Patxi se larga


A partir de hoy habemus notitiam por lo menos durante tres meses. Patxi Nadie ha decidido que ya no puede más y, tal como resalta ABC, «tira la toalla». Todos los ojos estarán puestos en el País Vasco por lo menos hasta el 21 de octubre, lo cual sin duda servirá para tapar las verdaderas noticias, de acuerdo con el cínico pero verídico aserto de Lord Northcliffe («Noticia es todo aquello que alguien en algún lado no quiere que se publique; lo demás es sólo publicidad»).

Parece ser que el adelanto electoral obedece a una razón principal: impedir la efectividad del voto del llamado exilio vasco. Las discusiones sobre el mismo concepto de lo que sea «exilio vasco» retratan a quienes discuten. Por un lado, quienes lo niegan: lo hace la izquierda destronada, para dar fuerza a su mentira del «fin del terrorismo» y del «éxito del proceso de paz». En este bando milita también, curiosamente, Jon Juaristi, un señor de San Sebastián que vive y trabaja en Madrid, en la odiada España. Y digo sorprendente por ser él el autor de esa excelente disección del imaginario nacionalista que es El bucle melancólico (y de una continuación, Sagrada Némesis, que a día de hoy creo que está descatalogada). Y en el otro bando, los que consideramos que el exilio vasco sí ha existido: como colectivo de personas que tras un período de presión ambiental por todos los medios (incluido el asesinato), han decidido que su lugar está lejos de la tierra que los vio nacer o crecer. El clásico «o te vas, o te callas, o te mato».

Y Patxi se larga, después de haberse blindado una jugosa pensión de exlehendakari. Naturalmente, no iba a ser menos que sus homólogos catalanes, que desde 2003 tienen garantizado el 80% del sueldo que cobraban en activo. Lo cual no deja de ser una vergüenza, tratándose de personas que en realidad no lo necesitan (Pujol o Maragall, originarios del rovell de l’ou de la burguesía nacionalista catalana, antes devota franquista), o que fuera de la política no tienen dónde caerse muertos (Montilla y también el actual president Mas).

Un poco de historia

No sé si ha llegado el momento de hacer balance de una legislatura que a duras penas puede considerarse «constitucionalista». No obstante, en nuestra opinión hay que mirar un poco hacia atrás: concretamente, al momento y circunstancias en que Patxi López asciende a presidente regional del PSE. Patxi López es el sucesor de Nicolás Redondo Terreros, de la mano de ZP. Pero no lo es conforme a un proceso democrático y/o representativo: unas primarias, por ejemplo. En absoluto: ZP defenestró a Redondo, Jr. porque según la apestosa, consagrada y gramaticalmente incorrecta expresión, «hacía demasiado seguidismo del PP».

Pero no sólo eso: todo tenía que cambiar en el mapa político vasco de 2005. Y vaya si cambió. Había que romper el verdadero frente constitucionalista que en aquellos años formaban el PSE y el PP. De un lado, Redondo Terreros; de otro, María San Gil, apoyada hasta 2004 por Jaime Mayor Oreja, el mejor ministro de Interior que España ha tenido en el período que algunos todavía llaman «democracia», y después por sus convicciones y principios. Ése sí habría sido un pacto que podría haber acabado con el terrorismo de verdad, sin negociaciones ni precios políticos. Pero a alguien no le interesaba ese pacto, lo cual sin duda pudo haber «justificado» el atentado del 11-M (entre otras razones que probablemente no haya que buscar en suelo nacional ni en «desiertos lejanos»).

Demos ahora un salto a 2009. La situación ha dado un giro radical: ZP hace un año que ha ganado, incomprensiblemente, las elecciones de 2008. También hace un año de la excursión ultramarina de Rajoy en la que, previsiblemente, le metieron en la logia. María San Gil ha sido vilmente defenestrada por sus compañeros de partido tras una campaña infame, en la que destacan los exabruptos del hoy flamante Secretario de Estado de Cultura, el burlón Arribaspaña del también flamante hoy Ministro de Turismo y la puñalada de Labiotoldo Sánchez Camacho. Asimismo, se procede a laminar a los elementos del PP-verdadero, es decir, a los que creen aún que la política debe incorporar principios morales. Mayor Oreja, Iturgaiz y otros representantes de esa corriente son enviados a Bruselas para que no estorben la labor de los basagoitis y demás comparsa. Y a los que por trayectoria política no los pueden mandar a Bruselas, los aíslan o son objeto de mobbing político (señaladamente el caso de Nerea Alzola).

Planteadas así las cosas, la legislatura de Patxi López se ha caracterizado por el apoyo sin fisuras al mal llamado proceso-bajada de pantalones de ZP. Así, subraya con silencios o con declaraciones vomitivas los distintos jalones de ese «proceso», o incluso con acciones de propaganda, como la de impedir la entrada de dirigentes del PP en la capilla ardiente de Isaías Carrasco, asesinado por ETA y cuya muerte huele que apesta a gato encerrado.

Hoy

El último paso que faltaba por dar en el cambio del mapa político vasco era el de convertir en verdaderos
hombres de paz a los asesinos etarras y a su konparsa civil. Terroristas vestidos de lagarterana con mando en plaza sin intermediarios. Se trataba de ofrecerles en bandeja todo lo que ellos quisieron conseguir aunque fuese a tiros. Y se consiguió, desde luego: tras la conferencia de los pavos al Currin los asesinos etarras «declararon unilateralmente el fin del terrorismo». El comunicado que emitió en aquella ocasión el PP es la prueba de que las víctimas del terrorismo ya no eran una prioridad y de que también molestaban al PP en sus manitas bajo la mesa con el PSOE. No es sorprendente que la indocumentada de Elenita Valenciano defienda como éxito de Patxi el famoso «proceso de paz».

En el plano jurídico han sido necesarias tres sentencias: dos del TC y una del TEDH. Las dos primeras, las de legalización-bendición de Sortu y Bildu, las marcas blancas de ETA (ignominia que un servidor de ustedes espera que quede en los anales de la Historia de España). La del TEDH, por su parte, se refiere a la desautorización de la Ley de Partidos, contra la que Adela Asúa, aún magi-astada del TC designada por los nazionatas vascos, ha cargado desde que aceptó el cargo.

Sólo queda que ETA aparezca en escena con una lehendakari de transición, como es Laura Mintegi, la que calentará la silla mientras llega Otegi, el mesías de Euskal Herria. El bloque constitucionalista está virtualmente deshecho, gracias a la miopía y falta de altura de miras de sus dos protagonistas principales. Volverá el PNV y volveremos a la comedia de sacudir el Gernikako arbola, que no sé si será un nogal, pero desde luego se le parece mucho.

Las cosas no han mejorado políticamente en las tierras vascas (aunque es la cuarta CA en términos de buena administración económica). Para pensarlo.

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Un comentario en “Patxi se larga

Gotas que me vais dejando...

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