Se nos va otro clásico de y entre los clásicos. Fernando Argenta ha decidido echar el cierre a 28 años de Clásicos Populares (que ya son años). 28 años que seguramente le habrán deparado montones de satisfacciones, la mayor de las cuales habrá sido el reconocimiento. No sólo a nivel público (tanto su programa radiofónico como el televisivo, El Conciertazo, han ganado cantidad de premios internacionales), sino también a nivel privado. Muchas personas que tal vez creyeron que la música clásica era algo arcano y recomendable sólo para snobs y carcas, encontraron en Fernando y su programa una excelente introducción a ese mundo. Y Fernando se fue metiendo en el corazón de todas esas personas… hasta la fecha.
Seguramente, los fieles de Clásicos Populares coincidirán conmigo en que el programa ya sufrió una más que sensible amputación con la marcha de Araceli González Campa. Ellos dos eran el alma del programa y de hecho, ya sin Araceli el programa no era lo mismo. Aunque Fernando es mucho Fernando, ciertamente, como no podía ser menos del hijo del que pudo haber sido el Karajan español, don Ataúlfo Argenta. Que habrá opiniones para todos los gustos y a algunos les habrá gustado Fernando y a otros no. Pero para presentar (o «conducir», como se dice ahora) un programa que dura ya 28 años se entiende que no vale cualquiera.
La razón de tan sensible marcha: el famoso ERE de RTVE, que en esa terminología pseudo-científica nos habla de «abaratar costes» y «externalizar servicios». Que aclaremos una cosa: «externalizar» quiere decir «encargar las tareas de la empresa a gente que no es de la empresa». Y eso, según decía mi abuelita, resulta más caro que hacer el trabajo uno mismo. Claro que mi abuelita a lo mejor estaba anticuada para estos tiempos que corren. Pero reflexionando un poco (y yéndome tal vez del tema principal), lo que quieren es que la calidad descienda para que al mismo tiempo descienda su rentabilidad. Y de esta forma, justificar con el «descenso de rentabilidad» su privatización, insertada en un plan más vasto de aculturación de las masas.
Retomo nuevamente el tema. Y me sobreviene una punzada melancólica al acordarme también de otro programa de Radio 2 (ahora Radio Clásica) que yo escuchaba lloviese, tronase o hiciese un calor de mil pares de narices: A contraluz, con José Luis Téllez (por cierto: lanzo un SOS por si alguien tiene la grabación del Boris Godunov en la que Téllez intervenía como comentarista) y Olga Barrio. Todo era oír el vals de Masquerade, de Khachaturian y prepararme para dos horas de diversión nocturna. Parece ser que cometieron el error de exagerar un tanto su sentido del humor y les quitaron (más bien les arrancaron) el programa. Pero es sabido que el poder suele andar escaso de sentido del humor. Lejano ya ese año 1987…
Ahora sólo falta que «me quiten» a José Luis Pérez de Arteaga y su Mundo de la fonografía. Como dice el firmante de este artículo, «si a este hombre también lo van a despedir, que me lo metan en formol y me lo manden a casa».
