Chocolate per tutti


El problema

Sepan ustedes que ya tenemos serpiente política de verano —y si Dios no lo remedia, de parte del otoño—: la reforma constitucional. Después de tantos años de coñazo identitario, Mariano ha encontrado la forma de «encajar a Cataluña con (el resto de) España». La tentazione, l’oro marrone, la soluzione, que hubieran dicho los de Huapacha Combo. Y nos quejábamos de que no se movía, fíjate tú.

¿Y cuál es esa solución? La reforma de la Constitución. Perdonen ustedes el pareado, pero así es como está planteada la cuestión. Mariano, que con los separatistas parece ser el protagonista de Ella siempre dice sí (aunque se haga la remolona, como gallega que es) va a proponer la cuadratura del círculo: si las pretensiones de Mas y sus mas-riachis son «ilegales» o «no caben en la Constitución»… ¡tachánnnnn!: cambiemos la Constitución. El refotèndum, consulta o como lo quieran llamar los separatistas choca frontalmente con el artículo 92 de la norma fundamental. Pues nada: ¡refórmese! ¿Qué las demandas separatistas no caben en la Constitución? No hay problema, señores: ¡refórmese el Título VIII de la Constitución! ¡Refórmese esto! ¡Refórmese lo otro! Todo porque no te vayas.

Naturalmente, que esto se esté planteando a mitad del verano da idea de la alevosía con que está ideado. Mariano y Mas hace mucho que están bailando la polka de la independencia. Es una polka lenta, que recuerda bastante a la polka de Ana, que ora los lleva a Barcelona, ora a Madrid, para hablar. Porque eso es lo fundamental: hablar. O más exactamente, mostrar voluntad de diálogo. Si no muestras voluntad de diálogo y, en cambio, sí firmeza en tus convicciones, eres un fascista y eso no está nada bien. Vamos, que no falta más que el talante, aunque por razones obvias ni se mencione.

Presupuestos, pues, la voluntad de diálogo y el talante, ¿de qué hay que hablar? Veamos:

—Si no me das lo que yo te pida, como lleva haciendo Madrit desde hace 40 años, me voy.

—Te daré lo que quierash, pero no te vayash.

—Muy bien. Parlem-ne.

—¿De cuánto dinero eshtamosh hablando?

—Qué bien me conoces, Mariano… Pues es que ya sabes que tenemos una deuda astronómica. La construcció nacional no va todo lo bien que debiera… y bueno, ya sabes que si quieres que yo siga, tendrás que darme unos cuantos calerons

—Ajá. No te preocupesh. Le diré a Crishtóbal que te gire unos cuantosh millonesh. Pero no te vayash, ¿eh?

—Es un placer hacer negocios contigo, Mariano.

—Y que lo digash, Artur.

Y tan amigos, oigan. Luego, la foto en la escalinata de Moncloa y los titulares en los diarios afectos a ambos lados del Ebro. Han triunfado el diálogo y el talante. En Valladolid, Toledo, Badajoz, Madrid o Zaragoza eso no va a sentar muy bien. El agravio comparativo está empezando a hervir la sangre de los barones territoriales y todo el conjunto empieza a parecerse a lo que rezaba el viejo juramento en las Cortes aragonesas: «Cada uno de Nos vale tanto como Vos, y todos juntos más que Vos (…)».

¿De verdad hay que reformarla?

Es tradición entre los batuecos la adicción a la tabula rasa. ¿Qué algo no funciona? Se tira y se hace nuevo, faltaría más. Lo mismo les da a los batuecos una lavadora que un sistema político. Particularmente, opino que antes de desechar algo «porque no funciona» hay que realizar dos operaciones: lo primero, desarrollar hasta el límite esa norma; lo segundo, cumplir lo establecido en esa norma. Como en muchos aspectos no se ha hecho ni lo uno ni lo otro, todo suena a pataleta y a teatro. Máxime viniendo de quienes, aun simulando estar de acuerdo y habiendo firmado, no tenían ninguna intención de cumplir.

Por tanto, quedan esas dos operaciones pendientes. Y ya puestos a desarrollar, si se me permite la sugerencia, faltaban por lo menos dos extremos a desarrollar: uno, las funciones constitucionales del Rey. O si quieren, el Título II entero, relativo a la Corona. Y luego, la reescritura del Título VIII y, en particular, del artículo 155, que es el único que justifica hoy la existencia del Senado. Y algún otro artículo suelto, como el 28.2, relativo al derecho de huelga (es batalla perdida, porque si ni siquiera el PP, contando con mayoría absoluta, se plantea desarrollarlo de una vez, nadie más lo va a hacer).

Déjenme que termine con un apunte sobre el «federalismo» de vía estrecha al que se ha apuntado al parecer el PSOE y que, según ellos, justificaría la «reforma constitucional». A la forma de organización territorial que «nos hemos dado» se le llamó Estado Autonómico para que la «rancia derecha» tragara con la Constitución y no se asustara en ese primer momento. Con el tiempo, este sistema ha devenido en federal de facto, en donde lo último que les falta a las CC.AA. es potestad recaudatoria originaria, que reside en el Estado únicamente (133.1 CE). ¿Únicamente? No. Las CC.AA. vasca y navarra (una gracias a los muertos de ETA y otra a su «personalidad histórica») consiguieron esa potestad a través del régimen de Concierto o Convenio, que es un sistema de cupo («yo recaudo y luego pacto contigo lo que te voy a dar»). Hasta aquí, en sentido positivo. En sentido negativo, imaginen cómo reaccionaría una CA si el Estado decidiese recuperar alguna de las competencias transferidas. Y no sólo la catalana. Lo han adivinado ustedes: cual fiera corrupia. No importaría que estuviera mal gestionada o que incluso se usara contra el Estado (caso de la educación, no importa de qué CA se trate). Recuperarla sería un casus belli.

Así que no, señores. El Estado ya está siendo bastante centrifugado, aclarado y secado, gracias. No necesitamos tensar más la cuerda, sino unirnos todos para salir del hoyo. A quienes les interese lo contrario ya se pueden apuntar a la lista de los enemigos de la Nación española.

Mientras tanto, para rebajar un poco el tono y tomárnoslo con humor —lo que se pueda, les sugiero esto. Del «café para todos» al «chocolate per tutti» que, como dice la canción… è cosa bella

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Gotas que me vais dejando...

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