Aguantar la farsa


Ni «brotes verdes» ni «estamos a punto de salir de la crisis» ni leches en vinagre. La ofensiva diplomática que está llevando a cabo el Gobierno zetapero ni siquiera está dando resultado, sobre todo desde que Pepiño acusó nada menos que al Financial Times de «conspiración». Todo un homenaje al franquista «contubernio judeo-masónico-comunista internacional».

El problema que tiene ZP es que visto como está el panorama nacional, más de uno se ha espabilado en –por lo menos– deletrear algo de inglés, como un servidor de ustedes. Y así es como se entera uno de lo que piensan de nosotros (conmiserativamente, para algunos foreign digitals somos poco más avanzados que el australopiteco). No es de extrañar que aquí, en las sufridas tierras catalanas, en Carod montara en cólera tras la certera descripción por un periodista del Times londinense de lo que ocurría en casa. Por eso tiene tanto interés en montar embaixadetes: para prevenir y en su caso contrarrestar los efectos que la verdad pueda producir en las decisiones de allá sobre las cacicadas de acá.

Parece ser que la farsa zetapera está entrando en su tercer acto (que es el último, según el canon neoclásico). Por de pronto, la Voguemomia tiene los días contados. Se le acabó el crédito: sus subordinados, al parecer, no la aguantan y además, se equivocó en la gestión del secuestro del Alakrana (por decir lo más reciente, sonado y que nos hemos enterado). Tampoco se habla con sus colegas del Gobierno y encima tiene organizado el pifostio de su empadronamiento irregular (a este paso, sus vecinos la van a conocer como l’animeta de Beneixida), que no se ha terminado aún.

Por tanto, se anuncia una «crisis de gobierno» en la cual parece que una de las ovejas muertas será casi con toda seguridad la Vice. Posiblemente caiga también la Corredora, que tiene en su ministerio un stock de inmuebles invendibles (¿se imaginaban ustedes hace unos años una casa que no se pudiera vender o, al menos, alquilar en un tiempo razonablemente corto?). Por la menestra de Iguar-dá no se preocupen: no caerá hasta que termine lo de la ley del aborto (o del aborto de ley, que allá se va una cosa con la otra). Veremos qué conejo se saca ZP de la chistera; pero fijo que, sea el que sea,  será difícil que tenga la cualificación requerida para el puesto y cualquiera de ustedes o yo podremos hacerlo mejor. ZP no hace sino boquear en medio de la nada a ver si aguanta hasta 2012. Y los españoles, como siempre, sufrimos el castigo de haber votado con las vísceras y no con la cabeza.

Sin embargo, todo este movimiento, ¿para qué? Desde el otro lado de la barrera, Mariano ni se plantea la moción de censura. No quiere que le persiga el ridículo de Hernández Mancha con su mocioncita (seguro que recordarán ustedes las carcajadas de Alfonso Guerra ante tamaña payasada, oviamente, por consiguiente). Eran los tiempos del suelo electoral de Fraga, que Hernández Mancha se empeñaba en fregotear con ahínco. Casi 25 años después, fiel a su estrategia del caracol, Mariano deja pasar el tiempo creyendo que corre a su favor…

Ahí está, ahí está
viendo pasar el tiempo
el soso de Rajoy…

Y como con Pepiño no vamos a ser menos, le vamos a dedicar con todo o noso cariño y para que la vea en sus ratos de ocio en Vila Pesoe, la ópera Boris Godunov, de la cual extractamos la llamada escena de las alucinaciones. Seguro que le trae muchos recuerdos.

¡Circo, más circo!
(Dmitri Shostakovich, en los ensayos de su Novena Sinfonía, en 1946)

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Autor: Aguador

Mi vida personal no tiene gran cosa de interesante...

2 opiniones en “Aguantar la farsa”

  1. Dentro de pocas semanas volveremos a comprobar la realidad de las palabras huecas del ejecutivo, además del ridículo de la prensa extranjera que ha reculado a petición del gobierno.
    Saludos

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  2. Esto empieza a parecerse a la Revolución Rusa…

    Octubre de 1917: Ha nacido la Revolución Rusa. La historia humana ha adquirido una nueva dimensión.

    Dice la historia que aquel mismo mes se reunió en asamblea la Iglesia Ortodoxa Rusa y que tuvo lugar un apasionado debate acerca del color del sobrepelliz que había que usar en las funciones litúrgicas. Algunos insistieron vehementemente en que debería ser blanco, mientras que otros defendían, con la misma vehemencia, que debería ser morado.

    Nerón tocaba la lira mientras ardía Roma.

    (Anthony de Mello, El canto del pájaro, p. 89. Ed. Sal Terrae, Santander, 1982)

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