Bonasera


En estas Batuecas de nuestros pecados cada día parece más claro que el río se está revolviendo a ojos vista. Quienes hayan seguido este blog sabrán que uno tiene la desagradable impresión de que vuelven tiempos antiguos, que creíamos olvidados porque queda muy poca gente viva que los recuerde con nitidez. Entre eso y el lavado de memoria que se ha producido desde que estamos en eso que algunos todavía llaman democracia volvemos a sentir que la frase de Santayana vuelve a cumplirse: «El pueblo que olvida su historia (que se la han hecho olvidar, en este caso), está condenado a repetirla». No sé en otras partes, pero aquí volvemos a los años 30 del siglo pasado. Algunos ya se atreven a poner artefactos explosivos, como entonces. Pasito a pasito vamos progresando hacia 1931.

Observo que aumenta el número de personas que piden «la guillotina» para Fulano, para Mengano… o para todos, tirios y troyanos, sin distinción. Personas antaño ecuánimes que hoy escupen su rabia y su frustración contra un «sistema» y unas personas que, por sí o como peones interpuestos en un juego que se juega en otro tablero a mayor nivel, les han desposeído de su casa, de su trabajo, de su familia, de su dignidad… o de todos a la vez. Quizá no faltan motivos: condecorar a los que nos han hundido, indultar a delincuentes confesos y juzgados, no juzgar y condenar a personas sobre quienes pesan indicios racionales de criminalidad… Pero uno no deja de recordar las palabras que escribiera Stefan Zweig en su biografía de Fouché y suspirar. Suspirar para que el pueblo, esa entelequia que no se sabe muy bien lo que es pero que en su nombre se han cometido auténticas barbaridades, no se emborrache de palabras sangrientas. A pesar de que salen ahora cucarachas y sanguijuelas por todas partes alimentando ese discurso suicida.

Y probablemente a mí, como a más de uno de ustedes, se nos quede cara de Amerigo Bonasera. Porque nuestro paraíso ya no es España. Porque seis millones de personas (y subiendo) estamos en el paro (gracias, casta) y la vida no nos va bien. Porque la policía ya no vela nuestro sueño. Porque a los delincuentes que nos roban y nos agreden los sueltan los jueces en una hora si son de baja categoría, y ni siquiera van a juicio o tardan lo bastante como para que su delito prescriba si son de muchas campanillas. Y a pesar de todo eso, (todavía) no queremos relacionarnos con personas que nos hagan la justicia que creemos merecer.
 

Aquí les dejo, para terminar, una de las primeras escenas de película más famosas de la historia del cine.
 


 

Si tienen problemas con el italiano, aquí en versión española:
 


 

Y una pregunta, que siempre fue fundamental en los discursos forenses de Marco Tulio Cicerón: Quibus pluris bono fuit? ¿A cuántos (además de los que ya sabemos) más aprovecha que España se hunda o, más castizo, «se vaya a la mierda»? Y, caso de saberse, ¿actuaríamos como los islandeses?

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2 comentarios en “Bonasera

  1. Bien traida esa escena de Bonasera, pero aquí la única mafia que funciona es la de los partidos, hasta los mafiosos rusos se quejan de su voracidad. Pero no dudes de que si en España hubiera un padrone, muchos, no se lo pensarían..

Gotas que me vais dejando...

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