Barcegate


Que el PSOE domina los tiempos en la agit-prop es cosa sabida desde el 11-M. Dejando aparte su respeto por la verdad, que es ninguno cuando no les favorece, cuando menos hay que admirar su sentido de la oportunidad. Es verdad que RbCb dio una imagen bastante pobre, con el hándicap de que hasta sus propios le quieren jubilar; pero el aparato ha tenido más reflejos y ha contraatacado en varios terrenos.

Primero, ahí tenemos a la Soraya Peor (la Mala es la Vice y no hay buena) poco menos que exigiendo “una comisión de investigación”. Es una iniciativa bastante penosa teniendo en cuenta la normativa de nuestro país. Porque lo que pretende la pesoe es convertir la comparecencia del Presidente del Gobierno en una tal comisión en un proceso de impeachment a la americana, que no tenemos en las Batuecas ni por asomo. Aquí, por aquello de la estabilidad democrática, no son las Cámaras quienes hacen dimitir al Presidente, sino que es él quien se va, como ocurrió con Adolfo Suárez. Y penosa igualmente por otro motivo: debido al motivo anterior, una “comisión de investigación” no puede destituir al presidente, ni sus conclusiones influir en un proceso judicial que se estuviera siguiendo sobre la misma cuestión (art. 76 RCD). Con lo cual, la exigencia de esa comisión no es más que carnaza para la galería y poco más.

El segundo terreno en el que han contraatacado es en el multimedia. Se les ha ocurrido un vídeo (¿algún cerebrín de las JJSS, tal vez?) en el que comparan a Rajoy con Nixon. Volvemos a nuestro primer argumento: aquí no tenemos un proceso de impeachment a la americana en que las Cámaras destituyen al Presidente. Por más que se empeñen. Es verdad que puede haber similitudes entre ambos casos e incluso entre las respuestas de uno y otro, pero ir más allá entra ya dentro del terreno de la demagogia.

Sin embargo, lo peor no es eso. Los diputados de la oposición deberían recordar que no se deben al aparato del partido que les ha puesto en los puestos de salir de la papeleta electoral, sino al pueblo soberano, que es quien les ha votado. Y que su misión es vigilar al Gobierno para que éste no se aparte de la finalidad de buscar el bien común. Bien común entendido como que no es el de la casta, sino el de todos los españoles, pues el Gobierno es de todos y para todos, lo hayan votado o no.

Y otra cosa, nada buena: salvo para los creyentes (servidor se ha encontrado muchos en estos días), Mariano no ha disipado suficientemente las sombras de duda respecto de su intervención/participación en el feo asunto de corrupción que ocupa hoy todas las tribunas, portadas y tertulias. Ni tampoco la de determinados personajes de su partido. Dan simplemente risa/pena las autorreferencias a la honradez de Mariano y las “puestas de mano en el fuego” y “adhesiones inquebrantables al líder” de algunos. Como igualmente dan risa/pena los argumentos de los contrarios: “nos da igual lo que diga, tiene que dimitir y convocar elecciones”, que echa un tufo de “quítate tú pa ponerme yo” que tumba. Nada de “servicio a la nación” o “el bien de la nación por encima del de mi partido”. Quizá por eso, “obligado por las circunstancias”, Mariano convoca el famoso pleno el día 1 de agosto: “Ya que me hacéish ir al Congresho a explicarme, osh voy a joder”.

El Gobierno, por desgracia, vive ahora mismo más pendiente de la última revelación de Pedro J. que de atender a los asuntos propios del país y de imponer el respeto a la ley allí donde es costumbre pasarse la ley por el forro del arco de triunfo. En esta democracia-que-no-es-una-democracia es muy probable que tenga “prioridad de asunto de Estado” saber dónde tiene guardados Pedro J. los «papeles de Bárcenas» al efecto de cortar el goteo incesante de “noticias” que, por ejemplo, meter en prisión a los alcaldes con veleidades independentistas o meter en cintura a los presidentes autonómicos, cuando más de uno se cree el puto amo (con perdón) de su pequeño o gran cortijo. Entre otras cosas que podría hacer.

¿Qué sacamos los españoles de a pie de todo esto? Que es un circo, un paripé, un teatro. Las informaciones de El Mundo han inquietado lo bastante a la casta como para montar este teatro, en que la oposición hace como que controla al Gobierno y el Gobierno hace como que contesta a las preguntas de la oposición. Carnaza para tontos del haba, que es como nos consideran. Y nos vemos en un dilema: dado que en nuestra Constitución sólo existe la moción de censura constructiva, ¿a quién ponemos en vez de a Mariano? Si “los dos grandes partidos” se parecen como gotas de agua en su estructura y funcionamiento (nada democráticos, art. 6 CE), ¿qué hacemos? Alguien dice que ha llegado la hora de los “partidos pequeños”. Es pronto para decirlo; pero sabemos dos cosas: primero, que el sistema está montado para pervertir a los partidos en cuanto alcanzan cierto tamaño e importancia; y segundo, que si las personas del partido se pervierten, no importa cuál sea el tamaño del partido. El voto del miedo ya no funciona.

¿Y saben ustedes lo verdaderamente lamentable de este asunto? Que la historia de este caso que pretende “acabar con el Gobierno” nos la terminará contando un juez, ya sea Ruz o su sustituto.

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Gotas que me vais dejando...

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