Más de lo mismo pero distinto (I)


En Andalucía, antes de Semana Santa y de las tres campanás, han hablado las urnas. «El pueblo es sabio», dicen. Yo, que soy menos optimista, digo más bien que «el pueblo que no es esclavo es sabio». Pero ya me estoy desviando, así que vamos por partes, que dijera Jack el Destripador.

Las elecciones andaluzas tuvieron ayer una participación tres puntos superior a la de 2012. Vale decir que los partidos han conseguido movilizar una mijita má del electorado, no mucho más. Dentro del general descrédito de la clase política española en general y andaluza en particular, eso se puede considerar un medio éxito, aunque seguramente ha influido el hecho de que aparezcan nuevas marcas en el mercado político andaluz: algunas impolutas aún y otras con algún achaque de salida pero que al parecer eso no ha afectado a los resultados.

Más allá de lo que todos dicen la noche electoral, lo de «hemos ganado», cumple repasar los resultados para ver por dónde han ido los tiros esta vez.

Los resultados

Sin duda ninguna, la vencedora de los comicios de ayer fue Susana Díaz, en cuanto lista más votada. No con mayoría absoluta, desde luego, pero sí con el número suficiente de escaños para mantener el chiringuito. Es significativo que algo más de un tercio del censo prefiriera a Susana Díaz, la que dijo que «iba a luchar contra la corrupción». Un año después de llegar ella a la poltrona, la juez Alaya se lleva a los imputados de su partido y del sindicato amigo de veinte en veinte cuando antes se los llevaba de dos en dos (la lista se va acercando a los trescientos imputados). Pero eso no ha perturbado el ánimo de los andaluces que la han votado, perpetuando para cuatro años más el cortijo socialista andaluz. Con una diferencia: ahora Susana ya tiene legitimidad de origen, puesto que «la han votao lo andaluce y la andaluza», cuando antes cargaba con el hándicap de haber sido designada por un expresidente caminito del TS.

El gran derrotado, naturalmente, ha sido el PP. Ha caído de los 50 escaños que logró Javier Arenas, a los 33 de Moreno Bonilla. Del casi tocar el cielo al après moi le déluge. Seguramente habrá comentaristas que opinen que habrá que leer ese resultado en clave nacional, como un «voto de castigo indirecto» al partido en el Gobierno. Pero aun siendo eso así, yo veo dos errores de bulto que ha cometido Génova, empeñada en dispararse a los pies un día sí e outro tamén.

El primero de ellos es nombrar por dedazo a un señor que en el conjunto de Andalucía no lo conocía nadie. Error mayor por cuanto los populares andaluces ya tenían en mente a otro señor (José Luis Sanz, si no recuerdo mal) por quien se sentían más representados. Pero como es sabido, ni en Génova ni en Ferraz se estila eso de escuchar al pueblo. Así que ¿pensaron? en Génova que si la televisión podía encumbrar a un don nadie en una semana (no hace falta que les ponga ejemplos), ¿por qué ellos no podrían hacer igual, contando además con el poderoso aparato del partido y etcétera? Es decir, piensan que un candidato se puede crear de la nada, como una operación de marketing. Y todavía no: han idiotizado al pueblo, pero aún no tanto como para que éste no pueda distinguir un candidato verdadero de un candidato ful de Estambul. Y a ese candidato con nombre de árbitro (para mí «Juanma» siempre será López Iturriaga, que todo lo que tiene de alto lo tiene de buena persona) le han sacado la tarjeta roja, como les decía yo hace unos días.

En resumidas cuentas parece lo siguiente: que de Génova han mandado a un señor a que le partieran la cara a la orilla del Guadalquivir. Tanto es así que ni siquiera ha obtenido escaño en la circunscripción por la que se presentaba. Curiosamente, Arenas se presentaba como número 4 por Almería y él sí ha sacado escaño. No menos curioso es que a la hora de comparecer en los medios lo haya hecho completamente solo. Nadie quiere acordarse ahora del «menuda campaña te espera, bonita» de la todopoderosa vicetodo.

Y el segundo error, que no es de ahora sino que viene de muy atrás, ha sido instalarse en la cómoda oposición, supeditando su política a los superiores intereses nacionales de partido, de lo que luego hablaremos.

De IU poco vamos a hablar. Decíamos hace tiempo lo de «Izquierda Undida» como un chascarrillo de risa floja, pero ahora en IU ya no se ríen. Máxime porque, al igual que está ocurriendo en Madrid, Pablemos está fagocitando al comunismo burgués, cuyo único mérito destacable es haber pactado la Transición y no haberse echado al monte, como solía. Desde entonces no ha hecho otra cosa que vegetar, cuando no meter la mano en el cesto para consolarse de su inanidad política.

De manera que cuando ha aparecido una formación nueva de la misma marca, los más inquietos se han ido a ella como un solo hombre. Poco importa que sea «vino viejo en odres nuevos». La mezcla funciona —todavía— aunque ya da síntomas de agotamiento. Los Pablemos boys han entrado con fuerza en el Parlamento andaluz: de 0 a 15 diputados con el mensaje populista y bolivariano de los Chávez, Maduro y demás patulea. Y con el dinero de los venezolanos. Así da gusto, oyes: qué no hubieran dado partidos como C’s o VOX por disponer con liberalidad de semejante presupuesto, aunque esté manchado con la sangre del pueblo venezolano o con los excrementos que lanzan a los disidentes en las hediondas prisiones donde los tienen encerrados. Pero con los estándares morales políticos tan bajos, ¿qué más da, verdad?

En cuanto a C’s, se pueden denominar también triunfadores de la noche electoral. Se ha nutrido de descontentos del PPSOE, por un lado, y de votantes a los que Pablemos y su «izquierda extrema» pone los pelos de punta. Y, para mí, son los verdaderos triunfadores, con su lema «el cambio sensato». Sin tener una estructura clientelar —PPSOE— ni disponer de una generosa asignación girada desde un país extranjero —Pablemos—, han saltado de 0 a 9 diputados. Son los que no se han dejado llevar por los cantos de sirena populistas, a los que el PPSOE ha sucumbido: recordemos lo que decían del ISD, sólo porque el candidato Aguado en Madrid patinó a ese respecto —y lo mencionó Federico: prueba de que se le escucha más de lo que se dice por ahí—. Otra cosa es que, mirado con cierto detenimiento su programa, la primera palabra que venga a la mente es socialdemocracia. Que eso es en realidad en lo que están todos menos los de Pablemos, que quieren implantar la dictadura bolivariana en España y —tal vez— VOX.

Por supuesto, este éxito ha sido posible también con la inestimable colaboración de Carlos FlorianoSiudatán, decía; ahora seguro que no se ríe—, los naranjitos de Rafael Hernando —a Rivera le faltó tiempo para fotografiarse con el logo de nuestro Mundial, de triste memoria futbolística para nosotros—; pero sobre todo, por la estupidez que soltó un quídam que atiende por Antonio Sanz. Rivera salió airoso de los tres envites y eso se ha reflejado en la oportunidad que se le ha dado a su candidato, Juan Marín. Veremos.

En conjunto y como colectivo, los andaluces tendrán lo que se merecen. Ni más ni menos.

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