La mentira

Dicen que el tiempo es sabio, que acaba poniendo las cosas en su lugar y a las personas en su sitio. Así le ha pasado a Z: tal día como ayer, reconoció ante Pedrojota que mintió y además, que sostuvo la mentira contra viento y marea durante un año. Y el contenido de la mentira no es baladí: dijo que el Gobierno no había vuelto a mantener contactos con ETA desde el atentado de la T-4. Viniendo del Presidente, es todo un reconocimiento de hechos y además, un desmentido a Rubalcaba, que fue quien dijo, «en nombre del Presidente», que el proceso estaba roto. Si recuerdan, en ningún momento de su primera comparecencia dijo Z que el proceso estuviese roto.

Bueno, ¿y ahora qué? Claro que no es ésa la única perla que deja caer Z en su entrevista-mítin; pero por desgracia, hay que recordar aquí al pobre Rubalcaba, que afirmó petulantemente la noche del 12/03/2004 aquello de «Los españoles nos merecemos un Gobierno que no nos mienta, que diga siempre la verdad».

Vaya por delante que el que crea en la total pureza de algún Gobierno ya puede esperar sentado. En la práctica política de los Gobiernos suele funcionar en asuntos «sensibles» la raison d’Ètat. Es, por ejemplo, la que se suele esgrimir para proteger la intimidad de los políticos o la de la familia real. Que eso nos plantearía otro debate: ¿se imaginan ustedes a, un suponer, a la Voguemomia soportando el mismo grado de acoso periodístico que Paris Hilton? Claro que a la niñata le encanta que le hagan fotos, pero seamos amplios en el ejemplo. No lo soportaría. Cuando se miente por razón de Estado, se hace normalmente para evitar asonadas populares espontáneas, para evitar alterar en demasía, en suma, el orden público.

Sin embargo, Z ha mentido por puro interés político. Aznar ya demostró que era inútil cualquier tentativa de diálogo con los terroristas. Sin embargo, Z repite. ¿Por qué? ¿Realmente «había que intentarlo», o sólo era por hacer lo contrario que Aznar y contentar al PNV, que siempre ha recogido las nueces de la «negociación»? Creemos que el apoyo del PNV estaba condicionado a eso precisamente: a que hubiese nueces para recoger, lo cual sólo se iba a conseguir sentando al Gobierno y a ETA en la misma mesa a «negociar».

Pues bien: no «sólo» porque el famoso proceso de pazzzzz ha sido una mentira mantenida durante un año (y fracasando); no sólo porque, entre otros, ha costado la vida a dos ecuatorianos y a dos guardias civiles; no sólo porque el proceso de pazzzzzz ha servido para ignorar a las víctimas del terrorismo acusándolas de «connivencia con el PP» y para echar mierda sobre su presidente (desde la «lotería» de Sorrocloco hasta las «informaciones contrastadas» que le tachan poco menos que de nazi), pasando por los intentos de dividirlos (la «vía Peces-Barba») y de controlarlos (la «vía elecciones»), que no les han salido bien…

… no sólo por eso, decimos, debe Z dimitir. Recordemos que en una democracia más avanzada que la nuestra, la americana, a Clinton no se le abrió un impeachment (proceso de destitución) por el quítame allá esas manchas de la Lewinski, sino porque negó los hechos. En una palabra: porque mintió. En España esto es, tras treinta años de democracia, inconcebible. No existe el delito de perjurio en el Código Penal; ¿cómo, pues, se va a exigir a los políticos moralmente que digan la verdad? Ésa es la lógica del P(SOE), al menos respecto de los que no son de su partido. Los propios, como siempre, tienen bula.

Así, pues: váyase, señor Z, váyase.

Actualización 21/01/2008.- Estoy acollonado. Acabo de leer un artículo de Martha Colmenares en su blog que me deja pensando. ¿Será verdad que Z ha hecho esta «pequeña» confesión para evitar tener que confesar otras mentiras mayores? Y, en ese caso, ¿cuáles serían esas otras mentiras «mayores»? Tiemblo de pensarlo…

 

El himno

The show must go on. Esto cantaba Queen cuando el llorado y recordado Farouk Bulsara (Freddie Mercury para los amigos) estaba en las últimas debido al traicionero sida. Él fue el único que me convenció de que el rock duro podía no ser una serie de berridos sobreagudos con acompañamiento eléctrico y abundante percusión y ya no está.

Traigo a colación esta estupenda canción de Freddie porque no parece sino que en el circo electoral cada día hay que presentar algo nuevo para que el personal se distraiga mientras ahí fuera la vida se pone más dura y más cara. Desde el primer día del año, la carga continua contra la Iglesia. Les escoció la manifestación del 30-D y ahora les escuece que la Iglesia no entre al trapo de sus provocaciones (la última, la de la Voguemomia: «No toleraremos tutelas morales»; a lo que yo contestaré, si se me permite, con lo siguiente: «ni la suya tampoco, doña; así que no se canse con lo de la EpC»). Y como la Iglesia no les ha hecho la propaganda gratis, han enfilado hacia los símbolos nacionales.

No hace muchos días, Z apareció perorando rodeado de seis banderas seis y repartiendo carnés de patriotismo (a la izquierda le encanta repartir carnés de lo que sea, siempre que sea ella quien reparta), viniendo a decir que «quien critica al gobierno no es buen español». Franco hacía exactamente igual, pero ningún socialista se levantó entonces para decirle que eso no estaba bien, ni tampoco ningún socialista le recordará ahora que ese tic es franquista.

Y ahora le ha tocado al himno. Un himno que desde su creación jamás tuvo letra. El intento más esforzado para calzarle una letra correspondió a José María Pemán, del que ahora nadie se acuerda por fascista. Y han adoptado la letra de un señor anónimo que gana un concurso público patrocinado por la $GAE, entre otras (seguro que cobró el canon por adelantado a los participantes). Un concurso no oficial, porque como todo el mundo sabe, la $GAE es una entidad privada.

Dejando por ahora aparte otras implicaciones, hemos de considerar la letra del himno. Con todos los respetos para su autor, un himno debe inspirar ardor guerrero, o, si se quiere, motivación para la lucha por los colores de uno, sea en contienda bélica o deportiva. Sí, ardor guerrero, ése del que tanto se burlan aquí en Cataluña. Claro que si vamos a mirar, «Els Segadors» (que hoy debería actualizar su título y llamarse Els Robadors) está lleno de ese ardor guerrero que tanta burla les provoca cuando se refiere a España. Y el Eusko Gudariak, otro tanto. Y eso es precisamente lo que le falta a esta letra: ardor guerrero. Miren, si no…

Catalunya, tremolant,
deixarem ben buida i neta.
Endarrera aquesta gent
que robar-ho tot no ens deixa.
Bon cop de Mas!
Bon cop de Mas,
defensors de la ceba!
Bon cop de Mas!

Uno se imagina a Artur Mas vestido de trabucaire y a Carod Rovira de Joan Serra, cada uno con sus huestes, a cual más feroz, defendiendo el sacrosanto oasi, en el que sólo ellos y Montilla —porque no les ha quedado más remedio que tolerarlo— pueden meter mano. Todos cantando el himno y el trabuco en la mano derecha o izquierda según sea la hueste.

Los himnos de Francia, Alemania o Estados Unidos rebosan de ardor guerrero, pero es que allí el panorama es otro. En Francia, Alemania, Estados Unidos o incluso México, todos son miembros de la misma nación. Por eso se pudo escribir una letra que los representara a todos y que fuera orgullosamente agresiva y por eso lo cantan todos con el mismo ardor. España, en cambio, desde que estamos en democracia, es la Rue del Percebe, 13. Se han dado tantas alas a los nacionalismos y ha habido tanta pasividad y tanta dependencia por parte de los Gobiernos centrales que en la democracia han sido que ahora es «normal» que aparezca un sujeto como el indecible Joan Tardà afirmando que España «no es su nación». Como normal es que saliese Z diciendo esa chorrada de que «el concepto de Nación es discutible y discutido».

Y así nos metemos de lleno en la corrección política, tan cara a la izquierda. No hay que cabrear a nadie, porque a la que glosas las glorias pasadas de España ya eres un «asqueroso nacionalista español» y un franquista, y un nazi (todo a la vez, porque los de izquierdas y especialmente los trolls no paran en barras a la hora de insultar). Por no poderse hablar, no se puede hablar ni de la independencia, porque enfadaríamos por igual a nacionalistas y a franceses. En Euskadi no sé cómo la llamarán, pero aquí en Cataluña la «guerra de la Independencia» se llama guerra del Francès, un rótulo muy aséptico y nada «patriótico-españolista».

La letra no es cosa mayor, ciertamente. Vistas las dos intentonas anteriores, me quedo con la de Pemán (asumo que, sin serlo, me llamarán «franquista» y cosas peores), que, aparte de mayor musicalidad, tiene lo que comentaba antes: ardor patriótico, que es lo que hace que a uno le emocione cantarlo y le prepare para la contienda deportiva o bélica. La actual sí, tiene mucho talante y parece hecha a propósito para los chavales que van a estudiar la EpC. Pero dudo mucho que a mí y a mucha más gente nos sorprendan cantando esa letra. Por mucho que la cante Plácido y vendan el CD y la $GAE se cobre el canon.

Patriotismo

Era lo que nos faltaba por ver. Z, rodeado de banderas españolas, apela al patriotismo para que cerremos los ojos al estado verdadero de la nación. Como si él, al igual que Chávez, que apareció con un chándal cruzado con la bandera de Venezuela para decir sus cositas, se hubiese envuelto en la bandera. Obviamente, es una provocación, como diciendo: «¿Veis? Yo también puedo sacar a pasear la bandera». Lo malo es que ya no engaña a nadie y aunque se rodeara de veinte mil banderas, seguiría siendo lo que es.

Claro que después hay que analizar para qué se envolvió en la bandera, ésa que siempre le ha producido urticaria. Y lo hizo, en resumidas cuentas, con una doble intención: primero, para seguir diciendo que la economía «va de película» y segundo, para calificar de antipatriota a quien no vea las cosas como él las ve.

Por esa regla de tres, hay que calificar de antipatriota a quien se queja de que los productos de primera necesidad han aumentado su precio más que ostensiblemente: el pan, la leche, la carne (creo que la de conejo también). Y a quien dice que la economía no va tan bien como se cree. Y no me refiero a Rajoy, claro (siempre se podría acusarle de hablar por puro interés electoral), sino a los especialistas de la cosa económica, que escriben en revistas dentro o fuera del país y que ya hace tiempo anunciaban la crisis debida a la desaceleración del sector de la construcción.

Todos ellos son malos patriotas, por supuesto. Y la Iglesia, no digamos. Todo el que está en contra del Gobierno aunque en ocasiones no se manifieste específicamente contra él, es un mal patriota. Pretenden así acallar las voces discrepantes (rasgo totalitario) mientras el país va entrando lentamente (o no tan lentamente) en la recesión. Cortinas de humo, que los cyberprogrevoluntarios ayudan a extender cuando uno los lee en los blogs acusando de «malos patriotas» a los criticones y de paso hablando de tiempos pretéritos, como si la huida hacia el pasado les librara de toda crítica en el presente. O tratando de decir que quien no está con el desgobierno zapateril es facha pepero, cuando la persona aludida ni pertenece al PP (ya quisiera Rajoy que todos aquellos a quienes los progres tildan de fachas peperos estuvieran dentro de su partido) ni mucho menos llegó a tiempo de hacerse «facha» o «franquista» (en las jíbaras cabezas progres, «facha», «franquista» y «no socialista» vienen a significar lo mismo).

¿Pero qué importa? Estamos metidos de lleno en el circo electoral y cualquier afirmación que se lance desde el gobierno tiene como último objeto despistar la atención. ¿Qué importa que suban las patatas si le puedo dar en los morros a ese facha / rojo de mierda? Los españoles siempre hemos poseído ese gen cainita, que durante los siglos XIX y XX se manifestó con especial virulencia. Siempre nos han perdido esas palabras. Sólo un presidente irresponsable y accidental como Z puede basar su política en atizar los viejos conceptos, esos que nos llevaron a la trinchera hace 72 años. Y miren qué fácilmente se distrae al pueblo. Al desgobierno zapateril le sale gratis atizar la discordia entre sus ciudadanos-súbditos, para que éstos no se den cuenta de que lo hace rematadamente mal y se unan para echarlo. Pues miren por dónde, eso sí sería patriotismo habida cuenta de las circunstancias.

Queremos un presidente que no evite mirar cara a cara los problemas de España, ésa en la que Z no cree. Y que aplique las soluciones necesarias al caso. Ahí sí que Z ha sido verdaderamente marxista y pre-Suresnes ’73. Z ha sido «marxista», sí, pero de Groucho. Recordemos al gran hombre…

La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Este axioma ha sido llevado a la práctica hasta el paroxismo en esta legislatura. Al mordaz cómico estadounidense le faltó especificar que «hacer un diagnóstico falso» incluye, en acepción que hemos conocido en esta legislatura, culpar de los problemas (que son esencialmente fallos propios) a la oposición. Porque para el P(SOE), el PP es culpable hasta de la pérdida de la Armada Invencible (y eso que ahora no gobierna).

Teniendo en cuenta cómo está el patio, posiblemente sea época de ajuste duro, pero así ocurrió durante la etapa de Aznar y salimos bastante bien parados. Pero por desgracia, ni Solbes es Rodrigo Rato (¡hostiaspedrín!), ni Elenita Espinosa es Loyola de Palacio (nuestra mejor valedora en Europa, por cierto). No sabemos si Rajoy puede ser ese presidente. Pero sí sabemos que Z no lo es.

Mientras tanto, sepa usted que si critica la marcha de la economía española, aun diciendo la verdad, es usted un mal patriota y un asqueroso derrotista. Y que a los derrotistas, en tiempo de guerra y cuando las cosas van mal, se los fusila. O cualquier otra acepción admitida en esta partitocracia que padecemos desde que en 1982 el P(SOE) ganó las elecciones.

Felicitación del solsticio de invierno por nuestro presidente bienamado Z.

Tomamos del articulista Pablo Molina esta «felicitación del solsticio» porque no tiene desperdicio (y sin haberlo deseado, me ha salido un pareado y olé…)

¡Españoles! No se asusten. Soy el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero, Zeta, presidente del Gobierno de ¡España! Sonsoles y yo queremos dirigirnos a nuestros súbd…, a nuestros conciudadanos, aprovechando la amable invitación del titular de esta columna, para darles cuenta de los grandes éxitos que han jalonado mi gestión a lo largo del año que ahora termina. ¿Y qué les voy a decir? Pues que ha sido un año sensacional en el que ¡España! ha avanzado prodigiosamente por la senda del progreso. Tras el último mandato de José María Aznar López estábamos al borde de un peligroso precipicio; gracias a mí, ¡España! ha dado un gran salto adelante.

Es cierto que hay sectores que no han entendido el carácter eminentemente progresista de mis decisiones; por ejemplo, el grupo Prisa, con Cebrián a la cabeza, que se ha atrevido a cuestionar la moralidad de conceder una licencia en abierto a mis amigos de La Sexta aduciendo connivencias espurias con ciertos «brujos» visitantes asiduos de La Moncloa. Naturalmente, tengo que desmentir esta absurda acusación. En realidad, la concesión de la tele en abierto a Roures, Contreras y Milikito fue realizada bajo el más exquisito principio de legalidad: nos lo jugamos en un partido de baloncesto de tres contra tres, a diez puntos.

Para mi equipo seleccioné a Carme Chacón y a Jesús Caldera, que aunque no ha jugado mucho tiene bastante altura. Y ése fue mi error. Yo venga a decirle: «Jesús, el corte de UCLA, el corte de UCLA», cuando teníamos la posesión del balón, y el tío sin hacerme ni puto caso, venga lanzar melonazos desde la línea de triple. Y en defensa nada de nada. Cómo sería la cosa que hasta Roures, que es un tapón de piscina, le robaba todos los rebotes. Total, que perdimos 10-5, y eso gracias a que en un intento agónico de remontada Carme metió un magnífico triple.

En fin, un desastre. Pero las apuestas entre caballeros están para cumplirlas, y no tuve más remedio que darles la tele en abierto que habíamos acordado. El árbitro fue Sonsoles, que ajustó sus decisiones perfectamente a lo establecido en el reglamento de este deporte, o sea, que de ilegalidad nada de nada. Otra cosa es que en el asunto de los derechos del fútbol televisado los prisaicos tengan discrepancias legales con mis amigos de La Sexta. Ahí yo no puedo intervenir. Es decir, no debo. Además, al fiscal Pompidú y al ministro Bermejo les tengo ocupados con el follón ése de los hombres de paz vascos, y no es cuestión de hacerles perder la concentración con rencillas entre familias progresistas.

Por cierto, los hombres de paz de Euskal Herria me han defraudado mucho a lo largo de este año. Yo pensé que eran personas no sólo de paz, sino de talante, algo más importante si cabe, y que a poco que se sentaran a negociar conmigo abrazarían el proyecto de la España plurinacional y megaprogresista que estoy pergeñando. Oiga, pues no. Siguen empeñados en defender lo mismo que hace cuarenta años.

Qué tíos. Su cabezonería me ha dejado un poco con el culo al aire. Porque es que ahora tengo que detenerlos. Y es algo realmente absurdo, porque a mí me da igual que el País Vasco se declare independiente, pero siempre y cuando ese suceso no me joda las expectativas electorales. Las cosas se pueden hacer poco a poco, de forma que todos salgamos beneficiados. Pero estos tíos no razonan. Lo quieren todo y lo quieren ya. Pues hala, que se las entiendan con Rubalcaba y Sarkozy.

Gracias al Supremo Arquitecto, la política internacional ha sido el bálsamo que me ha curado de todos estos roces cotidianos con la realidad española. Ahí sí que he triunfado como un campeón. Hasta Sonsoles, que es algo escéptica sobre la capacidad intelectual y diplomática de Moratinos y Leire Pajín, no tiene más remedio que reconocer que lo estoy haciendo muy requetebién.

Mi última fazaña ocurrió en la pasada cumbre iberoamericana, como todos ustedes saben bien. Cuando mi amigo el presidente Chávez, espejo de demócratas y faro que ilumina el camino del socialismo de los siglos venideros, comenzó a decir esas verdades tan rotundas sobre la condición eminentemente fascista de Aznar, tuve que reprimirme para no levantarme de mi sitio y correr a darle un sentido abrazo. Qué bien resumió la esencia del aznarismo, el muy canalla.

El problema es que a mi lado estaba el Borbón, que a estas alturas sigue pensando que los españoles merecen un respeto. Los españoles sí, Majestad, pero sólo los progresistas. Claro, cuando vi que al Rey se le comenzaban a hinchar las venas del cuello no tuve más remedio que fingir también cierta incomodidad, pero mientras mi amigo Chávez me interrumpía no dejaba de pensar: «Qué par de huevos tiene este tío».

Al acabar el incidente, Trini me dijo que lo mejor era decir que la actuación del Rey había sido previamente pactada con nosotros. Me pareció que algo tan absurdo era un insulto a la inteligencia de los progresistas españoles, pero se ve que ella conoce mejor la capacidad intelectiva de nuestros votantes, porque lo cierto es que el engaño funcionó.

Sigo consolidando el Eje Mundial por la Libertad, con La Habana, Caracas, Teherán y Madrid como principales mojones. Ah, y lo de la Alianza de Civilizaciones, que sigue viento en popa. Me sorprendería mucho que cuando deje el Gobierno de ¡España!, dentro de veinticinco años, no me hicieran Secretario General de la ONU, o directamente presidente del mundo, por absoluta aclamación.

En materia legislativa, también los éxitos de este último año han sido rutilantes. El matrimonio entre homosexuales, la ley de la memoria histórica y la de propiedad intelectual con canon digital incluido han sido hitos históricos que las generaciones venideras me agradecerán sin paliativos.

Estoy especialmente orgulloso de haber podido mejorar las condiciones económicas de mis amigos los artistas, siempre tan desprendidos. Su dura labor en las jornadas de exaltación democrática inmediatamente posteriores al 11 de marzo de 2004 merece un premio de toda la sociedad en su conjunto, así que no entiendo por qué los usuarios de internet y el facherío liberal se han puesto como se han puesto.

Vamos a ver: los artistas son una gloria nacional, una especie en peligro de extinción por la que todo desvelo presupuestario es insuficiente. Cualquier español debería sentirse orgulloso de dar unos euros a Ramoncín, que tanto ha hecho por la libertad y la democracia de este país, digo de ¡España!

Bajarse música de internet es un grave delito, sólo equiparable a no votar al PSOE. Pero como no podemos poner una multa a todos los usuarios del Emule ni a los que votan al facherío, lo razonable es establecer un impuesto general para que todos contribuyamos al engrandecimiento de nuestra cultura.

Me duele que un acto tan elemental de justicia redistributiva no lo entiendan los sectores más jóvenes de nuestra sociedad, que siguen aferrados a no sé qué pamplinas de los derechos individuales. Parece mentira que hayan estudiado bajo la Logse. Si hubieran prestado atención a sus profesores, sabrían que su deber es apoyar entusiastamente cualquier medida coercitiva del Gobierno, siempre que éste sea de carácter progresista, como es el caso. En fin, tengo que decir a la ministra cabrera, quiero decir a la Ministra Sra. Cabrera, que aumente las horas de Educación para la Ciudadanía en los próximos cursos. No podemos permitir que de la escuela pública salgan sujetos con esa abyecta manía de pensar por ellos mismos.

Arreglados todos estos pequeños detalles, durante la próxima legislatura me voy a dedicar a salvar al planeta. Esto del cambio climático está adquiriendo unos tintes negrísimos. Oiga, que nos vamos a tomar por saco en cuatro días como el mundo no nos haga caso a Al Gore y a mí mismo. Yo reconozco que soy un chico Gore. O sea, es que el tío me encanta. Qué forma de epatar al público y hacer que se mee por la pata abajo del susto sin moverse de la butaca. Un fenómeno este hombre.

Y es que lo del cambio climático manda cojones. Me dicen mis asesores en la materia, todos ellos reclutados de ONG marginales en defensa del medio ambiente, que como no me ponga serio el mundo se acaba. No tienen apenas estudios, y se lavan relativamente poco, pero cuando me pasan sus informes sobre esta cuestión es que se me caen al suelo. Sobre todo porque está clarísimo que todo es culpa de la derecha, que no quiere proteger el medioambiente ni es dialogante ni nada. Voy a ver qué se me ocurre para que la Humanidad haga lo que tiene que hacer, es decir, obedecer fielmente mis instrucciones y, eventualmente, las de Al Gore.

Por otra parte, España está completamente arreglada gracias a mi gestión durante esta legislatura, así que bien puedo permitirme el lujo de solucionar los problemas del resto de la Humanidad usando, eso sí, las mismas herramientas: talante, sonrisa y mucho diálogo.

Pero para que el mundo pueda seguir existiendo unos años más es imperativo que todos ustedes me voten el próximo 9 de marzo. Si quieren a sus hijos, no tienen otra salida posible. Voten por mí y no se arrepentirán. ¿O es que alguien puede decir que he defraudado las expectativas que desaté cuando llegué a La Moncloa?

Feliz Solsticio de Invierno a todos y todas.

Vuestro presidente,

Z.

Falso conejo

La Red es una maravilla. Aunque uno no siempre encuentre lo que busca, hay ocasiones en que el hallazgo es mejor incluso que lo que uno andaba buscando. Se unió la circunstancia de que ayer estuve hablando con mi amiga Martha Colmenares acerca del «consejo» zapateril de «comer conejo estas Navidades» y ella me pasó una receta de «Conejo bolivariano». Que en realidad, bolivariano no es porque se trata de una receta de su señora madre (aunque estoy seguro de que los chavistas le encontrarían las vueltas para trocarlo en bolivariano).

Los españoles somos en general cumplidos. Y yo, para no ser menos, le facilito aquí una receta (verdadera) de falso conejo, pues así se llama el plato. He de reconocer que desconocía por completo la cocina boliviana y ayer, en un somero paseo por la Red, encontré que existen en dicha cocina muchas formas de preparar el conejo, además de ésta que les facilitamos. Así podrán decir que «han comido conejo» sin haber comido realmente conejo. A saber si ZP nos ha dado el «consejo» pensando en promocionar la cocina boliviana (esperemos que no, porque si ha sido así, que la cocina boliviana se prepare: menudo annus horribilis le espera…)

Un consejo: no le echen hojitas de coca al conejo, no sea que les ocurra como a ZP, empiecen a flotar (claro que para «flotar» Zapatero se basta él solito; no necesita para nada la coca ni alucinógeno alguno) y hablen de «la pazzzzzzzzzzz», de la «crispación» o se les ocurra decir aquello de «hoy estamos mejor que hace cinco años y el año que viene estaremos mejor que ahora», que es el súmmum del flipe.

Lo dicho, pues. Recordemos al gran Jaume Pastallé (de los tiempos en que TV3 todavía tenía un cierto halo de seriedad y era una altra cosa) y deseemos a ustedes Bona cuina!


Ingredientes para seis personas:

  • 3/4 kg. de carne de res
  • 1 taza de arvejas peladas
  • 4 vainas de ají amarillo molido
  • 1/2 cucharilla de comino
  • 1/2 cucharilla de pimienta
  • 1 taza de pan molido
  • 2 cebollas
  • 1 diente de ajo finamente picado
  • 12 papas
  • 1 cucharilla de orégano
  • 2 cebollas para la sarsa
  • 2 tomates para la sarsa
  • 1 cucharada de perejil finamente picado para la sarsa
  • Aceite FINO
  • Sal

Preparación:

Picar menuda la cebolla, luego freírla en poco aceite FINO hasta que esté transparente. Añadir ají amarillo, ajo, pimienta, comino y orégano. Cocer 5 minutos.

Luego agregar las arvejas y 4 tazas de agua, dejar cocer hasta que las arvejas estén suaves.

Aparte cortar la carne en filetes y pasarla por pan molido, aplastando con una moroca. Freír los apanados con aceite FINO y pasarlos al guisado. Deje cocer 5 a 10 minutos.

SARSA:

Picar la cebolla pluma, el tomate en cuadraditos. Aderezar con sal y aceite FINO. Servir el falso conejo, acompañado de papas con sarsa por encima. Decorar con perejil.

Confirmado: nos siguen tomado por lelos

Tomamos prestado del blog de Luis del Pino este post, publicado en marzo de 2006 originalmente titulado «Confirmado: nos toman por lelos». Por desgracia para España sigue estando de actualidad. En el Gobierno siguen pensando que aún nos pueden colar morcillas progres como la del «proceso de pazzzz», estando todavía calientes los cuerpos de los guardias civiles asesinados. No olvidemos tampoco que en el Congreso se votó por el mantenimiento de la maldita «autorización para negociar», cuando lo suyo hubiera sido revocarla…

Hace un rato me llamaba mi amigo X. Es un buen chico, aunque algo apresurado en sus análisis. Estaba enormemente excitado con la noticia:

– ¡ETA ha anunciado que declara un alto el fuego permanente!

– ¿Y qué?

– ¿Cómo que «y qué»? ¡Es una excelente noticia, hombre!

– ¿Por qué?

– ¡Pero bueno! ¡Pues porque ETA ya no va a matar a nadie más!

– ¿Y de dónde te sacas que lo de «alto el fuego permanente» significa que ETA no va a matar a nadie más?

– ¡Es que eso es lo que significa el término «alto el fuego permanente»!

– ¡Ah, bueno! Entonces, como ETA ya no va a matar nunca a nadie más, no hay ninguna necesidad de negociar nada con ellos.

– ¡Hombre, no! Se supone que ETA declara el alto el fuego permanente para que se abra una vía de negociación…

– ¡Ah! Entonces, es un alto el fuego «permanente», pero con condiciones. Por lo pronto, está condicionado a que se abra esa vía de negociación. Es decir, si no se negocia, no hay alto el fuego.

– ¡Hombre, sí! Pero si se inicia la negociación, ya no matarían más.

– ¿Y qué pasa si el resultado de la negociación no les satisface?

– ¿Qué quieres decir?

– Si en esa negociación ETA pide algo que ellos consideran irrenunciable y no se les da, ¿qué pasaría?

– ¡Caramba! Supongo que habría que llegar a un acuerdo.

– O sea, que ETA declara un alto el fuego que será «permanente» siempre y cuando se inicie con ETA una negociación y en esa negociación el Gobierno acepte todas las condiciones que ETA considere irrenunciables y que ETA ha incluido en su comunicado, ¿no? Y si no se inicia esa negociación o no se conceden esas pretensiones irrenunciables, ETA se reserva el derecho de volver a matar.

– Eh… bueno, visto así…

– Es decir, que antes del comunicado ETA se reservaba el derecho a matar si no conseguía sus objetivos y después del comunicado se sigue reservando el derecho a matar si no consigue sus objetivos.

– Bueno… supongo que sí.

– Luego el comunicado no cambia en absoluto la situación. Después de dos años de arduas «negociaciones» por parte de Zapatero, en las que ha cedido en todo lo que le han planteado, lo único que consigue de ETA es una declaración que no significa nada y que a ETA le sale gratis. No hay disolución, no hay entrega de las armas, ni tampoco abandono de las mismas. Ni siquiera se va a poner fin al chantaje a los empresarios. Tan sólo una frase grandilocuente que Zapatero pueda usar para tratar de legitimar las siguientes concesiones, ¿no?

– Bueno, tío, eres un aguafiestas. Si lo sé, no te llamo.

Cierto olor a podrido

Éste es el título de una novela de José Luis Martín Vigil, novelista que hizo fortuna con novelas para adolescentes. Habrá personas de alguna edad que recuerden La vida sale al encuentro, una novela que nos relata el duro rito de pasaje de un joven a quien, por desgracias de la vida, se le muere un hermano (y las niñas, que tendrían harto al escritor de tanto preguntarle por «Ignacio Sáez de Ichaso» o «Carlos Vega Ros»).

Pero para lo que hoy tomo prestado el título de la novela es para dar cuenta y razón del proceso de descomposición del PSOE. En su momento hablábamos de la deconstrucción del PSOE, hace aproximadamente dos años. Hoy ya ha dado un paso más y se está descomponiendo. O quizá no es descomposición, sino purga, lo cual sería tanto más grave porque la purga en sentido político lo es de disidentes, descontentos y contraopinantes diversos. En los partidos de izquierdas (ni siquiera ETA, cuya «ideología» es de izquierdas, se libra del cliché) la purga es equiparable al sacrificio ritual de los pueblos primitivos. En él los participantes se liberaban de sus culpas guiados por el chamán, que era el canal de conexión con los antepasados.

En el PSOE llevan una temporada de celebraciones que ya dura bastante. Comenzó con la minicrisis, que se llevó por delante a cuatro ministros (y el caso es que las cosas siguen igual o peor). Siguió la marcha de Rosa Díez del PSE, a quien es posible que sigan los Redondo, socialistas de tradición nada proclives a deslices nacionalistas, o Maite Pagazaurtundúa (difícil imaginar un apellido más vasco que ése: largo y rotundo, como tiene que ser, ¡ené!), cuya voz discordante en medio del silencio de los borregos le puede costar la expulsión (sin querer meterme donde no me llaman, opino que le harían un favor). Entre las bajas contamos también a Simancas y a Sebastián, tras el batacazo electoral. Ahí yo creo que no se perdió gran cosa y que, además, a Sebastián le impusieron el castigo de presentarse a las elecciones tras la pifia de la «Oficina Económica del Gobierno». Luego, el PSOE bailó la jota de los socialistas navarros («saca a Puras a mear y a Pepiño a pasear, ¡y el porrón!»)

En Valencia hay rumor sordo de navajazos. El último, el que le ha costado el cargo a Joan Ignasi Pla. Realmente, fue por un «ponme acá esos ladrillos». Eso, en teoría, no tiene nada de particular porque en ningún partido han faltado cargos que han confundido lo privado con lo público («está mal, pero todos lo hacen»). Lo cual, en cierta manera, anula el motivo. Quizá de lo que se trataba era de provocar una minicrisis para presentar al cesante Jordi Sevilla como «salvador de la barca». O quizá es que el señor Pla tenía tantos enemigos dentro de la casa que no se sabe quién le asestó la puñalada fatal. Pero es lo que ocurre con un partido en el que se forman banderías de interés personal y nada general (en alguna entrada próxima hablaremos de las baronías): cuando el partido es sometido un largo período de oposición, tarde o temprano se reparten navajazos para todo el que quiera y más.

Y ahora, Maragall. Parece que el Alzheimer, ese alemán molesto, le ha dado alcance. Creo que su mujer ya no era del PSC; y ahora se ha ido él. De todos modos, si se va de la política, cabe decir que se va harto. Como alcalde de Barcelona, tuvo la suerte de pillar las Olimpíadas del 92, que quedarán para siempre asociadas siempre a su nombre También es verdad que en su largo mandato frió la Ciudad Condal a impuestos olímpicos, pero en fin, vamos a hablar sólo de las cosas buenas, ¿no? Dicen que ha sido ZP (bueno, ahora «Z», como en una película de James Bond) quien le ha obligado a marcharse (y eso que Maragall lamenta ahora haberle dado el apoyo que le dio en 2000, pero eso ya no tiene arreglo). Claro que si yo fuera Ernest Maragall, también andaría escocido por la alargada sombra de un hermano al que yo le hubiera hecho todo el trabajo cuando él era alcalde y que, encima, sin ni siquiera tener cargo o representación en el Partido, brillase más que yo siendo conseller.

Lo raro —o no— es que no se haya producido movimiento alguno en Extremadura y Andalucía. Se conoce que el PSOE tiene las cosas muy bien atadas allí, amén de que los gobernantes socialistas se eternizan en sus cargos prácticamente sin oposición remarcable. Lo cual es como la primera regla del informático: «Si algo funciona bien, no lo toques». Otra cosa es que dicho funcionamiento redunde en beneficio del territorio gobernado. Por eso Andalucía va imparable al foso de las zonas deprimidas de la nación, aun teniendo el potencial que tiene y las gentes que tiene, que se merecen a alguien mejor que a Chaves de presidente. Y en Extremadura tres partes de lo mismo, aunque ya Rodríguez Ibarra haya prometido que no se presentará a las próximas elecciones.

En fin. Algo huele a podrido en el PSOE cuando las gentes significativamente díscolas con la dirección deciden abandonar el partido y tratar de «refundar la izquierda» desde una perspectiva más acorde con el respeto a la Constitución y con una visión más «nacional» de las cuestiones que nos afectan a todos.

ZZZZZZZZZZZZZZZZZZZ

Que ya estamos en campaña lo dijimos hace tiempo ya. El marketing político (o cómo vender las ideas políticas y a quienes las enuncian) ya funciona a pleno rendimiento. El marketing (publicidad) es un conjunto de técnicas de venta que inciden directa o subliminalmente sobre el cliente (aquí hablaríamos más exactamente del votante, pero hoy en día ambas vertientes suelen confundirse) en el sentido de elegir a uno entre varios «produtos», que diría Pepiño (partidos).

Lo extraño del marketing político es que hoy es difícil diferenciar entre un anuncio electoral en que se pide el voto de un anuncio comercial en que se dice que la lejía XXX lava más blanco o que el coche XXX se pone en 100 km/h en 3 segundos. Fíjese el lector que ya no se habla de programas, sino de mensajes. Que se busca en una frase brillante lo que es definitivo de cada candidato (no importa que tras la supuesta brillantez de la frase no haya nada; basta que brille).

Por supuesto que hay ciudadanos responsables que se leen los programas; pero a día de hoy, muchos nos tememos que el programa por el que clamaba el coherente Julio Anguita es el catálogo de palabras que más derecho tiene a figurar en los créditos finales de Lo que el viento se llevó. Que por otro lado es también consecuencia de la clase de educación que se imparte y de la influencia total y casi absoluta de la televisión: 80 páginas ya es un mamotreto para mucha gente y «no hay tiempo para leerlo» (a saber qué pensarían de El Quijote o de Los hermanos Karamázov, de más de mil páginas cada uno). Y si le añadimos letra pequeña y grandes palabras, mucha gente como que sufre de vértigo y ya no sigue leyendo.

Otro detalle importante es que la «buena publicidad» es la que insulta nuestra inteligencia mientras parece darnos palmaditas en la espalda. Un buen latiguillo es un logro que durará bastante tiempo y cuya vida útil puede superar el año. Por recordar algunos de los clásicos, tenemos el Gueropaaaaa (parodia fonética del «get up, ah!» del Sex Machine del reverendo James Brown), el famoso zincpiritione, curiosísima e ignota sustancia de la que estaba hecho cierto vehículo. Y cómo no, el gran Chiquito de la Calzada, genial fabricante de latiguillos con inigualable gracejo malagueño, aun a costa de maltratar la lengua de Nebrija, ese torpedo sesuar pecadorl de la pradera. Por no hablar del clásico «Quién me pone la pierna encima», del legionario Jorge Berrocal. Era —por decirlo suavemente— todo un espectáculo ver cómo la gente repetía borregamente, viniera o no a cuento, la frasecita de moda.

De la política también se pueden recordar latiguillos famosos: uno de los más famosos es el «Puedo prometer y prometo», de Adolfo Suárez, político que, sin ser perfecto, debería tener un altar en muchas casas españolas de bien. O el «Obviamente, por consiguiente», de Felipe González. De Aznar recordamos el «Váyase, señor González» de antes de 1996 y su sempiterno «Le voy a decir una cosa».

Quiere decirse que la publicidad ha adelgazado al político y ha engordado al comunicador. Lo que significa que no importa lo que se diga, siempre que sea en un envoltorio agradable a la vista y al oído. Importa el mensaje, no la idea. Importa que el político sea «fotogénico» y que «dé bien en la cámara», no que sea coherente con lo que dice y que mire por los intereses generales de la nación. Esto ya era así en los tiempos de Suárez (no pocas amas de casa confesaban que le habían votado porque «era tan guapo…», sin haberse leído una línea de su programa); pero el grado de superlativo y progresivo vaciamiento de contenido verdaderamente político de los partidos es para bostezar. Más aún: los partidos políticos hoy son tan marcas comerciales como lo puedan ser Adidas, Danone o el Real Madrid. Y el márketing sigue borrando esas supuestas diferencias. Claro que hoy por hoy no son imaginables todavía unos «calzoncillos PP» o unas «bragas PSOE» (si ven el negocio, todo se andará).

Los contendientes de hoy, ZP y Rajoy, son de perfil bajo. Quiere decirse con ello que ellos no se ocupan de calentar el ambiente, que para eso ya tiene el uno al ínclito Pepiño y el otro a Acebes o a Zaplana, por separado o al alimón (y el día que les deja). No hay latiguillos con que se les pueda asociar: apenas a ZP con lo del talante y la pazzzzzz (que ya sabemos en qué han acabado uno y otra) y poco más.

No obstante, los hechos son tozudos y nos muestran a ZP en su carátula electoral habiendo escogido un modelo infantil, pero serie Z. Incluso tiene el detalle de reírse de sí mismo recogiendo una imagen de su guiñol. Pero todo lo demás es puro marketing aliciano, con abuso y sobreabuso de la Z. Tan infantil resulta el anuncio y tan clara es la renuncia al contenido a favor del mensaje que sólo falta la presencia de Xavier Sardà en plan Cosas de niños con un grupo de niños intentando definir la política de ZP (tarea les mando…).

No sabemos qué carátula electoral usará Rajoy. Pero, por su propio bien, espero que nos trate como a personas mayores. Por lo menos, que tenga esa deferencia, ya que el único derecho político enteramente reconocido que tenemos es el de votarle.

Zapa fue un error

Nuevamente, del blog de Patricia Lorente (perdón por el mal pareado xD) una de las perlas anti-ZP que andan circulando por las bandejas de entrada de media España. No es que yo esté muy al tanto de la música moderna, pero en fin… A veces, como dice el famosísimo merengue, «la vida te da sorpresas…». Espero que la disfruten, porque está muy trabajada.

Estremecimientos

«La Historia nos ha enseñado que cuando la derecha se pone a gritar «España» muchos españoles se estremecen» (Pepiño Blanco).

Bueno, bueno. Ya echábamos de menos una declaración de Pepiño. Una declaración rotunda, estratosférica y, como es habitual en él… solemnemente idiota. La culpa de todo la tiene el PP, claro. El PP crispa, el PP se apropia, el PP… ¡Pero coño! ¡Si lo que pretende el PP es ganar las elecciones! Eso no se puede consentir, hombre. Hay que restar legitimidad al PP: hay que encadenarlo a Franco como sea. Hay que evitar por todos los medios que Rajoy huela siquiera la moqueta de Moncloa como presidente.

¿Pero qué carallo le pasa a Pepiño, hom? Está nervioso, sin duda. Igual que lo está La Momia. Atacan al PP sin venir a cuento y esperan que una chorrada repetida mil veces se convierta en verdad irrefutable. ¿Y eso? Pues nada. Que están viendo que lo de «Gobierno de España» no cuela, porque al mismo tiempo que aparece esa frase salen las JJSS sacándose de la manga algún vídeo en el cual ridiculizan a quienes defienden sin complejos la idea de España. Ellos mismos se hacen la zancadilla, ¿no? Y que por lo visto les ha fallado también lo de la semana fantástica. Venga a prometer pisos gratis y sueldos mínimos de 800 leuros y al poco sale Solbes, cual Beckmesser en la gran ópera «Los ministros cantores de Nuremberg», diciéndole que sí, pero que antes habrá que hacer números y que en todo caso eso no sería posible… hasta el 2010.

Por si fuera poco, Rajoy se permite fabricar un vídeo en el cual la impresión nada subliminal es que está hablando como Presidente de la nación, lo cual es todo un ataque a la línea de flotación del gobierno de ZP. Creíamos que Rajoy era «demasiado gallego», que le «sobraba educación» frente a unas personas a quienes un día sí e outro tamén se les oye rebuznar en los medios de comunicación… pues sí, pero toma del frasco. Hay quien ha criticado ese mensaje subliminal; pero qué quieren: yo, sin ser para nada del PP, agradezco la fina broma, que demuestra que a Rajoy no le falta sentido del humor (algo que últimamente se echa en falta en el Gobierno y, por supuesto, en Pepiño). Que lo de menos es que el jefe de la oposición diga que hay que sacar a pasear la bandera. Lo importante (y lo que verdaderamente ha puesto de los nervios al PSOE) es lo otro.

Porque digo yo que hay estremecimientos y estremecimientos. Uno es el estremecimiento de emoción al ver ondear la bandera propia, al oír el himno propio y el sano desear lo mejor para la patria de uno, y sentirse hermano de aquellos que también se estremecen de emoción al ver ondear la bandera y escuchar el himno (que no tendrá letra, pero que para un servidor es el más bonito del mundo, faltaría más). El otro es el estremecimiento de segunda clase que causa oír a ZP decir que «apoya algo». Da igual que se trate de persona, animal, cosa o evento: fijo que se va a pique (no a Piqué, que ése ya se ha ido con quien tenía que irse). O el estremecimiento de tercera clase que precede a una frase lapidaria del Gobierno, como las del Mariano malo (recuerden lo de «cuando la jugada lo aconseje»: ahí es nada), o de Pepiño, o del felón Garrido (Anguita dixit).

Pero lo que de verdad estremece es que esta patrulla pretenda ganar una guerra fratricida que ellos mismos provocaron hace 71 años. Que pretendan borrar de un plumazo 40 años de historia, con sus luces y sus sombras. Pretenden, como Fernando VII, que se hable del período franquista como de «los llamados cuarenta años». Esa obsesión con Franco tiene mucho de freudiana. Se conoce que el PSOE (o por lo menos su capa dirigente) está todavía tratando de matar al padre. Cosa muy natural, pues a sus pechos crecieron muchos de ellos. Ellos y no el PP son los verdaderos herederos de Franco (cuando menos en las prácticas totalitarias).

Actualización a 12 de octubre.- Nos cuenta Martha Colmenares que el MicoMandante ha suprimido el Día de la Raza en Venezuela. Se conoce que a pesar del apoyo de Moratinos, flanqueado por Elenita Valenciano y Lerele Pajín, los españoles no le gustamos y no nos considera sus hermanos. Qué le vamos a hacer: el aprecio, al menos por mi parte, es mutuo.

Por lo demás, grandes imágenes en el Desfile de las FF.AA. Los sonoros abucheos a ZP han sido la nota dominante, por encima de lo que se celebraba hoy y de las autoridades todas. Después ha recompuesto la cara; pero mientras estaba en el acto, Telemadrid ha enfocado en un primer plano la expresión facial de ZP y ésta no era precisamente de «talante», ni de «paz», ni de «diálogo». Más bien era de «ya os ajustaré las cuentas, cabrones». Y encima escondiéndose, después de haber afrentado presupuestariamente a la Comunidad de Madrid (lo de dedicar una partida presupuestaria de 3,3 millones de euros a vigilancia costera y seguridad del tráfico marítimo es una afrenta en toda regla). Merecidos abucheos, pues, para ZP. Que ya lo decía mi abuela, en paz descanse: «el que siembra vientos, recoge tempestades».

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