Cuentos (socialistas) chinos


Sorprendido me ha dejado un artículo que apareció hace varios días en El Mundo firmado a dos manos por la Talegona y el Jodón. No sólo por el hecho de publicarlo chez Pedrojota (¿no tenían espacio para ellos los Janli boys, hábitat natural de ese par de dos?), sino y sobre todo por su contenido.

Para empezar, el amplio currículum de ambos ha sido ampliamente expuesto por los medios. Jodón Elorza se ha visto obligado a ceder espacio a los bilduetarras tras defender que dejarlos presentarse a las elecciones municipales era un «ejercicio de democracia», en línea con los (equivocados) planteamientos del camarada Egiguren y el alma nacionalista del PSE-EE. Teniendo en cuenta que el socialismo no ha entendido que los experimentos deben hacerse en casa y con gaseosa, lo que les pasó en las últimas municipales se lo tienen bien merecido. Por lo que hace a la Talegona, eximia representante y relevo generacional de la histórica gauche Clicquot, no es necesario encarecer mucho su trayectoria, referida en nuestro blog aquí a través de Luis del Pino.

Pues bien: con estos mimbres se teje ese artículo que, mirado con detenimiento, provoca la risa floja en quienes lo leen sin prejuicios. Desmenucémoslo un poco.

«Pasión por la democracia»

Es de risa leer a dos representantes de la partitocracia identificarse con «las bases». La obligada referencia la Transición, cuyo único «beneficio» fue permitir que los españoles pasáramos de aguantar una dictadura a aguantar diecisiete sin pegar un solo tiro, es delirante aunque nada rara en dos participantes/beneficiarios del consexo. Vean, si no:

Las bases del PSOE hemos de recuperar la pasión por la democracia, empaparnos del espíritu democrático de la Transición y del valor del pacto en defensa del interés común para avanzar con propuestas concretas en el combate contra el desempleo y en favor de una regeneración del sistema político que dé más legitimidad a la democracia.

Pero lo mejor viene ahora:

Recuperar la pasión por la democracia significa: acabar con la corrupción; hacer transparentes las cuentas de los partidos; apostar por una reforma electoral con listas desbloqueadas y mayor proporcionalidad; la no acumulación de cargos, democracia interna en los partidos y sistema de primarias para elegir cargos internos y candidatos con el voto directo de sus militantes; y una ambiciosa Ley de Transparencia que obligue a los partidos, CEOE, sindicatos y Casa Real.

No me cabe duda de que o son bobos, o creen que lo somos nosotros. Todo eso que dicen que hay que recuperar es lo que debieron haber «recuperado» en los 8 años que estuvieron en el poder. Pero está claro que son expertos en evitar la demanda de cualquier responsabilidad por sus dichos y acciones y queda claro también que no tenían intención alguna de llevar a cabo entonces todo esto que dicen ahora.

«Ofrecer un contrato ciudadano para dignificar la política»

La cosa va in crescendo. Siguen tomándonos por bobos, eso sí. Uno creía que el famoso contrato ciudadano era el programa electoral, transformado así en programa de gobierno ganadas las elecciones. Ese documento donde se especificaban aquellas áreas que el partido concurrente iba a enfatizar una vez llegado al poder. Pero, ¡ay!, esos programas ya no los cumple ni el PP-de-Mariano, que se aferra a excusas para no contarnos con pelos y señales el lío completo de la herencia recibida y que por si fuera poco, condecora a quienes nos hundieron. ¿Para qué tanto abogado del Estado, tanto registrador, tanto funcionario… si en realidad falta lo más importante, a saber, voluntad de servicio al país y fe en España y los españoles?

Tiene mucha guasa que sean precisamente dos socialistas los que hablen de contrato, sobre todo cuando uno recuerda que la buena fe es un elemento esencial de cualquier contrato. Buena fe que ellos no han dudado en traicionar cuando les ha convenido, postergando el interés general de la Nación española y de sus habitantes al interés partidista propio (o incluso a intereses bastardos contrarios al mencionado interés general). Lástima que el PP, que creíamos otra cosa, se haya apuntado a esta moda también. Comprueben ustedes mismos el grado de cinismo de ese par de dos:

Se trata de un contrato político que recoja el compromiso solemne del PSOE con una forma ética de hacer política, con rendición de cuentas de los representantes elegidos, con un concepto más democrático del papel de la ciudadanía que la empodere y la implique en la gobernanza, profundizando cauces de participación como la iniciativa legislativa popular y la práctica de las consultas y del referéndum. Un contrato para defender juntos una democracia ética y participativa que suponga abrir un proceso de participación ciudadana en la elaboración del programa electoral

.

Nunca estuvo la ciudadanía más sometida y menos empoderada que durante los dos períodos de gobierno socialista, especialmente el último. Pero claro: no va a haber nadie que se lo diga. El párrafo perpetrado es una alabanza al zapaterismo más estricto, el de Humpty-Dumpty («Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos»). Pero estos señores, obviamente, no se miran al espejo por las mañanas.

Construir un proyecto alternativo frente a la crisis, reformista y transformador

El colofón y la guinda del pastel. Usan de las palabras mágicas: «alternativo», «reformista» y «transformador». Creo sinceramente que los asesores del PP y del PSOE son intercambiables: ¿el reformishmo de Mariano es el mismo que propugna este par de dos? Porque para usar prácticamente los mismos concetos… Y más en detalle: ¿cómo puede calificarse un proyecto de «alternativo» cuando quienes lo van a liderar llevan no menos de 20 años en política?

Por otro lado, el contenido del famoso proyecto está lleno de los mismos topicazos de la izquierda de toda la vida. Vean:

El proceso de transformación ha de incorporar: un sistema fiscal más progresivo; el combate contra el fraude fiscal; un control efectivo sobre la Banca española y las decisiones de las grandes empresas; la racionalización y configuración federal de un modelo territorial que sea eficiente y coherente con un Estado plurinacional y multicultural; la modificación y el refuerzo del sistema de educación y sanidad pública; y un programa para una Europa más social y democrática de la mano de los Partidos Socialistas europeos, que ha de abordar la «utopía», de regular los mercados especulativos y actuar sobre los paraísos fiscales. En definitiva, contribuir al bien común de la sociedad en su conjunto.

Ustedes mismos se dan cuenta de la sarta de tonterías que ha dicho este par de dos bebés destronados. Sería como darles la manguera y acto seguido oírles decir: «Me encanta el olor del napalm por la mañana». En fin. Tenga uno que aguantar a una casta extractora (o al menos la parte que ha cedido el turno) y óigase llamar «¡fascista!» para esto. Es decir: para no cumplir nada de lo prometido una vez que la han metido…

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Gotas que me vais dejando...

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