Crítica a Juan Manuel de Prada


A cuenta del semanario satírico Charlie Hebdo, Juan Manuel de Prada se despachaba ayer con los límites del concepto de «libertad de expresión», especialmente en materia religiosa, que es el caso. Tras un introito en el que habla de la transformación de la democracia de norma de convivencia política a «religión» (nosotros ya hemos defendido aquí que democracia no es un sustantivo, sino un adjetivo), arremete contra quienes, cual coro de loritos (sic) preguntan «desde el descreimiento o el fariseísmo» si lo que hacen a los católicos se atreven a hacerlo a los musulmanes.

No considero en ningún momento que quien formule esa pregunta milite necesariamente en un coro de loritos. Ni tiene por qué ser un fariseo o un descreído. Por otro lado, sí estoy de acuerdo en que no habrá católico de verdad que desee mal alguno a quien le ofende aunque sea gratuita. No obstante, la pregunta tiene la utilidad de poner sobre el tapete el hecho de que en esta Europa sí farisea y sí descreída, cuya fuerza había sido precisamente el cristianismo, resulta gratuito ofender las creencias cristianas, mientras que por el contrario, las creencias de una «religión» como la musulmana –que no es meramente una creencia espiritual como saben bien tantas mujeres y tantos dhimmíes– deben ser manejadas con mucho cuidado, «no sea que los musulmanes vayan a enfadarse». Pone de manifiesto la cobardía de quienes, escudados en un presunto librepensamiento o «laicismo» (término importado de la masonería francesa que denota ignorancia supina o ganas de retorcer el significado de las palabras, pues «laicos» somos todos los que no hemos profesado en religión), ofenden las creencias religiosas de los católicos, sabiendo de antemano que su conducta quedará impune porque es la moda y porque en todo caso puede acogerse al manto protector de la «libertad de expresión».

Tal vez sea verdad que los chicos de Charlie Hebdo han abusado de la brocha gorda. Tal vez sea verdad que con sus viñetas hayan puesto en peligro la vida de muchos cristianos residentes aún en territorio musulmán. Pero tenga en cuenta el señor de Prada que la ofensa a las creencias católicas se paga con multa o cárcel, en el caso más grave, precisamente por la influencia cristiana de no creernos Dios para decidir si a una persona puede quitársele la vida. La ofensa a las creencias musulmanas (y ése, como el señor de Prada sabrá bien, es un concepto muy elástico entre ellos), en cambio, se paga con la vida. La cual es una diferencia muy apreciable. La misma que va de residir en una sociedad más o menos respetuosa con los derechos individuales a residir en otra en que uno no puede ser otra cosa distinta de lo que son todos los demás en nombre de un Ser superior y en que la diferencia está penada con la muerte porque esa sociedad todavía anda (calendaria y espiritualmente) en la Edad Media.

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2 comentarios en “Crítica a Juan Manuel de Prada

  1. Además de lo que apuntas, me parece que lo que es rizar el rizo es acusar a los de Charlie Hebdo de la muerte de tantos cristianos, en lugar de señalar directamente a los fanáticos asesinos islamistas, los auténticos responsables. Eso es lo mismo que hizo Obama, para vergüenza de los useños.

    • Cuánta razón, Candela. Y me extraña que el señor de Prada haya caído en esa trampa perroflauta tan burda. Pero en fin, para todo hay una primera vez. Lo de Bara(c)k Hussein me sorprende menos, ya ves.

Gotas que me vais dejando...

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