuando gobierna la (presunta) derecha, siguieron la huelga. En ese sentido es verdad que la huelga fue un éxito: un 85% de los liberados la siguió. Del resto, de los trabajadores de a pie, de los autónomos que cada día madrugan para abrir su local y ganarse el sustento, ninguno creyó oportuno subirse al carro sindical. Y añadimos más: si la reforma laboral, que posiblemente presente aspectos mejorables, no hubiera tocado esas prebendas sindicales, el Duque de Rolex y el Marqués de los Cruceros hubieran seguido durmiendo plácidamente.

Dicho esto, pasemos a considerar otro aspecto. ¿Cómo puede ser que los sindicatos de clase alta, a medida de los cuales está hecho el entramado legal y económico que los sustenta, convoquen una huelga general y el pueblo, ese desagradecido por «los cuarenta años de lucha sindical», hace caso omiso de la convocatoria? Eso no se puede consentir. Por consiguiente, hay que estimularlo a que acompañe a los sindicatos en la gloriosa defensa de los derechos de los trabajadores (y trabajadoras). ¿Y eso cómo se hace? Se usan los medios habituales: silicona en las cerraduras y candados, agresiones y coacciones a trabajadores (y trabajadoras) que no quieren seguir la huelga porque consideran más importante dar de comer a su familia… todo el catálogo, vamos. Que es natural, digo yo, cerrar la tienda cuando a la puerta se te colocan veinte (o más) energúmenos y energúmenas berreando «¡Huelga! ¡Huelga! ¡Huelga!». Ante la perspectiva de que a uno le rompan la luna, a nadie se le exige que sea un héroe y lo suyo es cerrar.

Finalmente y para entendernos: sindicalista es un señor que sólo se manifiesta cuando gobiernan los que le dicen que son «la derecha», que no respeta el derecho al trabajo de los demás y que se cree impune para coaccionar a quien le parezca para que le siga la corriente.

En otras partes no sé. Pero aquí en Tarragona, a eso de las 8 de la tarde aparecieron no ya los sindicalistas, sino los antisistema. La gracia estaba en las banderas que portaban: la pirata, que delataba bien a las claras sus intenciones e incluso, algún indocumentado del 15M, banderas de la extinta Unión Soviética. Seguro que el Padrecito les hubiera dejado manifestarse si hubiera tenido que aplicar unas medidas semejantes a éstas. Y seguro que el tontolaba que portaba esa bandera no tenía puñetera idea de lo que enarbolaba.

¿Necesitaban los sindicatos a los antisistema y demás gamberros de variado tamaño y pelaje? Sí, claro que sí. Por un precio módico, los alborotadores profesionales y ocasionales se juntan para quemar contenedores, romper cristales y correr tras la policía. Más aún sabiendo que la factura de los destrozos la pagarán los vecinos y no los sindicatos. Es la forma de que al día siguiente se hable de una jornada que sería perfectamente olvidable si no fuera por estos incidentes. Vean una pequeña muestra que tomó un servidor de ustedes, a una distancia razonablemente segura:

Por si queda alguna duda; SINDICATOS SÍ, PERO ASÍ NO.

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9 comentarios en “Huelga cabo

  1. Menudos bichos teneis por allí. Los niños antisistema criaditos por los nazios con biberones “manchados” con un toque de LSD…

    Claro que los necesitan, los sindicalistas son como ellos, el PSOE es como ellos. Son “sus criaturas”.

    Aquí quieren una especie de “remake” con “Compromís” y la gorda y el bizco Albert, de la factoría Cipriá Ciscar.

    • Con otra particularidad: los gobernantes catalanes (Gene y Ayto) no tienen cojones para aplicarles la ley y pasarles la factura de los destrozos, que irán a cargo, como siempre, del contribuyente. Y sí, la UGT es la división sindical de la pesoe, como CCOO lo es del PCE (ahora llamado IU). Lo de ayer era por si nos quedaba alguna duda 😛

  2. Yo la denominé, desde el primer momento, huelga de delincuentes. Y lo de ayer me da la razón. Hay que estrangular a los sindicatos por la parte que más les duele: la subvención económica que pagamos todos. Y hacerlo cuanto antes.

    • Además de verdad. Si coges el art. 172 del Código Penal ya tienes una perfecta descripción de la actuación de los piquetes. Para mí eso también es ser delincuente. Los sindicatos tendrían que pagar todos los desperfectos que cometen sus piqueteros y sus subcontratados del 15M, antisistema y demás canalla. Pronto se les acabaría la tontería.

Gotas que me vais dejando...

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