Problema nacional


Un servidor de ustedes no tiene el prurito de un tertuliano de barra de bar, de ésos que en cuatro patadas arreglan un país y especialmente, estas Batuecas de nuestros pecados. No obstante, si yo tuviera ese prurito, pegaría el consabido puñetazo en la barra y declararía enfáticamente: «España tiene dos problemas: uno, el Gobierno; y el otro, la oposición». La afirmación tiene más miga de la que parece, así que vamos a por ella.

El Gobierno —o, más concretamente, este Gobierno— es un problema porque su visión de la realidad no traspasa ni las puertas de la Moncloa ni las escaleras del Palacio de la Carrera de San Jerónimo. Está por otros intereses que, desde luego, no son los nuestros. Si se preocupara de nuestros intereses, el circo del procés habría terminado hace meses y con un montón de gente en la cárcel. Y, a más largo, plazo, al no haberse rendido ante la machacona «superioridad moral» de la izquierda, quizá nuestros hijos estuvieran más protegidos de la invasión ideológica de esa misma izquierda.

La semana pasada, en el programa de Luis del Pino, Isabel San Sebastián contó una anécdota sobre el autista de la Moncloa que es para saber de sobra de qué pasta está hecho quien ¿dirige? los destinos de las Batuecas.

De la oposición, ¡qué decir! No le interesa ejercer de contrapeso de la acción del Gobierno poniendo la Nación por encima de sus intereses de partido —de acuerdo: acepto que me llamen «ingenuo»—. Sólo les interesa una cosa: tomar el poder y ejercerlo contra los intereses de la Nación y en su propio provecho personal. Porque, desgraciadamente, no tenemos una izquierda nacional, cosa que sí ocurre, según tengo entendido, en Francia o Alemania. En esos países primero son franceses y alemanes; y luego, todo lo demás. Aquí no. Pero ése es un problema del que ya hemos hablado en otras entradas de este blog, así que no nos vamos a repetir.

La pregunta del millón es: ¿en manos de quién estamos? Quien, teniendo tiempo y ganas, se acerque a la cuestión política, no podrá por menos de sentirse espectador de un guiñol siniestro y surrealista. Nadie con un poco de sentido común entiende por qué en las Batuecas pasan cosas que ningún país civilizado de veras toleraría. Parece ser que, en el nivel político, todo el mundo está de rodillas ante todo el mundo, con los pantalones bajados.

Y el votante que quiere dejar de ser oveja y dejar de seguir un color por el mismo color, o dejar de considerar un partido como un equipo de fúrbo, lo tiene crudo. No digamos ya el votante que pretende votar en católico, que no puede votar a ninguno de los cuatro grandes sin taparse la nariz. En un panorama educacional, cultural y comunicacional dominado absolutamente por una izquierda que lo menos feo que se puede decir de ella es que es antiespañola (gracias, Mariano, Soraya y Méndez de Nada, en cuya logia estarán muy contentos), la matraca es de tal calibre que el día de las elecciones casi es mejor que uno se quede en casa.

¿Que con el tiempo aquí habrá un sarao de proporciones considerables? Casi seguro. Pero los que hoy manejan el cotarro esperan no estar para verlo. Puede que se equivoquen. Y no les valdrá en absoluto el «paz, piedad y perdón» de Azaña… después de ver la hazaña el estropicio provocado y de salirse de la logia, naturalmente. Pena que no lo hubiera visto antes. Como éstos de ahora. ¿Nos han condenado a repetir la historia? ¿O es que, en aplicación de la famosa frase de Bismarck, es mejor tenernos entretenidos peleándonos entre nosotros mismos para que no alcancemos demasiado poder, que dijera Kissinger a Carrero Blanco en 1973? El tiempo lo dirá.

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Un comentario en “Problema nacional

Gotas que me vais dejando...

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