Liquidación por cierre (I)

Contra lo que algunos pudieran pensar, no, no es este blog el que se cierra. Lo que parece que sí se está cerrando es España. Y se preguntarán ustedes: «¿Pero qué dice este hombre?». Asumo también las críticas por conspiranoico, como también las asumí en su momento cuando los trolls gilipollas de ZP se reían de uno por sumarse al grupo de los que entonces decíamos «España se rompe».

Hoy, después de cuatro legislaturas zapateras en el Gobierno (las dos de ZP y las dos de Rajoy), cada vez es más claro que España va por el derrotero malo. En mi opinión, bastaba simplemente con no hacer nada. Bastaba con dejar intacto el corpus zapatericus (las leyes degeneradas, la de la desmemoria histérica…). Cosa que, de hecho, advirtió la Voguemomia —hoy más restaurada que un cuadro de Van Eyck—: «Ustedes no van a cambiar nada» respondió, acre, cuando algún diputado del PP le dijo —no recuerdo si antes o después de 2008— lo que harían al llegar al Gobierno.

Pero tanto Rajoy como sus ministros se apuntan a la regla del Jefe: si Mariano oficia como «el hombre que nunca estuvo allí», sus ministros lo mismo, si es que quieren seguir siendo ministros. ¿Que el PP está que lo tira con sus ministros de rompe-y-rasga? Da igual. Si al Gobierno le quedaban amigos en el Poder Judicial, los acaba de perder todos gracias a las declaraciones del «borroso Catalá» relativas al magistrado ponente de la sentencia de La Manada. ¿Que hasta una Secretaria de Estado como Carmen-por-favor se cisca en los jubilados? Da igual. Se pide disculpas y listos (no me hagan reír con eso de «pedimos su dimisión»: en España lo habitual es el cese). Tampoco importa que esas declaraciones se hayan cargado el vergonzoso proceso de compra de votos entre los jubilados. ¿Qué Méndez de Vigo, presunto ministro de Des-educación no hace absolutamente nada en Cataiuña? Da igual. Lo que él quiere es tener contentos a los de su logia de eurócratas y poco más. Los españoles le importamos poco.

¿Que la desidia criminal de este Gobierno, juntamente con el cumplimiento punto por punto de los designios zapateros, van por el camino de partir España en cuatro cachos? Da igual. Mariano piensa que «a mí me queda un año y medio y deshpuésh, a vivir de los 80.000 eurosh que me quedarán de penshión». Lo siento por los carboneritos que aún le quedan a Génova, 13. Bastará hacerles esta reflexión: ¿por qué iban a hacer por España con un gobierno con respiración asistida lo que pudieron hacer y no hicieron entre 2011 y 2015, cuando tenían mayoría absoluta?

Remedando a Carmen-por-favor, «¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: «¡Pues os jodéis!»». Vale la pena decir que cuando no se tienen principios, o éstos se dejaron por el camino cambiándolos por otros, se corre más rápido hacia el final.

Alsasua y la doble vara de medir (II)

Siguiendo la relación anterior, podríamos enlazarla con esta entrada mediante una paráfrasis de la célebre frase de Herr Doktor Stammler: «Tres palabras de rectificación de unos agitadores de cuarta y trescientas setenta páginas de una sentencia se convierten en basura» (Drei berichtigende Worte des Gesetzgebers und ganze Bibliotheken werden zu Makulatur). Como apuntábamos en la entrada anterior, una sentencia que a lo mejor alguien se ha leído a estas alturas, pero no desde luego quienes berrean en la calle.

Todo esto, sin duda, despide el tufo contaminante de las manipulaciones comunistas de manual, cuyo primer y exitoso ejemplo fue el caso de Sacco y Vanzetti. Pero empecemos por el principio. A quienes han promovido las asonadas y berreos callejeros varios no les importa en absoluto lo que la ley, de consuno con el buen sentido, tiene que decir acerca de los hechos. Parece ser que los hechos se contienen en un vídeo que esos pitecántropos grabaron para pavonearse de su hazaña. Vídeo que sólo han visionado sus señorías por tratarse de una prueba en sede judicial. Pero eso, a los promotores, les da igual. Sin tener en cuenta ese vídeo, han decidido que es violación. Habló la Blasa (en este caso la Cheka): tós pa casa.

Los hechos, en sí mismos, sólo importan en la medida en que sustentan la campaña. Es decir: llega un momento en que da igual si fue o no fue violación. El griterío es tan ensordecedor que, si un juez no es lo suficientemente firme en sus principios o no se siente apoyado suficientemente por sus compañeros de profesión y sus superiores, puede dejarse llevar y dictar, cual Calígula redivivo, en el sentido en que la chusma (bien teledirigida) quiere. En esta sentencia ha habido una de cal y otra de arena. Es decir: un ceder, pero poquito. Se califican los hechos como «abusos sexuales»… pero, para contentar al populacho teledirigido (los inocentes, que diría Münzenberg), se impone una pena a todas luces desproporcionada a tenor de los hechos probados. Eso sí, dentro de los límites del Código Penal.

Un servidor de ustedes empieza a tener la firme convicción de que, tratándose de una manipulación comunista (el feminismo hoy no es más que uno de los disfraces del comunismo de toda la vida, como antes lo fueron el «pacifismo» o la «defensa de los derechos de los gays»), la mentira tiene que estar en alguna parte. Y es lamentable que haya de ser en sede del Tribunal Supremo donde tenga que salir a flote la verdad. Pues, analizados cuidadosamente los hechos, se suscitan dudas razonables acerca de la efectiva producción de algunos de ellos; sobre todo, teniendo en cuenta el comportamiento más o menos «estándar» de una persona que ha sido violada y que cualquier psicólogo les puede relatar.

Y es así como prende una manifestación de histeria colectiva: dar una pequeña porción de verdad de un hecho escandaloso para que el respetable trague un montón de mierda mentiras creyendo que también forman parte de la verdad. Pero, como veremos en la siguiente entrada, mirado más de cerca, este montaje no resiste mucho.

Sobre la «gala» de los Goyas

A cuenta de la «gala de los Goya», en que se habla de cualquier cosa menos de cine, se ha levantado una gran polvareda a cuenta de unas declaraciones de Arturo Valls, presentador y actor, al que si no por otras cosas, conocemos por su creación de «Jesús Quesada» en la serie Camera Café. ¿Y cuál fue el grandísimo pecado de Valls? Sencillamente, recordar que se acude a una entrega de premios cinematográficos como la fiesta que es y que si hay que hablar de algo, es de cine y nada más.

Los españoles de a pie, ésos que la progresía titiritera despacha despectivamente como «la España profunda», estamos hasta las narices de que nos tomen por idiotas y con nuestro dinero, que graciosamente —ni puñetera gracia nos hace a los demás— les concede el Ministro de turno, sea de los hunos o de los hotros, Con la ventaja, para ellos, de que si es de los hotros pueden hasta reventarse en su señora madre, porque es «de derechas», «del PP» (éstos como diría Lasalle, no se han enterado de que el PP ha cambiado y ya no tiene ideología política) y toda la retahíla que se saben de memoria porque la recitan todos los años.

Por supuesto, no he visto ese acontecimiento. El autismo militante de la casta titiritera, complaciente con quien le paga bien —eso sólo tiene un nombre— me repugna a tal punto que opino que declaraciones como las de Arturo Valls suponen un poco de aire fresco en ese mundillo criptocomunista y lleno de comisarios políticos de lo políticamente correcto.

El caso es que, navegando por ahí, he recogido el comentario de un usuario llamado «Manuel Primero», que suscribo de la primera letra hasta la última, sobre el magno acontecimiento. Termino mi parte diciendo que si quieren una gala en la que los españoles de a pie seamos objeto de insultos, burlas y escarnios, o si quieren promocionar su enferma ideología de género, que se la paguen ellos.

La gala de los Goya se celebró ayer, sábado. Sólo 24 horas antes, el viernes, ya se emitían por la radio varios mensajes de disconformidad y descontento de los grupos feministas, alegando que las cineastas españolas, mujeres, representan no sé cuánto por ciento de la producción cinematográfica nacional, recibiendo, por el contrario, un porcentaje de premios sensiblemente inferior.

Cuando ayer supe cuáles fueron los resultados y quiénes las premiadas, supe al punto que los mensajes radiados del día anterior eran, en realidad, unos claros mensajes indirectos con los que se estaba diciendo a los responsables del evento que este año tenían la «obligación» de destinar una mayoría de premios, o al menos los más importantes, a producciones dirigidas o protagonizadas por mujeres, tal como ha sido con la película La librería, la cual cumple la doble premisa de haber sido dirigida por una mujer y protagonizada por una fémina que, además, es viuda y, por tanto, sus actos no están «contaminados» por la cercanía, siempre perniciosa, de una figura masculina… No me cabe duda de que no puede ser casualidad que sólo un día antes de la gala ya se estuviesen enviando mensajes de descontento por parte del feminismo patrio y que, una vez recibido el mensaje por la parte concernida, se actuara en consecuencia. Es como cuando hace cuatro años, en el cada vez más devaluado festival de EUROVISIÓN: los días previos estuvieron sazonados con declaraciones en contra de la homofobia, resultando de ello que, llegado el momento, aquella edición fue ganada por ese travestí austriaco barbudo llamado Conchita Wurst
(Conchita Salchicha, para los amigos: la salchicha de chicha que sabe chachi, si recuerdan).

No sé si rasgarme las vestiduras: ahora resulta que, ante la proximidad de un evento de masas, estos nuevos «privilegiados» de este régimen llamado «democrático» no tienen más que quejarse de lo muy desgraciaditos que son y de lo muy mal que les trata la gente para que, ipso facto, se les acabe concediendo todas las prebendas que aspiran a conseguir, sin tener en cuenta si sus obras valen realmente la pena o son bodrios, pues eso y no otra cosa son la mayor parte de las películas hechas en España, a día de hoy, con unas pocas excepciones, eso sí, en las que no procede entrar ahora.

Y en cuanto a la película ganadora, diré que, con independencia de lo profundamente feminista que sea el mensaje que se nos quiere lanzar al haberla premiado, me produce grima, en mi condición de ciudadano, que la película galardonada como la mejor película alumbrada por la cinematografía española durante el pasado año haya sido, ¡oh, rayos!, una película rodada en inglés. Lo cual sólo puedo interpretar como un paso más en la ingeniería social, auspiciada por la derecha presuntamente «democrática», destinada a lograr que, de aquí a una generación, se produzca en este país el reemplazo lingüístico, al tiempo que el demográfico.

Mala conciencia

Yo no sé si es mala conciencia lo del Gobierno, pero me da que algo debe haber. De otra forma no se explica esa orden no escrita que parece haberse dado desde el Gobierno para que los españolitos tuviéramos «moción por la mañana, moción por la tarde, moción por la noche». La importancia del acontecimiento, como suele ocurrir, va en dirección inversa a la atención que se le presta. Los plumillas, incluso aquellos que se supone que tienen una cierta altura para distinguir lo que es importante de lo que no, han seguido como un solo hombre la orden de Soraya (o de María González Pico, tanto monta) de dar el coñazo con la famosa moción de censura como si fuera un partido de fúrbo: la pre-moción, la moción y la post-moción.

Esta moción de censura, en realidad, a los españolitos no nos ha servido para nada. No ha sido en modo alguno constructiva. A los señorías sí, por supuesto: ellos son los que tienen algo que celebrar cada 15 de junio. De paso, les ha servido también para decir a sus presuntos representados que «ellos también trabajan». Y el pueblo, hoy LaGente™, se ha aprestado (o la han aprestado desde las redes sociales) a ver un espectáculo digno de las luchas de gladiadores romanas, como las que se recrean en la serie australiana Espartaco. Al decir de los que lo han seguido no ha defraudado: unos se han metido con los pelos de la barba de Rajoy y otros han criticado la coleta de Pablemos, la bisoñez de su first lady y muchos han alabado el «momento heroico» de Ana Oramas, que en realidad dijo lo que pudo haber dicho perfectamente Rajoy, pero que éste prefirió dejar en manos de alguien de menor fuste.

Sin embargo, todo el ruido mediático generado artificialmente no puede hacernos perder de vista la idea fundamental. La moción de censura tan cacareada por Pablemos, sus corifeos y sus groupies no ha servido para nada práctico. Tan inútil como la que en sus tiempos presentara Hernández Mancha contra Felipe González, con 30 años de diferencia y casi coincidentes. Luego entonces, ¿qué es lo que ha tapado todo el ruido mediático? Ésa puede ser la pregunta del millón de la semana. Y les voy a dar tres opciones:

a) La escandalosa excarcelación de la terrorista etarra Idoia López Riaño, La Tigresa, con 23 asesinatos en su haber que le han salido a cadáver por año. Y por supuesto, sin arrepentirse de nada. Se sigue cumpliendo el pacto del PPSOE con la ETA de «irlos sacando poco a poco». Suponemos que, tal y como están las cosas en Euskadi o Navarra, la acabarán enchufando en una oficina o negociado de «derechos humanos».

b) La no menos escandalosa «compra» del Banco Popular por un euro. Compra que está siendo investigada debido a las irregulares y fulminantes retiradas de activos que se produjeron en un tiempo realmente breve aunque los problemas, según parece, dataran de hace por lo menos seis meses. Lo notable, con todo, no es esto, sino el propósito final: que en España queden, como mucho, cuatro bancos. Dudo que esa concentración del poder bancario en tan pocas manos sea beneficiosa para el país. Y dudo también de que eso se lo cuenten en detalle en el mainstream.

c) Finalmente, nos queda el sempiterno prusés. A los dirigentes indepens les sale un sarpullido si no son portada en los medios de Madrit los lunes por la mañana. Nadie entiende que se siga dando dinero a una comunidad que está quebrada y que debe 70.000 millones de euros a estas alturas por su gestión de la Sanidad y la Educación. Ahora están que no botan por el hecho de que tienen «data i pregunta» para su segundo refotèndum; y el Gobierno sigue negociando con ellos. Cualquier día se nos descuelga Rajoy hablando en catalán, a este paso. Era conveniente poner sordina a toda esta historia, para lo cual la moción de censura ha servido admirablemente.

Lo más gracioso —si es que puede decirse que tiene alguna gracia—: que Pablemos hable, hable y hable de «corrupción» mientras obliga a gastar tiempo y dinero públicos en una moción de censura en la que, además de no proponerse él como candidato, Rajoy prácticamente desapareció a las 18:00 del mismo día en que respondió a Pablemos.

Por favor: no estamos para esos circos. Que ya tenemos claro que, aunque Pablemos sea peor que las siete plagas bíblicas —y Dios nos libre de que este señor tenga poder algún día—, Rajoy no es precisamente la panacea, por mucho que salgan sus trolls a sueldo y palmeros pro bono a decir que «ha ganado la moción de censura»…

P.S. (III)

Me faltaba comentar finalmente las salidas a la situación en que ha quedado el PSOE. Si yo fuera Javier Fernández llamaría a capítulo a Miquel Iceta y a Idoia Mendía y les plantearía la siguiente alternativa: ser nacionalistas como ellos quieren y desgajarse de un PSOE que no puede por ningún concepto perder la E, o permanecer unidos y dejar de comer en el pesebre nacionalista, que sólo aprovecha al nacionalismo radical. Para el caso, también incluiría en ese paquete a Ximo Puig, Francina Armengol y a Javier Lambán, que de un tiempo a esta parte han pillado el sarampión pancatalanista y no hacen más que decir tonterías en ese punto. Y decirles que no se puede estar al plato y a las tajadas. Claro que sería un poco raro ver a Meritxell Batet sentada en el Grupo Mixto; pero las consecuencias de los actos son las que son y uno las asume o se dedica a otra cosa.

Reunido el partido —o soltado el lastre, que también podría ocurrir—, queda el Miura: el famoso dilema entre abstención y elecciones. Ninguna solución es buena, en realidad. Si optan por la abstención, puede ocurrir que la mitad de los diputados y el electorado se echen al monte y se arrejunten con Pablenin. En ese grupo no sólo hay que contar a los asqueados por la filfa-corrupción, sino también a los partidarios pedristas. ¿Razón? El famoso «No es no» y el rechazo de plano de filiación zapatera. Al PP no hay que darle ni agua; y por eso, facilitar con la abstención un nuevo gobierno del PP es poco menos que una especie de traición a los «ideales socialistas», sea lo que sea que signifique esa expresión.

No obstante, si se opta por las elecciones, como les decía en las anteriores entradas, el panorama es más negro. Para empezar, tendrían dos meses apenas para recoser el partido o para soltar lastre. La experiencia demuestra que el electorado castiga —a veces con dureza— la desunión en los partidos. En segundo lugar, y atendidas las circunstancias anteriores, el batacazo puede ser monumental. Algo parecido a lo ocurrido en las autonómicas gallegas: el candidato «nato» está pringado en un asunto de corrupción y hay que poner a alguien. Y no se les ocurre mejor idea que poner a un señor llamado Leiceaga, por embudo y sin galleguizar el apellido. Y es, además, un señor al que, por lo visto, conocen en su casa a la hora de cenar. Con esas credenciales, Feijóo no tenía a nadie enfrente de suficiente fuste (lo siento por Cristina Losada y la campaña de juego sucio que, según ella, le orquestó el PP gallego). Así pues, la solución menos mala parece la abstención. Veremos qué ocurre al final.

11-S-2016

Estamos pendientes, como cada año, de varios eventos que ocurren en el mundo. Como internacionales, señaladamente el día en que los USA fueron atacados en casa. Hasta ese día, lo más cerca que habían estado de algo así fue Pearl Harbor y de aquello hacía 60 años justos. Y antes de eso, las únicas agresiones dentro del territorio USA que se conocen son las propias de la guerra civil entre yankees y sudistas o de su Guerra de la Independencia contra la metrópoli londinense.

Hoy, sin embargo, celebramos que entramos en el nuevo siglo a sangre y fuego, como ocurrió en el XX (primera guerra mundial) y como también ocurrió en el anterior (guerras napoleónicas). Sin embargo y a diferencia de lo que ocurrió en las ocasiones anteriores, esta nueva guerra no tiene parangón con las anteriores. Luchamos contra un enemigo que está en todas partes y que no sólo usa la guerra tradicional como instrumento, sino que se vale de todos los medios que la tecnología actual y las experiencias de las últimas guerras le proporcionan. Amenazan nuestra civilización y nuestro modo de vida al completo. En mi modesta opinión se está gestando un conflicto a nivel mundial, para el que no nos sirven gobernantes memos o comprados.

También hoy las izquierdas tienen algo que “celebrar”: que el sangriento Pinochet se cargó al no menos sangriento régimen del “socialista” y masón Salvador Allende, mitificado hasta la náusea, pero que si le hubieran dejado hubiera sido cabeza de puente del comunismo internacional en el “cono sur de las Américas”, que hubiera dicho Miguel de los Santos. Es raro no ver a los de la bandera roja con cara de felpudo celebrando esa (luctuosa) efeméride. No menos importante es la efeméride de 1989, que nos recuerda que en ese día se rompió el telón de acero entre Austria y Hungría, pasando miles de refugiados la frontera entre ambos países, iniciando/acelerando así el desplome de la Europa comunista.

Frente a todos esos hechos de alcance europeo o mundial, que en Barcelona se pretenda que lo suyo sea un hecho de importancia es una pretensión ridícula. Acaso la de 1977, que fue espontánea —y ni siquiera en la capital, sino en Sant Boi del Llobregat—. La novedad es que esta vez el President de una Generalitat que debería ser de todos se ha puesto del lado de los separatistas y, por tanto, contra el resto de catalanes que no quieren soñar tortillas y que forman la mitad de la población. Pero oigan, ¡si hasta odiAda Colau se ha sumado al carro del dret a defecar! Se conoce que el runrún ya no le funciona como reclamo, ni electoral, ni de otro tipo.

Lo importante, no obstante —y lo hemos dicho en este blog mío y de ustedes— es que el Gobierno central permite estas patochadas con el falso argumento de que «no van a ningún sitio, la sangre no va a llegar al río, ji-jí, ja-já». Toda la rabia que usa el Gobierno contra los leales que le quedan, que le dicen la verdad y le avisan del peligro es rocío al sol cuando se trata de los separatistas, a los que llevan incomprensiblemente entre algodones.

De hecho, un servidor sabe que la Generalitat encargó un informe (imagino que ben pagat, como paga la Gencat a los que le sirven) a un astrólogo para que, usando de los tradicionales conocimientos de la Astrología Electiva, señalara una fecha o un período en el cual presionar para obtener la independencia. El senyor astròleg determinó que eso iba a ocurrir en 2017. Y así los tenemos a todos velando armas y preparándose para el año que viene, que no pinta muy bien si en Madrid se empeñan en prolongar la debilidad institucional. Parecen esos novios incapaces de colgar el teléfono: “Venga, bloquéame tú”. “No, tú”. “No, no, tú”. Y así llevamos dos convocatorias electorales, perfilándose una tercera en el horizonte. Y en la carrera de San Jerónimo tan contentos todos. No menos en Moncloa y en Génova, 13, donde esperan aumentar el numero de escaños a cuenta del hastío y del cabreo del censo electoral. Eso no lo paran ni los palmeros ni trolos en activo de todos los colores.

Habrá que esperar un tiempo para saber qué hay tras todo ese paripé. De hecho, deberíamos saber a quiénes representan de verdad esos colores. Me da igual si es al Ibex-35, al lobby rosa, a la Logia o a quien sea. Yo sé seguro que no es a lagente, neologismo de este «tiempo nuevo». Pero una cosa es cierta: los que quieren construirse su país petit sobre los escombros de la otrora grande Nación española van avanzando, sin que en Madrid eso importe una boñiga seca a ninguno de los que pueden de verdad pararlo.

Burlas anticatólicas (II)

La incomodidad que provoca el catolicismo ha llegado incluso a la vida cotidiana. Dadas las condiciones mencionadas, uno deja de decir que es católico. A ¿nadie? le gusta que le traten de “meapilas” o cosas peores. Se trata al catolicismo como la “enfermedad infantil de la nueva humanidad”. Uno deja hasta de ir a misa; y el que se dice “muy católico” empieza a ser el “héroe” que acude a la misa dominical. Ni siquiera es posible en redes sociales, eso que ahora está tan de moda, pedir un padrenuestro por alguien sin que los fervorosos católicos miren hacia otro lado. Han expulsado a la Iglesia de la enseñanza con el hipócrita pretexto del “adoctrinamiento”, como si no supiéramos lo que hacen en las escuelas catalanas, concertadas o no.

No menos curiosa es la actitud de determinados “ateos” o “agnósticos” (a mí lo de «agnóstico» siempre me pareció algo así como «meterla pero sólo la puntita, por si acaso») que nos encontramos en nuestra vida diaria. Dicen no creer en Dios; pero su increencia, al contrario de lo que podría parecer, no les ha vuelto más tolerantes, por contraste con el retrato robot que tienen de la Iglesia como “secta oscurantista”, sino más intolerantes, hasta el punto de molestarles que uno simplemente rece sus oraciones en su presencia.

Tal vez la propia Iglesia tiene algo que ver en una especie de política general de “tener la fiesta en paz” y de no poder controlar esos “Estados dentro del Estado” que se han formado en el seno de la propia Iglesia. Pero lo cierto es que el cuello nos lo jugamos todos. Y Dios suele acabar molestando mucho a aquellos que transigen en su catolicismo «por tener la fiesta en paz».

En este sentido, permítanme comentar que no ayudan las aventurillas que ciertos avezados representantes de la Iglesia hayan tenido con feligresas dispuestas. Me refiero al asunto que ha explotado del ex-Obispo de Palma de Mallorca. En ese asunto, de acuerdo con la información que maneja ahora un servidor, no son de recibo tres cosas:

  1. La actitud del Obispo. Como tal Obispo, pastor de almas, su exigencia moral le obliga a un cumplimiento mucho más estricto de los votos de pobreza, obediencia y, en el caso que nos ocupa, castidad. No está bien y desde luego, si fuera por un servidor, ese Obispo no va de auxiliar a Valencia, sino que es suspendido a divinis y posteriormente enviado a un convento a reflexionar.
  2. La actitud del marido. En nuestra modesta opinión, si el marido hubiera querido arreglar las cosas correctamente, hubiera acudido al conducto eclesiástico reglamentario en vez de dar cuartos de pregonero a la prensa por sus cuernos. Pero es sabido que la venganza es mucho más apetecible que la justicia en determinados casos, sobre todo cuando el hecho vengado no es necesariamente un delito.
  3. La tardanza en resolver de la Iglesia. Dadas las circunstancias del caso, hubiera sido deseable que la Iglesia, tras un período razonablemente corto de investigación, hubiera solucionado el asunto con celeridad. Máxime cuando la Iglesia, como ya hemos comentado está en la mira (telescópica) de ciertos grupos que no pierden ocasión de echar cubos de mierda a la más mínima oportunidad. El problema es que como a los obispos los nombra el Papa, todo está centralizado en Roma; y así es como algunos asuntos, como el de los famosos Legionarios de Cristo se enquistaron hasta que se descubrió el entuerto (un señor a sueldo de ellos que paraba todos los golpes).

Impresiones tardoveraniegas

Se acaba el verano y la gente encara la vuelta al trabajo con el temido síndrome postvacacional. Que, a decir verdad, parece más bien invención de psicólogos, habiendo tanta gente que después de ese verano no va a volver al trabajo; o que, quizá con peor suerte, su época de trabajo es el verano y ya está. Hasta que los vuelvan a llamar y el ministro de turno saque pecho y nos anuncie claramente que las “cifras de afiliación” son “estupendas” y que el Gobierno de su partido ha hecho por el país más que sus antecesores. Poco importa que esas cifras sólo sean el paro reconocido y no el verdadero. Poco importa que se sigan usando las tácticas del ministro-tippex (Corbacho): España va bien y el resto son tonterías.

Vuelve septiembre y los mentideros están que arden con la posibilidad de que volvamos a votar en diciembre. Quizá lo resume bien la frase de Albert Rivera, remedo de una cita célebre de Sir Winston Churchill que no citaremos al pie de la letra: «Ustedes no están pensando ni en las próximas generaciones, ni en las próximas elecciones. Ustedes están pensando en las próximas vacaciones». Quizá el mundo está tan ocupado en otras cosas para no fijarse en nosotros que no nos vamos a convertir en el hazmerreír mundial. Puede que hasta en Uganda, ese país que el ministroenfunciones DeWindows intentó ridiculizar, sean hoy más serios que en las Batuecas.

Seguimos sin ganar nada y la frase que más se sigue oyendo en los despachos oficiales es “¿Qué hay de lo mío?”. Hace falta racionalizar la Administración, sí. «Pero como quites las Diputaciones la liamos. ¿Qué le voy a decir a mi mujer, que ha enchufado a mi cuñado en ella?». Habría que quitar la paguita en Andalucía, pero… «Bueno, ehque zi la quitamoh ahora noh montan la revolución obrera y campezina». No hay régimen más corrupto que aquel que cuenta con el beneplácito de sus súbditos previa compra de la voluntad de éstos. Los Pujoles siguen libres y en Cataluña la rauxa, combinada con la desfachatez y la estupidez, tiene vía libre, como demuestran los esforzados de Dolça Catalunya. Dos expresidentes de Comunidad Autónoma siguen caminito del TS pero sin terminar de llegar. Y van a ser juzgados bajo una LECrim cuya carcasa, bien que últimamente modificada, data de 1882. Nadie tiene narices de plantear una Ley de Enjuiciamiento Criminal “moderna” y “democrática” (lo que se dijo del Código Penal de Belloch, de 1995; pa lo que hemos quedao). Lo dijo Orwell: «Todos los cerdos son iguales, pero algunos son más iguales que otros» (quintaesencia de la democracia comunista, la de Podemos).

Ni siquiera son fiables los medios por completo. Información parcial, sesgada según el color del partido que los controla y sus intereses del momento (combinado con el interés del medio de congraciarse con el poder para arañar algún euro de subvenciones). Unos días dan caña al partido X “porque no se pliega a nuestros intereses”; otros dan coba al partido Y “porque nos interesa meter presión al partido Z para que acepte nuestras condiciones”. Todo es puro teatro; pero los plumillas hacen como que se pelean entre ellos al igual que los políticos: para dar vidilla a la cosa. Lo demás, todo quieto. Como dice la coplilla tradicional:

Antes que Dios fuera Dios
y los peñascos, peñascos,
los Quirós eran Quirós
y los Velascos, Velascos.

Todo lo demás se puede tocar; pero a los Quirós y a los Velascos, cuidado de tocarles un pelo. A ellos no se les puede negar hasta un puesto en la Diputación X para un sobrino, una prima o una exmujer si hiciera falta. Antes tenían título nobiliario y grandeza de España con derecho a «no descubrirse ante el Rey». Eso ya pasó a la historia y ahora los nuevos Quirós y Velascos forman en los consejos de administración de empresas del sector estratégico, con derecho (práctico) a no ser llevados ante la Justicia salvo que la pifia sea muy-muy-muy gorda.

Y los españolitos de a pie bostezan con tanto teatro mientras vuelven a la noria ─los que pueden─, soñando con que habrá otro verano, con que habrá otro tiempo en que volverá a brillar el sol y podrán ver satisfechas sus necesidades simples y proletarias. Nada que moleste al poder, como pedir un Estado que les deje ser ellos mismos en vez de convertirlos en ciudadanos-bonsai. Amén.

QUERIDA EXPLOTACIÓN LABORAL: TE DEJO, NO CUENTES YA CONMIGO.

De cómo un sistema médico corrupto y unos señoritos Cortijeros de bata blanca pueden hacer que uno renuncie a una vocación que persiguió con empeño y perseverancia, sólo porque los sindicatos médicos únicamente defienden sus prebendas y uno se vez indefenso ante esos señoritos…

Avatar de medico a cuadrosMEDICOACUADROS

Estoy en la calle.

He renunciado a mi contrato de guardias.

He renunciado a la explotación laboral  sangrante y despiadada.

He renunciado a la esclavitud de un sistema sanitario absurdo que trata a sus profesionales como basura.

He renunciado al pisoteo de un jefe que, como tantos otros en la medicina española, maneja su servicio como si fuera su cortijo. Un jefe que no lidera,  tiraniza.

He renunciado a trabajar en un sistema con médicos de primera que viven a costa de médicos de segunda.

He renunciado a turnos de 24h sin derecho a descanso durante el turno, que ponen en peligro mi salud y sobre todo, la seguridad de mis pacientes.

He renunciado a la inseguridad laboral.

He renunciado a trabajar con excelentes profesionales que, como tantos y tantos miles en el SNS,  han ido olvidando lo que fue su orgullo personal y profesional y lo que fue su…

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Reflexiones sobre el “Brexit” (I)

A la vista del resultado ya confirmado del famoso Brexit, quisiera expresar mi humilde opinión como simple ciudadano europeo.

Para plantear la cuestión pienso que hay que responder a dos preguntas: la primera es por qué irse y sus consecuencias. Y la segunda es por qué quedarse y sus consecuencias. Intentaré pensar en voz alta para que ustedes mismos puedan sacar sus propias conclusiones.

Lo primero que se me ocurre, para empezar, es que los británicos son europeos, les guste o no. Pese a su prurito insular y tal, sólo hace falta recordarles que el limes Hadriani llega hasta Escocia, superando ampliamente las márgenes del Támesis. Ni hace falta recordar la contribución inglesa a la universitas christiana medieval, representada entre muchos otros por Anselmo de Canterbury, Duns Scoto o Thomas More. La historia inglesa, por mucho que les fastidie a algunos, está conectada en muchos puntos de su recorrido con la europea. Siquiera sea porque la actual dinastía reinante, los Windsor, eran en origen los Hannover, —es decir, alemanes—, aunque se cambiaran después la denominación de origen «por patriotismo».

Sentada su pertenencia a la comunidad espiritual europea, podemos poner más hechos sobre la mesa. A mi modo de ver, el problema está en que las razones para irse tienen que ver con cuestiones de tipo político y espiritual, mientras que las razones para quedarse tienen más que ver con cuestiones socioeconómicas y de bolsillo.

Lo fácil, creo yo, es decir: «Menudos egoístas. Sólo han estado en la UE para lo bueno, nunca para lo malo. Anda y que les den». Pero hay que ir mucho más allá, sin duda. Pongamos un hecho sobre la mesa: la machada de Cameron de convocar a referéndum al respetable, que ya tuvo que pronunciarse sobre la permanencia de Escocia o no dentro del «Reino Unido». Recordemos aquello. Recordemos cómo Cameron empezó con la cresta muy alta los debates y acabó poco menos que pidiendo de rodillas y arrasado en lágrimas a los escoceses que no se fueran. Eso debió haberle avisado del carácter peligroso de la experiencia. Pero no aprendió y ahora está haciendo las maletas de Downing Street, 10.

Vean ustedes el siguiente cuadro:


El referéndum ha sido reñido (52% por el Brexit sobre 48% por el Bremain) y, a la vista de cómo se ha planteado, podría decirse que han votado viejos contra jóvenes. Los jóvenes, sabiendo que las cosas pintan color hormiga, votaron Bremain porque estar dentro de la UE —aunque no dentro de la UEM, porque no quisieron perder soberanía sobre su moneda— les reporta la ventaja de la movilidad geográfica, ya sea para estudiar o para trabajar. Si no encuentran trabajo en Liverpool, pueden intentar encontrarlo en Poznan, Bremen, Nantes o Milán. Y si tienen posibilidad de ir a estudiar a Heidelberg, quizá lo prefieran a quedarse en Leeds. Lo mismo se diga de los hoy «extranjeros»: si en Gijón o en Barcelona no hay trabajo, es posible dentro de la UE encontrarlo en Cardiff o Birmingham.

Los viejos lo han visto de otra manera. No van a quedarse en una Unión Europea que no les escucha, que al socaire del interés general europeo (¿existe eso? ¿Qué es? ¿Quién lo determina?) les impone obligaciones que no quieren cumplir. Eso es lo que ha aprovechado Nigel Farage y le ha salido «bien». Nacionalismo frente a europeísmo. ¿»Suena» eso? Por supuesto, en el inconsciente está la apelación al pasado glorioso de una Gran Bretaña «independiente»: el British Empire y el Rule, Britannia!…

Rule, Britannia! Britannia, rule the waves:

Britons never, never, never will be slaves.

Pensarían los viejos: «Tenemos tras de nosotros a la Commonwealth y a los USA. Nosotros no necesitamos para nada a la UE, cuyos mandatarios abren la boca sólo para fastidiarnos». Habría que comprobar la veracidad de esa afirmación solemne. Pero no sólo eso: Farage contó la trola a su país de que «con el Brexit quedarían garantizadas las pensiones» (¿les suena?), reconociendo después el error. Solamente por eso quedaría invalidado el referéndum. En clave interna, eso sí, hay puntos en que ya no hay marcha atrás, como la dimisión de Cameron. Por si faltara algo, los escoceses y los norirlandeses se han apuntado al bombardeo diciendo que si Gran Bretaña se va de verdad de la UE, que ellos se irían de Gran Bretaña y negociarían de forma independiente su permanencia en ella. Cameron ha abierto la caja de los truenos y el cacao está servido, señores.

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