Al-eire

El verano trae muchas sorpresas, casi tantas como las que nos relata Pedro Navaja («… cuando de pronto sonó un disparo como un cañón…»). Serpientes de verano hay muchas ahora, sobre todo de lo que acontecerá en septiembre en este país que todavía se llama España. Sin embargo, después del cansino Estado de la nación de la canción, y del sorprendente prendimiento de Judas (Teddy Bautista), parecía que había que dar por finiquitada la cosa.

Pues no. España se ha convertido, por obra y gracia de las sucesivas ediciones de Gran Hermano y de los programas de crónica social (eufemismo que oculta lo que verdaderamente es: a saber, petardeo) en un patio de vecinonas, donde lo más importante resulta ser el despellejar a unos y a otros, ya sea de forma gratuita o cobrando (tanto el despellejador como el despellejado). Quizá no sea más que una manifestación de la Envidia española, que diría el profesor Díaz-Plaja, una Envidia que por su tamaño echa para atrás y que imposibilita que los españoles saquemos lo mejor de nosotros mismos.

Por ello, sepan ustedes que la noticia importante no ha sido que la menestra Pajina esté de vacaciones usando unas instalaciones de su Ministerio saltándose la cola y la antelación reglamentarias. Ni que esas instalaciones están destinadas al uso por funcionarios de su Ministerio, que por un precio módico (500 euros) pueden disfrutar de unas vacaciones decentitas y acordes con el menguado sueldo de los servidores públicos (amenaza con menguar más). Eso no tiene nada de extraño si tenemos en cuenta que ella hace (sic) «lo que le sale de los cojones». No. La noticia importante de estos días es un posado en bikini que prácticamente la presenta como la prima del muñeco de Michelín:

Para que vean ustedes tengan los términos exactos de la comparación, vean aquí a la menestra posando como en un «robado» de Interviú (y casi con el tetamen al-eire)…

No es muy edificante que una señora o señorita que pretende mandar sobre nuestra salud, que nos impida fumar, que nos impida comer según qué cosas (y que si le da tiempo aún nos prohibirá beber, salvo que eso le convenga a ZP) pose con semejantes apéndices adiposos. Lo del ejemplo no va con ella, aunque en eso tampoco se diferencia de los demás miembros y miembras del Gobierno. Estamos seguros de que cuando termine el verano y salga del Gobierno se someterá a una cura de adelgazamiento en un balneario extranjero; remedio, enema, cura o lavativa que podrá pagar dado el sueldo (los sueldos, en realidad) que levanta al año.

Sin embargo, es posible que después de ver esta foto, le entren muchas más ganas a la todavía menestra de adelgazar. Es nada menos que de María Dolores (de) Cospedal, horas antes de pasar por la ceremonia del arroz y el ramo de flores:

Seguro que esto a los pajinianos verdaderos les pone los dientes muy largos.

Pero el tema es que ustedes no deben preocuparse por esto, que a fin de cuentas es carnaza. Tan carnaza como lo de Teddy Bautista, al que le han echado el guante para dar la impresión de que «este Gobierno lucha contra la corrupción» (sobre todo ahora que la marea azul se les viene encima, literalmente, y no la pueden parar). Lo que debe preocuparles es que como éste será el último verano socialista hasta dentro de 8 años, más o menos, el Gobierno está en cualquier situación menos en la de vacaciones. Y que a la vuelta de ellas nos espera un otoño caliente, en el que nos daremos cuenta que el Gobierno saliente intentará atar las manos todo lo que pueda al entrante. Mientras tanto, los que de ustedes puedan, disfruten de las vacaciones. Y los que no, sintiéndolo mucho, no les queda sino esperar tres semanas. Y a vivir, que son dos días mal contaos. O no, miren ustedes (que diría Mariano).

Indignados vs. Cabreados

Bueno, pues poco a poco el movimiento se va definiendo. Sigue sin ser transversal, puesto que no he visto a nadie que no sea de la izquierda perroflauta mover el rabo, ya sea en las chabolas de Sol o en las de Plaça Catalunya. Al menos ha dejado de ser «violento», tras los graves incidentes de Barcelona. Sí, señores: por más que no me guste que ciertas personas hayan logrado acta de Diputado regional, ni esto es una «guerra» (como la que tienen montada los gudaris vascos contra los «Estados francés y español opresores y torturadores») ni vale todo, como agredir a un diputado invidente («es ciego, pero es diputado»), lo cual dice mucho del respeto de esas personas por los discapacitados y personas en general indefensas.

Resulta que la fascista Marcha sobre Madrid, la de los herederos de las columnas Durruti y Ascaso, fue un fracaso. Supongo que ellos considerarán que es un éxito haber podido convocar a alguien (15.000 marchistas y ni uno más), según las cifras más autorizadas. Es lo de siempre; lo mismo de las noche electorales, cuando cada candidato, ya sea con una sonrisa de oreja a oreja o con lágrimas en los ojos, comparece ante los medios diciendo «Hemos ganado».

Y va más: ahora han dejado de ser «movimiento» para convertirse en embrión de partido. Lo llaman Equo. Es, por lo que he podido deducir, una alternativa plenamente «de izquierdas», aunque no sé si hablamos de la izquierda histórica o de la izquierda post-constitucional, que bajo su disfraz socialdemócrata no le hace ascos a nada. Es el artilugio político que está preparando la izquierda en su caldero para hacer frente al maremoto azul, del cual de aquí a un tiempo sabremos qué dirección ha tomado.

Sin embargo, se habrán dado cuenta ustedes de que en todo este sarao, esta alegría, este jolgorio representativo-asambleario-izquierdista ha habido ausentes. Y sí, los ha habido. Son los cinco millones de parados, que dado que no trabajan, no tienen quién les represente (ni siquiera los sindicatos, porque como los parados cobran poco o no cobran, aquéllos no les pueden sangrar como es debido). Son las familias que, aun trabajando, se las ven y se las desean para llegar a fin de mes, muchas de ellas con una piedra al cuello llamada hipoteca. Más aún si son funcionarios: han visto afectado su poder adquisitivo de forma impensable en estos dos últimos años (hasta un 30%, gracias a los recortes que ZP había prometido no hacer). O si son pensionistas, que hoy han salido a la calle para protestar por la rebaja de las pensiones (el Gobierno cree menos indoloro subir menos las pensiones que los precios que directamente congelarlas o bajarlas).

Estos son los cabreados. Un montón de personas que, por desgracia, no aparecen mucho en la televisión, ni mucho menos en los debates del Congreso. Gente que rumia su cabreo en silencio porque la casta ha decidido que no tienen voz. Los periodistas no van a hacerse fotografías con ellos, no los miman en artículos pedantes y nostálgicos por representar «la revolución que ellos no pudieron hacer». Ni los personajes de la cultura les echan discursos sobre la noble obligación de resistir a la tiranía aunque sea jodiendo a los que tienen al lado (como los comerciantes de Sol).

Sí, señores: en ese movimiento (nada nacional y mucho menos transversal) faltaron los cabreados. Personas como ustedes y como yo.

Lorca sacudida

Ayer se produjo un terremoto en la muy noble villa de Lorca (Murcia), repartido entre dos temblores de intensidad 4,5 y 5,1 respectivamente en la escala de Richter. Al parecer se contabilizan diez víctimas mortales y más de cien heridos. Desde este humilde rincón, nuestro más sentido pésame y nuestro cariño y apoyo en todo lo que podamos.

Y aun así algunos, tanto de los hunos como de los hotros, son incapaces de dejar de lado sus fobias y sus filias políticas (estamos en campaña y the show must go on). No me refiero a los partidos, que por supuesto han suspendido actos de campaña por solidaridad (y para darles tiempo a hacerse la foto con algún damnificado). Me refiero a algunas frases sueltas que se han oído por ahí.

Las dos Españas siguen vivas, por desgracia. Y nos van a helar el corazón las dos.

Incompetencia programada

Llevo varios días dándole vueltas a una idea que me llena de congoja y que paso a compartir con ustedes. Ahora que tanto se habla de «competitividad» y de «flexibilización laboral» (hablan de ella quienes no han de tener miedo de perder su puesto de trabajo) ha llegado a mi conocimiento un hecho lamentable, referido a la organización de las tareas en los centros de trabajo, tanto públicos como privados. Brevemente les expondré mi teoría.

De acuerdo con la Teoría de Organizaciones (creo que la llaman así), en todo grupo humano más o menos estructurado se superponen dos tipos de relaciones: en primer lugar, lo que se llama el circuito formal, que viene dada por los cargos que se ostenten: el director, el contable, el responsable de compras, etc. Y luego hay un segundo circuito, que es el llamado circuito informal, que es el que suele revelar la dinámica interna del grupo.

Si ambos circuitos coinciden (o, cuando menos, mantienen muchos puntos de contacto) por lo general no suelen haber problemas. Por el contrario, los problemas se presentan cuando ambos circuitos no coinciden en absoluto o mantienen pocos puntos de contacto. En el segundo de los casos podemos encontrarnos con que hay un doble liderazgo: el formal, que detentará el Director o responsable de la sección, y el informal, que detentará quien sea el líder natural del grupo. Es decir: aquel trabajador que controla a los otros de facto, ya sea por la comodidad de los otros o por su cobardía.

Viene a cuento esta pequeña introducción porque, al parecer, en determinados centros de trabajo público se ha establecido una dinámica muy nociva. Pongamos que ustedes se han quemado las cejas estudiando una oposición y, gracias a dicho esfuerzo, sacan ustedes plaza en la Administración que hayan elegido. Puede que durante los primeros días pasen ustedes desapercibidos (buena suerte) o no (mala suerte). Pero, según tengo entendido, no tardarán ustedes en recibir una charlita del que hemos denominado «líder natural» del grupo (fácilmente un sindicalista o liberado sindical, aunque tampoco tendría por qué, en teoría) o de otra persona por delegación de éste. La charlita consistirá en advertirles a ustedes que «deben adaptarse al ritmo de trabajo general del grupo».

La frasecita tiene su miga, y el tono con que ustedes la oigan probablemente también. Puede significar que si un día, por exceso de trabajo, deben ustedes quedarse más allá de las 8 horas, no podrán hacerlo. O que del conjunto de expedientes que deban revisar o tramitar, no podrán hacer ustedes más que la mitad o incluso menos, para no desentonar con el «nivel medio» del grupo. «Nivel medio» que, como ustedes ya habrán adivinado, no fija el líder formal, sino el informal.

Se les plantea a ustedes entonces un dilema: o están en paz con su conciencia, que les dice que deben ustedes dar lo mejor de sí mismos en el trabajo, o están en paz con los compañeros, para que las ocho horas que conviven ustedes con ellos no se conviertan en una tortura china. Si optan ustedes por la primera opción, el asunto puede resolverse por la vía rápida: en caso de que sean contratados o interinos, al parecer, el líder informal puede mover hilos para que a ustedes les den la patada, porque «no dan el perfil», «son indisciplinados» o cualquier otra genialidad que se les ocurra. Si, por el contrario, son ustedes funcionarios con la plaza en propiedad y no los pueden echar de un plumazo, la cosa se pone espesa. Entrará en funcionamiento el mecanismo del mobbing o acoso laboral, merced al cual ustedes sufrirán la conocida metamorfosis kafkiana y acabarán deseando no haber accedido a esa plaza.

El clavo que cierra ese ataúd es el hecho de que ustedes no pueden, en principio, acudir al liderazgo formal para denunciar la irregularidad y menos aún para que les eche una mano. Cabe muy mucho la posibilidad de que el líder formal lo último que quiera sean problemas con el líder real, de forma que admite un menor rendimiento continuado y voluntario a cambio de mantener la pax laboralis. Otras veces, afortunadamente, no es así: el problema se soluciona, se elimina a la gente tóxica y el rendimiento mejora notablemente.

Con esos mimbres, ¿cómo puede llenárseles a unos señores la boca con la palabra «competitividad»? Debe cambiar antes la cultura organizativa, establecer un modelo de trabajo en que se estimule la productividad en vez de hundirla, un modelo en el cual todos los trabajadores se vean estimulados a dar lo mejor de sí mismos, si es que antes no lo aprendieron debido a la educación socialista que padecemos. Y deben implementarse los necesarios mecanismos correctores para evitar que esas personas tóxicas tengan vuelo en la organización.

Unidos no; pero reunidos…

Después de muchos días de silencio vuelvo a mi cita virtual de cualquier día a cualquier hora con ustedes. Y lo hago con cierto enfado después de haber leído un texto que mi buena amiga Pilar me ha hecho llegar vía e-mail. El escrito es de un señor llamado Juan Vicente Santacreu, coordinador de la Plataforma Masby, una plataforma de carácter ciudadano no vinculada a ningún partido político. Según su propósito, Masby apunta a un triple objetivo: unidad de España, libertad y educación libre.

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Liberté, égalité… et multiculturalité?

Sans paroles (o sea, «sin comentarios» :P)…

Actualización 14/01/2001

Gracias al amigo Caballero ZP podemos ofrecer un vídeo de mejor calidad que el que teníamos.

Todo esto no está pasando aquí, ¿verdad?

El lingüista Noam Chomsky elaboró la lista de las «10 Estrategias de Manipulación» a través de los medios:

1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción, que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

«Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)».

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado «problema-reacción-solución». Se crea un problema, una «situación» prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable basta aplicarla gradualmente, con cuentagotas, durante años consecutivos. De esa manera, condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes… Cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicados de una sola vez.

4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como «dolorosa y necesaria», obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que «todo irá mejorar mañana» y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué?

«Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver «Armas silenciosas para guerras tranquilas»)».

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.

«La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)».

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se infravalora y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. ¡Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el «sistema» ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

Conclusión con cita

«Vivir es fácil con los ojos cerrados, entendiendo mal todo lo que ves». (John Lennon, Strawberry Fields Forever).

(Tomado de Facebook, de un perfil de cuyo nombre no puedo acordarme xDDDD)

Juventud siglo XXI (gracias, Gobiernos «de España»)

Tomado del blog de María (como siempre, genial Quino aunque ya no dibuje a Mafalda).







 

 

Pregunta: ¿Hacemos algo por cambiar esta situación o nos resignamos en plan pasota y tranquilizamos nuestra conciencia diciéndonos que ya hemos hecho bastante criticándola?

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Carta de una madre a otra madre: DE MADRE A MADRE:

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