El resultado les da igual


Ya saben ustedes que no soy nada furbolero. Básicamente por una razón: porque antes que nada es un negocio en el que se mueven millones de euros sin que a nadie se le mueva un pelo del bigote (y a pesar de que la deuda de los clubes de Primera está calculada en unos 780 millones de euros), en segundo lugar un espectáculo (sobre eso hablaremos más abajo) y, a mucha distancia de los dos anteriores, es un deporte (para ver simplemente deporte, sin negocio ni espectáculo, deben ustedes descender a las catacumbas de las divisiones regionales).

Y créanme que estoy hasta el gorro del maremágnum creado en torno a la final de Copa del Rey de hoy. Empezando por los que pagan entrada en el Vicente Calderón simplemente para pitar. A ésos se les puede aplicar la canción (modificada, claro está):

Pitar (x5)
hemos venido a reventarla,
el resultado nos da igual.

Aquí la dimensión espectáculo religioso cobra todo su sentido. España está metida en problemas muy gordos y al Gobierno le interesa que la gente se distraiga en otras cosas. Luego, el fúrbo, que es una especie de religión («para quienes están dentro ninguna explicación es necesaria; para quienes están fuera ninguna explicación es posible») viene estupendamente al Gobierno (de cualquier color) para desviar la rabia y la frustración del respetable por la porquería de situación económica en la que nos encontramos. Por eso suenan farisaicas las críticas al franquismo cuando decían que «Franco usaba el fúrbo para calmar a las masas». Doble vara de medir: si era «malo» entonces, nuestros «demócratas» gobernantes de ahora no deberían ni usar ni mucho menos abusar de la fórmula. Sin embargo, no recuerdo ya cuántos Barça-Madrid se han jugado (otros tantos «clásicos», «partidos del siglo» y otras memeces semejantes). Y cualquier excusa es buena para prender la mecha.

Ítem más. El partido se ha calentado. Personas cuya bocaza debería estar cerrada (particularmente los presidentes de los clubes afectados) incendian el ambiente con declaraciones absolutamente irresponsables, que han provocado que se convoque un dispositivo policial de entre 2.500 y 3.000 efectivos por ser considerado éste un partido de alto riesgo. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con la columna de hoy de Hermann Tertsch cuando dice lo siguiente:

Hay más. Con cinco o seis frases comodín los españoles parecen todos ser educados para permitir, sin mala conciencia, que aquellos que los ofenden gocen de impunidad plena y finalmente dominio.
Desprestigiada toda apelación al honor, a la dignidad, a la patria, apenas queda la de la ley, que normalmente se neutraliza apelando a posibles males mayores en caso de aplicarse o imponerse. Pero además, en esta inmensa fiesta de la hipocresía, la debilidad y la mentira, todos han de justificar su complicidad o tolerancia absoluta con el agresor. Y lo hacen con la furiosa descalificación personal a quienes se opongan a admitir la afrenta o ultraje. Lo que hemos visto después de la entrevista a Aguirre en el programa de Carlos Herrera ha sido un espectáculo tan bochornoso como ilustrativo del problema de nuestro país con la dignidad y la vergüenza, pero ante todo con la verdad. Todos contra Aguirre con los medios que sea.

Ése es el punto esencial. En mi muy modesta opinión, hacen mal los cargos de los clubes en dar voz, micro y cámara a los salvajes, porque al final parece que son ellos los que representan al club en concreto y no es así. El problema no es tanto la contundencia de la actuación policial, que así tiene que ser cuando se produzcan delitos, sino la permisividad de esos cargos de los clubes y de cierta prensa afín, que cree que hará caja calentando el partido. Es la permisividad basada en la apestosa relación entre fútbol y política lo que ha permitido que una propuesta sensata como la de Esperanza Aguirre haya sido anatematizada con furia, cuando ella, al igual que Sandro Rosell, «ha expresado su opinión». ¿O es que sólo hay «libertad de expresión» para tolerar los ultrajes y declaraciones políticamente interesadas, y no para rechazar ambas?

Solamente deseo que gane el mejor, pues para mí no es más que un evento deportivo. Y que no haya que lamentar desgracias personales por incidentes que puedan producirse. Que a los salvajes poco les importa que sea un partido de fúrbo u otro evento el que les permita expresarse. Como decíamos antes, a ellos el resultado les da igual.

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