Hacia atrás

Los demócratas estamos hoy de enhorabuena. Celebramos que cayó el muro de la vergüenza, el llamado por Churchill Telón de Acero. Todos recordamos con emoción cómo se abrazaron los alemanes del este y del oeste en aquella jornada histórica. Hoy el muro no es más que un recuerdo siniestro y Alemania, reunificada, es el motor de Europa –todavía arrastra el lastre de la reunificación, pero lo importante es que sólo hay una clase de alemanes–.

Naturalmente, hay quien no celebra tan magna efemérides. Lógicamente, los comunistas. Paco Frutos, recién salido de la directiva del PCE, dice que «él no tiene nada que celebrar». Y José Luis Centella, su sucesor al frente de ese partido, afirma que «él no tiene que pedir perdón por los crímenes cometidos por los comunistas en el pasado».

Pero es normal que ésos «no tengan nada que celebrar». El derribo del muro es la constatación del fracaso del sistema político y económico que preconizan. De hecho, si hubiese sido un «buen» sistema, los ciudadanos de los países sometidos al yugo comunista hubiesen podido salir y entrar libremente, en vez de serles retenido el pasaporte (como en Cuba). Y no sólo eso: países que son miembros de pleno derecho de la UE hubiesen continuado con ese sistema. Hoy, por tanto, es el día en que ellos y sus compañeros de viaje guardan un silencio avergonzado.

En cuanto a «pedir perdón», ellos han exigido a los demás perdón por todo: a la Iglesia (por «la Inquisición», naturalmente), a la «derechona» (por los crímenes franquistas, cuando al parecer muchos comunistas figuraban como confidentes en los ficheros de la Policía)… En cambio, ellos nunca han pedido perdón por los millones de víctimas de los regímenes comunistas. Ni siquiera en 2006, cuando una declaración del Consejo de Europa que pretendía condenar esos crímenes fue rechazada por la entente izquierdista entre socialistas y comunistas.

Y en este punto se produce una curiosa bifurcación. Animados probablemente por el ejemplo alemán, que sólo en recientes fechas se ha enfrentado con su pasado nazi (lo demuestran películas como El hundimiento, que generó un gran debate público), algunos países del entorno ex-comunista han desenterrado la historia con la que durante mucho tiempo no tuvieron el valor de enfrentarse. Polonia no es solamente «Auschwitz» (o Oswiecim, en traducción polaca). También es Katyn, lugar donde fueron masacrados más de 20.000 oficiales polacos, tanto por rusos como por alemanes. Lo mismo Ucrania, en donde se está buscando la declaración de genocidio para las hambrunas provocadas por el régimen estalinista. En Georgia han abierto dos museos para recordar los horrores del régimen totalitario comunista.

Sin embargo, los rusos, extrañamente, no quieren saber nada de ello (cuando menos, los mandamases rusos). No quieren enfrentarse a la historia, que en estos casos absuelve muy poco y pone a todo el mundo en su lugar. Este artículo del renombrado historiador Henry Kamen es una caja de sorpresas. Pero también se puede entender la actitud: en el momento actual, en que el Gobierno ruso está apelando al nacionalismo más rancio para unir al país, el recuerdo del comunismo y de sus horrores ha de sentar como una patada en las narices.

Y el muro se derrumbó cuando cayeron las bases que lo levantaron y lo sostenían: la mentira y el terror. Cuando la gente dejó de creerse la propaganda con la que les habían engañado durante años y cuando dejaron de tener miedo. Sólo así se puede emprender un camino en libertad. Por eso hay que alegrarse. Porque muchos ciudadanos alemanes perdieron el respeto a las mentiras de sus dirigentes y perdieron el miedo. Sin embargo, no hay que olvidar que la lucha por la libertad es diaria, puesto que hoy día sigue habiendo personas, organizaciones, estructuras, etc., que sueñan con arrebatarnos esa libertad y convertirnos en esclavos fieles y a gusto. Que esta efeméride sirva para no olvidar eso.

Salvajes en Pozuelo

Dicen que en Pozuelo de Alarcón la especie que más abunda es el pijerío. Gentes bien, sin problemas (económicos, por lo menos). Un municipio rico, lleno de artistas del pelotazo y otras artes que a los demás mortales nos son vedadas porque no tenemos los contactos que hay que tener (aunque ese detalle no haga al caso). En todo caso, personas y familias aparentemente «estructuradas» y «bien integradas». Sus parties en el chalet de la sierra, sus vacaciones en Irlanda «para aprender inglés»… Nada fuera de lo normal en el contexto que hace al caso.

Y sin embargo, precisamente eso es lo que hace difícil entender las escenas que se ven en el vídeo. ¿Niños pijos comportándose como outsiders, como gamberros de la más baja estofa? ¿Adolescentes presuntamente «bien integrados» acollonando a la policía? Policía que, encima y aun temiendo por su vida, no puede hacer uso de sus armas de fuego para que no la acusen de «brutalidad policial» y para que los medios y opinadores progres, more suo, hablen de «métodos policiales franquistas» y del «necesario diálogo con la juventud» y todas esas patrañas pseudopedagógicas.

Hay quien dice que quienes prendieron la mecha «no eran del pueblo». Puede ser. Pero siguen en pie las preguntas que hacemos. Por otro lado, cuando el alcohol corre en cantidad llega un momento en que no importa quién encienda la mecha. Se enciende y es incontenible. El dispositivo policial era el «normal» para unas fiestas sin incidentes, pero en absoluto estaba preparado para lo que ocurrió el pasado sábado.

¿Qué hay detrás de todo esto? En mi modesta opinión y para empezar, hay padres incapaces o dimitidos. Padres que no se han preocupado, en líneas generales, de transmitir a sus hijos los valores del civismo y del respeto a los demás. Sospecho que más de uno (o una: no hay que ser sexistas) se ha criado frente a la televisión, que por lo general ofrece modelos éticos poco edificantes. Habría que investigar qué modelo repiten estos adolescentes. Puede que nos lleváramos alguna sorpresa.

Pero no solamente eso. Al parecer, se detuvo a unos cuantos, a los que se metió en el calabozo. Al día siguiente eran puestos en libertad «con cargos» (para que no hubiese la sensación de «impunidad total»). Da para sospechar que no se trataba de «niños pijos normales«: parece que incluso entre los pijos hay clases. Yo no sé si ustedes recordarán un hecho o gamberrada en que intervino un hijo de Dominique de Villepin, ex-ministro francés de Interior. Pues bien: una vez que se supo de quién era hijo el gamberro, se le puso en libertad sin más trámite. y discreción total. Y sospecho que algo así ha ocurrido en Pozuelo.

Da para pensar bastante, digo yo. ¡Cuánto daño han hecho la LOGSE y la LOE!

Muerto Franco, se acabó… el tener casa propia



Las viudas (1966).

Aficionados. Constructores, sí, pero aficionados. Parece que la política del gallego no sólo sujetaba la ambición bancaria, sino que controlaba a la casta del ladrillo.

Sé que es un palo para el antifranquismo militante, sobre todo en su versión «okupa», claro, puesto que nada mejor para acudir a una manifa por una vivienda digna que afinar la cuerdas vocales para soltar un par de gritos contra el ferrolano y su perversa herencia; pero lo cierto es que fue él (y no Marx) quien construyó una sociedad en la que podía adquirirse una casa en 6 años…

Los (irrefutables) datos son éstos:

VIVIENDAS SOCIALES (1.963)
Pisos de 42 m2
PRECIO FINAL: 250.000 ptas
amortizable en 50 años
330 Pts/mes

1.800 Ptas/mes
100.000 Viviendas entregadas

-EN PROPIEDAD-

Cada mensualidad SÓLO CONSTITUÍA EL 18,5% DEL SALARIO DE UN MES DE TRABAJO

Comparemos:

«Luis Eduardo Cortés señaló que el próximo año 2002 el IVIMA prevé adjudicar más de 1.900 viviendas, con alquileres de 210,35 €/mes.»

EL MUNDO – Viernes 14 de diciembre de 2001
Número 231

SALARIO MÍNIMO INTERPROFESIONAL (2002): 442,20 €/mes
(R.D. 1466/2001, de 27 de diciembre, I.L. 6561.)

Previsión de 1.900 viviendas entregadas

-EN REG. DE ALQUILER-

Cada mensualidad CONSTITUYE EL 47,5% DEL SALARIO DE UN MES DE TRABAJO

Las cifras cantan, y eso que en el primer caso hablamos de vivienda en propiedad, y en el segundo de alquiler.

Para los más suspicaces siempre tendremos al poco sospechoso Forges para sacarnos de dudas:

¡Pero nada de arrugarse! ¡Palo al gallego y a su política de aburguesamiento de la juventud! ¡Abajo el franquismo! ¡Vivienda digna sí, pero… no tan barata!

PD: de lo que dejaron de percibir los bancos con este sistema, ni hablamos.

(gracias, Juan Empecinado)

Ocio asesino

Probablemente piensen ustedes que soy un carcamal o un retro. No me importa, pues estamos en un país (presuntamente) libre y cada hijo de vecino puede pensar lo que mejor le convenga. No hay sino lamentar la muerte (u homicidio, hasta que la justicia se pronuncie) del joven Álvaro Ussía.

Además de expresar mis condolencias a la familia y a los amigos del joven, quisiera reflexionar en voz alta sobre el acontecimiento. En primer lugar: ¿cómo es posible que un local que acumulaba cincuenta denuncias por otros motivos no hubiera sufrido la correspondiente inspección y se hubiera procedido a su cierre cuando menos cautelar? Hemos sabido que, por no tener, no tenía siquiera los papeles en regla.

Esto empieza a oler mal. Da la impresión de que el propietario tenía buenos agarres en el Ayuntamiento de Madrid y que, a cambio de generar la parte correspondiente de beneficios, alguien que debía controlar, inspeccionar o fiscalizar la actividad de dicho local miraría convenientemente hacia otra parte. No se trata de señalar a formaciones políticas determinadas, pues en toda España han muerto ya 20 jóvenes en circunstancias similares, con independencia de quién estuviera en el Ayuntamiento.

En tal caso, ya tenemos claro que estamos frente a un negocio. Un negocio que da mucho dinero, y no sólo a sus propietarios, sino también a la Administración.

La segunda cuestión se refiere a la seguridad. De ella da idea que los porteros de discoteca sean comúnmente conocidos como gorilas. Naturalmente, no todos son así. Los habrá que harán correctamente su trabajo, sabiendo hasta dónde pueden llegar y qué deben y no deben hacer. Sin embargo, el hecho de que existan jóvenes violentos o con ganas de bronca parece justificar la contratación de porteros con pocos miramientos y escrúpulos a la hora de hacer su «trabajo». El vacío legal, que por lo que vamos viendo no es inocente, ayuda a que en no pocos casos, el portero sea un castillo de músculos sin mucho cerebro.

Finalmente, hay una tercera reflexión que, al menos públicamente, aún no se la he oído a nadie. Teniendo en cuenta que en estos lugares puede peligrar la integridad física de las personas (no solamente por los porteros, sino porque en no pocos de ellos se venden pastillas con o sin conocimiento o consentimiento del dueño), ¿no es posible redirigir a los jóvenes hacia otro tipo de ocio? Por ejemplo, ¿acaso no es más saludable, por ejemplo, practicar un deporte de forma federada –atletismo, fútbol, baloncesto– que emborracharse todos los fines de semana? O cualquier otra actividad que ayude a ejercitar el cuerpo y la mente (y no me refiero a las videoconsolas, «que mejoran la coordinación entre el ojo y la mano»). Creo que es posible. Pero a quienes debería interesar no les interesa. Y me parece que me estoy oliendo por qué.

Vergüenza parlamentaria y quiebra de la Seguridad Social

(Visto aquí)

España necesita, hoy más que nunca, una sociedad civil que ponga freno a los disparates que día tras día comete la clase política ante la asombrosa anuencia de gran parte de la ciudadanía. Un movimiento cívico que establezca una barrera, respecto a determinados signos identificativos que son motivo de orgullo y signo de pertenencia en otras naciones, imposible de rebasar.

Que ponga patas arriba el sistema actual de partidos, su sospechosa financiación a través de sociedades domiciliadas en el extranjero, la no adopción en sus cuentas de criterios de contabilidad internacionalmente aceptados, el carácter plebiscitario y tercermundista de sus procesos de elección que recuerda a las Asambleas del Partido Comunista Chino, la ausencia de disensión, la falta de experiencia práctica, preparación e incluso capacidad de muchos de sus miembros (el 65% de los parlamentarios españoles no han pisado la empresa privada), la discriminación que obliga a un bedel ministerial a hacer una oposición pero que no impide a un animal político sin formación llegar a dirigir un ministerio.

Que denuncie ese sucedáneo del Despotismo Ilustrado, Todo para el Pueblo pero sin el Pueblo, en que se ha convertido gran parte de nuestro teatro público. Y sobre todo, que ponga un dique a un modo de hacer las cosas, el caradurismo, -ande yo caliente, ríase la gente-, que encuentra una de sus máximas expresiones en la complacencia con la que nuestros parlamentarios contemplan el deterioro de la Seguridad Social mientras ellos, todos ellos, y con el dinero de los españoles, destinan 2,5 millones de euros al año para que una entidad privada, el BBVA que ganó el concurso, trate de garantizar el futuro de un colectivo cuyo mayor mérito es tratar de perpetuar un modelo, el anteriormente descrito, del que resulta ser el mayor beneficiado.

La arenga no es propia. Corresponde a un comensal con el que departí ayer, próximo colaborador de Cotizalia, pero como si lo fuera. Por dos motivos:

Uno. España, de verdad, necesita de una sociedad civil por pura higiene democrática. Su ausencia no puede sino ser caldo de cultivo para la aparición de una estrella política que aglutine el desencanto de esa clase media y obrera que va a ser la mayor perjudicada de la crisis actual. Un líder que se dedique a hacer de la xenofobia y la exclusión, esto es, del gobierno contra, el mensaje central de su ideario político. Se equivocan quienes temen a la teórica extrema derecha alentada por unos obispos que parece no tienen otra cosa que hacer. No es éste sino aquél el verdadero peligro.

Dos. Un peligro que puede verse auspiciado por, vuelta la burra al trigo, la difícil situación por la que amenaza transitar la Seguridad Social, cuyo sistema de reparto y no de capitalización, aceptado comúnmente, no deja de ser un fraude piramidal de proporciones gigantescas legitimado de forma consuetudinaria. Les recuerdo lo que escribí sobre el tema en mayo de 2006: «Me uno, finalmente, a la opinión que han reflejado muchos lectores de este periódico digital estos días: el mayor fraude piramidal con diferencia en este país es el de una Seguridad Social concebida como sistema de reparto y no de capitalización.

Tal y cómo evoluciona la pirámide poblacional, visto cómo España se ha convertido en la panacea sanitaria de cualquier indocumentado que caiga por aquí y teniendo en cuenta el bajo nivel de participación en productos privados de pensiones que hay en España, nos enfrentamos a un problemón de aquí a menos de 15 años. Y si el viento deja de soplar de cola… abróchense los cinturones que va a haber turbulencias. Claro que a ver quién es el guapo que denuncia este fraude a todos los que contribuimos a pagar el sistema hoy en la esperanza de una prestación futura que sólo Dios sabe si vendrá. Pido no».

Pues bien, hoy es el día en que el viento ha dejado de soplar de cola. Con la crisis económica actual los ingresos de la Seguridad Social se van a resentir, especialmente una vez que desaparezca el efecto al alza provocado por las cláusulas de salvaguarda salarial que han elevado las bandas de cotización de muchos contribuyentes. Por el contrario, los gastos sólo tienen un camino: hacia arriba. Las prestaciones por desempleo están incrementándose a un ritmo similar al de principio de los años 90. Y lo peor está por llegar si nos atenemos a lo que afirma el divino Celestino.

Es verdad que, según se desprende de la propia Seguridad Social, la cifra de partida de los ingresos es sustancialmente superior a la de los pagos. Sin embargo, si se produjera un estancamiento de las entradas y, por el contrario, las salidas aumentaran en tasa interanual tan sólo un 5% adicional en cada uno de los próximos cinco años, podría darse una situación en la que, dentro de un quinquenio, las aportaciones de los paganini actuales no puedan hacer frente a los desembolsos exigidos por el sistema. ¿Y entonces? No es de extrañar que cada vez sean más las voces que exijan un nuevo Pacto de Toledo que aborde la reforma en profundidad de la institución para adecuarla a la nueva realidad demográfica y económica española.

Una reforma que resulta ineludible e inaplazable, que debería venir acompañadas de medidas fiscales de fomento de la previsión privada, y que requiere el consenso común de, como dicen los cursis, la gran mayoría del arco parlamentario. Es demasiado lo que está en juego. Entre otras cosas, probablemente, la propia estabilidad social de nuestro país. Bien. Seamos generosos y hagamos, para concluir, una concesión a nuestra clase política, expresión de la soberanía popular en la división de poderes de Montesquieu (algo que debería hacernos reflexionar: ¿cuál es la España que muestra? ¿Qué consonancia tiene con la realidad? ¿Dónde queda reflejada la riqueza de la sociedad española, en el pensamiento único que se impone en cada partido?).

Aceptémoslo: son humanos al fin y al cabo. Que pongan a salvo primero sus posaderas ante las posibles inclemencias futuras, aunque suponga una traición al interés por la colectividad que teóricamente. McCoy despierta, justifica cualquier vocación por la cosa pública. Pero una vez superado ese trago, (joder, qué tropa, que diría Rajoy), exijámosles sin desmayo que se pongan de una vez manos a la obra. Desde mi pequeña porción de sociedad civil tengo el derecho y el deber de exigírselo. Así lo hago. Eso sí, no les voy a engañar: con la misma convicción con que San Juan Bautista hacía su prédica en el desierto.

La huelga

Informe de situación.-

Estado de huelga. El transporte se ha levantado en armas contra la subida del carburante impuesta por el Gobierno. Ha habido disturbios y al menos dos personas han fallecido.

Situación de los manifestantes: Jodidos, (muy) cabreados y (muy) apaleados.
Situación de los ciudadanos: En algunos casos, psicosis de escasez.
Situación de la economía: Preocupantes y crecientes huecos en las tiendas. Preocupante subida de los tipos de interés (en especial, el EURIBOR).
Situación del Gobierno: No hay crisis.
Argumentación del Presidente del Gobierno: No hay crisis: sólo una desaceleración intensa que desaparecerá con el tiempo. Sospechas de la oposición acerca del uso por el Presidente de alguna sustancia alucinógena o estupefaciente.
Situación del Ministro o Ministra del ramo: En paradero desconocido.
Medidas que el Gobierno ha tomado ante la situación: Garrotazo y tentetieso a los huelguistas.
Oposición: PPresente, afeando a la Vicepresidenta que su Gobierno sea el que más altos cargos ha designado y que trabaje menos que el sastre de Tarzán.

Hay algo que podrían hacer las Cortes, aparte de rebajar su jornada semanal de tres a dos días (sin rebajarse proporcionalmente el sueldo, of course). Promover la aprobación de una verdadera Ley Orgánica del Derecho de Huelga, puesto que sólo se puede regular por ley orgánica como derecho fundamental que es. La regulación actual se contiene el Decreto 17/1977, constitucionalizado por la STC 192/1981, de 8 de abril. Al parecer, ningún Gobierno hasta ahora ha tenido narices de sacar adelante una Ley Orgánica (al igual que se hizo con el Código Penal) que regule de una vez por todas este derecho fundamental.

No tengo idea de todos los detalles que haya de contener esa ley, pero ciertamente ha de proteger el derecho a trabajar de aquellos que no quieran secundar la huelga y de declarar ilegales de una vez por todas los llamados piquetes informativos (de ésos que te informan que como no secundes la huelga te van a partir la cara, destrozar tu negocio, echar a perder tu mercancía o las tres juntas), cuya actuación, de siempre, ha constituido cuando menos un delito de coacciones, hoy tipificado en el artículo 172 del Código Penal (en relación con el 315.3). Lo transcribimos aquí por si a alguien le interesa:

Art. 172

1. El que, sin estar legítimamente autorizado, impidiere a otro con violencia hacer lo que la ley no prohíbe, o le compeliere a efectuar lo que no quiere, sea justo o injusto, será castigado con la pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados.

Cuando la coacción ejercida tuviera como objeto impedir el ejercicio de un derecho fundamental se le impondrán las penas en su mitad superior, salvo que el hecho tuviera señalada mayor pena en otro precepto de este Código.

Art. 315.3

1. Serán castigados con las penas de prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses los que, mediante engaño o abuso de situación de necesidad, impidieren o limitaren el ejercicio de la libertad sindical o el derecho de huelga.

2. Si las conductas reseñadas en el apartado anterior se llevaren a cabo con fuerza, violencia o intimidación se impondrán las penas superiores en grado.

3. Las mismas penas del apartado segundo se impondrán a los que, actuando en grupo, o individualmente pero de acuerdo con otros, coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga.

Valdría la pena que sus señorías se tomaran más en serio el trabajo por el que se les paga (y bastante bien, por cierto, en relación a otros colectivos). Además, que España iba a ganar a Rusia estaba cantado y sus señorías podrían haber seguido el partido desde su escaño, porque para eso se les ha puesto internet, ¿no es así? En cuanto al Gobierno, por desgracia, es absolutamente previsible. Cuando la crisis (perdón, intensa desaceleración) arrecia, el Gobierno incrementa su gasto en… propaganda. No vamos bien. Para nada.

La banca gana

Está visto que hoy en día el único modo de adquirir una vivienda es colgándose al cuello durante treinta años una piedra llamada hipoteca. Eso ha sido uno de los grandes triunfos de la banca española. La hipoteca, técnicamente considerada, no es más que un préstamo con garantía inmobiliaria, que en este caso sería la propia finca urbana o vivienda que se pretende adquirir. Esto, en sí mismo, no tiene ningún problema. Es una forma legítima de hacer negocios. Usted, Juan Español, se sacrifica por sus hijos o sus nietos para que éstos puedan tener una vivienda libre de polvo y paja, en la que puedan vivir sin más apreturas que los gastos de comunidad, el IBI, la tasa de recogida de basuras, el alumbrado y otras gavelas que el Ayuntamiento de su ciudad, siempre falto de recursos, se pueda sacar de la manga.

Sin embargo, considerado más de cerca, tiene toda la pinta de ser un atraco legal. Teniendo en cuenta la normalidad del empleo precario, que hace veinte años no existía, ¿quién se atreve a hacer frente a una obligación de tan larga duración? Que para comprar un piso en estas condiciones han de ser dos, se cae por su propio peso, puesto que uno de los sueldos va a pagar la parte correspondiente de intereses o del principal.

Así es como la hipoteca se interpone entre las parejas y su felicidad. Recuerdo una publicidad de hace años de una entidad bancaria. Se ve a la pareja en la cama. Están abrazaditos como dos tórtolos. En un momento determinado él, todo meloso, le dice a ella: «¿Vamos a por el segundo, churri?». De golpe y porrazo, la «churri» se convierte en un amenazador empleado de banca que, burlón, dice algo así como: «¿Recuerdas cuánto dinero te falta por pagar… churri?». Y Juan Español tiene que envainársela —literalmente— y quedarse sin fiesta por lo menos para un mes.

Ayer, no obstante, nos enteramos de otra vuelta de tuerca. Después de entrar no solamente en Europa, sino en el mundo del euro, más o menos alegremente, hay una palabra o expresión que hace temblar a toda familia hipotecada que se respete: «variación del Euribor». La variación del Euribor es la que hace que suba el tipo de interés hipotecario y que, por tanto, la cuota mensual con que los bancos castigan al hipotecado suba o suba de acuerdo con unos inextricables y arcanos movimientos que sólo pueden predecir los muy entendidos.

Pero lo que ha ocurrido, al parecer, no lo habían previsto los bancos. Estamos en plena crisis inmobiliaria y, como consecuencia de ello, además de cerrar las agencias inmobiliarias como si de un dominó se tratase (que parece que se atropellan unas a otras cerrando), los pisos han bajado de valor. Lo que significa, también, que el valor de la hipoteca sobre el piso se reduce. Así, pues, Juan Español ya no deberá pagar los intereses de 40 millones, que es en lo que se valoró su vivienda, sino de 25 millones, que es su precio de mercado actual.

Pero Juan Español se llevará las manos a la cabeza cuando se entere de que nuestro Gobierno ha autorizado a los bancos a embargar a Juan Español otras posesiones en valor suficiente hasta completar los 40 millones que valía la hipoteca cuando se firmó. Así, si Juan Español tiene un coche, el banco se lo embargará, por mucho que lo use como herramienta de trabajo. Y pueden añadir ustedes todos los bienes que quieran… hasta completar el precio de la hipoteca.

Que el Gobierno (cualquiera que sea su color) está en manos de la banca, es afirmación que no necesita mayor encarecimiento. Lo llamativo es que sea un gobierno del P(SOE), presuntamente de izquierdas, el que esté siendo agarrado de las pelotas por el gran capital. La medida en cuestión, por otra parte, implica que los bancos no se van a apretar el cinturón. Quien lo va a tener que hacer es el usuario final, Juan Español. Otros se van a joder; la banca, jamás. Y si hay que conseguir que otro se coma el marrón que también debiera comerse la banca, se consigue.

No menos llamativo es que el decreto que desarrolla la Ley Hipotecaria en este punto haya salido el día 11 de marzo, dos días después de las elecciones. Como tantas informaciones, noticias y datos que se dejaron para el día después. O sea, con la seguridad de que ZP continuaba en Moncloa. Pero no nos debemos engañar: si salió el 11 de marzo, es que ya estaba preparado desde antes. No lo hicieron en dos días. Y mientras, ZP prometiendo lo de los 400 euros… los cheques-bebé… En fin. Riámonos, para no llorar. Y recordemos esto: la banca nunca pierde.

Comedia de errores

Permítaseme la referencia un tanto jocosa en un asunto tan serio y tan grave como éste. Pues sólo así puede calificarse el arrêt Mari Luz Cortés, la niña onubense de 5 años de la que abusó un vecino (¡!) y que está además acusado de haberle dado muerte. Una maldita «comedia de errores».

El asunto no tendría «nada de especial» si no fuera porque ha puesto de manifiesto discontinuidades desastrosas en el conjunto del sistema de protección ciudadana, relacionadas con la cantidad y calidad de información que fluye entre sus diferentes componentes. Desinformación entre la policía y la judicatura. Desinformación entre diferentes órganos judiciales, que ha segado la vida de una niña inocente. Condenas pequeñas, que han supuesto que el delincuente no entrara en prisión durante todo este tiempo.

Hoy se rasga todo el mundo las vestiduras. Hoy todo el mundo se pregunta «¿cómo ha sido posible?» y se piden —casi se exigen— las más duras medidas contra el delincuente: «Nada… ¡cuatro tiros hay que pegarle!», «¡Hay que castrarlo!», «¡Hay que… (cualquier barbaridad que se les ocurra a ustedes)!». Los españoles, incluso los que dicen que no se sienten tales (que luego escarbas y resulta que tienen raíces al otro lado del Segre o de Santa María de Garoña o más abajo de Despeñaperros), somos de sangre caliente y reaccionamos con furia ante estos hechos. Eso, naturalmente, sirve mucho para desviar la atención del verdadero problema, que no es otro que el funcionamiento normal de la Justicia. Pero, hombre de Dios: si por ese concepto hasta se puede pedir indemnización en este país…

Por otro lado, ¿a quién habría que pedir responsabilidades por un retraso de cinco meses en sustituir a la funcionaria que según el juez Tirado tendría que haber tramitado las informaciones correspondientes? ¿Y quién es responsable de todos los demás fallos?

No se comprende cómo es posible que ya en pleno siglo XXI el funcionamiento de la Justicia siga siendo el del siglo XIX. A lo mejor en Estados Unidos (me resisto por completo a llamar «América» a esa nación, puesto que los mexicanos serían también americanos sensu stricto) las cosas son distintas. A lo mejor allí es verdad que los policías poseen un aparato conectado a la intranet correspondiente y pulsando un botón aparecen todos los delitos de los que se tiene constancia ha cometido el presunto, hasta las multas de tráfico. Por lo menos, así parece en las películas de Jólibus. Y eso que aún no hemos asistido a la sugerencia de que la policía se transforme en PreCrime, Inc.

Pero no se preocupen ustedes: no hay peligro de que eso ocurra en España. No se insinúa que todos los Juzgados funcionen igual de mal, ni mucho menos. Seguramente hay titulares de Juzgados que consiguen que su Juzgado dé bien en las estadísticas a fuerza de horas y horas de honrado trabajo. Sin embargo, no es menos cierto que las consecuencias de un error judicial (o de una concatenación de ellos) pueden ser terribles, como es el caso presente.

Y se habrán fijado ustedes en otro detalle. Será coincidencia o no, pero mientras bullía y estallaba la indignación popular por el caso de Mari Luz, se han dictado dos sentencias que de no haberse producido el fatal desenlace del caso Mari Luz, hubiesen tenido mucha mayor repercusión mediática: por un lado, la sentencia del caso Gescartera, que ha tardado nada menos que ¡siete años! y que ha permitido que Pilar Giménez Reyna y los otros bergantes hayan dado con sus huesos en la cárcel, una vez demostrada su culpabilidad. Por otro, la sentencia del caso Juan Antonio Roca, que resulta que no va a la cárcel porque le han impuesto de fianza la calderilla de un millón de euros. A saber qué se ocultará tras esa fianza de calderilla

Es curioso que ambas sentencias hayan recaído después de las elecciones. ¿Se imaginan ustedes el efecto que la sentencia J. R., el factótum marbellí, hubiera causado en la candidatura de Manoliyo a la presidencia andaluza? Claro que en el cortijo de Manoliyo todo es posible… Y no digamos la de Gescartera: impacto menor, pero que los medios giliprogres hubiesen machacado hasta la náusea lo de «el PP es un partido corrupto». No sería difícil imaginar a Eva Hache (la novia de Freddy Krueger), vestida con el traje típico segoviano diciendo algo así como: «No durmáis, peperos… ¡por Gescartera esta noche os espero!»

Luego, se enfadarán y tratarán de empapelar a un alcalde (Pedro Pacheco) por decir que «la Juztizia é un cashondeo» o al dibujante Ramón por un dibujito de ná acerca del Tribunal… Constitucional («vamos a llevarnos bien…»). Siempre hemos dicho que si la Justicia española está enferma, ello es causa y consecuencia de que también lo esté la sociedad. ¿A alguien le interesa que la Justicia siga así de enferma? (y no es una pregunta retórica…)

El laberinto andaluz (y II)

Siguiendo con el post anterior, retomamos nuestro análisis del «prototipo del señorito» y su utilización política. Debido a ese pasado anarquista —que no fue muy glorioso: recordemos lo de Casas Viejas, donde ahora la Junta quiere construir un casino u hotel para echar tierra sobre la memoria histórica que no interesa—, la ideología izquierdista ha gozado siempre de gran predicamento en Andalucía. El largo paréntesis franquista, que llenó de suecas victoriosas las playas de Torremolinos y Benalmádena, y de niños pijos las de Marbella, está presto a ser olvidado.

Por eso, en período electoral, Manolito Chaves sabe ya lo que tiene que hacer: colgar en su perchero los trajes cortados a medida y los zapatos Gucci, y calzarse las abarcas, ponerse los pantalones de faena y la chaqueta de pana. Así, vestido de esta guisa, se presenta él a los mítines gritando hasta desgañitarse: «¡Zomo de lo vueztro!». ¿Qué huelen un poco a naftalina? No importa: el candidato se coloca lo suficientemente lejos del electorado y ya no huele. ¿Ves que fácil? Y los súbditos asienten satisfechos: «Éze é de lo nueztro».

Es decir, Chaves se presenta a sí mismo como el «gran campeón de la lucha contra los señoritos», el que «favorece al pueblo» y otras zarandajas electorales varias. Y el PSOE andaluz ha hecho un «buen trabajo» estos años, colgando al PP el sambenito y la coraza de sapos de ser «partido de los señoritos». Porque saben que el odio al señorito en Andalucía es capaz de movilizar sentimientos y pulsiones emocionales muy profundos. Sólo así se explican los ladridos de Alfonso Guerra en el 96, alertando de que «venía la derechona». Burdos y mentirosos, pero muy efectivos en Andalucía.

Sólo así se explica que el PP haya conseguido crecer «algo» en todos estos años (recordemos que se refundó entre 1989-90) y significativamente más en las ciudades que en el campo. El votante andaluz, incluso el desencantado, aún hoy identifica al PP con la derechona de Guerra y vota PSOE por el «miedo» de que vuelvan los señoritos de antes. O tal vez no quiere votar PSOE, pero a la derechona del PP no la votará jamás y se queda en casa o se va al campo, azí me den una pedrá zi voto a lo zeñorito der PP. Por todo lo cual, horadar ese muro de miedo, ignorancia y al mismo tiempo comodidad intelectual es verdaderamente difícil, por no hablar de horadar el muro casi infranqueable del ostracismo de los medios de comunicación, controlados por la taifa de Manolito. No se sabe qué esfuerzos están haciendo Javier Arenas o Teófila Martínez, pero seguro que habrán de sudar la camiseta.

Es decir, básicamente donde hay menos cultura es donde saca el PSOE sus votos. Por supuesto: la corrupción que ha supuesto el PER ha atado muchas voluntades al PSOE, bien por convencimiento, bien por vergüenza. En cuanto al presunto crecimiento en las ciudades, están empezando a solucionarlo: el férreo control político de las Universidades andaluzas hace imposible que la verdad circule cuando ésta es perjudicial para el PSOE. Conocemos ya algún caso de mobbing producido en la Universidad andaluza a causa de enemistades que poco tienen que ver con el conocimiento del que debiera sentirse orgullosa una Universidad. De forma muy parecida se ha actuado en Cataluña, si bien el control de calidad correspondió en este caso a los nacionalistas.

Y lo mismo se diga de los medios de comunicación. Se silencia a los tertulianos díscolos y se pretende empapelar a quienes denuncian las prácticas caciquiles de la Junta de Chaves y Zarrías. Andalucía imparable, desde luego. Pero hacia la tiranía lisa y llana.

No cabe duda alguna de que hoy Andalucía es el cortijo particular del PSOE. Y un inmenso pesebre donde comen multitud de estómagos agradecidos. Y Manuel Chaves es hoy el amo indiscutible del cortijo. Andalucía tiene que despertar de ese letargo triste en que vive desde que Chaves se instaló cómodamente en la poltrona de la Junta (e instaló cómodamente también a toda su familia). Curiosamente, ese letargo triste transido de desinterés es el que aqueja también a Cataluña, ya existente desde Pujol, pero acentuado sobremanera desde que virreina el P(S)C en estos lares.

De ahí que la educación sea tan «importante» en Andalucía. Para fabricar siervos, súbditos o borregos, no ciudadanos. Y cuando las cifras oficiales certifican esta verdad de forma irrebatible, se suceden las llamaditas de los inspectores a los profesores de instituto o colegio, para que hagan patria andaluza y aprueben masivamente a sus alumnos, incluso a aquellos que no lo merecen. «No me importa cómo lo hagas, pero tú apruébalos». La presión subsiguiente coloca al profesor en el brete moral de tener que elegir entre sus principios como educador y su puesto de trabajo, por no hablar de la simpatía o antipatía del inspector de turno, al que a su vez han presionado desde la Consejería para que «salgan los números».

En fin. Hablando de verdades irrebatibles, Chaves es hoy un señorito más. Un señor feudal que tiene montones de siervos a su alrededor y que procura mantener en la idiocia a quienes le votan, para que no se den cuenta de que es un señorito. Para que ningún andaluz se percate de que la única forma de acabar con los señoritos es ofrecer una educación de calidad al pueblo. Es dejar que la iniciativa privada haga su trabajo, en vez de ahogarla para que sirva a sus intereses privados y de su partido. Yo, particularmente, doy eso por perdido con Chaves. Tal vez el día que le sustituya alguien del PP con ideas distintas la cosa puede cambiar.

Y nada me gustaría más, créanme, que ver a una Andalucía al cien por cien en el campo, en la industria, en los servicios. Una Andalucía radiante, despejada la niebla pestilente de la corrupción, el abuso, el desaliento y el miedo a crecer. Una Andalucía orgullosa de ofrecer al mundo lo que es y no arrodillada y agradecida ante sus caciques. Una Andalucía que pueda mirar al futuro sin temor y que forme parte de un futuro que deseamos también radiante para toda España (así le duela a Mohamed VI, que ha puesto sus miras ya sobre Andalucía… o sobre Al-Andalus, que como los informados saben, no es lo mismo).

Actualización enero 2025.- Pues hace ya casi seis años que Huanma ocupa el sillón de San Telmo… y la cosa no termina de despegar. Debe ser el ser político de Huanma es socialista de corazón. Claro que cuando el PP se va pareciendo cada vez más a la pesoe… estas cosas pasan.

El laberinto andaluz (I)

Andalucía es una de las tierras más hermosas de España. Su belleza natural ha sido cantada por casi todos los poetas desde que las tierras hispanas aparecieron en la historia. Sus fértiles tierras, bien aprovechadas, podrían ser el orgullo de España y la envidia de Europa entera. Desde Huelva a Almería, el ingenio, la gracia y el salero se combinan para hacer de sus gentes las más hospitalarias de Europa.

Sin embargo, hay un pero. Un pero muy gordo. Andalucía —y también Extremadura, pero sobre todo la primera—, está a la cola del progreso y de la educación en el ámbito europeo. No lo digo yo, que seguramente habrá quien me tache de facha pepero y aún de cosas peores. Lo dicen estudios como el informe PISA y otros. Lo dicen las noticias e incluso la historia reciente de esa región (entendida por tal la que comienza desde 1978).

Habrá quien diga: «¿Sólo por eso? ¡Pero si eso no é ná!». Ya hemos perorado en otro lugar acerca de las consecuencias de esa clase de perspectiva educacional. Pero está claro que con una educación de baja calidad como la actual (vaya por delante que enjuiciamos la del momento presente, no la de hace 50 o 100 años atrás), se forman borregos, no ciudadanos. ¿Por qué borregos? Porque si uno limita la capacidad de razonamiento y e impide que ésta se ejercite, la persona acaba siendo fácil presa de lo que otros —particularmente el poder— puedan decir. Y cuánto más cómodo es para el poder un súbdito que acepta sin chistar lo que viene de arriba que un ciudadano consciente de sus obligaciones y derechos, que da la tabarra un día sí y otro también, ¿verdad?

Ahora bien, no sólo es eso. El hecho de que existan más súbditos que ciudadanos incide negativamente en la cuestión económica. Si nos centramos en crear súbditos, lo que tendremos es un colectivo acostumbrado a obedecer y sin iniciativa propia. Lo cual impide que exista la necesaria iniciativa privada, principio de la prosperidad de cualquier nación o región. No se crean empresas, nadie asume riesgos. ¿Y en qué acaba esto? En que el súbdito se acaba echando en brazos de papá Estado (en este caso, en brazos de mamá Junta), esperando que éste le mantenga. Es el clásico «dame pan y llámame tonto», que es lo propio de un Estado del Bienestar atrofiado y/o pervertido respecto de su intención primera. El súbdito renuncia alegremente a su libertad por una hogaza de pan (o una tapa de pescaíto frito o shipirone, ya que estamos). El ciudadano, en cambio, cree que su libertad es su bien más preciado, por encima del dinero y de cualquier otra posesión.

Por eso no me cabe duda de que en Andalucía, desde que virreina Manuel Chaves, hay una taifa, una satrapía, un feudo, un régimen, por decirlo de algún modo. El PSOE ha creado ya una cultura en Andalucía que usa hábilmente los tópicos de toda la vida de aquellas tierras para perpetuarse. No tiene nada de extraño que lleven treinta años y que todavía sean la despensa electoral del PSOE (a pesar de que Cataluña, virreinada por otro andaluz, lleva las trazas de desbancarla). Vamos ahora a profundizar en esta afirmación acerca de los tópicos andaluces, que en mi opinión van indisolublemente unidos a determinados personajes de la vida cotidiana.

Sería el caso, por ejemplo, del gracioso. Éste es un tópico muy manido incluso a nivel nacional (no hay más que ver la televisión): se conoce que en el resto de España, pongamos Asturias o Cantabria, no hay gente (tan) graciosa. Observémoslo, incluso, en nuestra charla cotidiana: para inyectar gracia a cualquier aseveración, incluso nuestro acento cambia al andaluz. Quién sabe por qué, los acentos catalán y vasco no suenan tan graciosos. Vaya un ejemplo más. Recordarán ustedes un programa televisivo presentado por el ilusionista y mago Pepe Carroll, Genio y figura. Pues bien: si no recuerdo mal, de todos los concursantes no había uno solo que no fuera andaluz; y de hecho, ahí fue donde Chiquito de la Calzada tomó la alternativa, para después convertirse en fenómeno sociológico (durante el boom Chiquito no era infrecuente ver a una reata de personas cojeando y diciendo al mismo tiempo: «no puedor, no puedor» o «te ví a cortá el fistro d’abajo», o referirse al dolor estomacal como «pupita en el diodenorl»).

Y es verdad que en Andalucía sobra gracejo e ingenio para el chascarrillo fino; pero digamos que yo lo entiendo como una especie de reacción. ¿Reacción a qué? Pues a la contrafigura del gracioso: el señorito. El señorito, para quien no sea español, es el hijo del amo. Se suele usar en sentido muy despectivo, para señalar que la persona habrá heredado la sangre del señor, pero no su señorío ni otras virtudes que pudieran adornar la personalidad del progenitor.

El señorito es, por lo general, un adolescente o adulto que vive la vida como si no tuviese obligación alguna porque es el padre quien paga sus caprichos. Esto no tendría nada de particular si no añadimos que el señorito, al igual que su señor padre, se cree con derecho a todo sin merecerlo. Nos referimos, ciertamente, a algunas costumbres bárbaras que hasta hace cuatro días han perdurado en Andalucía, cuales son el derecho de pernada y algunas otras que sólo pueden calificarse de caciquiles (tan caciquiles como lo puedan haber sido en Galicia, que tiene también una larga historia en el tema caciquil).

La sola existencia del señorito ha justificado históricamente que durante la República prendiese fuertemente la llama del anarquismo en Andalucía. Es de lógica histórica que después de tanto aguantar abusos de los señoritos, el pueblo tuviese un momento de cólera y en tierras andaluzas (como de hecho en toda España, pero allí con un tinte más dramático) se cometiesen barbaridades en nombre de la anarquía y la «libertad» y no era de esperar que «se comportasen razonablemente».

Igualmente, la sola existencia del señorito ha justificado el masivo éxodo rural a las ciudades industrializadas durante el franquismo. La imposibilidad de hacerse un porvenir en su propia tierra y la promesa de un futuro mejor en tierras madrileñas o catalanas empujó a muchos andaluces animosos y hartos de los señoritos a marcharse casi con lo puesto lejos de su tierra. Muchos de ellos son hoy tratados como «inmigrantes de mierda» por algunos nacionalistas descerebrados; y sus descendientes tienen que hacerse perdonar su origen «extranjero» intentando ser más nacionalistas que quienes los insultan. Pero todos ellos saben que estos «emigrantes» son la causa de la riqueza de Cataluña (y en particular, de la oligarquía catalana que hoy vota a CiU) hasta bien entrados los 70, aunque nadie se atreva a decirlo por vergüenza y por no cabrear a nadie.

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