A cuatro manos y Dios


Realmente no sé si debería ser yo quien publicara esta entrada. Digamos que porque queda feo que uno «hable de su libro», por mucho que fuera un escritor (Umbral) quien popularizara el dicho. De todos modos quiero hoy hablarles de una pequeña obra que ha escrito Adela, mi pareja, acerca de un variado caleidoscopio de imágenes de su vida y de otras cosas, en que yo he tenido una participación importante en cuanto a edición y ampliación del material.

De entrada, no es un libro para cualquiera. Se habla de variados temas, se dicen cosas fuertes. Tal vez los que anden buscando morbo encuentren algún párrafo del que puedan sacar punta, como los cotorros esos del «corazón» (a todo esto, me pregunto qué tendrá que ver el «corazón» con todos esos asuntos de los famosetes de medio pelo que se promocionan por ahí previo pago).

Por encima de todo, es un libro que habla de Dios y de su intervención en una vida concreta. Quizá por eso no es un «libro para todos». Y luego, de esa intervención penden todos los demás temas que se hablan, como esos colgantes en los que, de un hilo principal, cuelgan otros hilos. Hilos que cuentan otras historias. Historias que hablan de desesperación, pero también de esperanza. Historias que son un grito de rabia, pero también de fe en Dios.

Me gustaría adelantar que quien piense que estamos ligados a movimiento alguno de Iglesia se verá seriamente decepcionado. No, no pertenecemos ninguno de los dos al Opus Dei, ni al Camino Neocatecumenal, ni a nada. Somos nosotros dos, como miembros de la Iglesia de Jesucristo, aquella de la que Jesucristo dijo a Pedro: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno nada podrán contra ella». No debemos el favor a nadie y eso nos ha dado completa libertad para hablar de lo que queríamos hablar y de decirlo como queríamos decirlo. Quizá en otras épocas este libro no hubiera obtenido el nihil obstat; pero hoy es posible, gracias a servicios de publicación electrónica, que un libro como el nuestro se abra camino a la posibilidad de ser leído por otras personas.

No pretendemos en modo alguno hacer negocio con el libro. Así como otros escriben porque ésa es su profesión, nosotros no nos lo planteamos así. Creemos que lo que se dice en el libro es algo que debe ser dicho, ante quien sea necesario y con el debido respeto —o sin él, según los casos—, no desde el punto de vista de la teología o de la política o de la sociología, sino desde el punto de vista de dos creyentes de a pie. Así que, si va bien, alabado sea Dios: tendremos para pipas. Y si no va bien, alabado sea igualmente Dios. Nos queda la satisfacción de haber escrito el libro que queríamos escribir: nosotros solos, sin equipo, sin asesores de imagen, sin agentes literarios ni contratos de edición… ni toda la maquinaria que se pone en marcha cuando se trata de uno de los grandes. Que, total, los 50 truños de Grey (los normales, los oscuros y los liberados) han sido un éxito editorial sin tener gran cosa que decir.

En cualquier caso, esperamos que su lectura sea del agrado de quien nos escoja. Dejamos aquí el enlace a la tienda virtual.

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2 comentarios en “A cuatro manos y Dios

Gotas que me vais dejando...

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