Patatas Rivera (I)


Han pasado muchísimas cosas desde el 2 de diciembre del año pasado; pero por encima de todas tengo la impresión de que sobresale C’s, partido al que están sometiendo a un escrutinio público de aúpa. Desde luego, es un partido al que no iba a votar, pero en todo este tiempo se han añadido razones para no hacerlo. Dejemos aparte que Albert Rivera haya aparecido hasta en las páginas del corazón –particularmente, me interesa poco o nada con quién comparta sus días o sus noches–… pero lo cierto es que su partido parece estar entre dos aguas… o más de dos.

La primera patata proviene del propio Rivera, de unas declaraciones suyas en las que afirmaba que «no iba a estar hablando todo el día de Franco o del aborto, porque le aburría». Lo de Franco ni siquiera lo vamos a mencionar, porque básicamente es una polémica artificial generada por el desgobierno Sánchez para distraernos de lo importante y porque en realidad es un asunto familiar de sus deudos.

Del aborto sí que es conveniente hablar. En un país que tiene un problema demográfico que ya empieza a ser acuciante (despoblación y tasa de crecimiento negativa), ¿cómo se le ocurre decir que «hablar del aborto le aburre»? Ya es conocido que en eso, como en otros temas, el partido naranja «ni sí, ni no, sino todo lo contrario» Traducido: «Dan libertad». O es un irresponsable o, como esos kolegas europeos a los que tanto quiere caer bien, piensa que España «se puede repoblar sin problemas con negros, moros y latinos». No hace tanto que nos decían «L’Afrique commence aux Pyrénnées» y eso hubiera debido bastar para no iniciar ese camino. Aparte de ser una idiotez, para mí es un motivo para no votarles.

La segunda patata es la de Juanillo Marín, que ha completado su transformación de ¿simpatiquísimo? vendedor de coches a agrio señorito cortijero andalú, no muy distinto de los señoritos cortijeros de la pesoe. Que, para más inri, ha sido una jerezana afincada en Cataluña quien le ha sentado en la vicepresidencia de la Hunta. Él sólo se limitaba a enarcar cejas. Que es lo que sigue haciendo ahora, pero con mando en plaza y prometiendo a la pesoe que «no va a cambiar nada de lo que ellos hacían». ¿Tanto prometer «er cambio» para eso? En fin. Marín hace buena esa definición de la política según la cual ésta consiste en «conseguir que los demás hagan lo que uno quiere sin mover un dedo». Luego se espantan de que VOX crezca como un cohete en votos, aunque naturalmente es un misterio lo que van a hacer mientras no tengan mando en plaza.

La tercera patata es la de Inés Arrimadas… o Arremangadas, a tenor de los resbalones que ha protagonizado últimamente. Parecía que el perfil de Arrimadas subía tras el éxito del 2-D y que, con el tiempo podría moverle la silla al mismísimo mesías naranja. Vamos, que Rivera ya no podría ser la única superstar. La solución ha sido muy sencilla. Se han aplicado dos principios: el de Adenauer y el de Corleone. El primero nos dice que «hay enemigos, enemigos acérrimos y compañeros de partido». Y el segundo, «ten cerca tus amigos, pero más cerca a tus enemigos». Consecuencia de ello es que de jefa de la oposición en Cataluña la han degradado a diputada nacional –estará más cerca del jefe–. ¿No ven cómo se le saltan las lágrimas de emoción en este vídeo? Porque son de emoción, ¿verdad?

El otro resbalón que ha protagonizado Arrimadas es lo del «feminismo liberal». Supongo que para los incondicionales «el conceto es el conceto» y «vamos a llevarnos bien, porque si no, van (a) haber hondonadas de hostias aquí, ¿eh?». Pero en mi opinión y habida cuenta del grado de apropiación por el comunismo de la cosa feminista, hablar de un feminismo liberal no tiene sentido. Máxime porque el enemigo contra el que lucha ese «feminismo comunista» no es tanto el hombre, aunque también, sino la madre. Y Arrimadas y sus campanudos seguidores no se han enterado. O, pensando igual que VOX –esas manifas feministas no los representan y no van–, quieren seguir captando a un presunto electorado de izquierdas –el de derechas se les ha ido a VOX y están nerviosos– y montan ese paripé. Como si ahora que les han cerrado el grifo de los votantes despistados «de derecha», quisieran ponerse a heredar al PSOE –tarea les mando–. Total, que la figura de Arrimadas ahora está entre la sombra y la nada comparada con la de Rivera, a pesar de que éste ahora está más en las páginas de papel couché que en las de Nacional.

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