Je ne suis pas Charlie Hébdo (III)


Del lado estatal europeo

Como decíamos en nuestra entrada «Abendland», nuestros gobernantes tanto nacionales como europeos se la cogen con papel de fumar. O eso, o han orquestado la mayor representación de hipocresía que se recuerda desde los juicios de Nürnberg. Pero vayamos por partes, que dijera Jack el Destripador.

De entrada, hay que borrar de la receta un ingrediente que ya no existe: la pax americana, que juntamente con la existencia de bloques ideológicos y económicos más o menos estables, creó una especie de equilibrio. Ese equilibrio saltó por los aires en dos golpes: el primer golpe fue la caída del Muro de Berlín. El segundo, el atentado terrorista de las Torres Gemelas, que terminó de hundir esa famosa pax americana. Lo que viene a significar que el mundo es menos seguro desde el 11 de septiembre de 2001.

Ítem más. Después de años de soportar el desdén de Europa («imperialismo de los vaqueros y de la Coca-Cola» y otras lindezas) y de fracasar en su misión de frenar el avance islámico en Iraq y en Afganistán, los Estados Unidos se han replegado sobre sí mismos y han decidido afrontar más los problemas domésticos que los de fuera de casa. El famoso vínculo transatlántico se ha roto, o en todo caso es más débil ahora que hace 15 años. En Washington han dicho: «Cada palo que aguante su vela».

¿Y Europa? Más allá del chiste («algo vieja pero sabia y aún interesante de ver»), Europa está enferma de pacifismo y relativismo, conceptos que hasta hace nada eran bandera de la izquierda radical y ahora parecen formar parte del acervo común. Es bastante lógico que cuando alguien te hace el trabajo sucio (el «agresivo e imperialista» Uncle Sam), creas que puedes permitirte el lujo de darte a la dolce vita: ¡que corra el champán, venga el marisco, que suenen otra vez los valses de Strauss! Y por supuesto, olvidarte de todo lo demás. Cualquier cosa antes de que la burbuja en la que todos vivimos estalle y nos demos cuenta de que el mundo no es todo como nos habían contado: «superseguro», «democrático» y «respetuoso».

Dentro

Los líderes europeos que ayer estaban en la manifa-paripé de París con cara de palo no quieren enterarse de una cosa: que tienen el problema dentro de casa. Y que el problema se llama terrorismo del siglo XXI. Éste usa todos los medios a su alcance que le ofrece la modernidad: armamento moderno, Internet, tácticas propagandísticas actualizadas… Contra este terrorismo ya no se puede actuar de la misma manera que siempre ni usar las medidas de seguridad de siempre. Como decíamos en nuestra entrada anterior, los islamistas «radicales» y sus imames están en guerra contra Occidente, al que consideran degenerado y prescindible, sólo «rescatable» a través de su conversión al Islam. Estos islamistas radicales presentan un funcionamiento de quinta columna y de avanzadilla para lo que ha de venir.

En Europa, en cambio, parecemos estar sumidos en los felices 20, los années fous. Hay una complacencia suicida. Igual que la que en la douce France precedió a la Segunda Guerra Mundial. O parecida a la permisividad useña previa al atentado terrorista de las Torres Gemelas.

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2 comentarios en “Je ne suis pas Charlie Hébdo (III)

  1. Sr. Aguador, lo de que los líderes europeos estuvieran en París para la foto, es algo relativo, desde mi punto de vista, y lo menos importante. Simplemente acudieron a una capital europea que , al igual que Madrid y Londres, sufrió el azote terrorista y todos estos mandatarios representaron a los ciudadanos de sus paises. Otra cosa distinta es que me guste mas o menos quien me represente.

    Tiene razón cuando dice que América está hasta los colindrones de hacer el trabajo sucio a Europa, pero, quizá, los EEUU no tienen un problema que sí tenemos aquí. Un izquierda demasiado pacifista que, alimentada históricamente por el anti-mperialismo de los EEUU, no sabría ver la realidad de tener que combatir ” con un par” el terrorismo yihadista.

    Europa lleva desde la Segunda Guerra Mundial intentando reconstruirse, con mejor o peor fortuna, si, pero en paz. Ahora vienen estos locos fanáticos y nos atacan sin piedad, atacan, no a los políticos ni dirigentes directamente, sino al corazón de las personas. En Madrid y Londres masacrando en los transportes públicos y en París a la libertad de expresión. No es culpa nuestra que queramos y tengamos un cierto nivel de vida, unas libertades y una salud mental que nos permite situarnos como punteros en muchos aspectos. Si alguien intenta destruir lo conseguido y nos sentimos amenazados, quizá sea la hora de actuar, pero no es la hora de reprochar la unidad internacional, aunque esta sea una foto patética de unos dirigentes patéticos. Es la democracia y son los dirigentes que hemos elegido democráticamente, los que vemos en esa foto, nos gusten o no.

  2. De cualquier modo, sería deseable que ya que se manifiestan por esto, se manifestaran también por las matanzas de cristianos. Muere mucha más gente, ¿o es que, como decía Stalin, “que muera un millón de personas es sólo una estadística”? Me gustaría de verdad que ya que defendemos la “civilización occidental” defendiésemos con igual énfasis uno de sus pilares fundamentales, la religión cristiana. Por mucho que fastidie a los laicistas, a Giscard y a toda esa patulea.

Gotas que me vais dejando...

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